¿Perdonará la afición al Tri?

Luego de la derrota ante Chile, los jugadores y cuerpo técnico de la Selección Mexicana clamaron por perdón. ¿Qué harán los seguidores al respecto?
21 Jun 2016 – 10:25 PM EDT

Fue una pasarela de lamentos y ojos saltones, el desfile parecía interminable, los gimoteos también.

Primero el capitán Andrés Guardado, luego el técnico Juan Carlos Osorio. Le siguieron uno a uno los jugadores del Tri pidiendo disculpas - muy sentidas eso sí- al borde de la lágrima como si le hubiesen quitado el oxígeno de pronto a más de cien millones de personas y estuvieran por morir.

La afición, ese cúmulo de rostros y aspiraciones multiforme, pasaba por las distintas etapas de lo que lucía más como un duelo que como una derrota.

Shock, tristeza, displicencia, sorpresa, desaliento, enojo. Todos los sentimientos en distinto orden o todos al mismo tiempo.

Cuarenta y ocho horas después no se ha escuchado ninguna respuesta a la súplica de los jugadores mexicanos.


La discusión ha girado en el destino de la cabeza de Juan Carlos Osorio, el villano favorito de todos particularmente de los medios de comunicación propensos al halago o al linchamiento fácil y rápido en pos de los ratings y ventas.

Pero aún no se gira y se piensa en esa multitud que quedó sembrada sobre el terreno de juego, no la de jugadores. Herida en su suceptibilidad que se siente desilusionada cuando no engañada.

Particularmente la de mexicanos en Estados Unidos que ve en el Tri un reducto de identidad nacional y acude a cada sede donde se presenta.

¿Qué les dejó a ellos la derrota? ¿Habrá algún cambio en su actitud a partir de la goleada ante Chile? ¿Sus jugadores favoritos dejarán de serlo?


El concepto actual de aficionado, seguidor, fanático, hincha o como se quiera decir habla de incondicionalidad. De apoyo en las buenas y en las malas. Sí suena muy reduccionista y hasta maniqueista, y cada uno de ellos tendrá su respuesta. Sus conceptos también.

Pero basta recordar que no es la primera gran decepción del Tri en la historia y detrás queda siempre un cierto sentimiento de desasosiego temporal.

Que en un tiempo los sinsabores y decepciones eran tantos, tan comunes. Los triunfos tan pocos que un periodista - Manuel Seyde- bautizó a la Selección Mexicana como los “ratones verdes”.

Y la afición siempre regresó al estadio, porque ser seguidor del fútbol se trata de eso, aunque cada quien tiene su propia idea cercana o lejana a ello.


De apoyar y sufrir. De llorar cuando hay que llorar, de gozar cuando hay motivo para ello -aunque a veces entre un gozo y otro haya décadas de distancia- . De huir hacia adelante en las victorias gloriosas o en las caídas escandalosas sea uno futbolista o aficionado.

¿De perdonar? Posiblemente, sobretodo aquellos que se hayan sentido ofendidos o lastimados por una derrota, pero quién de todos nosotros está en la posición de nunca haber sido goleado sin motivo aparente -dentro o fuera del campo- en la vida.

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