Juegos Olímpicos

Mentira, Goliat no fue derrotado

El cubano Mijaín López ya tiene un lugar en la historia de la lucha grecorromana, incluso a la altura del gran Alexandr Karelin con 3 oros en JJOO.
16 Ago 2016 – 12:10 PM EDT

Por: Ivan Pérez | @ivanpm82

RÍO DE JANEIRO. Goliat es gigante. Goliat es cubano. Goliat llama papá a Fidel Castro. Goliat se levanta a las 6 de la mañana para correr. Goliat tiene cara de niño. Goliat no se ha topado con David. Goliat se llama Mijaín López.

Dos centímetros separan al luchador de los dos metros, pesa 130 kilos. Es una roca de músculo.


-¿Mi secreto?

-Trabajar y levantarme todos los días a las 6 de la mañana a correr para mantener mi condición. Eso me hace tener ventaja con los demás.

¿Será?, es lo primero que me viene a la cabeza. La receta luce muy sencilla. Lo suyo tiene que ser otra cosa más.


El luchador ganó su tercera medalla de oro en unos Juegos Olímpicos. El mundo compara al cubano de 33 años con Alejandro El Grande. El ruso Alexandr Karelin es conocido en la lucha grecorromana como el más grande de todos los tiempos. Un tío que se mantuvo invicto de 1987 al año 2000 y que ganó también tres preseas doradas en los juegos. Mijaín lo igualó.

Quizá eso de “levantarme a las 6 de la mañana a correr”, tenga mucho sentido cuando lo miras luchar. En su primer duelo del día enfrentó al estonio Heiki Nabi. Lo ganó con facilidad. El luchador europeo suplicaba oxigeno cuando todo terminó, su entrenador le aventaba aire con la toalla, pero no, el aire se le acababa. A Mijaín le escurrían chorros de sudor en su piel de chocolate, pero como si nada, como si aquellos minutos no hubieran significado esfuerzo alguno. Y así caminó hasta el final.

Antes de venir a Río le confesó al diario oficialista Granma. “Estoy loco por estar en los Juegos y saber de una vez si se va a dar el triunfo para hacer historia o no”. Sí, también Goliat es desesperado.

-Me prometí a mí mismo que lo iba a conseguir y lo hice.

Mijaín tiene 33 años pero conserva rasgos infantiles. Tiene ojos grandes, su cara es muy redonda, no se le miran arrugas, tiene cachetes de esos que dan ganas de sacudirlos insaciablemente. También parece un niño cuando festeja. Cuando su entrenador corrió a abrazarlo, él lo sujetó de la cintura para hacerlo girar 180 grados y aplicarle una llave de lucha. Goliat es cubano y los cubanos tienen sabor, por eso bailó al terminar todo. “Mi baile es de felicidad, aquí es Brasil”.

Goliat también es vanidoso. En sus redes sociales posa con playeras pegadas, elegante, cadena de oro en el cuello y llama “papá” a Fidel Castro.


Un cubano que “ama” su hogar. Tres medallas de oro en Juegos Olímpicos, tres ocasiones abanderado y un ejemplo para “la revolución”. Representa para la isla un modelo “ideal” a seguir.

“Para la delegación de la nación antillana será un gran privilegio que Mijaín sea el portador de la enseña nacional en la cita estival”. Así relataba el Estado Cubano la noticia hace dos meses cuando lo designaron por tercera ocasión consecutiva como abanderado.

En Cuba, estas distinciones no son cualquier cosa. La isla, que conserva el socialismo, busca seguir vigente en un mundo donde el capitalismo y la globalización está en casi todos lados, por eso cualquier insignia nacional, como ser abanderado, resulta ser una condecoración especial. “Es una altísima distinción del gobierno, casi igual que una militar”, me dice un periodista cubano quien prefiere omitir su nombre.

Sí, es verdad, Mijaín es poderoso, es una roca, es invencible, pero también es muy trabajador. Probablemente si el mundo se estuviera viniendo abajo, él buscaría la manera de levantarse a las 6 de la mañana para ir a correr. “Hago todo para estar en forma, preparándome siempre”. Y prepararse siempre no significa sólo entrenar. Por ejemplo antes de llegar a Río fue a Polonia para “analizar” a rivales, “estudiarlos” y luego fue a España para sentir qué tan bien iba su preparación.

Si la primera versión de Goliat hubiera sido como Mijaín, quizás nunca habría sido vencido por David.

Es verdad, tenerlo de frente da terror. Una torre de 1.98 centímetros de músculo. Pero espera, no te espantes, aguarda que te sonría y no sé si puedas controlar esas terribles ganas de tomarle uno de sus cachetes y con un par de dedos sacudírselos.


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Ivan Pérez es Editor de deportes del periódico El Economista, fundador de Cámara Húngara y colaborador de Forbes México. Ganador del premio 50 años de la Copa Libertadores en la categoría de prensa escrita. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, Licenciado en Periodismo por el PART, becario del Programa Prensa y Democracia (Prende).


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