Condenas

Tribunal niega apelación a condenada a muerte en Texas por el secuestro y asesinato de una hispana

Linda Carty, de 59 años, fue sentenciada a la pena capital en 2002 luego de ser declarada culpable del secuestro y asesinato de una madre hispana, de 25 años, que acababa de dar a luz. La convicta intentó llevarse al bebé de la víctima y simular que era su hijo.
8 Feb 2018 – 11:17 PM EST

HOUSTON, Texas. Linda Carty, una ciudadana británica sentenciada a pena de muerte en Texas por el secuestro y asesinato de Joana Rodríguez en 2001, a quien quería robarle su hijo recién nacido, perdió una apelación que interpuso su defensa ante el máximo tribunal de apelaciones en Texas.

En 2016, un tribunal inferior de apelaciones le había concedido una nueva audiencia solicitada por los abogados de Carty, quienes afirmaban tener nuevas pruebas para demostrar la inocencia de la mujer, quien alegaba que los fiscales que llevaron su caso presionaron a testigos y ocultaron información para inculparla de un asesinato que no cometió.

Un juez rechazó esa apelación argumentando que había suficiente evidencia que la incriminaba y que además ella no pudo presentar evidencia para probar su acusación.

La convicta decidió entonces llevar su caso al Tribunal de Apelaciones Criminales de Texas, pero este miércoles su petición fue rechazada.

Carty es originaria de las islas británicas St. Kitts y Nevis, en el Caribe, pero había vivido en Houston durante 20 años cuando fue sentenciada, en 2002, por el crimen de Joana Rodríguez, de 25 años.

La mujer siempre ha sostenido que es inocente y ha presentado múltiples apelaciones, pero todas han sido denegadas. La organización británica REPRIEVE, que defiende los derechos humanos, ha estado respaldando los reclamos de inocencia de esta mujer, bajo la premisa de que los otros implicados en el caso hicieron un arreglo con la fiscalía inculpándola a ella para salvarse de la pena máxima.

Carty es una de las seis mujeres detenidas en el pabellón de la muerte de Texas, pero aún no ha fijado una fecha para su ejecución. La convicta tiene antecedentes delictivos en el condado Harris por robo y posesión de marihuana.

Esto es lo que se sabe del caso


Según testimonios consignados en documentos judiciales, Linda Carty contrató a Chris Robinson, Gerald Anderson y Carliss Williams para entrar por la fuerza en el apartamento de la joven embarazada y secuestrarla. Los investigadores del caso lograron determinar que Carty pensaba hacer pasar el bebé de Joana Rodríguez como hijo suyo para tratar de retener a su pareja.

El 5 de mayo de 2001, a la 1 de la madrugada, los tres sujetos irrumpieron con armas en la residencia de Rodríguez mientras todos dormían. En uno de los dormitorios encontraron a la víctima con su esposo y un bebé, de 3 días de nacido, y en la sala de la casa estaba otro miembro de la familia.

Los maleantes se llevaron al bebé y a la madre y dejaron a los hombres atados con cinta adhesiva, amordazados y con los ojos vendados. Al esposo de la víctima le exigieron entregarles drogas y dinero, pero al no poder conseguir lo que pedían, lo golpearon y lo dejaron tirado en el piso.

Durante las primeras pesquisas, un testigo dijo a los detectives que atendieron el caso que Carty vivía en un apartamento al frente de la madre secuestrada, pero que se acababa de mudar. Esta persona declaró también que había hablado con ella (Carty) un día antes de los hechos, mientras estaba en un auto alquilado y que le llamó la atención que llevaba un asiento de bebé. La mujer le dijo que estaba embarazada y que tendría al bebé al día siguiente. El testigo no le creyó y le pareció extraña toda la situación.

Los investigadores contactaron a Carty y la mujer aceptó encontrarse con ellos y permitirles hacer una inspección al apartamento donde había vivido.

El lugar estaba casi vacío y le pidieron a la entonces sospechosa ir a la estación de policía para ser cuestionada. En un interrogatorio con agentes de la DEA, la mujer declaró que había cometido un error y le había prestado dos autos que tenía en su poder a unos individuos que ella creía eran los responsables del secuestro de su vecina y se ofreció a llevar a los detectives al lugar donde estaban estacionados esos vehículos.

La policía se desplazó hasta el sitio indicado y allí encontraron al bebé vivo, pero su madre estaba muerta dentro de la cajuela de uno de los autos. Tenía sus piernas amarradas con cinta adhesiva y en la cabeza tenía una bolsa plástica, que había sido amarrada al cuello.

Un experto forense que revisó el cuerpo de la víctima dictaminó que llevaba más de 12 horas muerta y que falleció por asfixia.

El plan macabro de Carty


Según testimonios de testigos, que aparecen consignados en documentos judiciales, Linda Carty estuvo reclutando individuos para llevar a cabo un supuesto robo de droga en un apartamento del complejo residencial donde ella vivía.

Los atrajo con la promesa de que había más de 200 libras de marihuana y dinero en efectivo en el lugar que podrían dividir entre los participantes del robo. Lo único que ella quería a cambio por permitirles quedarse con la droga y el dinero era que le entregaran a una mujer embarazada que vivía en ese lugar. Mencionó que quería tener ese bebé en particular porque su esposo había tenido un romance con esa mujer y era el padre del hijo que ella esperaba. Su intención era cortarle el abdomen a esta joven para sacar al bebé.

Carty les dijo que la mujer compartía el apartamento con su esposo y con otro familiar y les encargó llevársela sola a ella y matar a los demás.

Los tres sujetos a quienes logró reclutar para el trabajo llegaron armados al apartamento de la víctima durante la madrugada. Abordaron al esposo de la mujer y le preguntaron por la supuesta droga y el dinero. Luego lo golpearon, lo amordazaron y lo ataron con cinta adhesiva. Hicieron lo mismo con el otro miembro de la familia y después abandonaron el lugar, llevándose a la mujer y a su bebé, que había nacido hacia tres días.

Carty los esperaba afuera y recibió al bebé para llevarlo en el auto que ella estaba manejando. La mujer secuestrada fue puesta en la cajuela de un segundo vehículo, atada con cinta y con una bolsa en su cabeza. Ambos autos se dirigieron a la casa de un familiar de uno de los sujetos. Una vez en el lugar, los hombres le reclamaron a Carty porque no hallaron drogas ni efectivo en el lugar. Estaban tan molestos que incluso pensaron en dispararle. Ella les prometió que habría otro robo para compensarlos.

Uno de los cómplices testificó que en cierto momento después del secuestro, Carty habría tratado de matar a la madre del bebé, asfixiándola.

Según el reporte forense, la madre murió asfixiada por la bolsa que le pusieron en su cabeza y por la posición en que la mantuvieron encerrada en la cajuela durante horas.

Cuando el grupo de delincuentes se dio cuenta de que la víctima estaba muerta, estaban tratando de determinar qué hacer con el cuerpo. Carty les habría sugerido quemarlo en un asador.

Al día siguiente del secuestro, la policía entró en contacto con Carty y le pidió regresar al apartamento donde ella vivía, cerca del de la víctima. La mujer dejó el bebé con uno de sus cómplices y fue al encuentro con un detective. Cuando la interrogaron dijo que había prestado dos vehículos que tenía en su poder a unos sujetos que ella creía estaban implicados en el secuestro de su vecina y de su bebé. Le dijo a la policía dónde encontrar los autos y cuando los agentes llegaron al lugar, encontraron al bebé sano y salvo, pero su madre estaba muerta.

Las pesquisas de los investigadores lograron determinar que Carty se ingenió el macabro plan para hacer pasar al bebé como su hijo y así tratar de volver a estar junto al hombre que había sido su pareja y la había dejado. Se trataba de un hispano que vivió con ella por algún tiempo, pero se cansó de sus mentiras y la abandonó. Siempre le decía que estaba esperando un hijo de él, pero ninguno de sus embarazos era verdadero.

Las sentencias


Carty y sus tres cómplices fueron detenidos y acusados de asesinato con posibilidad de pena capital.

En el transcurso del juicio, los tres cómplices llegaron a acuerdos con la fiscalía y recibieron sentencias de prisión.

Gerard Anderson recibió la condena más alta. Fue sentenciado a dos cadenas perpetuas tras declararse culpable de secuestro agravado y posesión con intento de distribución de drogas.

Chris Robinson se declaró culpable de secuestro agravado y lo sentenciaron a 45 años en prisión.

Carliss Williams aceptó su culpabilidad por un delito menor de secuestro y fue sentenciado a 20 años de prisión

Linda Carty en cambio se declaró inocente de los cargos que le imputaban, pero un jurado la halló culpable y la sentenció a pena de muerte. La convicta ha intentado apelar su caso en múltiples ocasiones, pero sus solicitudes siempre han sido rechazadas.

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