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Las palabras y frases que traen infortunio y calamidad ¡evita usarlas!

Las palabras tienen una gran fuerza, aprende cómo usarlas positivamente.
10 May 2021 – 08:24 AM EDT
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Las palabras tienen una gran fuerza porque al escucharlas y procesarlas nuestro cerebro responde positiva o negativamente. Debemos ser muy cuidadosos a la hora de expresarnos pues podríamos herir a quienes amamos, y causarnos daño a nosotros mismos. Crédito: Shutterstock
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Las palabras, las frases poseen una fuerte carga emocional. Aquél que sabe usarlas tiene una gran ventaja sobre quienes ignoran su fuerza. Crédito: Shutterstock
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Existen algunas frases que cuando se repiten alejan de nosotros la felicidad y acercan el infortunio, la tristeza y la soledad. Cuando se comienzan a evitar y cambiamos nuestra forma de reaccionar ante la vida notamos enseguida una gran diferencia positiva. Crédito: Shutterstock
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Te odio
No hay expresión más dañina que esa. Cuando alguien dice “te odio” está enviando una energía muy negativa a su alrededor. Odiar es un sentimiento destructivo que causa mucho daño al que odia. Quienes son capaces de odiar se van autodestruyendo.
Crédito: Shutterstock
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Una cosa es la expresión ligera como cuando alguien dice “odio planchar”, por ejemplo, que no implica un sentimiento intenso. Ahora, cuando se dirige hacia una persona en particular la cosa cambia. No es lo mismo decir “tal persona me cae mal, o no la soporto, o no le quiero a mi lado” que decir “le odio”. Crédito: Shutterstock
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Odiar implica que quien odia está deseando ver sufrir a otra persona, y que va a disfrutar con ese dolor. Quien así piensa se causa daño a si mismo. Si alguien que estuvo preso muchos años, al salir de la cárcel, sigue odiando a sus carceleros nunca podrá disfrutar su libertad. No se debe nunca confundir la justicia, con la venganza. ¿Recomendación? ¡Evita usar el verbo odiar! Crédito: Shutterstock
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Te envidio
A veces suele decirse en un sentido familiar o amistoso, pero así y todo debemos tratar de usarla lo menos posible porque repetir la palabra “envidia” trae consigo secuela. Una frase atrae la otra, se dice de forma inocente, nos acostumbramos a decirlo y luego se incorpora al vocabulario, la mente la registra y sin percatarse la persona empieza a obrar como si le molestara el éxito ajeno.
Crédito: Shutterstock
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Lo mejor es evitarla. Siempre podemos decir “me alegra mucho que te estés divirtiendo, quisiera estar allá contigo”, suena mejor que “te envidio”. Tal vez no sea la intención, pero si se puede evitar, es preferible. Crédito: Shutterstock
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Te maldigo
Cierto es que hay circunstancias en la vida que causan mucho dolor y hay quien se siente tan herido que maldice a quien lo causó. Sin embargo, las maldiciones se vuelven casi siempre contra quien las profiere porque va creando una carga negativa alrededor del aura de una persona.
Crédito: Shutterstock
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Decir “te maldigo” conlleva una fuerza tan destructiva que daña a quien lo dice porque le envenena interiormente. Quien maldice a otro se torna amargado, agrio, de mal humor, y hasta es capaz de odiar deseando lo peor a otro ser humano, alegrándose del mal ajeno, del sufrimiento que otros padezcan lo cual tiene a la postre un efecto “boomerang” porque se vuelve contra quien lo lanza. Crédito: Shutterstock
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La indiferencia, no pensar en esa persona, olvidarla, y no dejar que ocupe tu mente y tu imaginación ni tu recuerdo es mucho mejor que una maldición. Crédito: Shutterstock
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Tengo mucha mala suerte
Hay quienes se pasan todo el día lamentándose de su suerte y su destino: repiten una y otra vez que tienen mala suerte, que nacieron para ser pobres o desdichados, que todo les sale mal, desconfían de sus amistades, piensan que todos le envidian y desean causarle daño.
Crédito: Shutterstock
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Se vuelven desconfiados y sospechan de todos lo cual a su vez les aleja de los buenos amigos y les acerca a otras personas, también infelices, que se lamentan y refuerzan esa actitud negativa y pesimista que les crea rostros agrios y aleja a quienes se les acerca. Crédito: Shutterstock
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Pues estar junto a quien solamente sabe hablar de “lo mala que es la gente, lo mala que es la vida, lo infeliz que soy, lo mal que me va” es realmente insoportable. Repetir esa afirmación no resuelve nada ¡lo empeora! Crédito: Shutterstock
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Nunca voy a ser feliz
Se trata de una afirmación negativa que implica “soy muy desgraciado o desgraciada, mi vida no tiene sentido, no hay nada bueno en mi, nunca voy a salir de la pobreza”. Ocurre en quienes tienen un nivel de autoestima muy baja, tal vez por haber recibido muchos maltratos sicológicos en la infancia, o por tener una idea distorsionada de la realidad y los valores.
Crédito: Shutterstock
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Si piensa que la felicidad es tener mucho dinero y no lo tiene se sienten infelices, si se sienten poco agraciados o no les gusta su cuerpo, como lucen, como se ven, también. Crédito: Shutterstock
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Repetir “nunca voy a ser feliz” aleja la posibilidad de la dicha. Los que tienen esa actitud lo reflejan en su rostro y esa amargura y queja constante aparta de su lado a los demás y les convierte en seres solitarios, y tristes. Crédito: Shutterstock
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Tengo un daño
Muchas personas cuando las cosas empiezan a salirle mal o tienen un problema tras otro encuentran una salida fácil diciendo que “alguien me hizo un daño” o “tengo un mal o un hechizo” y en muchos casos se trata del resultado de sus acciones pasadas, lo que se llama el Karma, la ley de acción y reacción.
Crédito: Shutterstock
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Muchos problemas son el resultado de nuestras malas decisiones y no tienen nada que ver con embrujos ni daños. Repetir constantemente que “tengo un daño” crea una actitud negativa. Crédito: Shutterstock
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Recuerda que los llamados “daños” funcionan si la persona cree en ellos ya que actúan a nivel del subconsciente, en el plano mental. Si no se cree en ellos y se ignoran generalmente desaparecen. Crédito: Shutterstock
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Te deseo lo peor
Cuando una persona le desea al mal a otra está causando un efecto negativo, el karma se vuelve hacia ella. Las personas que desean que los demás sufran están enfermándose ellos mismos con su propia amargura y son incapaces de salir adelante.
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Es triste ver a quienes no son capaces de superar un trauma del pasado, una desilusión amorosa, un engaño y en lugar de dar vuelta de hojas al libro de su vida en ese capítulo y vivir su realidad presente se la pasan viviendo en el pasado, llenando de amargura su vida, buscando venganzas y “cobrárselas” con lo cual no solamente se perjudican y atrasan ellos sino que alejan de su vida la alegría y el amor y espantan a quienes podrían brindarles otra oportunidad en el amor. Crédito: Shutterstock
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Nací para sufrir
Típico de personas muy amargadas que tienen una autoestima muy baja. No importa lo que te suceda, decir y repetir que “soy una persona desgraciada, que nací para sufrir, que nadie me ama ni me quiere, que nunca voy a tener éxito en la vida”.
Crédito: Shutterstock
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Lo que atrae es una onda sumamente negativa y cada vez que la persona lo dice es como si ella misma se estuviera hundiendo por su propio peso en el pantano de la desilusión, depresión y tristeza. Crédito: Shutterstock
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Terminan solitarios porque a nadie le gusta estar junto a quien se la pasa lamentándose y quejándose todo el tiempo y alejan de su vida a personas bellas que podrían representar la diferencia entre la alegría y la tristeza. Crédito: Shutterstock
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