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El Clásico Nacional quedó en medio del debate por la seguridad en el fútbol

Tal vez sin desearlo, pero el duelo entre América y Chivas será observado por la seguridad que tenga, tras las riñas entre aficionados de Monterrey.
26 Sep 2018 – 1:28 AM EDT

Pocas veces como esta habrá tanta atención sobre la seguridad de los aficionados en el Clásico Nacional entre América y Guadalajara.

Los dos clubes más populares de México se medirán siete días después de la riña entre hinchas de Tigres y Rayados previa al Clásico regio, que dejó a una persona debatiéndose entre la vida y la muerte e imágenes de odio entre la que, hace no mucho tiempo, era considerada la mejor afición del país.

No es nuevo que haya pleitos con motivo de un partido de fútbol en México, pero los actos de brutalidad ya no se concentran en los alrededores de los estadios, sino en zonas alejadas. El lugar del conflicto se encuentra a cinco millas -en distancia según las vías de comunicación y no en línea recta- del Estadio Universitario, donde se celebró el partido.

América y Guadalajara tienen su sede en dos de los 10 estados con mayor índice de homicidios en México. Pero no es una mera casualidad: el 57 por ciento de todos los equipos profesionales, en todas sus divisiones y las dos ramas, están en esas zonas de peligro.

México vive la peor oleada de violencia en un siglo y el fútbol no ha quedado exenta de ella. La Liga MX se limitó a excusarse en que lo de Monterrey ocurrió lejos del estadio para evitar la cancelación del partido y dar posibles sanciones a los clubes, pero olvidan que el aficionado que nutre al espectáculo no solo se queda en las gradas, sino también es el que ve el partido por televisión, especialmente si consideramos que los mayores ingresos de esta industria provienen de la venta de derechos de transmisión.

Para bien, la propia Liga ya anunció medidas que evitarán que aficionados agrupados en barras ingresen a estadios cuando sus equipos jueguen como visitantes. Pero eso no evitará todos los problemas.

No hay antecedentes graves de violencia alrededor de los duelos entre América y Chivas, aunque sí de ambas aficiones ante otros rivales. Este Clásico tiene ante sí la oportunidad de mostrar una cara amigable al aficionado, sin dejar de lado lo antigua e intensa de la rivalidad deportiva.

Aunque los actores del partido tienen que poner de su parte, de nada sirve si los aficionados no entendemos que esto es solo un juego. Que en seis meses -quizás antes- habrá otra oportunidad y que incluso para el hincha, el deporte da lecciones para la vida.

Se tiene que aprender a perder. Se tiene que aprender a respetar al rival y a los que piensan distinto. Se tiene que aprender que el triunfo es un privilegio, no una licencia para la mofa y la ofensa.

El fútbol mexicano, en su partido más visto del semestre, tiene la oportunidad dorada de promoverse como un verdadero agente de paz. Y eso empieza por los aficionados.

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