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Cine

Cannes le cierra las puertas a Netflix y prohíbe la participación de películas en streaming

Publicado 18 May 2017 – 06:56 PM EDT | Actualizado 21 Mar 2018 – 01:37 PM EDT
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Por primera vez en la historia del estival de Cannes, Netflix participa con dos filmes: Okja y The Meyerowitz Story. Los organizadores inicialmente dijeron que admitirían que compitieran si primero se pasaban en las salas de cine de Francia, a lo que Netflix accedió. Sin embargo, los organizadores del evento han dicho que a partir de 2018 las películas concebidas para streaming no podrán participar en la prestigiosa cita. El presidente del jurado de este año, el genial director Pedro Almodóvar, ha expresado lo que sus colegas de Cannes y otros cineastas alrededor del mundo piensan sobre el streaming. “La pantalla no debería ser más pequeña que la silla donde te sientas. [El cine] no debería ser parte de la experiencia cotidiana.”

Muchos creadores en la industria, incluyendo a Almodóvar, consideran que Netflix y el streaming en general le hacen mucho daño al cine. Es cierto que las películas adquieren todo su esplendor, color e intensidad en la gran pantalla, y que no existe una forma mejor de vivir la experiencia que en una sala de cine. Pero la realidad es que los tiempos han cambiado y los avances tecnológicos han creado nuevos vehículos de difusión. Vivimos en tiempos donde el consumidor ha tomado el control de lo que quiere y lo hace cuando quiere, donde quiere.

De todas formas, ir al cine nunca va a morir. De hecho las ventas de taquillas son más lucrativas hoy que nunca, precisamente porque no existe una forma más profunda de experimentar un filme que en el cine. No obstante, ni Cannes ni nadie tiene el derecho de decirle al público cómo debe consumir el séptimo arte, ni siquiera los franceses que inventaron la cinematografía.

Además, Netflix ha demostrado que se puede hacer buen cine independientemente (nunca mejor empleado este adverbio) del tamaño de la pantalla. De la misma forma se proyecta mucho cine de pobre facturación en muchísimas salas alrededor del mundo. La industria cinematográfica se ha convertido en una maquinaria de hacer dinero que rara vez se atreve a apostar por ideas y cineastas nuevos. Esta postura ha dado lugar al surgimiento de una nueva era del cine, dominada por las películas de superhéroes, las secuelas de secuelas y los remakes de remakes. No tengo nada en contra de lo anterior, pero es triste que los grandes estudios prefieran que el cine tome este curso antes de abrir sus horizontes.

Las plataformas como Netflix se han convertido en la alternativa disponible para los cineastas que encuentran las puertas de los grandes estudios cerradas y las arcas de las productoras independientes sin fondos. Y del consumidor… ni hablar. Un paseo al cine en países como Estados Unidos no es para nada barato. Una pareja fácilmente puede gastarse alrededor de $40 en una salida al cine entre el ticket, las palomitas, el hot dog y la soda, sin mencionar el costo para una familia con hijos.

Entonces Cannes, y unos cuantos genios el cine (todos millonarios), quieren que las películas solo se vean en los cines. La idea del cine en el cine es muy hermosa y romántica, y también muy egoísta e impositiva. La decisión de Cannes también refleja un miedo enorme de esta maquinaria a perder el monopolio de la industria ante la fuerza creciente de un competidor.

Quizás la salida más inteligente habría sido crear una categoría para películas de streaming, o requerir que estas se proyecten antes de participar, o crear una especie de difusión paralela (cine y streaming) para todas las películas, como ha sucedido con otras formas de comunicación. Al final la fusión con las nuevas plataformas es inevitable, le guste a Cannes o no. Mientras tanto, Amazon ha tomado la iniciativa de estrenar sus películas en los cines antes de ofrecerlas en streaming. 

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