Estrellas internacionales y sistemas innovadores: claves para evolución de MLS en Liga de Campeones

Los clubes norteamericanos se mostraron más cerebrales y 'cancheros' en sus enfrentamientos frente a conjuntos de la Liga MX en la CONCACAF.

Si algo es evidente después de los partidos del martes por la noche en la Liga de Campeones de la CONCACAF es que algo ha cambiado en la mentalidad, la compostura, el 'saber estar' de los equipos de la MLS en la competición internacional. Al menos eso puede afirmarse en el caso de Toronto FC y New York Red Bulls, los conjuntos que dejaron sin semifinales a dos fuertes representantes de la Liga MX, como son Tigres UANL y Xolos de Tijuana.

El fútbol no mudó de manera esencial en la escuadra canadiense y su par de Nueva Jersey. La evolución con la pelota en los pies es sensible y firme, temporada tras temporada. Pero no vamos a hablar de eso aquí. La asignatura en la que el cuadro escarlata y el conjunto de la bebida energética se graduaron en la última semana está más vinculada a lo mental que a lo físico-futbolístico. Y ambos equipos llegaron a esos honores por vías diferentes.

Lo hecho por Red Bulls y TFC nos demuestra -y quizás sea el inicio de una nueva dinámica para los equipos de la MLS en el plano internacional- que ya no se 'achican' frente a un rival superior, o teóricamente superior. Sea en 'El Volcán' o en el Red Bull Arena, los dos planteles se mostraron dueños de una templanza pocas veces vista (en el caso de NYRB, incluso en el marco de una remontada que concluyó con una clara victoria). El vigente campeón de la MLS y los futbolistas del equipo albirrojo actuaron con una lógica 'canchera'; supieron manejar los tiempos de cada uno de los partidos, no se amilanaron frente al rival y se ajustaron al plan labrado por sus respectivos entrenadores.

El desafío de Toronto FC ante Tigres era mayúsculo. Ni el más optimista se animaba a especular sobre el modo con el que la alineación de Greg Vanney podría hacer valer en Monterrey la magra diferencia del 2-1 otenida en el BMO Field. En pocas veces anteriores el equipo canadiense sacó a relucir su casta de campeón y sus ambiciones de conseguir cosas trascendentes como lo hizo frente a la multitud que respaldaba al conjunto 'felino'. De la mano del diminuto Sebastian Giovinco -un gigante en compromisos de este tipo, con experiencia en las competiciones más encumbradas de Europa- y bien asistido por la veteranía y la eficacia de nombres como los de Michael Bradley, Jozy Altidore y el recién llegado Gregory van der Wiel, Toronto jamás dejó que el estelar rival liderado por André-Pierre Gignac se hiciera con el control en el marcador. Hubo una pizca de suerte del lado canadiense, ¿por qué negarlo? Pero el cuadro rojo sangre jamás se desarmó frente al inspirado y persistente asedio del ataque de Tigres.

Desde 2015 en adelante, Toronto FC es una escuadra armada para ir a la búsqueda de objetivos mayores, como la Liga de Campeones de la CONCACAF. Dentro del ámbito de la MLS es un 'super equipo', que alcanza las cotas de altitud para las que un par de temporada atrás fue programado. El caso de New York Red Bulls -pese a ser igual de eficaz- arrancó desde un punto de partida casi totalmente opuesto.

La nueva historia para el club taurino también comenzó en 2015, una vez finalizada la era de fichajes de gran cartel, representada por las llegadas de leyendas como Thierry Henry y Rafa Márquez. En ese entonces el club cambió. Puso al sistema -el mismo que impulsa a los equipos de Red Bull en Alemania y Austria- por delante, y se olvidó de los grandes nombres. "Menos es más", podría ser el lema que impulsa a la gestión de Jesse Marsch. "Juventud e ideas revolucionarias", dirán otros. Lo cierto es que el plantel de la temporada 2018 está lleno de jugadores surgidos de la academia y las fuerzas básicas del club. Un par de veteranos indispensables -como Luis Robles y Bradley Wright-Phillips- un fichaje medianamente resonante (el del argentino 'Kaku' Romero Gamarra), y el equipo (el sistema, deberíamos decir) estuvo listo para rodar.

Si en el caso de Toronto FC futbolistas con amplia experiencia internacional como Giovinco y Bradley demuestran que tienen una calidad 'de fábrica' que han volcado la balanza en detrimento de Tigres, en los Red Bulls la mentalidad de sus jugadores es ayudada en gran medida por el 'método', la información analítica y el input del cuerpo técnico. Ni BWP ni Robles tienen una experiencia internacional destacable (no al nivel de sus contrapartes en el club canadiense, al menos), pero -junto a ellos- jugadores con poca experiencia en la MLS como Tyler Adams (19 años), Amir Murillo (22) o Aaron Long (25) -literalmente- 'se comieron' al juego y los arrestos de Xolos de Tijuana. Preparación e información sobre las posibles variables del partido en cuestión.

Lo de los Red Bulls es más una cuestión dogmática, de fe. Hay que creer en el sistema y entregarse al mismo. Despojarse de todo para que quien se imponga sea la idea de juego. No por nada en el último año Jesse Marsch aprobó la salida de tres de sus recientes capitanes (dos oficiales, uno en las sombras) como Dax McCarty, Sacha Kljestan y Felipe Martins. Los nuevos ejecutantes del plan estaban y están listos para ponerlo en práctica a la perfección. La confianza en el método genera que los futbolistas de Red Bulls expresen su fútbol de la mejor manera, con una confianza natural y sólida. Se puede decir que 'el sistema' busca multiplicar los puntos positivos de cada uno de sus intérpretes y disimular (o eliminar) los aspectos de vulnerabilidad y carencias. Todo (o casi todo) está analizado y previsto en las carpetas de quienes deciden la estrategia a seguir.

Algo ha hecho 'click' en la MLS. Porque el ejemplo marcado por el estelar y experimentado Toronto FC y el diseño de la factoría de Jesse Marsch (al que, aclaremos, no le faltan fútbol y agallas) podría ser seguido por otros. Comenzando por Seattle Sounders, que esta noche se juega la ropa ante Chivas.

Por contar con el ADN competitivo adecuado, o apelando a la instrucción y la planificación, los equipos de la MLS acaban de competir y doblegar a rivales que hasta ahora habían sido escollos casi insuperables. No quiere decir esto que a finales de abril la CONCACAF tenga de manera asegurada un campeón radicado en Estados Unidos o Canadá. Sería muy aventurado afirmarlo a esta altura. Quizás lo que ya no se pueda seguir desconociendo es que los clubes norteamericanos serán de ahora en más actores a los que no se podrá sacar de escena fácilmente. El título internacional para la MLS llegará en algún momento, mientras sus equipos mantengan la cabeza fría y las piernas calientes (como Toronto FC, como los Red Bulls) en partidos de 'matar o morir'.

Por una vez, entendamos que no todo se reduce a una simple cuestión de poderío económico; un factor creciente en la MLS, y que desde hace décadas es parte del día a día de los equipos más grandes de México. Lo que ha ocurrido y probablemente siga ocurriendo al norte del Río Grande es que los clubes norteamericanos están entrando en una nueva dimensión, en un nuevo ámbito que se han ganado con paciencia. Quizás -solo quizás- la versión 3.0 de la liga para los equipos de la Major League Soccer tenga más que ver con eso de saber estar en un partido difícil que con cualquier otra cosa. Ojalá.