Juegos Olímpicos

Taquillas, un termómetro de la realidad olímpica

El interés de los brasileños en los Juegos Olímpicos dista mucho del panorama halagador que se había vendido.
5 Ago 2016 – 12:37 PM EDT

Por Ivan Pérez | @ivanpm82

RÍO DE JANEIRO. El cuerpo agradece que entre los algodones grises que cubren el cielo se escurran algunos rayos de sol. El aire corre fuerte y frío sobre la avenida Embaixador Abelardo Bueno enfrente del Parque Olímpico. Es invierno. No es carnaval y las personas que viven aquí apenas si quieren charlar sobre los Juegos Olímpicos. Si pueden, lo evitan. Las taquillas son un termómetro social.

Son las 11 de la mañana y no hay nadie que pida informes sobre el costo de las competencias que arrancan ya este sábado. Son las 12 y apenas hay dos aficionados que no esperan ni cinco segundos para ser atendidos. Son las 3 de la tarde y una persona se asoma para preguntar los precios. En total, se pusieron a la venta casi 7.5 millones de entradas.

De venderse todas, habría más población en el Parque Olímpico durante los próximos 15 días que en más de 100 países. Pero no, los brasileños que están a más de tres kilómetros de las zonas olímpicas no tienen pinta de que lo disfruten. No hay carteles, no hay espectaculares y al menos en un ejercicio de mirada -en dos días y al menos cinco horas- no más de 15 personas compraron o preguntaron por tickets.

El Comité Organizador dijo hace unos cuantos días que se han vendido 80% de las entradas. En términos más reales, hay 1.5 millones disponibles. Los boletos económicos están en 14 dólares y los más caros en 562. Para ser parte de la “fiesta”, un trabajador local necesita más de una jornada laboral para mirar las competencias preliminares ya que gana 10 dólares por día. ¿Finales?, más te vale tener un amigo con pantalla plana para al menos disfrutarlas cómodamente. Moraleja: si tienes plata, estarás en los mejores eventos.

El presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, enumeró todos los problemas para llegar al arranque de los Juegos: crisis política, crisis económica, crisis social, problemas de salud, polémicas medioambientales. Todo esto hace que en las calles no se toque el tema. Hay más anuncios de conciertos locales que de alguna estrella de los Juegos, ni siquiera Neymar, la figura de la delegación local.

En las cifras, es evidente la poca credibilidad que tienen los Juegos Olímpicos en lo que el COI llama “legado”. Hace dos años el 40% de la población en el país creía que la justa los “perjudicaría”; hoy, 60% cree que eso ocurrirá. En términos más de calle, el vendedor de una tienda de la calle Cunha Galvao dice : “A mi lo que me importa es salir cada mes, yo no veo cómo unos Juegos me van a sacar de donde estoy”.

Para el Comité Olímpico Internacional una buena noticia será que la venta de boletos supere el 86% y con ello, presumir que fue mejor que hace cuatro años en Londres. Las protestas sociales ocurren en las calles casi a diario. Desde los que apagan la antorcha olímpica, hasta los que levantan cartelones exigiendo mejores condiciones de vida.

Son las 4 de la tarde y hay tres personas formadas al mismo tiempo en las taquillas frente al Parque Olímpico. No es broma, aunque parezca… pero es cuando más fans hay.

El 2 de octubre del 2009 el COI anunció que Río sería la sede de los Juegos Olímpicos siete años más adelante. La “nueva” potencia recibiría por primera vez el evento deportivo más importante del planeta y miles de fans festejaron en la playa de Copacabana el anuncio. ¿En qué momento los aplausos, las ilusiones, el orgullo se vino abajo?... probablemente cuando la realidad llegó. Por ejemplo, comprar un boleto para estar en “sus” Juegos es un lujo, que al menos 40 millones de brasileños, no se pueden dar.

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Ivan Pérez es Editor de deportes del periódico El Economista, fundador de Cámara Húngara y colaborador de Forbes México. Ganador del premio 50 años de la Copa Libertadores en la categoría de prensa escrita. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, Licenciado en Periodismo por el PART, becario del Programa Prensa y Democracia (Prende).


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