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Dos hermanos colaboraron como informantes secretos del ICE y ahora los quieren deportar

Dos hermanos colaboraron como informantes secretos del ICE y ahora los quieren deportar

Los hermanos Analía y Emilio Maya, dos indocumentados que llegaron a EU en los 90, se vieron cara a cara con la amenaza...

Dos hermanos colaboraron como informantes secretos del ICE y ahora los q...

Informantes secretos

Los hermanos Analía y Emilio Maya, dos inmigrantes indocumentados argentinos que llegaron a Estados Unidos en los 90, se vieron cara a cara con la amenaza de la deportación luego de haber cooperado durante meses con el gobierno federal en una investigación sobre robo de identidad. Les prometieron la residencia una vez concluida la operación, pero en vez de la codiciada gren card recibieron una orden de arresto y un proceso de expulsión.

El programa Aquí y Ahora de la cadena Univision habló con ellos y contaron su historia. Analía Maya recuerda lo nerviosa que se sintió cuando estuvo frente a la fábrica donde debía ingresar para encontrar pistas sobre robo de identidad y contrata ilegal de indocumentados. Su misión era secreta: tenía que "buscar a los gerentes que estaban dándole trabajo a gente sin papeles", narró, todavía nerviosa.

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Las autoridades sospechaban que en la fábrica donde Anelía consiguió entrar vendían documentos falsos de identidad. La informante debía ganarse la confianza de los jefes para comenzar a indagar y hallar las pruebas que permitieran a las autoridades presentar un caso a la justicia.

En su nuevo papel o identidad secreta, Analía Maya adquirió el nombre de Ana Martínez, una trabajadora hispana que debía asegurarse de tener un buen desempeño en el trabajo para poder llevar a cabo las pesquisas, detalló Aquí y Ahora.

"No te podías sentar en una línea (una fábrica de producción en línea). Y pasaba los productos, pasaban, no te podías equivocar. Si  te equivocabas te echaban".

Micrófono oculto

Cada mañana Martínez, la informante secreta, se presentaba al trabajo portando escondido entre sus ropas un micrófono inalámbrico para grabar todas sus conversaciones, una tarea que según contó, la tensionaba mucho.

"Me podían encontrar el wire y pegarme, lo que quisieran", acotó.

Martínez también recordó que tenía que ingeniárselas para lograr hablar con los encargados de la fábrica en los escasos descansos que de permitían y que su principal interés era conseguir las pruebas lo más pronto posible para poder salir de ahí, sin que despertara sospechas y la descubrieran.

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"¿Vos sabes qué les decía? Yo acá no tengo papeles. Entré acá y ustedes me dieron un Social Security".

Como esclavos

El trabajo de la informante Martínez no era fácil. Las largas jornadas y los movimientos repetitivos en la línea de ensamblaje le causaron serios dolores en uno de los brazos, acentuado por una fractura que sufrió antes.

"No, ya no aguantaba más por que era tanto… Pasa y pasaba que el brazo no me aguantaba más", recordó. El pago que recibía por su función como informante de un grupo de agentes del servicio de inmigración era de $50.

Martínez un día no aguantó más el malestar que tenía en el brazo. "Le dije (a uno de los agentes del Departamento de Seguridad Nacional -DHS) : 'Yo no aguanto más el dolor!.  ¡Vos no podés, tenés que terminar! Si no terminás te tenemos que arrestar', me dijeron.  Entonces ahí yo busqué la forma de ir a emergencia (hospital) a que me dieran un papel escrito".

En el bajo mundo

Mientras Martínez (la informante secreta) solucionaba sus padecimientos, no perdía el empleo y se mantenía dentro del operativo del servicio de inmigración para evitar el arresto, su hermano, Emilio, enfrentaba una situación similar. Con micrófonos escondidos en el cuerpo le dieron la tarea de ingresar a un prostíbulo para encontrar pistas sobre la existencia de una posible red de tráfico humano.

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Otra de las misiones encomendadas se relacionó con la infiltración de una posible res de vendedores de documentos de identidad falsos. En las afueras del lugar indicado los agentes del servicio de inmigración monitoreaban las conversaciones. Hasta que sucedió un imprevisto.

"El tipo (uno de los que estaba contactando en la supuesta organización ilegal) me dice : 'No, vení, vamos, que tenemos que ir a otro lado", dijo Maya.

El cambio de escenario cambió los planes, puso en riesgo la operación y la vida del informante. "Y ahí, los otros me perdieron, se perdió el range del radio estando a pie y me perdieron", apuntó.

Mata creyó que estaba a punto de ser descubierto y tomó la decisión de caminar sin rumbo, a cualquier parte, menos quedarse detenido en un punto. "Me demoré como dos horas caminando hasta que llegué a donde más o menos me di cuenta y después llegué, y después yo llegué solo a la factura de la policía y después llegaron ellos. '¿A donde estabas?'", le preguntaron.

El día que entró

Emilio Maya ingresó a Estados Unidos en 1998, cuando tenía 22 años de edad. No necesitaba visa para entrar, porque en aquel tiempo Argentina estaba en la lista del Programa Waiver, que permite a ciudadanos de ese país entrar libremente hasta por un período de 90 días.

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El Waiver fue diseñado para favorecer a hombres de negocios y dejar expeditos los procesos migratorios. Los beneficiarios, sin embargo, no pueden cambiar su estado migratorio y al término del plazo de estadía deben irse. Pero miles aprovecharon el plan y se quedaron a vivir como indocumentados, situación que obligó al gobierno de Washington a sacar a la Argentina de los países del Waiver.

Entró con $140 en el bolsillo y "con un montón de deudas en Argentina. Y debiendo el pasaje, que valía como $1,200", mencionó.

Huyendo de la crisis

Una vez dentro de Estados Unidos decidió quedarse, en parte por la crisis financiera que vivía su país. "Cuando venís así, sin papeles, lo único que dan (de empleo) es una cocina o a lavar platos… Pero vos veías la plata que hacía acá en una semana, era lo que ganaba allá en tres meses".

Maya apuntó que además de ayudar a su familia, lo que ganaba en ese tiempo le alcanzaba para mucho más. "Me compré dos motos, tenía auto, tenía… Era como Alicia en el país de las maravillas. Sí, trabajaba como un burro. Diecisiete horas por día trabajaba".

Poco después de entrar al país se fue a vivir a Saugerties, un pueblo tranquilo y pintoresco ubicado a dos horas al norte de Nueva York. Después vino su hermana, de la misma manera, aprovechando los beneficios del programa Waiver. "Cuando ella vino, dijimos: 'Bueno, vamos hacer las cosas bien, vamos a hacer los papeles'".

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Tras consultar con un abogado autorizado para ejercer en temas de inmigración, los Maya se dieron cuenta que sus opciones para quedarse a vivir legalmente en Estados Unidos eran limitadas. "No, no hay forma que hagas papeles, no hay ninguna ley (que te ampare). Sólo si te casas o asilo político".

Buscando horizonte

Mientras resolvían qué hacer, decidieron seguir con sus nuevas vidas. Emilio se ofreció como voluntario en el Departamento de Bomberos y Analía como traductora en el Departamento de Policía de Saugerties.

Todo marchaba como lo habían planeado, hasta que un día, contó Analía, uno de los oficiales de la policía se ofreció para ayudarla a resolver su situación migratoria. "Hicimos una reunión con dos hombres del FBI y me conocieron y me dijeron: 'Bueno, sí necesitamos a alguien, pero vos no te ves muy bien. Necesitamos alguien que este metida en los bares y que este más relacionada con la droga. No podemos ayudarte'".

A los pocos meses de aquel encuentro, agregó Analía, sus amigos policías le presentaron a unos agentes del servicio de inmigración. "Me dijeron si yo quería trabajar para ellos como informante". Y agregó: "Me dijeron: 'Te vamos a dar la visa para que puedas, podás estar legal en este país'".

La inmigrante dijo que aceptaba la oferta con una condición: que su hermano también participara. Pero Emilio no estaba de acuerdo. "Vino a preguntarme a mí y yo le digo 'no, tas loca' le digo. ¿Cómo vas a ir? '¡Si! ¡Si!', me decía. ¡No! ¿Qué vamos a ir? 'si! si!' me decía ella".

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Analía le recordó a su hermano todas las posibilidades que se presentarían una vez contaran con documentos legales para permanecer y trabajar en Estados Unidos. "Yo le decía a él podremos abrir el negocio y no tenemos que estar ya yo de waiter y él de cocinero, ya vamos a tener nuestro propio negocio, nadie nos va a mandar".

La hermana le insistió y le dijo que la oferta era buena y que se trataba de una posibilidad para tener papeles legales. Entonces Emilio respondió: "Bueno, arriesguémonos".

Contrata Express

Semanas después de tomada la decisión, los hermanos Maya recibieron una llamada telefónica de los agentes federales de inmigración anunciándoles que ambos habían sido aceptados como informantes. Según ellos, les ofrecieron otorgarles una visa tipo 'S', que se otorga a extranjeros que colaboran con las autoridades en la investigación y enjuiciamiento de actividades criminales o terroristas.

Emilio recuerda ahora que le llamó la atención la manera en cómo se llevó a cabo los trámites de contratación. "Le pasamos los pasaportes y ellos traían los papeles. Nos hicieron unos finger prints (tomaron huellas digitales) ahí en el auto, nos pintaron las manos. Y nos sacaban fotos con una cámara digital. Nos hicieron firmar estos papeles, inicial, inicial acá con un nickname (alias) que nos habían dado ellos. Vos te vas a llamar así ahora".

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"Bueno, ¿y qué tengo que hacer?", preguntó Analía. "Y me dijeron: 'Te vamos a traer fotos y me vas a decir si esta persona la has visto o vas averiguarme si esta persona esta acá (en Estados Unidos) y así empezamos".

En junio de 2005 los hermanos Maya ingresaron al riesgoso mundo de los informantes del gobierno federal estadounidense. Adicionalmente a su trabajo secreto, Emilio y Analía atendían una pizzería que habían abierto con sus ahorros.

"Te hacía sentir como que ellos te cuidaban", dijo ella, ahora con un sentimiento  mezcla tristeza y enojo.

Agotaron la paciencia

Entusiasmados por la promesa de obtener documentos legales de permanencia (primero una visa 'S' y luego la green card, los Maya contaron que actuaron como informantes en varias investigaciones secretas hasta que Emilio comenzó a inquietarse porque no le daban razón alguna sobre el prometido proceso de legalización.

"Yo seguía (le decía) a Emilio (que) hagamos más, hagamos más que nos van a dar. Si más trabajamos más, se van más contentos van a estar y algún día nos van a dar algo", relató Analía.

Pero la paciencia tiene un límite y Emilio Maya la perdió después de un año de trabajar sin obtener ninguna clase de beneficio. "¿Sabe qué? No voy a hacer nada más. Hacé lo que querrás, llévenme, hacé lo que querrás. Si no me han dado nada, me prometiste que me iban a dar y no me van a dar. Él preguntó: 'Ah, no nos crees' No, no te creo", le respondió.

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Tras encarar al agente por la falta de cumplimiento de la promesa hecha un año atrás, los Maya fueron conducidos a un de las dependencias de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE) en la ciudad de Nueva York. "A estos dos hacéle papeles" (dijo un agente. "Había una ventanilla atendiendo al público, nosotros nos fuimos adelante todos. Si, a cómo los nombres? Si, acá tengo los nombres", explicó el informante.

"¿Trajeron los papeles?  Ahí no más nos sacaron las fotos y nos fuimos y nos sacaron los papeles", añadió.

Con los permisos temporales de trabajo regresaron a su casa. "Si yo no le ponía ese ultimátum en ese tiempo, hubiéramos seguido sin nada. Sin nada de nada", advirtió Emilio.

Cambio de planes

Tras ese episodio, los Maya decidieron seguir con su trabajo clandestino a la vez que el negocio en la pizzería prosperaba. Pero el tiempo transcurrió y, mientras esperaban su próxima asignación como informantes, en la primavera de 2008 se enteraron que había nuevos requisitos por parte de los agentes federales para extender la validez de sus permisos de trabajo.

"Vas a tener que hacer algo para que te podamos renovar, porque si no haces nada no te lo renovamos por nada", precisó Emilio. "Vas a tener que traer información o algo, no sé, de terrorismo necesitamos", me dice.

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Los hermanos Maya indicaron que los agentes les advirtieron que de no conseguir información sobre terrorismo podrían ser deportados por no estar colaborando con el gobierno. "¿Y cómo hacemos ahora?", preguntó Analía. "Decíamos, ¿a dónde vamos? ¿Qué hacemos? No sabemos nada".

"No me la van a renovar… Pues yo no conozco nada, ni tengo, ni se como voy a buscar terrorismo", añadió Emilio.

Adiós secreto

Desilusionados por el incumplimiento de la promesa y sin saber qué hacer, un día Analía se armó de valor y le contó su secreto a Maurice Hinchey, un congresista por Nueva York y cliente asiduo de la pizzería.

"El no lo podía creer. No, él no tenía idea que (el servicio de) inmigración hacía eso, que éramos informantes de inmigración. Nunca había escuchado eso él".

Hinchey ofreció ayudarles. Los Maya aseguran que trataron en vano de proveer información, pero perdieron contacto con los agentes, hasta que en septiembre del año pasado Emilio se topó con uno de ellos.

"Alguien ha hablado en Washington", (el Congresista Hinchey) dijo Emilio. "Están como locos. Entonces yo la llamo aquí y de ahí no me contesta y ahí no me contestó más".

Dos meses más tarde, el 17 de noviembre, Emilio volvió a ver a sus contactos del servicio de inmigración. "Empezaron a llegar más autos y llega una camioneta allá y otra acá.  No entendía yo. Y cuando se me acercó, me dijo: 'Poné la mano en el capó de la camioneta'. Y me puso la esposa y yo: ¿Qué están haciendo? ¿Qué pasó? ¿Qué pasa? 'No, no', me dice, 'vos estás out of status'".

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Emilio dijo que le replicó que su permiso de trabajo aún estaba vigente, pero que el agente le respondió que estaba cancelado. "Te estoy desactivando", me dijo.

Cita ante un juez

Analía contó que ella se enteró del arresto de Emilio por su madre, quien le dio del arresto. Cuando salió al frente de la pizzería, vio cómo se lo llevaban esposado con las manos en la espalda.

Uno de los agentes que participó en la operación contra los Maya tranquilizó a Analía y le aseguró que no sería arrestada, pero poco después recibió una orden para presentarse ante un juez de inmigración.

"La sensación es horrible porque te sentís así de chiquito", recordó Emilio. "Te quitan todo de un día para otro que ibas a trabajar, te quitan todo".

Emilio fue puesto en proceso de deportación inmediata. Pero algo inesperado sucedió… Luego te contaremos la segunda parte de esta historia de Aquí y Ahora

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