El dolor de los que se quedan

El calvario silencioso de los feminicidios en Puerto Rico

Por Patricia Vélez y Alvin Báez
16 de junio de 2021
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Angie Noemí González fue la primera mujer asesinada este año y, desde entonces, otros 20 casos vinculados a la violencia de género han asolado a la isla. La muerte de Angie detonó una inédita declaración de emergencia. Sus padres y sus tres niñas nos muestran cómo sobrellevan la vida sin ella, con una marca imborrable de la que poco se habla.

Xile se sienta sobre una lápida construida para honrar a su mamá, acomoda con esmero las flores que la adornan y, entre susurros, comienza a hablar con ella. Le recuerda que la extraña y que tiene “muchas cositas” que contarle aunque esté en el cielo.

“Ojalá volvieras. Qué tonta soy… nadie va a volver cuando se muere”, le dice la pequeña de siete años.

Su mamá, Angie Noemí González Santos, fue la primera víctima de un feminicidio en Puerto Rico este año. La mató su expareja —el padre de Xile—, quien confesó que la estranguló y lanzó por un precipicio de unos 30 pies. Al borde de ese barranco fue colocada la lápida desde la cual la niña ahora conversa con su madre.

Ir cada mes a rezar un rosario en el kilómetro 4.8 del barrio Coamo Arriba —en una solitaria carretera en las montañas del centro de la isla— es el único consuelo que la familia González Santos ha encontrado para intentar aliviar su dolor.

Van con camisetas negras con el rostro de Angie estampado en ellas, llevan agua para las plantas que rodean la lápida y, al ras de la carretera, bajo el sol, recitan los Ave María y los Padre Nuestro.

Así lo han hecho desde que Angie fue asesinada el pasado 15 de enero. Su muerte agudizó la furia y el hartazgo por los irrefrenables feminicidios en Puerto Rico; y también detonó una inédita declaración de ‘estado de emergencia’ por violencia de género que por años organizaciones habían pedido al gobierno.

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Arriba: Los días 15 de cada mes los padres, abuelos, hijas y amigos de Angie visitan su lápida y le rezan a la orilla de la carretera, justo en el punto donde fue encontrado su cuerpo. / Izquierda: Su padre, David, viste la camiseta negra con el rostro de su hija, uno de los rituales que tiene la familia cada vez que van a rezarle. / Derecha: “Siempre uno hasta que el corazón se rompa”, lee uno de los mensajes que ha dejado la familia junto a la lápida en honor a Angie Noemí. Alvin Báez/Univision

Cada siete días en la isla se perpetra la muerte violenta de una mujer por razones de género, según datos de organizaciones —como Proyecto Matria, Kilómetro Cero y el Observatorio de Equidad de Género de Puerto Rico— que se han convertido en referencia ante la falta de estadísticas de la Policía que reflejen la magnitud de esta violencia.

Ello equivale a una tasa de 3 feminicidios por cada 100,000 mujeres, considerada alta y cercana a la de República Dominicana, que tiene una tasa de 3.2, y a la de Perú, de 3.4, entre las más altas de América Latina, mostró un informe realizado con datos del 2014 al 2018 por Proyecto Matria y Kilómetro Cero sobre la “persistente indolencia” de los feminicidios en Puerto Rico.

Esas organizaciones han documentado cómo los feminicidios han arreciado en medio del “hambre, la pobreza y falta de servicios de salud y redes de apoyo del gobierno” después del azote del huracán María en 2017; y luego de que la pandemia “encerró” a las mujeres con sus agresores.

Hasta mediados de mayo de este año, el luto ha sido por Angie Noemí, Samuel Edmund Valentín, Jeanette Rodríguez Ramos, Rosita Alicea Delgado, Luz Vélez Santiago, Andrea Ruiz Costas, Keishla Rodríguez Ortiz y 14 mujeres más.

Violencia feminicida en la era del covid-19

El Observatorio de Equidad de Género de Puerto Rico reúne el siguiente registro de feminicidios y muertes posiblemente vinculadas a violencia de género en la isla.

En 2020, sumaron 60 fatalidades. Hasta abril, registraban 21 muertes en 2021. Cerca de un 30% de las víctimas tenía un vínculo o relación íntima con su agresor. Más de un 40% de los casos sigue bajo investigación, lo que implica que las autoridades todavía no han identificado el motivo del crimen y/o la causa de muerte.

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81 muertes en 2020-2021

Luego del asesinato de Angie, el 15 de enero, se declaró la emergencia por la violencia de género en la isla.

Fuente: Observatorio de Equidad de Género de Puerto Rico. Al final de este reportaje se incluye una explicación detallada de cada categoría.

Sus muertes han aumentado la rabia colectiva por lo vulnerables que viven las mujeres en Puerto Rico. Pero detrás de esa indignación quedan madres, padres, hijos, familiares y amigos con una herida que cuesta sanar; muchas veces con batallas judiciales e interrogantes para las que jamás tendrán respuestas.

Poco se habla de esa pena que perdura y cómo sobreviven las familias que sufren un feminicidio.

“A nivel social eso está invisibilizado”, reflexiona Amárilis Pagán, directora ejecutiva de la organización Proyecto Matria, que ofrece ayuda a mujeres afectadas por la violencia de género.

“Lo que se suele mirar después de un feminicidio desde el punto de vista público es algo que me preocupa y en ocasiones me molesta, que es enfocarnos en el dolor de la familia como si fuese un retrato. Miramos el dolor de la familia por la televisión o en una foto en el periódico y nos conmovemos, pero al otro día ya no nos acordamos”, agrega Pagán, quien también es abogada e integra la comisión creada por el gobierno bajo la orden ejecutiva que decretó el estado de emergencia para encontrar soluciones a la violencia sin tregua.

Varios meses meses después del asesinato de Angie Noemí, sus padres e hijas nos permitieron acompañarles en su duelo y nos mostraron cómo sobrellevan la vida sin ella.

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“El ‘después de’ es lo peor, porque estás en un limbo… en un estado de shock. Mañana son cuatro meses de la muerte de mi hija y es como si hubiese sido ayer”, nos dijo la mamá de Angie, Elba Santos Ortiz, a mediados de mayo.

En la sala de su casa, en el remoto barrio Palo Hincado del pueblo de Barranquitas, en una montaña del centro de la isla, montó un altar improvisado con flores, una cruz vestida con rosarios y una pancarta pegada en la pared con el rostro sonriente de su única hija mujer, que había cumplido 29 años semanas antes de morir.

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Elba cuenta que se para frente a este altar improvisado a conversar con su hija. “Por qué no me hiciste caso, por qué tú no me hiciste caso, si hasta tus hijas te lo decían”, le pregunta la madre intentando buscar respuesta a por qué Angie no se separó de su pareja antes de que la matara. Alvin Báez/Univision

“La gente dice: ‘Tú te martirizas yendo al sitio’. Pero no sé por qué me atrae ir hasta allá. Siempre que es el cumplemes de mi hija, nosotros vamos a Coamo”, relata la madre de 48 años.

Ese lugar del que habla Elba se ha convertido en una especie de símbolo para la familia: el precipicio donde fue encontrado el cuerpo de Angie, por donde sienten que cayó también una parte de ellos. Fue a la orilla de ese risco donde colocaron la lápida y donde cuelgan mensajes de amor para ella en un árbol. “Te amo con la vida. Que pases un feliz día mamá, donde quiera que estés”, se lee en una nota escrita por una de las hijas.

El lugar encierra también una paradoja dolorosísima para el padre de Angie. David Santos Muñoz preparó esa lápida con las losetas que había comprado para la casa que le estaba construyendo a su hija en la parte inferior de la vivienda familiar. Muebles, materiales de construcción y ropa es lo que alberga ahora la construcción, un recuerdo físico de los planes truncos de Angie.

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Xile abraza la muñeca favorita de su madre, en la casa que Angie dejó a medio construir. Alvin Báez/Univision

Elba recuerda que mientras su esposo David construía la lápida, ella se “bebía las lágrimas''. “Yo veía eso y decía: ‘Qué injusto, esa loza era para ponérsela a la casa de mi hija’. No es justo, estamos hablando de una muchacha que estaba empezando a vivir”.

Pero es poco lo que resta para terminar la casa: colocar las ventanas, el piso, los acabados finales... Y David se ha hecho la encomienda de cumplir con la promesa que le hizo a su hija.

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“Yo lo hacía todo por ella y seguiré por las nietas”, dice el padre de 50 años.
Alvin Báez/Univision

David dice que “hay ánimo”, pero reconoce que “no es el mismo de cuando estábamos todos”. “Ya nada es igual”, admite mientras recuerda a su hija, ”la brava”, la que se amanecía trabajando todos los días aunque estuviese “trasnochaíta”; y se asoman por momentos la frustración y tristeza que oculta dentro.

La desaparición y angustiante búsqueda de Angie

Los recuerdos de David son de cuando su hija llegaba en auto tras las jornadas como enfermera en un centro de cuidado de ancianos. La última vez que la recibió en el balcón de su casa fue el jueves, 14 de enero. Al día siguiente, Angie no regresó de su turno nocturno en el ancianato. Ese viernes 15, Elba también extrañó el “hola, mamita” que su hija le texteaba cada mañana.

La intuición los alertó. Apenas días antes, Angie había decidido separarse de quien fue su pareja desde los 13 años, tras una relación de altibajos por la que sus padres incluso trataron de presentar hace años una denuncia en el cuartel cuando ella era adolescente y se fue de la casa.

El mensaje de voz que envió a su mamá para contarle sobre la separación la había dejado preocupada. A Elba le inquietaba aún más la distancia física entre ellas, pues se había mudado a Connecticut luego del azote del huracán María en 2017.

Asegura que hace años temía que la pareja de su hija le hiciera algo a ella o a sus nietas. Era un hombre que describe como controlador, que le exigía a Angie que hiciera una videollamada para corroborar el lugar donde estaba cada vez que salía y que hace años había amenazado con “quemarla con todo y carro”. La misma Angie le transmitió en ese mensaje la impotencia que sentía ante el hombre que “no la dejaba vivir desde los 13 años”, cuando se conocieron.

“Está llorando, llorando, llorando, que él quiere estar conmigo, que él quiere intentarlo… mami, yo llevo 10 años intentando. Yo ya me aburrí de él, él no puede entender. Y le dije, si tan solo tú pudieses ser mi amigo, si tan solo tú entendieras que yo quiero ser tu amiga (...) Por las nenas, vamos a estar bien, pero por favor no me obligues a tener una relación contigo que yo no quiero”, escuchó Elba en ese mensaje que Angie le envió por WhatsApp.

Aquí puedes escuchar el mensaje completo de Angie a su mamá.

"Quiero tener mi propia vida. No vivo desde los 13 años".
Angie Noemí González

El temor de Elba y de otros familiares había arreciado en 2020. La mujer recuerda con precisión un día en que le rogó a su hija que se alejara de una buena vez y solicitara una orden de protección. Fue luego de que Angie le relató una conversación que había tenido con su pareja.

“‘Mami’, me dijo: ‘Tú eres muy fácil de matar, pero mejor mato a las tres nenas, me mato yo y tú sufres toda tu vida’”, asegura Elba que fueron las palabras de su hija. La familia la alentó a dejarlo y a planificar una salida de escape segura con sus hijas hacia Connecticut, a casa de su madre. Pero Angie nunca creyó que un papel de las autoridades pudiera ofrecerle una solución, y jamás la solicitó.

La renuencia de Angie para pedir una orden de protección la ha visto muchas veces Amárilis Pagán, de la organización Matria, en sus más de 20 años de ayudar a mujeres afectadas por la violencia de sus parejas. Amárilis resume el por qué pasa esto con pocas palabras: “Son expertas en sobrevivir y persistir”.

En el caso de Angie, ella consideraba “que un papel a ella no la iba a defender”, dice su mamá. “No me va a proteger porque él sabe dónde yo trabajo, dónde yo transito, en cualquier momento puede atravesarse en su carro, me puede hacer cualquier cosa…”, abunda Elba sobre lo que pensaba su hija.

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Elba con su foto favorita: Angie cuando tenía 13 años junto a su hermano, Wesley. Alvin Báez/Univision

Por conversaciones como esa que relata Elba fue que, cuando Angie desapareció ese viernes de enero, ella supo que algo andaba mal. Más aún cuando el propio asesino la llamó por teléfono para preguntarle si sabía dónde estaba su hija.

“Hubo un mensaje de voz que él me mandó que fue el que me mató por completo (...) Estaba hablando de ella en pasado: ‘Ella era una mentirosa, por eso fue que le pasó lo que le pasó’. Esa misma noche empecé a buscar pasaje”, recuerda.

También le imploró a su esposo que “no le quitara los ojos de encima a sus nietas”, pues temía que su yerno les hiciera algo antes de que ella pudiese arribar a la isla.

Horas después aterrizó. Fue ahí cuando comenzó la búsqueda por encontrar a su hija con vida, respirando “aunque fuese un poco”. Acompañada de una prima, la buscó gritando su nombre por campos solitarios y precipicios de las montañas centrales de la isla. Día y noche.

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“Subíamos llorando y bajábamos llorando”, cuenta Elba.

Esa fue su rutina hasta que las contradicciones del asesino y las grabaciones de cámaras de seguridad mostraron que él sí estuvo con Angie la mañana en que ella desapareció. Confrontado por la policía, confesó que la estranguló en medio de una discusión.

Dijo que todo fue muy rápido y que a Angie no le dio tiempo de defenderse. Pero Elba duda que su hija no hubiera peleado por su vida y por ver crecer a sus niñas de 7, 11 y 13 años. Esa y otras interrogantes dan vueltas en su cabeza constantemente.

Elba supo que su yerno había confesado por un mensaje de su nieta: “Abuela, se llevaron a papi preso, estoy asustada”. El temor que la madre había albergado por años se convirtió en realidad esa noche.

El hombre también confesó haber lanzado el cadáver de Angie por el barranco del kilómetro 4.8 del barrio Coamo Arriba. Dispuso del cuerpo con desprecio, una constante sobre la cual hicieron hincapié las organizaciones Proyecto Matria y Kilómetro Cero en su informe.

En Puerto Rico, las mujeres aparecen calcinadas, degolladas, apuñaladas y violadas, de acuerdo con las decenas de asesinatos perpetrados entre 2014 y 2018, revisados por esas organizaciones en su investigación.

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“El feminicidio es la expresión máxima de la violencia de género, pero el abandono de los cuerpos lo lleva a otro nivel. Realmente lo que está de fondo es esa idea de que no vale nada y de que, como no vale nada, dispongo de él como mejor me plazca”, explica Amárilis Pagán, de Proyecto Matria.

“Les da lo mismo, porque ni siquiera están considerando que es un ser humano lo que están lanzando al mar o por un precipicio o que han dejado a la orilla de una carretera”, agrega. “Eso es parte del pensamiento que tenemos que acabar de destruir: los cuerpos de las mujeres son cuerpos de personas, de seres humanos que deben ser respetados”.

Las batallas del duelo

Desde que Angie fue asesinada, a Elba el llanto se le combina con rabia y, en ocasiones, se cuestiona qué más pudo haber hecho para separar a tiempo a Angie de su asesino. En ese duelo, Elba —una mujer de carácter fuerte— admite sentirse “derrotada” por el hombre que le quitó a su hija y dejó sin madre a sus nietas.

“Cómo es posible que él le haya hecho eso a las nenas. Él sabía que esas nenas adoraban a su mamá”, dice la abuela sobre sus nietas, que reciben actualmente ayuda psicológica.

“Hay muchas cosas que faltaron por decir”, se lamenta. “Yo no sabía que la iba a perder. La lloré en un cáncer, cuando pensé que la iba a perder. Imagínate ahora”, dice recordando cuando a Angie le descubrieron cáncer en la piel y en un seno en 2017.

“No hay palabra, no hay aliento, no hay sacerdote, no hay pastor, no hay nadie” que pueda brindar consuelo.

La desolación que se percibe en sus palabras solo se calma un poco durante la conversación cuando relata anécdotas que ilustran cómo era Angie, sobre todo las que recuerda de los meses previos a su muerte. Tras lograr la remisión del cáncer, en las mañanas se calzaba sus tenis y corría temprano por el barrio, por lo que había perdido el peso ganado durante su tratamiento. Disfrutaba llevar a sus hijas a comer helados o pasearlas por la playa para grabar videos de TikTok.

Ese duelo que Elba lleva en el pecho también se apacigua con los rituales que, sin intención, la han ido ayudando a sobrellevar el vacío. Están el rezo mensual frente al risco donde fue encontrada Angie y el altar con la enorme foto en la sala de la casa. Aunque ella admite que, aún así, siempre “la espera”. “No hay día de superación, no hay mes, no hay nada...”

Frustración, culpa y tristeza profunda son algunos de los sentimientos que se cargan tras una muerte violenta, explica Angélica García, coordinadora de la Alianza para la Paz Social (Alapás), una organización que ayuda a víctimas del crimen, especialmente a los familiares de personas asesinadas.

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“El duelo no es lineal, puede que un día te sientas más fortalecida que otro, puede que un día estés feliz y puede que un día no te puedas parar de la cama”, añade.

Incluye “tratar de adaptar tu vida a que esa persona no está y ver cómo transformas ese recuerdo o amor por la persona (...) Hemos visto que los familiares tienen miedo de olvidarla, de olvidar la cara, la voz… por eso las fotos, todos esos rituales”.

Xile, la hija más pequeña de Angie, es de las tres niñas la que más exterioriza la nostalgia por su mamá. Sin que se le pregunte, recuerda cuando la abrazaba antes de dormir en las noches. “Se sentía tan rico”, dice cerrando sus brazos y prolongando sus palabras, como tratando de prolongar también el recuerdo de los cariños de su madre.

Asegura que, de grande, quiere ser “igual que su mamita”, vestir como ella, ser enfermera como ella, hasta colocarse frenillos en los dientes como los que tenía ella.

Le pedimos que le hiciera un dibujo a su mamá y la trazó junto con corazones entrelazados. Presiona clic para escuchar a la pequeña describiéndolo. 

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"Los corazones significan que la quiero mucho".
Xile

A pesar de años de crecientes feminicidios en Puerto Rico, el sistema de respuesta del gobierno no está preparado para manejar el trauma que estos pueden desencadenar en las familias y amigos de las víctimas, precisa Amárilis Pagán, de Proyecto Matria.

“El manejo de trauma tiene unos modelos bien específicos de atención a las personas que lo sobreviven (...) En el trauma se puede incurrir en el abuso de sustancias, de bebidas alcohólicas, entrar en una depresión, comenzar a perder memoria o capacidad cognitiva cuando llega a un nivel elevado; puede inclusive aislarse socialmente… Son tantas las ramificaciones del trauma y todavía en Puerto Rico no vemos que haya una atención especializada para familias que viven el trauma de una pérdida así”.

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Alvin Báez/Univision

En el caso de Elba y David, en medio de su duelo, debieron batallar dos desafíos judiciales. Con el primero llegaron a un acuerdo en el tribunal para encerrar por medio siglo a Roberto Rodríguez por haber asesinado a la madre de sus tres niñas.

A veces se preguntan si fue acertado ese pacto y evitar ir a un juicio. Pero prefirieron garantizar esos 50 años de prisión concurrentes ante la posibilidad de que recibiera una sentencia menor si el caso era ventilado en el tribunal con jurados “machistas”, explica Elba. Un juez consultado por Univision Noticias explicó que, por ser concurrentes, el asesino posiblemente purgará una condena menor, de unos 20 años.

Quisieron evitarlo porque Elba cuenta que percibió machismo en el policía que estuvo a cargo de la búsqueda de Angie. “No crees que tu hija fue a coger un respiro por ahí (...) Tu hija era joven, ya estaba cansada, son tres muchachas, el trabajo…”, asegura Elba que le dijo el agente.

Expertos consultados coincidieron en que policías y autoridades judiciales fallan al abordar los casos de feminicidio, no tipificado como un delito en Puerto Rico. La policía, por ejemplo, acuñó hasta este año “motivos pasionales” para clasificar algunos asesinatos de mujeres, un concepto considerado “ofensivo” y “obsoleto” bajo los estándares internacionales.

Y solo reporta como muertes por violencia de género las que identifica como relacionadas con violencia doméstica porque el agresor se suicidó, encontró el Observatorio de Equidad de Género de la isla. De los 60 feminicidios recopilados por esa organización el año pasado, la mitad quedó sin esclarecer.

Los tribunales tampoco facilitan en ocasiones el viacrucis de los sobrevivientes de las víctimas. “El sistema judicial no es amigo de las familias que están viviendo el trauma de un feminicidio, y eso nosotras lo hemos visto. La manera en que los alguaciles tratan a las familias, pretenden que la familia esté absolutamente controlada mientras ve al asesino de su hija sentado a unos cuantos pies de distancia”, explicó Amárilis Pagán de Proyecto Matria.

Por circunstancias como esas, cuando el fiscal les puso a Elba y David un pacto de sentencia sobre la mesa, ellos aceptaron.

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David lamenta que Angie no pudiese llegar a vivir en la casa que construía. “Ya estaba casi, ese era el gran anhelo que tenía, hacer su casita para sus hijas”. Alvin Báez/Univision

“Se hizo justicia, se resolvió”, aunque no cómo hubiesen querido, dice David con un dejo de resignación. “Uno con tanto peso encima y tanta cosa pues tiene que tomar decisiones. Pero creo que estuvo bien la decisión tomada”.

De esa primera batalla judicial se encargó David. De la segunda, la lucha por lograr la custodia de sus tres nietas, se encargó Elba. La consiguió días después de la última visita que le hicimos en su casa en Barranquitas. Quedó formalmente en sus manos el resguardo total de sus nietas. Hasta ahora, las niñas vivían con ella y su esposo, y podían ver a sus abuelos paternos solo con visitas supervisadas, así lo había decidido el Departamento de la Familia.

“Me dieron la custodia”, nos escribió Elba a fines de mayo con emojis de manitas de celebración, mientras preparaba el birrete de graduación de octavo grado de la escuela intermedia de su nieta mayor.

Momentos como ese son los que dan a Elba y David la certeza de que la vida continúa aunque Angie ya no esté.

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“Estamos destrozados, pero hay que ser fuertes porque tenemos que seguir, no podemos dejarnos caer, la vida continúa y hay que echar a las nietas hacia adelante, eso es lo que nos queda”, dice el abuelo.

El pasado 23 de mayo celebraron el séptimo cumpleaños de Xile, le pusieron la piscina portátil con su flotador de unicornio, y le decoraron la entrada de la casa con las muñecas LOL que tanto le gustan.

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Un parlante sonaba canciones de salsa y reguetón. David preparaba con esmero pinchos y hamburguesas en su parrilla. Elba ayudaba a Xile a abrir sus regalos mientras la pequeña le daba abrazos y le hablaba al oído. Y en la calle de enfrente, sus dos hermanas, Roa y Gei, paseaban una y otra vez a los niños del barrio en una moto four track.

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Se sentía en la casa el empeño por seguir del que hablan Elba y David. Sobre todo por honrar la promesa que le hicieron a su hija. “Tú querías que las nenas estudiaran, que fueran algo en la vida, pues vamos a hacer todo lo posible para ayudarte a tener esa tranquilidad y esa paz de que van a estar bien”.

En plena celebración, recostada del balcón, Elba repetía una frase que los alienta: “Yo le digo a Davo que estamos volviendo a empezar”.

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En honor a todas las víctimas de la violencia de género

¿Qué puedes hacer si eres víctima de violencia de género o has perdido a un ser querido a causa de ella?

Le preguntamos a Elba Santos, madre de Angie Noemí González, qué palabras de aliento puede darle a una mujer que esté sufriendo violencia de género. Toma a su hija como ejemplo y, por eso, les pide que no tengan miedo a comenzar una vida, “de cero”.

“Yo siempre digo que Angie buscó la excusa del papel (de solicitar la orden de protección al tribunal), pero mayormente para mí era el miedo a empezar de cero”, dice Elba. “Mi consejo para todas ellas, olvídense del miedo, olvídense de cosas materiales, si tienes una casa, deja todo, porque yo prefiero mi salud emocional, mental y mi salud física a estar viviendo una vida así”.

Para las personas que han perdido a un ser querido, Angélica García, coordinadora de Alapás, aconseja buscar ayuda, identificando los recursos que se ciñen más a tu situación. 

“No es lo mismo yo ir a un psicólogo privado porque no todo el mundo trabaja un duelo por muerte violenta, también se puede identificar cuáles son estas organizaciones como Alapás que trabajan específicamente con duelos por muerte violenta, lugares que tengan esa sensibilidad, que te den ese espacio”, recomienda.

“Todo el mundo es diferente, pero un buen primer paso es evaluar cómo has manejado la situación, primero darte cuenta y no culparte de cómo te sientes (...) identificar cómo me he sentido, cómo he manejado la situación y luego de hacer ese análisis pensar en a qué lugares puedes dirigirte”, concluye.

Estos recursos en la isla también pueden ayudarte:

  • Proyecto Matria tiene una línea de ayuda las 24 horas del día, los 7 días de la semana: 787-489-0022
  • La Alianza para la Paz Social (Alapás) también tiene la línea de ayuda 888-631-5528 
  • La Red de Albergues de Violencia Doméstica acoge estos centros de ayuda y apoyo: Hogar Ruth (787-246-0733), Casa de la Bondad (787-362-7096), Hogar Nueva Mujer (787-221-2098) y Casa Julia (787-243-7150). Puedes revisar su página de Facebook para identificar cuál te queda más cerca.
  • La Casa Protegida Julia de Burgos tiene una red de albergues a través de la isla y esta línea de ayuda las 24 horas: 787-548-5290 / 787-548-0415
  • La Oficina de la Procuradora de las Mujeres: 787-722-2977
  • La organización Taller Salud ofrece apoyo en el área desde Loíza hasta Canóvanas: 787-697-1120

Créditos:

PRODUCCIÓN:

Patricia Vélez y Alvin Báez

TEXTO:

Patricia Vélez

FOTOGRAFÍA, VIDEO Y MÚSICA ORIGINAL:

Alvin Báez

EDICIÓN DE TEXTO:

Patricia Clarembaux y Ana Elena Azpúrua

EDICIÓN DE VIDEO:

Alvin Báez y Esther Poveda

INFOGRAFÍA Y GRÁFICOS:

Ana Elena Azpúrua y Javier Figueroa

MONTAJE:

Javier Figueroa

REDES SOCIALES:

María Carolina Hurtado y Carolina Astuya

Fuentes y metodología: los datos de feminicidios y muertes posiblemente vinculadas a la violencia de género provienen del Observatorio de Equidad de Género de Puerto Rico. La isla no incluye a los feminicidios como parte de su clasificación oficial de muertes. Solo reporta las muertes íntimas o por violencia doméstica. Organizaciones civiles consideran que hay significativamente más feminicidios de los reportados. El Observatorio utiliza el término feminicidio entendido como “la muerte violenta de mujeres por razones de género ya sea que tenga lugar dentro de la familia, unidad doméstica o en cualquier otra relación interpersonal, en la comunidad, por parte de cualquier persona, o que sea perpetrada o tolerada por el Estado y sus agentes, por acción u omisión, de acuerdo con el Modelo de Protocolo Latinoamericano de investigación desarrollado por la Oficina Regional para América Central del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. El Observatorio entiende que esta definición también incluye a las personas de la comunidad LGBTTQI+ porque “a través de sus experiencias de vida retan y transgreden los roles de género que la violencia machista busca mantener y defender”.

Dependiendo del tipo de motivación o características del crimen, los clasifica en:
Íntimo: la mujer tenía una relación o vínculo íntimo con el atacante (i.e.: era su marido, exmarido, compañero, novio, exnovio o amante).
Familiar: cuando existía una relación de parentesco entre la víctima y el agresor.
Transfeminicidio: casos en los que un agresor mata a una mujer transgénero debido a su identidad de género o por odio o rechazo a la misma. También incluye a los hombres transexuales y personas de género no binario.
No Íntimo: un hombre desconocido mata a una mujer con la que no tenía ningún vínculo, como cuando un extraño agrede sexualmente a una mujer y luego la mata.
Indirectos o pasivos: cuando la muerte de la mujer “no era el objetivo inicial de la violencia, pero que tiene la consecuencia de causar su muerte al estar en una posición de mayor vulnerabilidad como resultado de su género”.
Bajo investigación: se desconoce el motivo del crimen o la causa de muerte. También se incluyen aquí los casos en los que el cuerpo no ha sido identificado. El Observatorio señala que si fueran investigados probablemente serían reclasificados como feminicidios íntimos, familiares, transfemicidio u otro.

En esta sección puedes consultar la metodología del Observatorio.