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Israel y Magda se besan en su renovación de votos.

Los Pacheco lograron bajar de peso y renovar sus votos

Los Pacheco lograron bajar de peso y renovar sus votos

Israel y Magda subieron de peso en 15 años de matrimonio y la gordura les molestaba, pero hicieron el esfuerzo.

Israel y Magda se besan en su renovación de votos.
Israel y Magda se besan en su renovación de votos.

Israel y María Magdalena, los Pacheco, subieron de peso en 15 años de matrimonio y la gordura les molestaba, pero hicieron el esfuerzo y pudieron renovar sus votos con la misma ropa con la que se casaron. Magda tiene 39 años, es mexicana y administradora. Israel tiene 39 años, es puertorriqueño y gerente de carga aérea. Con la intervención de Claudia Caporal, se comprometieron a bajar esas libras de más que afectaban sus vidas.

Los dos trabajaban en la industria del turismo y se conocieron por chat en el trabajo. El se enamoró tanto, que cada 15 días estaba allá. Su primera impresión: "yo no hablaba, pero cuando la vi dije ¡wow!" Ella cuenta que "nos casamos en noviembre del mismo año, cuatro meses más tarde". Ahora tienen tres hijos: Magda, Daniela e Israel.

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A ella le fascina bailar, pero ya no lo estaba haciendo. "Físicamente, ella no se siente bien... es de Culiacán, Sinaloa, (de donde viene) el pasito duranguense, la quebradita, yo aprendí a bailar todo eso allá", cuenta Israel. "Me considero gorda, pero no me gusta ser gorda, porque me doy cuenta que para tomarme una foto ahora pongo a mis hijos al frente o trato de salir de aquí para arriba", admite Magda.

Israel jugó béisbol hasta donde pudo y eso duró dos años, pero "me lesioné y me deprimí". Sigue siendo un beisbolista de corazón y ahora enseña a los chamacos a jugar. Lo que a Magda le digustaba físicamente de él era "que se haya dejado tanto, no sé si por depresión". El reconocía que "nuestro físico nos pone ciertas limitaciones en la vida cotidiana, uno se siente más amargado, nos está afectando en nuestra salud y eso no me gusta para nada".

A Israel no le cerraba el pantalón con el que se casó. "Me siento gordo, me avergüenza mi peso", decía, "yo llegué al punto que no quería tomarme más fotos". De las 185 libras que pesaba al casarse, había subido a 240. El principal obstáculo a la hora de la comida era "la irregularidad de mis horarios, la vida aquí que es trabajar, trabajar y trabajar y cuando uno quiere relajarse, quiere darse un gustazo... Lo que me gusta es comer, me gusta la (comida) puertorriqueña, mexicana, nicaragüense, cubana, italiana, china, lo que haya me lo como. Ni fumo ni bebo en mi vida, yo como". Pero cuando era pelotero era delgado, así que había esperanzas de bajar de peso.

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A Madga tampoco le cerraba el vestido. De las 120 libras que pesaba al casarse, subió a 164 en 15 años. "Fue un proceso completo, me mudé de México para acá, no trabajaba, él se iba todo el día... Me siento bonita, pero no como quisiera... Me pasaron muchas cosas al mismo tiempo, perdí el empleo y a mi mejor amiga... yo como una loca gritando, fue un accidente... ella y su novio. Después de eso empecé a comer".

Así pues, los Pacheco se hicieron un examen médico y decidieron ir al gimnasio. Tienen horarios muy diferentes, cada cual come lo que sea cuando pueda, pero deben ponerse de acuerdo. La doctora Claudia M. González, nutricionista, supo que Magda tuvo problemas de obsesidad, presión alta y retención de líquidos, y que Israel tuvo una abuela diabética y sufre de apnea a causa del sobrepeso. Magda tenía 13 libras de sobrepeso sólo de grasa y casi 18 de retención, mientras que Israel tenía 40 de exceso de grasa. Como suele ocurrir con las parejas de El peso del matrimonio, el problema es que no comían vegetales o verduras, aunque coman poco y cuiden las calorías. El plan nutricional consistió en desayunos de fruta y yogurt sin azúcar, almuerzo de carnes blancas y vegetales y cenas de 350 calorías.

El siguiente paso fue un régimen intensivo de ejercicios. Frank Guzmán, entrenador personal, les asignó la palabra Triunfo y les exige 100% en su gimnasio. El plan de entrenamiento diario era de 30 minutos de máquinas, 120 abdominales y 30 minutos de aeróbicos.

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Con el paso de los años, los Pacheco se hicieron muy amigos de la comida chatarra, así que Claudia les pidió sacar toda la comida de la cocina para separar lo saludables y que planifiquen el menú de 7 días para las compras, convirtiéndolos en listas de supermercados, también para ahorrar dinero.

Claudia les dio a Israel y Magda una simpática tarea de olerse el uno al otro con el beso esquimal. Luego, el tacto con el abrazo del oso, con fuerza y delicadeza para sentir sus corazones. Y, con los ojos vendados, explorarse con las manos. Después les llevó más alimentos saludables, frutas y vegetales. Los Pacheco resultaron ser una pareja más dócil y voluntariosa que las anteriores. Frank no estaba preocupado, no veía vicios en ellos y más bien los notaba muy compenetrados y buenos.

Cuando se reunió el panel de especialistas, habían bajado entre 30 y 40 lbs, pero se estancaron con las comidas congeladas. Les costaba trabajo cocinar comida fresca. Claudia quería que trabajaran la organización como familia, con los horarios difíciles. La palabra triunfo les quedó perfecto, porque Israel ya había sido atleta, hacía pesas y tenía mucho aguante, mientras que Magda se concentraba más en la parte cardiovascular. Israel debía llevar comida casera al trabajo y Magda reforzar su dieta y superar la difícil transición a la comida real.

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Para la cuarta semana, él había bajado 10 libras y ella, 7. En el gimnasio la relación se fortaleció, pero Israel no había superado la frustración de su lesión deportiva años atrás. Magda le leyó una carta en la que expresaba sus sentimientos y lo invitaba a dejar atrás los tropiezos. Ambos lloraron y una de sus hijas le regaló lo que más representaba su pasado en el béisbol para que se lo entregara a su hijo. Israel estaba en las grandes ligas como padre y se emocionó al ver a su hijo con la camiseta".

Como parece ser un patrón en estas parejas, para la quinta semana les tocó un nuevo sacrificio: Magda requería un tratamiento intensivo adicional. En broma le decían "que se vaya, que se vaya". Lo tomaron bastante bien. Ella no lloró al separarse del mundo, confiada en que el papá cuidaría a su familia. Israel la extrañaba porque ella lo ayuda mucho, pero no se quejó. La chef Karina Jakubowicz les enseñó a Magda y otros participantes a preparar brocettas de pollo. Ella extrañó mucho a Israel, "que la otra mitad de la cama esté mucho tiempo vacía". Por su parte él expresó "ahora que Magda no está, me estoy disciplinando, me estoy cuidando, estoy harto de tener tanta gordura encima". Después de una jornada de belleza y descanso, Magda quedó lista para la renovación de votos.

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A los dos les cerró la ropa con la que se casaron y llegaron felices a la ceremonia. "Renovar los votos es decirle a él que no me equivoqué, que estoy con la persona correcta, que lo amo", dijo Magda, quien bajó de 164 libras a 148 en seis semanas. Israel, que bajó de 240 a 228, manifestó "Mi vida a tu lado parece un sueño del que no quiero despertar" y remató con términos beisbolísticos: "un jonrón". Otra historia de éxito en El peso del matrimonio.

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