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Se convirtió en soplón por una visa tipo S y al término del servicio lo metieron preso

Se convirtió en soplón por una visa tipo S y al término del servicio lo metieron preso

Ernesto Gambia vivía en un bario "bravo" de Seattle. Trabajó como informante por una visa, pero cuando lo llamaron...

Se convirtió en soplón por una visa tipo S y al término del servicio lo...

El primer encuentro

Ernesto Gambia vivía en un bario "bravo" de Seattle, Washington. Arreglaba carros y fue así como conoció a un narcotraficante. Estando en la cárcel por un delito de drogas, un amigo suyo murió a causa de una sobredosis, hecho que marcó su vida para siempre. Decidió convertirse en informante de la policía, de la DEA y de ICE, quienes le prometieron una green card al término de sus servicios. Pero cuando creyó que por fin obtendría la residencia permanente, lo arrestaron y le abrieron un proceso de deportación.

Esta es la segunda parte de un reportaje exclusivo del programa Aquí y Ahora que la cadena Univision trasmite todos los martes a las 10 p.m. (tiempo del este de Estados Unidos). Lea aquí la primera parte, la historia de los hermanos Maya.

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El centroamericano Ernesto Gamboa fue un informante secreto de los agentes federales del Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Contó que su ingreso a este oficio refacilitó porque conocía a vendedores de droga y estaba enterado del negocio de los estupefacientes.

"Uno de ellos (traficante) me dijo: 'Mi carro está mal, necesito test ¿conoces un mecánico?' Yo te lo arreglo", detalló al periodista Víctor Huso Saavedra del equipo de Aquí y Ahora. "Y así fue y le arreglé el carro y me gané la confianza de ellos".

Eso ocurrió hace un par de décadas en la zona conocida como Pike, Seattle, Washington (noroeste del país). "Era la zona más peligrosa. Esta era la Pike. La Pike era la zona más conocida en el tráfico de drogas...", recordó.

Gamboa estuvo preso por posesión de drogas y, según contó a Aquí y Ahora, el suceso que le cambió la vida fue la muerte de un amigo por sobredosis. Aseguró que su decisión fue entonces cambiarse de bando y convertirse en un informante. "Fue en ese parqueo, o fue cuando, cuando yo conocí a toda esta gente".

La llamada clave

Un día Gamboa se dirigió a la estación de policía y preguntó por la sección de narcóticos. Un agente le dijo que en la pared había un teléfono. Llamó y un detective contestó al otro lado de la línea. "Fue el inicio de otra vida", dijo.

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Cuando le preguntaron qué tipo de información podía aportar, el inmigrante respondió que podía ayudar "en algo" y que conocía "a esta gente que está vendiendo droga día y noche y hacen dinero".

El paso de Gamboa tenía un segundo objetivo: legalizar su situación migratoria a través de una visa tipo "S". Preguntó entonces si se la podían otorgar a cambio de la información que les proporcionaría.

"Yo no te puedo ofrecer eso porque no soy agente de inmigración, pero nosotros trabajamos con gente de inmigración, eso no es problema", le dijo uno de los agentes de narcóticos.

Cambio de apodo

En su nuevo trabajo Gamboa fue conocido como Tony. Laboró como informante durante 14 años. "Empezamos, me acuerdo, a hacer casos. Y uno y otro y otro y otro. Todos eran de dos kilos, tres kilos, media libra, así... pura cocaína y heroína".

Explicó que "hacia los contactos, ya hacíamos un set un día para comprar dos onzas sólo para que ellos veían, ya analizaban el producto si era, si era droga y, y, ya de ahí, planificaban la segunda compra y ahí mismo arrestaban".

Según Gamboa, los policías parecían estar contentos con su trabajo, pero pronto las asignaciones le quedaron cortas. "Yo conocía otra gente que eran de más nivel y me dice: 'Siento de que nosotros no podemos, porque el budget (presupuesto) de nosotros no lo permite'".

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Tras esta respuesta, no tuvo más remedio que subir al próximo escalón. "'¿Te gustaría ir con la DEA?', me preguntaron. Está bien, le digo, con quien tenga que trabajar está bien. Y así pasamos con ellos".

Permiso de trabajo

Gamboa contó que cuando llegó a la DEA, la agencia antidroga lo llevó de inmediato con un agente del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) para que obtuviera un permiso de trabajo. Y agregó que por los trabajos que hacía los federales le pagaban.

"Si me pagaban, si me pagaban. Iba a hacer una compra, por decir así, controlada por ellos, yo me ganaba $200, $300. Y ya cuando arrestaban a todos, ya me daban $2,500, $3,000.

El informante explicó que más allá del pago que recibía, los federales le dieron un permiso para viajar a su país, detalle que le permitió intentar rescatar su deteriorado matrimonio, hasta que recibió un mensaje de un ex jefe en Seattle que le pidió regresar para que les ayudara.

"Tenían varios casos que ellos habían desarrollado, que tenían ellos en el proceso", contó.

Aunque no le prometieron ni pago ni visa por esta nueva misión, Gamboa decidió regresar. Y cuando estuvo en Seattle trajo a colación ante su ex jefe el tema de su estatus migratorio. "Me dijo: 'Vamos a mandar otra carta para el mero Director de Inmigración', porque había que seguir un conducto regular".

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Nada cambió

Después de esa promesa, regresó a calles a trabajar como informante, pero sin haber recibido una visa siendo que llevaba varios años colaborando, primero con una unidad antinarcóticos de la policía y después en la DEA. "Menos mal que yo con lo que ganaba yo compraba mis carros y yo me defendía".

Pero la poca buena fortuna en los negocios no duró para siempre. Un día, desperado por su condición económica, Gamboa llamó a un agente de ICE con quien estaba trabajando en un caso grande. "Le dije a ella: 'Ya encontré la solución, tengo un amigo en Miami que necesita hacer un rebuild esto si unos motores y me va pagar casi $3 mil. Lo único que ustedes me van a pagar mi boleto de allá para acá', le digo. Y yo vengo a terminar la operación esta".

La respuesta de la oficial de ICE lo dejó frío. "'No te puedes ir', me dijo. 'Y si tu te vas', me dijo. 'Vas a ser elegible para deportación a tu país'", me dijo.

El informante optó por no regresar y dar por terminada la asignación. El 2 de julio de 2009, agentes federales anunciaron el desmantelamiento de una red de narcotraficantes en el oeste de Estados Unidos, operativo en el que además de confiscar drogas, vehículos y armas, arrestaron a 31 personas, entre ellas al líder de un cartel mexicano.

Gamboa sabía que él había sido una pieza clave en esta investigación y estaba preocupado. "Mi ex jefe me dijo: 'Te van a agarrar y eso tenlo por seguro, que te van a mandar a traer'".

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Ni siquiera gracias

Pocos días después de la conferencia de prensa donde se dio a conocer el éxito de la operación de antinarcóticos, un agente de ICE llamó a Gamboa y le dijo que necesitaba verlo para que le firmara unos papeles. Cuando éste se presentó lo arrestaron de inmediato.

"Obtuvieron lo que quisieron, eh. Callada la boca me quisieron sacar a deportar, eh. Gracias a dios yo doy un paso delante de ellos", narró, molesto por la decisión de la agencia de inmigración.

Según contó el informante, antes de su arresto alertó a varios amigos para que lo acompañaran a distancia y documentaran la aprehensión. "¿Por qué estoy aquí? ¿Por haber ayudado a este país tantos años? No, pienso que no es justo, pues".

La oficina de la Senadora María Cantwell, del estado de Washington, así como varios agentes de la policía enviaron cartas a ICE apoyando a Gamboa. Tras 46 días prisionero en un centro de detención para inmigrantes en proceso de deportación, fue puesto en libertad sin explicación alguna y sin haber resuelto su caso de extranjero indocumentado en Estados Unidos.

"Ellos nos están ayudando a que se cumplan las leyes aquí en los Estados Unidos, necesitamos asegurarnos de seguir un proceso adecuado con ellos", comentó Cantwell.

No hay razones

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El pasado mes de noviembre, la legisladora pidió a la Secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Janet Napolitano, que revise el caso de Gamboa.

"ICE tiene que preocuparse acerca de que está mandando un mal mensaje si está trabajando y pidiéndole a las personas que trabajen sin compensarles adecuadamente", dijo Jorge Barón, director ejecutivo del Centro Pro Inmigrante del Northwest, en Seattle y abogado de Gamboa.

"No nos han dado ninguna razón por que (las agencias federales que usaron a Gamboa como informante) no les quiere ayudar", dijo Barón.

A la pregunta si estaba arrepentido por su colaboración con las autoridades, Gamboa dijo que "realmente no me arrepiento porque yo sé que toda esa droga y toda esa gente están en el lugar que les corresponde".

La abogada Jodi Goodwin, que ejerce en Halingen, Texas, y que ha representado al menos 50 casos de informantes del gobierno, en los últimos 15 años, Gamboa y los Hermanos Maya no son situaciones aisladas. "Es una injusticia, es completamente una trampa que el gobierno de Estados Unidos les hace a las personas que ofrecen sus servicios como informantes", apuntó.

"El trabajo sucio no pueden hacerlo los agentes por que pueden ser que crucen la línea de lo que es legal o ilegal, pero usan las informantes, los utilizan y a veces los abusan hasta que logran todos los casos que ellos quieren. Y luego los tiran como si fueran desechables".

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