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La dura experiencia de rescatar a migrantes ahogados mientras intentan llegar a EEUU cruzando el Río Bravo

La dura experiencia de rescatar a migrantes ahogados mientras intentan llegar a EEUU cruzando el Río Bravo

Andrea Sambucetti describe el difícil "detrás de cámara" al contar la recuperación de un cadáver en el Río Bravo, Reynosa, Tamaulipas, México

Rescatistas advierten significativo aumento de migrantes ahogados en el río Univision

El olor a muerte ronda el Río Bravo: Rescatistas mexicanos advierten sobre significativo aumento de migrantes ahogados
-Hola Andrea, ¿estás cerca?

-¿Qué tal Héctor? Llegamos anoche, estamos al otro lado de la frontera.

-Pues tenemos un nuevo reporte, crucen. Al parecer, es el cuerpo de un migrante.

Eran las 10 de la mañana del jueves 20 de julio. Hablaba con Héctor Becerra, uno de los bomberos de Reynosa, Tamaulipas, México. Estábamos en McAllen, Texas, con Pat Mateluna, el camarógrafo y Humberto García, el productor local. Cruzamos enseguida.

Lo que vino despué, nunca más saldrá de nuestra memoria.

Hacía meses que veníamos teniendo contacto con los rescatistas mexicanos. En mayo ya habíamos subido al bote con ellos y habíamos transitado la ruta, que es bien difícil y que muchos migrantes eligen para cumplir el “sueño americano”, exponiéndose a peligros inciertos.

Durante más de 60 días estuvimos en estrecha comunicación y ya teníamos un documento inédito en nuestras manos: el registro en imágenes de cada uno de los cuerpos hallados en el río que divide naturalmente ambos países, Río Bravo para México, Río Grande para Estados Unidos durante 2017.

Este es uno de los momentos en que rescatistas de Reynosa recuperan uno de los cuerpos de migrantes muertos en el Río Bravo.

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Con el nuevo reporte, sumaban 17 los ahogados en lo que va del año, un 20% más que lo registrado sólo en esa zona en 2016.

Pero esta vez era diferente. Estábamos ahí, subidos en el bote de los rescatistas, con Héctor, Marco Antonio Llanas, Raul Zubiri, Xavier Ríos y periodistas; Humberto, Pat, Miguel Turriza y yo.
Estábamos a punto de vivir en carne propia uno de los trabajos cotidianos de estos héroes anónimos, que se arriesgan para recuperar a quienes buscaban otra vida y, en cambio, lo dejaron todo en la Rivera.

“Son niños, mujeres, hombres. Y es muy triste ver que no lograron pasar. A nosotros nos duele. Los bomberos también sufrimos, también lloramos”, me había dicho antes de partir Marco Antonio Alvarado, el jefe de bomberos.

Nos imaginamos una experiencia fuerte, pero la realidad lo superó todo.

Salimos en el bote cerca del mediodía. “Más o menos será un día de trabajo completo”, calculó Héctor. Y tenía razón. Nos esperaban varias horas bajo el radiante sol veraniego del norte mexicano.

El bote es chico. Lo primero que noté es un gran bidón de gasolina, que llevan cuando no saben a ciencia cierta dónde se halla el cadáver. Y éste era el caso.

El impactante rescate de un migrante ahogado en el Río Bravo, intentando llegar a EEUU Univision


En el bote hay una heladera de corcho blanca con agua. Quería llevar comida, pero me dijeron “no tendrás hambre en todo el día”. También tenían razón. El paquete de galletas en mi mochila quedó intacto.

Me llaman la atención dos elementos más: unas sogas gruesas y un instrumento telescópico, que tiene un gancho de plástico en la punta. Sirven para jalar el cuerpo y atarlo. Así es como “remolcan” a la mayoría de los cadáveres que recuperan.

“Nosotros no podemos tocar el cuerpo y tenemos que intentar que se conserve lo más que podamos”, me dijo Marco Antonio.

A medio camino, una gigante ola nos “baña”, literalmente. El bote se tambalea. Todo se moja. En la vía de enfrente cruzaba un bote gigante. Era el Border Patrol, la patrulla fronteriza estadounidense.

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-“¿Tienen suficiente gasolina?”, preguntan a los bomberos. Ellos nos indican que vamos a necesitar combustible porque el cuerpo está bien lejos. También nos dicen que está “muy descompuesto” y que se trata de un hombre.

Paramos cada vez que los bomberos veían algo flotando. ¿Y qué vimos en el río? De todo: cabello humano, ropa, automóviles corroídos y hundidos, pedazos de salvavidas,

Más adelante, la infantería nos indica que creen que el cuerpo está cerca pero que no logran divisarlo. Así es que el rastrillaje continúa. Pasan las horas y la desesperación es más fuerte: queda menos tiempo para olvidarnos de la luz, y cuando oscurece, el camino sobre el agua se vuelve más riesgoso.

Alrededor de las 6 de la tarde, los bomberos divisan algo a lo lejos. Esta vez sí era el cuerpo.

Enseguida Héctor y Marco Antonio me dicen “es un migrante” y “tiene más de 5 días de su deceso”. Les pregunto cómo pueden saberlo si aún estamos bien lejos.

El tiempo de deceso lo calcularon porque el cuerpo flotaba en su totalidad. Por otra parte, me explican que los migrantes, en general, van vestidos y nadie los reporta. Cuando se trata de un bañista –que también sufren accidentes en este río-, siempre están con traje de baño y siempre hay un familiar que indica que lo está buscando.

Esto era lo más terrible de todo. Ese hombre que estaba allí, muerto, seguramente tenía familia y conocidos que estaban desesperados por saber de su destino y que no sabían que había sido fatal.

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A medida que nos acercamos el silencio nos ganó a todos.

Se veía bien claro: era un muchacho que se notaba joven, con una camiseta de Barca, sus zapatillas, su jean. Y un rostro completamente desfigurado. Sus extremidades estaban inflamadas. Su piel se despegaba en varias capas. El olor era tremendo. El cuadro, ominoso.

Tardamos un tiempo en reponernos e intercambiar las primeras palabras.

Por dentro, solo le pedía a Dios que el joven portara algún documento en algún bolsillo que lo condujera a sus allegados. Sentía un dolor en el alma que me dura hasta ahora.

Le pregunté qué pensaban a mis compañeros de bote. Todos habíamos pensado lo mismo.

Bomberos mexicanos transitan el río Bravo buscando a los muertos en el cruce a EEUU Univision

Una vez rescatado y llevado a la costa más cercana, las autoridades forenses se hicieron cargo. Al otro día nos informaron que se trataba de Fernando Mach, oriundo de Guatemala, y al parecer no presentaba signos de violencia.

No supimos más de Fernando. Intentamos contactar a su familia pero las autoridades de cancillería estaban trabajando en su repatriación y en que sus allegados lo reconocieran.

Los migrantes se ahogan en el río por muchas razones: piedras, corrientes del cauce, pozos, algunos porque se asustan cuando pasa el Border Patrol, otros por el error de cruzar con mucha ropa que funciona como contrapeso. Está también el factor inseguridad y el factor psicológico.

Los rescatistas me dicen “estamos siempre pidiendo a la gente que no se meta al río, y que si igualmente lo hacen, que tengan en cuenta todos los riesgos que esto implica”. Ellos piensan que el aumento de las muertes se relaciona con el mayor número de cruces en el área.

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Mi corazón está irremediablemente partido. En el regreso me llevo una de las historias más tristes que me ha tocado contar. Siguen noches con muchas pesadillas, llanto, preguntas y la responsabilidad de saber que esta es una realidad, que necesita ser conocida y que exige remediarse.

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