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Juanchy y Maricarmen Mejía se conocieron en Puerto Rico hace 18 años, pero su matrimonio necesitaba una sacudida.

La pareja Mejía bajó 26 libras en total

La pareja Mejía bajó 26 libras en total

En la segunda semana de El Peso del Matrimonio seguimos los pasos de Juanchy y Maricarmen Mejía para renovar sus votos.

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Juanchy y Maricarmen Mejía se conocieron en Puerto Rico hace 18 años, pero su matrimonio necesitaba una sacudida.

En la segunda semana de El Peso del Matrimonio seguimos los pasos de Juanchy y Maricarmen Mejía para renovar sus votos. Se trata de una pareja muy divertida, pero que debe encender la llama de la pasión para poder seguir adelante con una vida plena, sin tantas libras de más acumuladas en todos esos años de matrimonio.

Cuando Claudia Caporal los fue a visitar, notó algunas tensiones en la relación y más que nada el sobrepeso en ambos. Maricarmen, representante de ventas de 39 años, le dijo que su vida era "a veces tranquila, a veces divertida y a veces...", quedándose sin una palabra para mostrar su frustración. Agregó que al principio de su relación ella era la que controlaba, pero ahora es al revés. Ahora él es quien decide, pero ¿dónde quedó la voz de ella?

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No sólo eso, sino que sus malos hábitos de alimentación y su vida sedentaria estaban causando estragos. Juanchy, gerente de ventas de 39 años, dijo que "algo que podría estar mejor es que quizás hiciéramos actividades como pareja que no sean comer". Y claro, si de cada siete días salen a comer por lo menos cinco, nadie se salva de engordar.

Maricarmen se probó el vestido de novia y no le cerraba. Reconoce que después de un año de casada empezó a engordar, como 18 libras. Pero se veía en el espejo y se resignaba a comer lo que quería. Todo lo que hacían era ir a comer, ya sea en pareja o en familia. Esa cultura de mala alimentación causó que su hijo mayor, de 17 años, también estuviera con sobrepeso. Le pusieron entrenador y nutricionista, pero con el ejemplo de los padres, no los aprovechó. Y se está preparando para entrar al college.

Ella pesaba 115 libras al casarse por la Iglesia y subió a 130. El tenía 215 libras y llegó a 260. A Juanchy tampoco le cierra el pantalón con el que se casó y reconoce que es por la falta de ejercicio y la mala alimentación. "A mí me gusta comer", dijo encogiendo los hombros. Y hablando de ropa, discuten mucho, sobre todo por la de él. Y además no se ponen de acuerdo sobre quién toma las decisiones.

Felizmente ambos comparten un sentido del humor con el que deben apoyarse y ahora les llegó el momento de iniciar un proceso para bajar de peso. La doctora Montserrat Rodríguez, nutricionista, le dijo a Juanchy que su índice de masa corporal estaba muy alto y que está en el primer grado de obsesidad, lo que lo hizo sentirse muy incómodo. A Maricarmen le indicó que tenía demasiada grasa para su edad y que estaba por dentro, comprometiendo a sus órganos. Se sintió culpable, pero no muy sorprendida con la noticia, porque sabía que no estaban haciendo lo correcto.

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Por supuesto que los niños aprenden de los padres y de ahí la urgencia de tomar medidas: beber mucha agua, aumentar la cantidad de fibra para barrer las toxinas y las frutas con antioxidantes para el metabolismo. Los Mejía se embarcaron así en un plan nutricional recomendado por la doctora: derivados lácteos sin grasa y frutas en el desayuno, proteína en el almuerzo, frutos secos o yogurt en las meriendas y cenas de 350 calorías.

Pero llegó también la hora de ir al gimnasio. Frank Gómez, el entrenador personal, les enseñó la palabra mágica: determinación. Y comenzó un entrenamiento de alto impacto, con clases en las que estuvieran en constante movimiento. Juanchy protestó: "para él es muy fácil", dijo. "Con ese cuerpecito de fisicoculturista, se piensa que es fácil para todo el mundo". Quejas aparte, el plan diario que siguieron fue de 30 minutos de pesas o elásticas, 100 abdominales, 30 minutos de baile o aeróbicos.

No es fácil para nadie y no lo fue para los Mejía, después de tanto tiempo malacostumbrados. En su siguiente visita a la casa, Claudia les hizo separar toda la comida que engorda. En eso participaron sus dos hijos, Juan Daniel de 17 años y Juan Gabriel de 12, porque es un compromiso de toda la familia. Por cierto, Juanchy reclamó cuando le quitaron las cositas que le gustaban, pero el primer paso hacia una buena salud es descartar la comida chatarra. Al comenzar el día, beber un vaso de agua, y tener en cuenta que el desayuno es la pieza clave.

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Una recomendación importante que se les hizo a los Mejía fue nunca ir con hambre al supermercado. Después, organizar el menú de la semana y hacer la compra siguiéndolo estrictamente. Claudia les sugirió que se alternaran el menú cada uno una semana. Ya saben las causas y las consecuencias de sus malos hábitos y deben colaborar en esta misión para renovar sus votos. Al igual que la pareja de la semana pasada, los Domínguez, tenían sólo seis semanas para cumplir esta misión.

A Juanchy el entrenamiento le dio mucho trabajo. "Esto parece un entrenamiento militar", dijo. Se quejaba de los dolores, pero con el tiempo se fue sintiendo mejor, hasta se quedó mirando a una jovencita en el gimnasio. "Simplemente un taquito de ojo", aseguró. Maricarmen discrepó con su esposo sobre Frank, diciendo que no se le había pasado la mano, sino que sabía lo que estaba haciendo con ellos.

El panel de especialistas, formado por la doctora, el entrenador y Claudia, llegó a la conclusión de que había que trabajar también el equilibrio de la pareja para que él no tomara todas las decisiones. Juanchy ya se había hecho un bypass gástrico, pero como dice la nutricionista, "les operan el estómago, pero no el cerebro", que sigue pidiendo lo mismo. Frank estuvo de acuerdo en que después de semejante operación, uno no se puede dormir en sus laureles.

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En su siguiente visita al gimnasio, Frank los sorprendió con "una clase que les va a encantar": zumba. En una sesión de una hora se pueden quemar hasta 600 calorías. Juanchy no tiene mucha coordinación para este tipo de ejercicio, pero al final se puso a bailar con Maricarmen, así que ciertamente les gustó. Fue por entonces que hicieron un desfile de modas en casa con la ropa que hasta entonces no les quedaba y se divirtieron mucho con su progreso.

Pero para la quinta semana, Maricarmen no había bajado lo suficiente y se vio obligada a iniciar un régimen intensivo, aislándose de la familia durante dos días en un campamento de entrenamiento especial. No le hizo ninguna gracia, no se lo esperaba, le parecía demasiado drástico. Y a Juanchy le sorprendió también. Pero ya en el campamento, él le envió una carta en la que reconocía que no siempre tiene la razón y que tiene que cambiar algunas cosas. Ella no pudo contener las lágrimas ante la declaración de amor de su esposo y cumplió con la etapa más dura de su preparación.

Como quien dice, el amor lo puede todo. Maricarmen se dedicó exclusivamente a este entrenamiento, con natación y todo, y al final la premiaron con una ensalada de atún preparada por Karina Jakubowicz, seguida de una jornada de belleza y descanso, con masajes y relajación. "Esto me ha enseñado e estar más segura de mí misma y a tomar mis propias decisiones".

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Los Mejía llegaron así a su sexta semana y a su día más importante: la renovación de sus votos matrimoniales. En seis semanas, Juanchy bajó 14 libras -a 251- y dos tallas de pantalón. Maricarmen bajó 12 libras -a 118- y se pudo poner su adorado vestido de novia. La ceremonia fue de lo más emocionante, con palabras llenas de amor y la misma ropa con la que se habían casado por la Iglesia cuatro años antes. Realmente valió la pena.

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