Artes Marciales Mixtas

La 'oreja de coliflor', el invitado omnipresente del octágono

Para el ojo del aficionado, la deformidad en las orejas de los peleadores puede parecer grotesca. Para los guerreros del ring se trata de un rito de paso en sus carreras.
21 Sep 2018 – 3:17 PM EDT

En fotos: la impactante oreja de coliflor en los peleadores de UFC

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En el canto XIX de la Odisea, Ulises, el gran protagonista de la obra, es reconocido por su nodriza a su regreso a Ítaca, su hogar —tras sortear peligros provocados por la ira de los dioses tras conquistar Troya— gracias a la cicatriz que el héroe griego tiene en el muslo; cicatriz que, como bien cuenta Homero con gran maestría, encierra la historia del accidente que el joven Ulises sufrió al intentar cazar un jabalí.

De la misma forma, la cicatriz que los peleadores de artes marciales mixtas, y otros deportes de contacto como el rugby, presentan en las orejas, también conocida en el nicho como 'oreja de coliflor', encierra una y mil historias: victorias, derrotas, debuts no deseados, debuts de ensueño, largas sesiones de entrenamiento, sacrificios.

A esta peculiar deformidad se le conoce como hematoma auris en la jerga de la medicina. Se produce por un coágulo de sangre que se genera tras recibir un fuerte impacto en dicha zona. Cuando los impactos son repetitvos, como es el caso de las MMA, el cartílago se desprende del tejido, el cual se ocupa de transportar los nutrientes.


Sin nutrientes, el cartílago muere y, paradójicamente, da vida a una cicatriz irreversible con forma de coliflor.

Para evitar que el cartílago palidezca se puede drenar el exceso de sangre y vendar la zona afectada para que el cartílago y el tejido se reconstruyan. Sin embargo, para la gran mayoría de los peleadores, evitar la deformidad significaría una suerte de negación de sí mismos o una forma de olvidar todo ello por lo que han luchado, literalmente.

La 'oreja de coliflor' es una marca de orgullo, experiencia, valentía, miedo y pasión. Vivencias encarnadas que cuentan historias de todo tipo dentro y fuera del octágono. Es, pues, un rito de paso para todo peleador que dedica su vida a uno de los trabajos más rudos que existe: dar y recibir golpes.

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