Día 1: Moscú fue convertida en la nueva Babilonia

El duelo inaugural del Mundial Rusia 2018 fue una fiesta de múltiples nacionalidades e idiomas, que se comunicaron a través de un lenguaje universal.

MOSCÚ, Rusia.- Hay una leyenda muy popular que dice que en la antigua Babilonia se quiso construir un edificio que llegara hasta el cielo y Dios castigó la soberbia de los hombres haciéndolos hablar en diferentes lenguas.

Para un occidental, en pocas naciones como Rusia se nota tanto la diferencia del idioma, con un alfabeto incomprensible sin estudios previos y una fonética aún más compleja, pero pocas cosas en el mundo contrarrestan el efecto de la Torre de Babel como el fútbol.

En un Mundial participan 32 selecciones, pero a él son convocados visitantes de muchos más países. Particularmente el partido inaugural, aún cuando en él juegan solo el equipo anfitrión y uno que tuvo mala suerte en el sorteo, es el mayor lugar de reunión de gente de muchas orígenes, con diferencias de razas, religiones, idiomas y hasta creencias políticas.

Durante la tarde, a las afueras del Estadio Luzhniki bastaba una sonrisa para pedirle una foto a una familia peruana o al que se disfrazó de emperador azteca. La palabra "Messi" es universal, se pronuncia igual en cualquier idioma y cuando se le dice a un argentino significa "banco y admiro a tu tótem".

Que jugaran Rusia y Arabia Saudita era lo de menos. Denys Cheryshev comandó la goleada, pero los peruanos destacaron a los visitantes neutrales en número, los mexicanos en ruido y los argentinos en deificar a su ídolo.

Decir que el fútbol es un lenguaje universal es un cliché, pero es ese maravilloso cliché que nos recuerda de vez en cuándo cómo el deporte es capaz de unir a los pueblos alejados por sus diferencias y enemistados por representar lo desconocido.

Los estadios no solo llegan hasta el cielo, sino más allá: su señal se distribuye desde el espacio vía satélite para que no sean miles, sino a veces hasta miles de millones los que comparten en simultáneo una misma pasión. Esta tarde, 78 mil 11 aficionados tuvimos la dicha de mirar el partido desde la grada de un estadio fantástico como punta de la babelia futbolera que invade al mundo desde Rusia por el próximo mes.

Aunque el grito de "ro-ssi-ya" retumbó con fuerza en el Luzhniki, hubo un cántico latino que esporádicamente se escuchó en el escenario: el "Cielito Lindo" entonado de manera espontánea por los pequeños nucleos que sumaron juntos la voz de miles de mexicanos que empezaron a apropiarse del escenario en el que su selección debutará el sábado en el Mundial, ni más ni menos que ante el campeón defensor.

El "canta y no llores" se seguía escuchando incluso 90 minutos después de terminado el partido en los alrededores, como si quisiera quedarse ahí.

Pero antes, hay que regresar a casa, volver a descifrar el nombre de las estaciones del metro y pedir de cenar sin que la frase "¡foto, foto!" traiga mágicamente un bistec.

Mañana volverá la Rusia Babilonia.