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San Martín

Después de Irma, en esta isla nadie quiere techos de zinc

El 6 de septiembre, el ojo del huracán Irma cubrió completamente San Martín, una pequeña isla de 34 millas cuadradas (87 kilómetros cuadrados) que comparten Holanda y Francia. Su furia devastó casas, barcos, negocios y vegetación, pero también fue la mejor lección de que, para superar tormentas tan potentes, las casas deben tener techos de concreto. Una pareja de arquitectos venezolanos cuenta cómo afectará en los códigos de construcción.

Por Lorena Arroyo, Nacho Corbella y Esther Poveda

La casa, un apartamento en el barrio acomodado de Cupecoy, era un búnker. La puerta protegida en el exterior con seis láminas de madera maciza de pino; en el interior, dos listones atravesados y cinco cierres de seguridad metálicos. En las ventanas solo dejaron dos agujeros del tamaño de los ojos para poder ver lo que pasaba fuera.

Y, como si fuera un fragmento de la película ‘La Vida es Bella’, mientras el padre, Gabriel Antúnez, ponía la resistencia de su cuerpo contra la puerta principal para que no la rompiera el viento, la madre, Susana Díaz-Granados, se encerró en el baño con su hijo de 7 años, una linterna, un iPad y unos auriculares para aislarle del ruido ensordecedor del huracán. El objetivo: hacerle creer al niño que lo que estaban viviendo era una aventura emocionante.

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“Es un antes de Irma y un después de Irma”: Así cambiará el huracán la manera de construir

Esta pareja de arquitectos venezolanos que lleva más de 13 años viviendo en el lado holandés de la isla de San Martín sabía que había protegido correctamente su casa, pero la fuerza del huracán más potente registrado en el Atlántico les hizo temer que nadie estaba preparado para eso.

A Susana hasta se le olvidó que era arquitecta. “Cuando todo vibraba y el sonido era tan intenso, olvidé mis conocimientos, olvidé lo resistente lo que puede ser la estructura de concreto en la cual nos encontrábamos y temí que el edificio se cayera”, recuerda. Y aunque su esposo trató de quitarle esa idea de la cabeza, confiesa que él también tuvo dudas: “A las 8:15 de la mañana tuve un pensamiento de que si duraba una hora más, no había posibilidades de que (la puerta) aguantara. Por las venas de la madera estaba pasando el agua por la presión”, asegura Antúnez. “Afortunadamente, a las 8:45 fue como que hubiesen apagado el ventilador”.

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Así quedó el barrio más vulnerable de la parte francesa de San Martín tras Irma
El mecánico dominicano José Duchene vivió el huracán en uno de los barrios de ese lado de la isla Sandy Ground: "Los carros salían volando y el viento movía containers llenos", cuenta. Nacho Corbella / Univision
Sandy Ground es una de las zonas más vulnerables de San Martín. Está situada en una manga de tierra entre el mar y una laguna. Durante la tormenta, fue cubierta totalmente por el agua. En la imagen, una pila de escombros del huracán casi tres meses después de Irma. Esther Poveda / Univision
"El mar atravesaba todo", recuerda Louise Dossouse, una inmigrante haitiana que lleva 28 años en San Martín. La mujer asegura que en su país natal vivió huracanes, pero no tan devastadores como este. Ella perdió parte de la mercancía de su negocio: un pequeño mercado. Esther Poveda / Univision
Buena parte de la población de Sandy Ground son inmigrantes de bajos recursos de Haití y República Dominicana. En el lado francés de la isla, un tercio de la población de San Martín es inmigrante, con un 38% de haitianos y un 14% de dominicanos, según datos de 2012 de la oficina del censo francés. Nacho Corbella / Univision
David, de 21 años, es un hijo de inmigrantes dominicanos nacido en San Martín que tiene un negocio de celulares en Sandy Ground. "Después del huracán estábamos desconectados del mundo", lamenta el joven. Él no abrió su tienda hasta que pasó un mes del huracán. Nacho Corbella / Univision
Dos meses después de la tormenta, a Lindiurelie Carole, otra inmigrante haitiana de San Martín, aún se le pone la piel de gallina al recordarla: "Yo estoy para ir al psicólogo. Quedé en shock. Mucha gente lo ha perdido todo", afirma. Esther Poveda / Univision
"Yo no quisiera vivir eso otra vez. Eso no es fácil", opina Mario Zapata, un inmigrante dominicano. El agua inundó su casa y el viento le rompió las tormenteras que había puesto en las ventanas. Después de Irma estuvo más de un mes sin agua ni luz, pero cree que con la ayuda del gobierno francés "todo se arreglará pronto". Esther Poveda / Univision
La vecina de Mario, Digna Ruan, también es dominicana y lleva 31 años en San Martín. La mujer pasó el huracán en la casa de su hijo después de que el gobierno ordenara la evacuación obligatoria. Cuando regresó, se la encontró completamente inundada. En la imagen, las nietas de Digna juegan delante de su casa. Esther Poveda / Univision
Al contrario que en la parte holandesa de la isla, donde la mayor parte del sistema eléctrico está soterrado, en la parte francesa de San Martín mantienen los postes tradicionales. Sin embargo, cinco semanas después de la tormenta, el gobierno declaró la electricidad completamente restablecida. Esther Poveda / Univision
Micael se mudó a Sandy Ground después de que Irma destrozara el local que rentaba para su negocio: una barbería. "Ahora trabajo aquí en la calle para el que se quiera cortar", explica. El joven de origen dominicano perdió todo su material pero consiguió que le prestaran dos máquinas para seguir trabajando. Esther Poveda / Univision
A principios de noviembre, dos meses después del huracán, los niños regresaron a la escuela. A los alumnos de colegios que sufrieron mayores destrozos los asignaron a otros. En la imagen, los amigos Adonis Sajulus y Brooks Agustin Alexander regresan de clases en Sandy Ground. Esther Poveda / Univision

Su vivienda sobrevivió al huracán, pero muchos vecinos del mismo edificio no tuvieron la misma suerte. Hubo objetos que impactaron sobre ventanas y puertas que se rompieron. Y eso permitió al viento succionar todo lo que había en el interior de los apartamentos afectados. El gobierno del lado holandés de San Martín estimó que un 70% de las viviendas sufrieron daños. Por eso, a estos venezolanos, Irma les dio la razón: sin casas resistentes, todo puede quedar destruido.

“Zombis caminando como en una película de terror”

“Es un antes y un después de Irma en San Martín”, asegura Díaz-Granados. La mujer define lo que vio al salir de su casa tras el huracán como si el tiempo se hubiera parado y el turquesa del Caribe se hubiera vuelto color sepia. “Veía a gente caminando con bolsos como zombis, como en una película de terror. Fue un momento muy triste”.

Irma dejó la vegetación de la isla arrasada, las playas barridas por el mar, incontables carros destrozados y hoteles, negocios y casas devastadas. Los techos fueron el elemento más perjudicado. Por toda la isla se veían casas sin tejado que dieron paso a los toldos azules que protegen el interior de las viviendas antes de la reconstrucción.

Según explica Antúnez, después del huracán Luis, que golpeó la isla en 1995, en San Martín se aprendió que había que construir las viviendas de cemento pero, por falta de dinero o información, muchos se conformaron con tejados de zinc que con Irma volaron por estar mal fijados o después de que un objeto impactara en ellos. En esas casas, el viento entró y removió todo lo que había dentro de ellas como si fuera una batidora, expulsando muebles y pertenencias.

“La gente con este huracán ha visto la necesidad de poner techos de concreto”, reconoce el arquitecto. Y esa es la recomendación que le hace a los numerosos clientes que llegan a su oficina para reconstruir sus casas.

Eso se ve reflejado en las calles. Desde que Irma arrasó con todo, es común ver a albañiles reconstruyendo casas y negocios con la esperanza de que puedan superar futuras tormentas. James, un constructor de 70 años, a mediados de noviembre daba instrucciones a un grupo de trabajadores para poner un techo de concreto en la vivienda de su madre de 91 años en el barrio de Cole Bay.

“El huracán Donna se llevó el techo de la casa en 1960 y lo reconstruimos con zinc. Ese tejado sobrevivió a Luis en el 95, pero con Irma le impactó un objeto, quebró su estructura y entraron el agua y el viento”, explica James.

Sistema eléctrico soterrado, la lección del huracán Luis

El huracán Luis, que hasta que llegó Irma era el principal referente de destrucción para los vecinos de San Martín, dejó otro importante aprendizaje en la isla. Después de que esa tormenta tumbara el sistema de energía eléctrica por meses, las autoridades decidieron soterrar buena parte de los cables de electricidad.

“Estamos en un sitio donde somos presa fácil, somos los primeros en recibir los huracanes que vienen del Atlántico”, explica Ramiro Hernández, jefe de operaciones de la compañía de agua y electricidad de la parte holandesa de San Martín, GEBE. Sin embargo, recuerda que el proceso para soterrar los cables no fue fácil y que se invirtió tiempo, dinero y se incomodó a la población ya que hubo que abrir calles, interrumpir el tráfico y comprar terrenos privados.

Además, los clientes pagan altos precios por la luz. A cambio, el nuevo sistema permitió un restablecimiento mucho más rápido la electricidad tras Irma: a mediados de diciembre, el 90% de la población ya tiene luz, mientras que el 100% tiene agua corriente en sus hogares.

Golpe al turismo

Si con Luis el aprendizaje fue para el sistema eléctrico, con Irma todo apunta a que la apuesta de la población será por los techos de cemento. Según explica Antúnez, el problema con los techos de tejas o zinc es que pueden volar y afectar a otras propiedades. “El concreto va a evitar que los proyectiles o la basura entren al espacio habitado y esa es la base de cómo se debería enfocar el diseño de estructuras resistentes a huracán”, añade.

Pero esa opción puede costar hasta el doble o el triple que un tejado de zinc y no todos pueden permitírselo en una isla donde los materiales de construcción llegan desde EEUU, lo que supone que su precio se encarezca por el transporte.

Ese es el caso de Lizzy, la gerente de Lizzy’s Kitchen and Bar, un colorido restaurante construido con madera en primera línea del mar en Philipsburg, la capital del lado holandés de la isla. El local quedó totalmente devastado por el viento y el avance del mar durante Irma.

“Voy a reconstruir el comedor con cemento y zinc, pero voy a mantener de madera el bar y, en caso de que llegue otro huracán, resguardar todo dentro. Me gustaría reconstruirlo todo de concreto, pero no podemos permitírnoslo”, reconoce la mujer de origen guyanés. Mientras, una decena de albañiles trabaja a todo gas para tratar de tener a punto el negocio para mediados de diciembre, cuando comienza la temporada alta de turismo.

La tormenta golpeó también la principal fuente de ingresos de San Martín: el turismo. Los vientos de 185 millas por hora de Irma hicieron naufragar los yates impolutos que atracan habitualmente en sus puertos y ahuyentaron a los cruceros y a los cientos de turistas que cada semana llegan a la isla para tomar el sol en sus playas y comprar en sus tiendas de lujo.

En sus 13 años viviendo en San Martín, Irma fue el primer huracán de categoría 5 que vivieron Gabriel Antúnez y Susana Díaz Granados Esther Poveda / Univision

Según el director de Turismo, Rolando Brison, la parte holandesa perdió el 70% de las plazas hoteleras por el huracán. En la isla se pueden ver todavía hoteles de lujo totalmente devastados como el Sonesta Maho and Ocean Point, que perdió el techo y parte de su estructura, o el Westin Dawn Beach Resort and Spa donde, entre otras cosas, se dañó el enorme sistema de paneles solares con el que se iluminaba.

Además, el aeropuerto Princesa Juliana, conocido por su proximidad a una playa desde donde los turistas pueden sentir la fuerza del viento de los aviones, estuvo más de un mes cerrado. Debido a los grandes daños que sufrió ese edificio, desde que reabrió en octubre, unos mostradores improvisados bajo unos toldos hacen las veces de terminal de llegadas y salidas.

“No podemos poner el cartel de cerrado. Dependemos del turismo”, afirma Antúnez al recordar que ésa es la principal fuente de trabajo de San Martín. “No queremos perder la temporada alta. Nosotros no queremos brindarles a los turistas una isla que quedó en ruinas luego del huracán, sino una isla que tiene la capacidad de levantarse”.

Por eso, insiste en la urgencia de la reconstrucción, pero también en que ésta se adapte a las “nuevas demandas de la naturaleza” que se vieron con Irma. “Si antes nuestras previsiones eran vientos de 160 ó 180 millas por hora, ya sabemos que ahora la tolerancia de los materiales tiene que cruzar la barrera de las 200 millas”, añade.

Su esposa agrega que no se trata solo de escoger el mejor material, sino de construir bien y de volver a levantar edificios desde cero cuando sea necesario derrumbar. “Ese es uno de los aprendizajes que me quedan como arquitecto. Pero, a la vez, somos la tecnología y el ser humano versus la naturaleza”, matiza.

La arquitecta considera que Irma puede hacer más fuerte a su isla como fortaleció a su familia, en una experiencia que su hijo de 7 años acabó viviendo como una auténtica aventura de principio a fin.

“Bañarse con un tobito (cubo) de agua fue como un juego para él. Se moría de la risa con el agua helada”, recuerda Díaz-Granados. Además, el niño acabó con una nueva comida favorita: el atún en lata. “Nos distraíamos mucho viendo cómo íbamos a cocinar sin electricidad. Hacíamos cuanto se podía: atún con salsa roja, sandwich de atún ... y mira, se adaptó”.

Un especial de Lorena Arroyo, Nacho Corbella y Esther Poveda
Todos los créditos

Proyecto: Univision Noticias

Textos: Lorena Arroyo, Elaine Díaz Rodríguez (Cuba)

Video: Nacho Corbella, Esther Poveda, Almudena Toral, Andrea Patiño, Laura Prieto, José Luis Osuna, Mauricio Rodríguez-Pons, Ricardo Weibezahn

Diseño y desarrollo: Juanje Gómez

Coordinación: Nathalie Alvaray, Selymar Colón, José López

Fotografía: Nacho Corbella, Esther Poveda, Lorena Arroyo

Edición de textos: María Sánchez Díez

Datos: Ronny Rojas, Dilia Márquez, Antonio Cucho

Redes sociales: María Carolina Hurtado, Esther Poveda, Nacho Corbella, Ricardo Weibezahn

Producto digital: Daniela Jaramillo

Traducción: Julie Schwietert Collazo, Melvin Félix

Edición de textos en inglés: David Adams, Jessica Weiss, Mónica Isola

Apoyo: Maye Primera, Inger Díaz, Alejandra Vargas, Patricia Clarembaux, Patricia Vélez, Carmen Graciela Díaz, Luis Velarde, David Maris,Angélica Gallón