México vs. Argentina, la final que nunca llegó

Te contamos qué pudo ser del soñado duelo por la Copa entre el Tri y la Albiceleste.
21 Jun 2016 – 12:14 AM EDT

Durante la tarde del sábado miles de aficionados mexicanos confiaban en que el Tri superaría sin mayores problemas su duelo contra Chile en los cuartos de final y ya se imaginaban lo que serían las semifinales ante la Colombia de James Rodríguez.

El entusiasmo azteca nublaba cualquier sesgo de consciencia de que se enfrentaba al actual campeón de la Copa América. Cómo siempre suele ocurrir cuando México hilvana buenos resultados, la credulidad estaba a su máximo potencial.

La afición no meditó la complejidad que representaba eliminar a la Roja de Vidal, Alexis y Vargas y por eso cayó como balde de agua helada la escandalosa goleada de 7-0 con la que Chile echó de ‘su Copa’ al Tri.

No fue por un acto de arrogancia sino por la admiración y esperanza que siempre se tiene por la Selección Mexicana que, desde antes de arrancar la Copa América Centenario, ya era considerada entre las favoritas para llegar a la final.

Y ese hipotético duelo definitivo tenía un rival idóneo: Argentina. Muchos ya nos frotábamos las manos solo con imaginar el partido. México, el Gigante de Concacaf, contra la Albiceleste de Lionel Messi.

El astro absoluto de la última década y quizás uno de los mejores futbolistas de la historia enfrentando a la Selección Mexicana en una final. El desenlace del torneo no podía ser mejor.

Pero frenémonos un poco para ver cómo pudo haber sido ese encuentro, la final soñada, la que nunca fue. El Tri no solo se enfrentaría al mejor jugador del mundo y ganador de cinco Balones de Oro. Argentina no solo es Messi.

En la Albiceleste ataja Sergio ‘Chiquito’ Romero, uno de los más destacados porteros de América. En la defensa tiene a dos centrales de primer nivel como son Nicolás Otamendi y Ramiro Funes Mori y dos laterales eficientes como Marcos Rojo y Gabriel Mercado.

El equipo del Tata Martino tiene un medio campo de respeto encabezado por el intratable Javier Mascherano acompañado por Augusto Fernández del Atlético y Éver Banega, exfigura del Sevilla ahora en el Inter de Milán.

Pero adelante viene lo dramático. Argentina tiene una de las delanteras más poderosas del orbe con Gonzalo Higuaín, Ángel di María y Leo Messi. Y por si uno no está al cien en la banca esperan su turno el ‘Kun’ Agüero y Ezequiel Lavezzi. Un trabuco.

Eso es con lo que México tenía que lidiar el 26 de junio. Con Juan Carlos Osorio echando mano de sus rotaciones para contrarrestar el talento argentino.

El Tri iba a saltar con Memo Ochoa, Talavera o Chuy Corona defendiendo un arco sin dueño ante ese arsenal ofensivo.

Con Márquez -si lo permitía el técnico- liderando a una zaga con la peor versión de Héctor Moreno, el ímpetu de Néstor Araujo, y carrileros como Miguel Layún -que ha jugado todo el proceso como volante- y Paul Aguilar -que no defiende como ataca-.

Por el medio México se pondría rijoso con Andrés Guardado peleando todo junto a un Héctor Herrera desconocido que olvidó empacar su juego que dejó en Portugal. Ambos respaldados por un escudo sin confianza que saldría entre Dueñas y Molina.

Arriba no tendría problema. Opciones sobran. El Tri iba a atacar al bicampeón del mundo con Chicharito -que ya perforó las redes pamperas en Sudáfrica-, Oribe Peralta –que no goza del aval de Osorio- y algún joven desequilibrante de entre Tecatito Corona, Hirving Lozano o Javier Aquino. Alguno de ellos aguardaría en el banco junto a Raúl Jiménez como revulsivos.

En el papel era un platillo muy apetecible. Se veía a una Selección Mexicana de jerarquía peleándole al tú por tú a la Argentina, más necesitada de gloria que nadie con dos finales perdidas a cuestas y la presión de 23 años sin títulos. El Tri saldría cómo víctima, en un rol que le gusta para jugar descarado y con nada que perder. Se antojaba un gran partido. Pero no se dio.

Chile jugó por nota y arruinó el sueño mexicano con siete cornadas que calaron hondo a una nación que apoya incondicionalmente a su selección. Una tunda imborrable que sacudió al Tri y lo puso a mirar despierto su realidad de jerarca en la zona pero sin fundamentos para codiciar una final contra Argentina.

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