José Richard, el sordociego que ‘ve’ el fútbol a través de las manos

A los 9 años quedó sordo y, a los 15, empezó a perder la visión. Hoy, a los 36, José Richard Gallego mantiene intacta su pasión por el fútbol y sigue yendo al estadio. Su mejor amigo, César Daza, le relata los partidos con sus manos.

Son las 3:45 de la tarde y, como casi todos los domingos, el estadio El Campín, en Bogotá (Colombia), se prepara para recibir la fiesta futbolera. Es el clásico ‘capitalino’ número 291 entre Santa Fe y Millonarios que, en esta ocasión y por razones de seguridad, solo contará con la presencia de hinchas santafereños.

Falta una hora y media para que se escuche el silbatazo inicial y José Richard Gallego llega al escenario deportivo. Eso sí: no lo hace solo. A su lado se encuentra César, su amigo inseparable, el que desde hace tres años se convirtió en sus ojos, sus oídos y en su máximo cómplice para disfrutar del fútbol.

“Conocí a José Richard en el 2014, cuando me invitaron a servir de intérprete en un lugar al que asistían personas sordociegas. Él estaba allí y después lo invité a la congregación cristiana a la que voy, en donde se fortaleció nuestra amistad”, recuerda César.

José Richard, quien padece del síndrome de Usher (enfermedad que normalmente ataca primero la audición y luego la visión), es seguidor de Millonarios, mientras que el corazón de César palpita por Santa Fe.

“Yo me acuerdo de que, cuando tenía visión, me gustaba el fútbol y me identificaba con el color azul. Me gustaba la ropa de color azul y por eso soy de Millonarios”, le comenta José Richard, en leguaje braille, a César, quien oficia de traductor para la entrevista.

La fuerte rivalidad entre los dos equipos históricos de la capital colombiana no es impedimento para que los amigos compartan el amor por la pelota, y hasta se emocionen con los goles ajenos.

“A César le gusta un equipo y a mí otro, pero no tenemos nada en contra del otro. Llevamos una amistad y es lo que queremos mostrarle a todo el mundo”, complementa José.

Con este son cuatro los juegos a los que José y César asisten juntos, aunque nunca habían tenido la oportunidad de compartir un clásico. Junto a ellos están Santiago y Héctor, dos niños que también forman parte de la Fundación Sin Límites, institución creada por César para ayudar a las personas con discapacidad auditiva y de la vista.

El momento tan esperado se acerca. Después de bromear un poco con sus amigos y hacer el pronóstico del resultado (cree que su Millonarios ganará 2-0), boleta en mano y vistiendo la camiseta azul, que debe cubrirse con su chaqueta para cumplir con la norma que impide la asistencia de aficionados visitantes en este partido, José Richard y su fiel escudero pasan los filtros de seguridad e ingresan al estadio para ser ubicados en una tribuna especial, que les permitirá seguir sin problemas el partido.

Los minutos pasan y la ansiedad se hace cada vez mayor. Los equipos están a punto de saltar al terreno de juego y José Richard hace notar su emoción con constantes sonrisas, abrazos y golpecitos en la espalda de César. “Me encanta sentir el retumbar de los bombos”, le señala José a César. ¡Ya todo está listo para que comience la fiesta!

Llega la tan esperada salida de los jugadores, suenan los himnos y José Richard se sienta en una silla portátil, dándole la espalda a la cancha. César se ubica enfrente de su amigo y pone encima de sus piernas una tabla rectangular, que emula el campo de juego.


Desde que, en el 2014, José Richard le propuso a César que le interpretara un partido de la selección Colombia durante el Mundial de Brasil, entre ambos idearon un lenguaje futbolero que combina el braille y se apoya en la tabla.

“Él anhelaba sentir un partido de fútbol y me propuso que le describiera el juego a través de una tabla. Aunque a mí al principio me pareció una idea algo loca, José Richard me enseñó cómo hacerlo. La tabla simulaba la cancha, mi mano izquierda era un equipo y la derecha el otro. Así fuimos creando un lenguaje para identificar la tarjeta roja, la amarilla, las faltas, etc. Llegamos a acuerdos y fuimos perfeccionando la técnica para interpretar todo el partido”, manifiesta César.

Con el juego en marcha, César le narra a José cada uno de los movimientos de los equipos y le hace conocer más o menos cuántos espectadores asistieron. Incluso le transmite algunos cánticos de la hinchada roja.

José Richard goza del clásico. En las llegadas de Millonarios al arco rival aprieta sus manos, como percibiendo el aroma de gol. Sin embargo, con el pasar de los minutos su equipo amado pierde bríos y Santa Fe lo pone contra las cuerdas. El conjunto que viste de rojo ahora es el que está más cerca de la anotación.

Pese a que nunca deja ir la sonrisa de su rostro, a José Richard se le nota algo preocupado por los ataques continuos de Santa Fe; hasta que al minuto 33 llega la apertura del marcador, tras una jugada de tiro de esquina y posterior cabezazo, oportunamente detallada por César.

Gol del equipo de César y en contra del de José Richard. Aunque, a la larga, gol del fútbol, de la vida y de la paz; esa paz que José Richard representa, celebra y que les quiere transmitir a todos los aficionados en el mundo.

“Quiero que sepan que más que una camiseta lo que importa es el respeto por todos. Si el equipo de César gana yo lo aplaudo, lo felicito y lo bendigo. Si se diera al contrario, estoy totalmente seguro de que César va a hacer lo mismo conmigo”, recalca José.

El clásico se ha definido. A pesar de que Millonarios tuvo una leve reacción no pudo marcar y dejó a José Richard con las ganas de celebrar un nuevo gol, uno que esta vez tuviera el sello de su querido azul.

Con la tarde transformada en noche y el juego escuchando el silbatazo final, José Richard abandona el estadio. Eso sí: sin dejar nunca a un lado la inagotable sonrisa, que refleja la satisfacción de lo que fue una gran fiesta futbolera que quedará por siempre en su memoria.

Conocer a Radamel Falcao y a James, un sueño por cumplir


En compañía de su mamá, un hermano y una sobrina, José Richard vive en un barrio humilde de Bogotá. Bastón en mano y con Dios bien clavado en su corazón, toma desde tempranas horas del día las calles de la capital colombiana en busca de nuevos aprendizajes.

A su amor por el fútbol le suma la pasión por el teatro, que perfecciona en la fundación de César, y un curso de panadería que adelanta en un instituto de educación técnica y tecnológica llamado SENA.

“Desde un tiempo atrás quería estudiar en el SENA y por fin pasé. Ha sido muy bonita la experiencia y a futuro quisiera tener una panadería. Por ahora estoy adquiriendo la habilidad de hacer pan, amasar… Cuento con el apoyo de mi mamá, que trabaja en una panadería. Ella tiene experiencia y me enseña. Mi idea es en un futuro ayudarle a mi mamá y vender un pan bien rico”, asegura José Richard.

Pero si el sueño de José Richard en un mediano plazo es ser panadero, hay algo que lo ilusiona y espera cumplir muy pronto: “Me gustaría acompañar a la Selección Colombia en un partido y conocer personalmente a los jugadores”, manifiesta.

“César me ha hecho saber de Radamel Falcao y James Rodríguez, porque son personas muy importantes a nivel futbolístico. Me encantaría conocerlos y me gustaría mandarles un mensaje de ánimo y esperanza para que sigan adelante”, finaliza el ‘guerrero de la vida’, el sin igual José Richard.


Por: Diego Alejandro Camargo, Juan Sebastián Sánchez y Juan Carlos Calderón.