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Starry Eyes, la genial película de terror para ver antes de Pet Sematary

Publicado 1 Abr 2019 – 02:58 PM EDT | Actualizado 1 Abr 2019 – 03:19 PM EDT
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En 2013, los directores Kevin Kölsch y Dennis Widmyer iniciaron una campaña de financiación colectiva en Kickstarter para su nueva película de terror, titulada Starry Eyes.

La campaña fue muy exitosa, en parte por captar la atención del famoso novelista Chuck Palahniuk (autor de Fight Club) y del reconocido actor Pat Healy, que se sumó al reparto. La película se estrenó en 2014 en el festival SXSW.

Poco después, en 2017, Paramount Pictures contrató a Köslch y Widmyer y les cedió los que probablemente hayan sido unos buenos millones de dólares para que se ocupen de la nueva adaptación de Pet Sematary, la icónica novela de Stephen King.

Kickstarter ya no fue necesario.

Lo segundo es obviamente una consecuencia de lo primero: Starry Eyes es una película de terror impactante y notable, mística, oscura y pesimista que, con una notable ironía del destino, al mismo tiempo que contiene una alegoría sobre lo podrido en el seno de la industria del cine y lo corrupto de la ambición y el deseo de fama, le abrió a sus creadores el camino al éxito y el reconocimiento.

Los convirtió en merecedores de la confianza (y el dinero) de Paramount en un proyecto tan destacado.

Nace una estrella

La historia de Starry Eyes —que podría traducirse como «Con los ojos en el estrellato»— se centra en Sarah, una aspirante a actriz.

Es interpretada por Alexandra Essoe, ella misma una actriz con algunas similitudes con su personaje, al menos superficiales: Essoe llevaba varios años actuando en papeles muy pequeños o insignificantes y nunca había protagonizado un largometraje antes de Starry Eyes.

Su personaje, Sarah, sueña con ser una gran estrella de cine y está dispuesta a todo para lograrlo, y la verdad es que no sabemos cuál era el sentimiento de Alexandra Essoe respecto a su lugar en la industria, pero podemos suponer que cierta energía y ansiedad a la hora de interpretar a Sarah yendo a promisorias audiciones, provenían de su propia experiencia personal. Y son algunas de las partes más eficaces de la película.

Todo esto es para decir en realidad que Alexandra Essoe realmente brilla en el papel protagónico.

El argumento de Starry Eyes transita por lugares que suenan conocidos y explorados, y de hecho lo son, pero eso no hace mella en su impacto y efectividad, que se deben a la actriz, a la convincente combinación de diferentes registros de horror y a ciertas resonancias temáticas.

La desesperada ambición de la joven actriz, la ilusión renovada cuando surge una nueva posibilidad, su rabiosa decepción cuando las cosas no funcionan, el recelo y la envidia que parece dominar en el ámbito en el que se mueve, las falsas amistades, los empleos odiosos para pagar las cuentas. Nada de esto es decididamente original, pero sí convincente, verosímil y alternativamente entretenido y espeluznante en Starry Eyes.

Sarah tendrá la promesa de un papel que, en efecto, la llevará al estrellato. Un protagónico en la próxima película de una prestigiosa y antigua productora de cine de horror.

Es la oportunidad de su vida y lo que siempre soñó, por eso no parece prestar atención a las señales de que algo muy extraño hay en esa producción.

Aparecerá, inevitablemente, el poderoso productor que a cambio del pasaje al estrellato exige sexo a la actriz joven, atractiva y ambiciosa, algo que a la luz del posterior movimiento #MeToo y el escándalo de Harvey Weinstein cobra unos grados más de repulsión y desagrado.

En el mundo de la película casi todo lo relativo a la industria de cine es desagradable, corrupto, moralmente reprobable o ridículo, pero parece haber una buena razón para esto: casi ninguno de los personajes que conocemos parece estar interesado en el cine en sí (salvo por un director que está trabajando en su nueva película independiente), sino solamente en la parte de la fama, el reconocimiento y el dinero.

Incluyendo nuestra protagonista, pese a que simpatizamos con ella.

Es interesante notar los paralelismos con su otro trabajo cotidiano, el que desprecia y mantiene por pura necesidad: es mesera en uno de esos bares de comida rápida en los que las chicas están en exhibición, con vestimenta sexy, como si fueran otra mercadería más.

Sugiere la película que en la industria del cine ocurre lo mismo, pero al menos el jefe del bar parece una persona razonablemente decente, más allá de la explotación femenina que reproduce sin siquiera darse cuenta que está mal y mucho menos comprender por qué es que está mal.

Se pueden rastrear en Starry Eyes influencias que van desde el terror psicológico de Roman Polanski y su legendaria El bebé de Rosemary, pasando por el body horror de David Cronenberg hasta elementos de Suspiria ( la original de Dario Argento), todo lo que se sucede con naturalidad en la trama, casi de manera ascendente.

Como una versión más oscura, metafórica y desoladora de Nace una estrella, Starry Eyes exacerba el precio de la fama y el reconocimiento.

No sabemos cuál fue el precio que los directores Kevin Költsch y Dennis Widmyer pagaron para llegar a contárnoslo.

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