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Criticas de Cine

Hereditary: las claves de la eficacia de la película de horror más aclamada del año

Publicado 28 Ago 2018 – 05:02 PM EDT | Actualizado 10 Dic 2018 – 04:32 PM EST
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La difunta, nos enteramos, es Ellen Taper Leigh, tenía 78 años y murió en la casa de su hija Annie tras una prolongada enfermedad.

Justo después de la placa que anuncia la muerte hay un detalle muy curioso y significativo.

La cámara está dentro de una habitación y comienza filmando por la ventana hacia afuera. Hay una casa en los árboles. La cámara hace un paneo y muestra el interior de la habitación. Desordenado y sobrecargado, el lugar contiene herramientas, pinturas, cuadros, muebles, papeles, lápices. Es un lugar de trabajo, de alguien que hace casas de muñecas.

Hay algunos bocetos y proyectos de estas casas en miniatura, variaciones a menor escala de la otra que ya vimos en los árboles.

De repente la cámara se fija en una de ellas, y hace zoom in. Ahora la casa tiene escala real (por simple efecto del zoom) y son personajes de carne y hueso los que la habitan. Se adentra en una habitación y allí nos metemos en la historia.

Vemos a la familia preparándose para asistir al funeral.

Esta secuencia de apertura es impactante y es responsable del efecto increíblemente eficaz que tendrá después la película, que no está caracterizada por los jump scares (que sí tiene algunos y muy efectivos) o por ser peculiarmente aterradora (aunque se ha ganado esa reputación), si no más bien tensa y profundamente angustiante.

El horror existencial de la pérdida

La placa inicial sitúa a la película en el terreno de la pérdida.

No vemos el drama de una enfermedad, ni el temor o la amenaza de la muerte y todo lo que la precede. Simplemente la fría constatación de un fallecimiento.

Ni siquiera es una tragedia, del todo.

«¿Debería sentirme más triste?» se pregunta Annie, el personaje de Toni Collette, la hija de la fallecida. Su madre era una señora ya mayor y con la que no tenían una relación muy cercana. De modo que no es particularmente tristeza lo que siente, si no la necesidad de lidiar con esa novedosa ausencia.

Lo mismo ocurre con sus hijos.

Peter, un joven de 16 años que literalmente se queda dubitativo y sin respuesta cuando su padre le pregunta cómo se siente por la muerte de su abuela; y Charlie, la presunta favorita de la abuela (aunque la abuela quería que fuera un niño por razones que quedarán bien establecidas, de ahí el nombre masculino), una niña de 13 en la que el principal efecto de esta muerte parece ser el de haber caído en la cuenta de que también su madre podría morir y ella no tendría quien la cuide.

De modo que la muerte anunciada en el inicio está desprovista de grandes dramas emocionales y definida, más que cualquier otra cosa, por haber producido una ausencia, un vacío, literal (la ausencia física y un cuarto que ha quedado deshabitado) y figurado.

Una ausencia que pasa a ser constantemente referida o evocada, desde el inicio mismo, pasando por el funeral con un panegírico a cargo de Annie, hasta el intento de todos sus familiares de comprender cómo deben reaccionar o de rememorar cierto legado.

Lo que hace que, irónicamente, la ausencia se vuelva una presencia, una entidad invisible (al principio) y emocional que sobrevuela la película.

El efecto es curioso, porque eso es exactamente la muerte, si adoptamos una actitud completamente racional y científica, sin pensar en fantasmas y en el más allá.

Tiene algo de espiritual, eso de que un fallecido vive en el espacio emocional que dejó en los que lo sobreviven, en el efecto que produce su ausencia.

Así, Hereditary, cuando siquiera ha sugerido en absoluto presencias espectrales o sobrenaturales, que las habrá, ya está transcurriendo en un plano misteriosamente espiritual y cosmogónico.

El destino y los designios de los dioses

Esa cualidad espiritual o elevada de Hereditary está subrayada por el radical desinterés de la película en cualquier clase de asuntos mundanos. Casi no hay escena en la que no se esté evocando o produciendo, de un modo u otro, una ausencia.

En la secuencia más inquietante, sorprendente y desgarradora de la película, que no adelantaremos en detalle, ocurre un accidente.

El accidente y sus secuelas tienen el potencial de generar miles de interrogantes de carácter legal y policial, pero la película las ignora por completo para centrarse en las devastadoras consecuencias emocionales, haciéndonos perder el interés en todo lo demás, que ahora resulta completamente banal.

Y subrayada, también, por esa curiosa manera en la que nos introducimos en la historia, que deja a la cámara en la posición de una especie de dios omnisciente que observa todo de manera «objetiva» y por lo tanto un poco sádica.

En una escena, Annie, ya en crisis emocional y espiritual, realiza una de sus miniaturas, reconstruyendo en detalle el mencionado accidente. Cuando su marido puntualiza lo perturbador de lo que ha hecho, ella responde: «Es una visión neutral del accidente». Momentáneamente ha ocupado este rol observador.

En efecto, los personajes están inmersos en la historia de un modo inapelable y trágico, como muñecos dentro de una casa miniatura, sin poder evitar o modificar su destino.

O como personajes de una tragedia griega.

En una escena, Peter está en clase y, de fondo, escuchamos al profesor discutir sobre mitología griega.

Habla de Heracles. Una alumna muy aplicada asegura que el defecto fatal de Heracles, el que lo conduce a su propia muerte, es su arrogancia, al ignorar todas las señales que la presagiaban.

El profesor también se pregunta si el hecho de que todo su destino ya haya sido establecido por los dioses y él no tuviera verdadera opción, hace al personaje más trágico.

Otro alumno responde: «Sí, es más trágico, porque si todo era inevitable, entonces los personajes no tenían ninguna esperanza». Lo mismo se puede decir de los personajes de Hereditary.

La obra que discuten aquí es Las traquinias, la famosa tragedia de Sófocles que narra la muerte de Heracles, asesinado por accidente por su esposa Deyanira. Esta historia mitológica dialoga con la historia de Hereditary, naturalmente.

Más adelante en la película, en otra secuencia similar, el profesor sigue discutiendo mitología griega. Ahora menciona el sacrificio de Ifigenia, ordenado por los dioses a su propio padre, Agamenon, otra tragedia que reside en la intrincada mitología de Hereditary.

Esa atmósfera creada desde el principio que la separa del plano más simple de la realidad le permite jugar con ciertas expectativas y, cuando amenaza con tomar el tradicional camino de las películas de terror sobrenatural, se desvía de repente, como si tuviera que esquivar un animal que se cruza en la ruta, y nos impacta de un modo inesperado.

Quizá no sea la película más aterradora de todos los tiempos, como se ha dicho, y en definitiva eso es también bastante subjetivo.

Pero definitivamente tiene una cualidad perturbadora e inquietante que se mantiene a lo largo de toda la película y persiste incluso mucho después de que rodaron los créditos.

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