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San Martín de Porres, el primer santo mulato

Conoce la historia del fraile peruano, recordado por su gran humildad y servicio a Dios
3 Nov 2020 – 08:00 AM EST
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El 3 de noviembre se celebra a San Martín de Porres, el "santo de la escoba", quien pasó a la historia no solo por ser el primer santo mulato sino por su gran historia de humildad y servicio a Dios. Crédito: Getty Images
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San Martín de Porres nació en Lima, Perú, en el año 1579. Era hijo de un hidalgo español, Don Juan de Porres, noble caballero de la Orden de Alcántara, y de una muchacha mulata, Ana Velázquez, originaria de Panamá pero que vivía en la capital peruana. Wikipedia
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Dos años después de su nacimiento, llegó Juana, su única hermana. Dicen que su padre estaba trabajando en Guayaquil y que desde ahí le enviaba dinero a Ana y sus pequeños. Aun así, sufrían la pobreza y limitaciones propias de la comunidad de raza negra en donde se crió en Perú, en una situación muy precaria. Crédito: Getty Images
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No obstante, desde pequeño Martín era muy generoso con los pobres, a los que daba parte del dinero cuando iba de compras. También sentía especial preocupación por la gente enferma. A los doce años, Martín entró de aprendiz de barbero y asistente de un dentista. Crédito: Getty Images
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Cumplía bien su oficio, sobre todo con los pobres, y aprovechaba la ocasión para hablarles de Dios. Era tal su bondad que conmovía a todos y se hizo de grandes amigos y fama por la ciudad. Por el día trabajaba, mientras que por la noche se dedicaba a la oración. Crédito: Getty Images
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A los 15 años, en 1594, fue invitado por Fray Juan de Lorenzana, famoso dominico y teólogo para entrar a la Orden de Santo Domingo de Guzmán como "donado", o sea como terciario por ser considerado hijo ilegítimo. Ahí estuvo nueve años, viviendo y ocupándose de varios trabajos humildes como si fuera sirviente. Crédito: Getty Images
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Las leyes de aquel entonces le impedían ser religioso por el color y su raza, por lo que Martín de Porres no fue ordenado fraile sino hasta 1606, pero él se entregó de lleno a Dios y su vida estaba regida por el servicio, la humildad, la obediencia y un amor sin medida al prójimo. Shutterstock
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Como durante su juventud como fraile se encargó de limpiar y atender el convento, es frecuentemente representado sosteniendo una escoba, llamándolo justamente el "santo de la escoba". Crédito: Getty Images
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Pero Martín sirvió con humildad a todo el mundo. Dicen que recogía enfermos o heridos y gente pobre de la calle incluso cargándolos sobre sus hombros para llevarlos al hospital o al convento, cuidándolos hasta que sanaran. Sus obras de caridad y dotes para curar a personas y hasta animales, inclusive con sus manos, pronto se dieron a conocer por toda la ciudad. Crédito: Getty Images
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Había muchísima pobreza en la ciudad, así que con la ayuda de varias personas nobles y ricas, fundó el Asilo y Escuela de Santa Cruz, para reunir a todos los limosneros, vagabundos, huérfanos y enfermos que no tuvieran donde vivir, para ayudarles a salir de sus penas y también, hablarles de la doctrina de Dios. Crédito: Getty Images
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Sus virtudes como enfermero y cuidador dejaron de ser un secreto, y así fue como pobres y nobles buscaban su ayuda, inclusive durante una epidemia de viruela que causó estragos en Lima. Martín siempre llevaba palabras de consuelo y alivio para malestares, a pesar de que él mismo se estaba debilitando. Shutterstock
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Casi a los 60 años, Martín se enfermo y él mismo anunció que había llegado la hora de encontrarse con el Señor. La noticia causó profunda conmoción en todo Lima, tanto que hasta el virrey Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla fue a besarle la mano cuando se encontraba en su lecho de muerte pidiéndole que velara por él desde el cielo. Shutterstock
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La noche del 3 de noviembre de 1639, en su lecho de muerte, le pidió a los religiosos que lo acompañaban que entonaran el Credo y, mientras lo hacían, falleció. Toda la ciudad quedó conmovida ante la noticia de su fallecimiento y grandes multitudes, tanto de gente pobre como rica, chicos y grandes, lo acompañaron en su sepultura para darle el último adiós. Crédito: Getty Images
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Tras su muerte y en su fama creciente, se le comenzaron a atribuir milagros, como que tenía el don de la bilocación, o sea, de estar en varios lados al mismo tiempo, ya que aseguraban que estaba presente en varios hogares de enfermos a la vez, todo con tal de curarlos o consolarlos si estaban moribundos. Pero no sólo en Lima, sino decían que se aparecía hasta en México, China y Japón. Crédito: Getty Images
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El don de curación de San Martín de Porres fue muy difundido. Una de sus frases más conocidas era "Yo te curo, Dios te sana", que solía decir ante los enfermos. Shutterstock
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Gregorio XVI declaró Beato a Martín de Porres en 1837 y fue canonizado por Juan XXIII en 1962. El Papa recordó las devociones de Martín, como su profunda humildad y caridad, y sus continuos desvelos por atender a enfermos y necesitados, lo que le valió, por parte de todo el pueblo, el hermoso apelativo de "Martín de la caridad". Crédito: Getty Images
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Su fiesta en el santoral es el 3 de noviembre, el día de su muerte. En varias ciudades de su natal Perú se hacen fiestas en su honor y hay procesiones de su imagen, siendo la principal la que sale de la Iglesia de Santo Domingo en Lima, en donde descansan sus restos. Wikipedia
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