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Christopher Nolan

Dunkerque: Christopher Nolan muestra su lado más humano yendo a la guerra

Publicado 3 Ago 2017 – 01:00 PM EDT | Actualizado 17 Dic 2018 – 04:48 PM EST
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La obra de Christopher Nolan es una serie de variaciones sobre géneros cinematográficos, desde el drama criminal ( Following) y el thriller psicológico ( Memento), hasta los superhéroes (trilogía Dark Knight) y la ciencia ficción ( Inception e Interstellar), todas ellas apoyadas sobre su propia visión personal, sus obsesiones temáticas y su distintivo estilo, lo que las ha elevado (en términos de promoción y recepción) por sobre el mero cine de género, llevándolas al terreno del cine de autor, pero manteniendo al mismo tiempo —desde Batman Begins— la vena de blockbuster millonario producido por un gran estudio.

Un autor en el corazón de Hollywood.

En ese sentido, Dunkerque es un film puramente nolaniano, coherente con su obra: es su propia versión de una película de guerra, con elementos suficientes para atraer al gran público, pero desmarcada del género por sus decisiones creativas y narrativas, incluyendo algunos trucos ya acostumbrados del director.

¿Qué es lo que la hace diferente?

Christopher Nolan dijo en una entrevista que no ve a Dunkerque como una película bélica, sino más bien como una de suspenso, porque en ella el énfasis está puesto en la supervivencia.

Es un argumento dudoso, pero refleja cierta intención que se percibe en la película, para bien y para mal.

Lo que la hace diferente es que quiere ser una película diferente.

Pero no es lo mismo hacer una película que simplemente sea diferente, que hacer una película que deliberadamente quiere serlo y lo logra.

Su argumento es dudoso porque, más allá del tratamiento que le da a la historia, no deja de ser una película ambientada durante la Segunda Guerra Mundial, cuya trama transcurre enteramente durante un conflicto armado sobre los comienzos de ésta, y cuyos temas y conflictos son los tradicionales del género.

Difícilmente se puede decir que esta es la primera película que aborda el afán de supervivencia.

Y, aunque tal vez Nolan no lo reconocería, la película hace foco también sobre otros asuntos propios y ya trillados del cine bélico: el heroísmo, el sacrificio, el coraje, el miedo, el horror, la inmoralidad de la guerra, incluso el patriotismo y el honor.

Ninguno de estos asuntos está realmente abordado desde un punto de vista realmente original o diferente, salvo por aquel de la supervivencia, cuya urgencia y desesperación casi que pueden sentirse en carne propia.

Parte de la singularidad de la película está en el abordaje de Nolan, algo minimalista: los diálogos son prácticamente inexistentes, el principal argumento simplísimo (evacuar una playa asediada por el enemigo), los personajes están dados por sus circunstancias puntuales y no por su historia personal, y sus motivaciones son lo suficientemente sencillas y elementales como para identificarnos con ellos.

Christopher Nolan suele ser considerado, generalmente con razón, como un director frío, cerebral y calculador; uno más interesado en las proezas intelectuales, en cautivar con juegos de ingenio y complejos rompecabezas narrativos o conceptuales, que aún si se aproximan o se hunden en asuntos emocionales, estos son tratados como enigmas a resolver (literalmente, es lo que dice el personaje de Anne Hathaway en Interstellar sobre el amor).

(Puede ser significativo el hecho de que su personaje mejor logrado y más memorable, el Joker de The Dark Knight, sea un sociópata desprovisto de historia personal, de emociones y de explicación, con una visión del mundo regida por el caos y el nihilismo)

Y aunque la tendencia (como veremos) está presente en Dunkerque, lo elemental y primitivo del instinto de supervivencia y de la desesperación ante la proximidad de la muerte, la hacen la película más humana de Nolan, la que mejor permite conectarnos con ella y sus personajes a un nivel más profundo que el del deslumbramiento intelectual.

Coraje, huyamos

La historia es la de lo que se conoció como Operación Dínamo, realizada sobre los comienzos de la Segunda Guerra Mundial, en 1940, para evacuar de una playa francesa a 400.000 soldados del ejército británico, francés y belga, que habían quedado atrapados bajo el asedio nazi y no parecían tener otra opción que no fuera morir o rendirse ante el enemigo.

De manera milagrosa, entre otras cosas gracias a la ayuda de embarcaciones civiles que cruzaron el canal de la Mancha hasta Dunkerque, finalmente más de 300.000 soldados fueron evacuados con éxito (uno de los pocos diálogos de la película incluye la única referencia a la política detrás del combate al mencionar que Winston Churchill, el primer ministro británico, estaría satisfecho por lo menos con el regreso de 30.000 soldados, lo que en esos momentos se ve como un número optimista: la inmoralidad de la guerra).

La elección misma de este acontecimiento sitúa a la película en un terreno atípico para una película bélica hollywoodense: no se trata de una gran victoria militar, sino de una huida exitosa, no incluye al ejército estadounidense, y los enemigos son una sombra amenazadora detrás de un perímetro que nunca siquiera se ven.

Es tal vez la única película de la Segunda Guerra Mundial que no muestra nazis.

Pero la intención de diferenciarse llevó a Christopher Nolan a emplear, una vez más, el truco de una narrativa disruptiva.

Tres perspectivas, tres historias

Una de las obsesiones más célebres de Christopher Nolan es el concepto del tiempo.

Él mismo lo ha notado sobre sus películas: «Usualmente tienen una relación extraña con el tiempo en un sentido estructural» dijo en una entrevista, «ya que siempre he estado interesado en la subjetividad del tiempo».

Por otra parte, el director ha manifestado su fascinación con la percepción subjetiva de la realidad, y de cómo todos estamos atrapados en un punto de vista particular.

De estos conceptos se desprende el aspecto más saliente y por momentos infructuoso de Dunkerque.

La película está narrada desde tres puntos de vista diferentes:

  • Soldados que están en la playa o en el muelle de Dunkerque, esperando entre ataques enemigos algún barco al que puedan subirse para evacuar.
  • 3 cazas Spitfire que sobrevuelan el canal de la Mancha para brindar apoyo a las tropas que esperan en la playa
  • Una embarcación privada que atraviesa el canal yendo hacia Dunkerque para ayudar en la evacuación.

Los eventos que vemos en la playa ocurren a lo largo de una semana, los eventos en el mar llevan un día y el combate aéreo solamente una hora. A lo largo de la película se alternan estas historias y estos escenarios.

Cuando seguimos a los pilotos, por ejemplo, vemos incidentes que más tarde volveremos a ver desde la perspectiva de los navegantes civiles que iban a ayudar.

Los momentos de tensión de los soldados en tierra (o bajo agua), se interrumpen para mostrarnos los momentos de tensión que viven los pilotos en el aire.

Es un artificio que, ocasionalmente, distrae; un truco que tiende a desviar la atención hacia sí mismo (o hacia lo ingenioso del director) y sacarnos de las circunstancias que enfrentan los personajes, lo que eventualmente perjudica el impacto dramático y emocional de la película.

Cuando no lo hace, es sencillamente porque las circunstancias son realmente impactantes y están filmadas de manera muy elocuente.

Como las secuencias de combate en el aire, que además están mejoradas por Tom Hardy, quien pese a que casi no muestra el rostro en toda la película, se convierte en uno de los personajes más entrañables y en el más convencionalmente heroico de la película.

Mark Rylance también se destaca en la interpretación de un hombre que, con su hijo y otro adolescente amigo, parten hacia Dunkerque en su pequeño barco privado, una historia diseñada como símbolo del patriotismo y el sacrificio que implicó «el milagro de Dunkerque», pero también la más irregular y menos lograda de la película, que incluye el rescate de un soldado traumatizado y asustado interpretado por Cillian Murphy, un hecho trágico salido de la nada, innecesario e inexplicable (salvo por el atajo que provee para crear un nuevo héroe), y una revelación sobre el final que, nuevamente, pretende ser emotiva pero se percibe sobre todo como ingeniosa.

Son especialmente memorables las secuencias que involucran a los soldados en la playa —los dos principales interpretados por Fionn Whitehead y Harry Styles—, los más sufridos de la película y los protagonistas de las circunstancias más apremiantes y aterradoras.

En definitiva, los que le dan el corazón a la película, su mejor costado.

Dunkirk es en sus mejores momentos una experiencia vívida y, sobre todo, visceral e inmediata; una que a diferencia de casi todo lo que ha hecho Nolan, está desprovista de la operación de descifrar e interpretar.

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