LA ROSA DE GUADALUPE
Lunes a Viernes, 7PM/6C

La Rosa de Guadalupe

La Rosa de Guadalupe – ‘La pobreza está en el alma’

Transcripción del Video

Locutor: Televisa presenta...

Sara: iAy! iAy!

Bárbara: Tranquila, tranquila.

Sara: No puedo más.

iNo puedo más!

Partera: iPuja! iPuja!

Es un parto difícil,

pero tenemos que hacerlo,

porque si no se nos va a morir

el niño ahí adentro.

iPuja!

Sara: iAy!

No puedo, me voy a morir.

Felicia: No.

Sara: No puedo.

Felicia: Vamos, hermana.

Vamos, tú puedes.

Puja, puja.

Bárbara: Sí, mamita,

puja para que nazca

mi hermanito,

porque ya no quiero

verte sufrir.

Puja.

No puedo más, no puedo más.

Bárbara: Aguanta, mamá, aguanta.

Partera: El chamaco viene

volteado y aparte trae

el cordón atravesado.

No puedo hacer nada,

mejor te la llevas

a un hospital.

Felicia: Oye, no, no, no.

Pero no te puedes ir así.

Partera: Es que ya no puedo

hacer nada, no puedo hacer nada.

Llévatela al hospital, Felicia.

Llévatela al hospital.

Bárbara: Tía.

Tía, ¿qué vamos a hacer?

Felicia: Tranquila, hija,

tu mamita va a estar bien.

Ayúdame a llevarla a un taxi

para llevarla a un hospital.

Bárbara: Sí.

Felicia: Sarita.

Sara, Sara, vamos a ir

Aguanta, hermana, aguanta.

Tranquila, resiste.

Resiste, tranquila.

Felicia: Mira, siéntate aquí.

Bárbara: Tranquila, tranquila,

tranquila.

Tranquila, mamita, resiste.

Felicia: Señorita, señorita,

por favor, ayúdenos.

Está a punto de dar a luz,

ayúdenos.

Enfermera: ¿Está asegurada?

Felicia: ¿Qué? No.

No, no, no lo está.

Enfermera: Entonces,

no la podemos atender aquí,

llévesela.

Felicia: ¿Qué?

Pero ¿adónde me la voy a llevar

si este es un hospital,

señorita?

Enfermera: Pues no sé,

llévesela a un hospital

del sector salud,

porque aquí no la vamos

a atender.

Llévesela.

Sara: iAy! No aguanto más.

Me va a reventar la panza.

Tranquila, tranquila, tranquila.

Felicia: Quédate con ella,

Bárbara.

Voy a entrar de nuevo

al hospital.

Sara: Ay, hermana.

Bárbara: Tranquila, resiste.

Sara: Lucha por ser alguien

en la vida, por obtener dinero,

porque sin el dinero--

iAy! No eres nada, nada.

Bárbara: No.

No, mamá, no, no te mueras.

Por favor, mamá.

Mamá, no me dejes.

Mamá, por favor.

Mamá.

Bárbata: Te lo prometo, mamita.

Yo nunca voy a ser pobre,

porque por eso te fuiste

de mi lado.

Maldita pobreza,

fue la que te mató.

Pero te juro que yo voy a tener

mucho dinero.

Te lo juro, mamita.

Felicia: Mira, mi hija,

te encontré esta mochila

para que guardes tus cosas.

Sí tienes más cosas

que llevarte, ¿verdad?

Bárbara: Sí, muy poquitas,

porque todo lo demás

que hay aquí es pobreza.

Felicia: Bienvenida

a tu nueva casa, hija.

Te la ofrecemos

con mucho cariño.

Jovita: Bárbara, primita.

Bárbara: Pues aquí

es mucho mejor que el cuarto

en dónde vivíamos mi mamá y yo.

Jovita: Y no sabes, prima,

mi mamita y yo te pusimos

un catre.

Mira, ven.

¿Te gusta? Sí te gusta, ¿verdad?

Bárbara: Sí, está bonito.

Pero yo quiero dormir

en la cama.

Jovita: Pero esa es mi cama,

La tuya va a ser el catre.

Bárbara: Pero es la que yo

quiero.

Jovita: Pero esa es mi cama

en dónde siempre he dormido,

Bárbara: Pero es

la que yo quiero.

Felicia: Mi amor,

Bárbara acaba de perder

a su mamá y debemos hacer

que se sienta apoyada

y bienvenida a la familia.

Dale chance que duerma

en la que era tu cama,

¿sí? ¿Sí?

¿Puedo contar contigo

en esto o no?

Jovita: Sí, está bien.

Esta es tu cama

y esta es la mía.

Felicia: Bueno, ahora vamos

a acomodar las cosas de Bárbara.

Vengan, ayúdenme, ayúdenme.

Abran, eso es.

Bárbara: La foto de mi mamita

la voy a poner al lado

de la virgencita.

Felicia: Mi hermana

se fue muy pronto.

Así es la vida.

Bárbara: No, así no es la vida,

tía.

Mi mamá se murió por pobre,

porque si hubiéramos

tenido dinero

la hubieran atendido

en ese hospital.

Pero a los pobres

no se nos hace caso.

Felicia: Hija, no hables así.

Bárbara: Pero es la verdad, tía.

Pero a mí no me va a pasar

lo mismo que a mí mamá.

Jovita: ¿Y cómo le vas a hacer?

Bárbara: Yo no voy a ser pobre,

yo voy a tener

mucho dinero, mucho.

Felicia: Ay, últimamente

he tenido mucha sed

y no sé por qué,

pero todo el día

quiero estar tomando agua.

Niñas, ya está el desayuno.

Van a llegar tarde a la prepa.

Bárbara: Tía Felicia,

¿huevos otra vez?

Felicia: Sí, Bárbara.

Y tienes que conformarte,

este mes apenas salí

con los gastos y la venta

en el tianguis cada vez

está más baja.

Bárbara: Estoy harta

de esta miseria.

Felicia: Pues es lo que tenemos,

así que desayuna.

Jovita.

Jovita, ¿qué tanto hace, hija,

que no vienes a desayunar?

Jovita: Perdón, mamá,

pero es que no me había

dado cuenta que le hacía falta

un botón a la blusa.

Bárbara: Ahí vas a reprocharme.

Jovita: Ay,

pero si no te he dicho nada,

Bárbara: Pero lo piensas

y no te cansas

con tus actitudes

de hacerme sentir

como la arrimada que soy

de esta casa.

Vamos, ¿qué más tienes

que decirme? ¿Qué más tienes

que echarme en cara?

Orale, dímelo.

Felicia: Ay, basta, niñas,

basta.

Ya, desayunen sin pelear.

Bárbara: Ya no quiero desayunar,

ya me lo amargaste.

Me voy a lavar los dientes.

Felicia: Bárbara.

Bárbara, hija.

Jovita: Ma, te juro

que yo no dije nada.

Felicia: Tenle paciencia

a tu prima, hija.

Su mamá se le--

Jovita: Sí, sí.

Ya lo sé, mamá, a mi prima

se le murió su mamá.

Llevo nueve años escuchándote

decirme lo mismo, nueve años.

Felicia: Por favor, mi hija.

Jovita: No, mamá.

Lo único que has hecho

de mi prima es que sea

una consentida que cree que todo

se lo merece.

Yo ya no la aguanto, ya no.

Bárbara: No te preocupes, prima,

que un día me voy a ir

de esta casa y no las voy

a molestar nunca más en su vida.

Bárbara: Si es la verdad, tía.

Me voy a ir de esta miseria,

porque todo lo que me das

es una miseria.

Jovita: Oye, no le hables así

a mi mamá, malagradecida.

Ella hace todo lo que puede

para darnos todo.

Bárbara: Ya lo sé, pero yo voy

a poder más y voy a salir

de esta miseria, ya lo verán.

Felicia: Hija, me da miedo

que hables así.

Hablas como si fueras capaz

de hacer una tontería

con tal de tener dinero.

Bárbara: Y soy capaz, tía,

claro que soy capaz.

Jovita: Horacio.

Horacio: Jovita.

Jovita: Hola, Horacio.

Discúlpame por llegar tarde,

pero es que la maestra

de química no nos dejaba salir

sin que termináramos

el experimento.

Pero ya estoy aquí.

Gracias por aceptar

la invitación a comer.

Horacio: No, hombre.

Gracias a ti por invitarme.

¿Nos vamos?

Jovita: Sí, vámonos.

A mi mamá le va a encantar

que vayas a comer.

Horacio: Yo también tengo

muchas ganas de conocer

a tu mamá,

seguro es tan buena onda

como tú.

Jovita: Sí.

Ya llegamos, ma.

Felicia: Ay, qué bueno, hija,

porque la mesa ya está lista

para comer.

Jovita: Mira, ma, él es Horacio.

Felicia: Hola, Horacio.

Horacio: Hola, señora.

Felicia: Bienvenido a la casa.

Horacio: Muchas gracias.

Felicia: No sabes cuánto

me ha hablado de ti mi hija.

Pero pasa, pasa, estás

en tu casa.

Pásale.

Jovita: Pásale.

Felicia: Hija, se me olvidó

comprar las tortillas.

¿Puedes ir por ellas?

Jovita: Sí, mamá.

Horacio: Yo te acompaño.

Jovita: No, no, no, no, no.

Felicia: Aquí está.

Jovita: No, Horacio.

Tú eres nuestro invitado

y tú te esperas aquí.

Sirve que platicas con mi mamá

y se van conociendo.

Yo ahorita vuelvo.

Felicia: Siéntate.

Jovita: Ay, Bárbara,

qué bueno que llegas.

¿Crees que puedas ir a comprar

las tortillas por mí?

Bárbara: ¿Y eso por qué?

No veo el caso que me pidas

que yo lo haga cuando ya vas tú.

Jovita: Ay, ándale, primita,

¿sí? Es que lo que pasa

es que tengo visita ahí adentro

y lo dejé solo para ir

a comprarlas.

Mira, ten.

Bárbara: ¿Qué te pasa?

No soy tu chacha.

Jovita: Si la taruga

soy yo por pedirle ayuda.

Horacio: Sí, la verdad Jovita

me cae muy bien,

la quiero mucho.

Bárbara: Ya llegué.

Felicia: Ay, mira, Horacio,

ella es Bárbara, mi otra hija.

Bárbara: Hola, Horacio.

Horacio: Hola, Bárbara.

Mucho gusto en conocerte.

Felicia: Bárbara, hija,

atiende a Horacio

que se me está quemando

el pozole chiapaneco

que estoy haciendo.

Horacio: Bárbara,

eres muy guapa, muy hermosa.

Bárbara: Qué directo eres.

Horacio: El mundo

es de los intrépidos.

Oye, ¿aceptarías salir conmigo?

Bárbara: Sí, ¿por qué no?

Horacio: Estuvo muy delicioso,

señora Felicia.

Y el cafecito...

Felicia: Es de Chiapas.

Horacio: Con razón.

Qué olor y qué sabor,

está delicioso.

Jovita: Yo hice las galletas

anoche, ¿te gustaron?

Horacio: Sí, están muy buenas,

Pues muchas gracias

por su amabilidad

y por la comida,

pero ya me tengo que retirar

porque tengo mucho que estudiar

para el examen en la libre

de derecho.

Muchas gracias, señora.

Felicia: Ay, cuando gustes

venir, Horacio.

Ya sabes que esta es tu casa.

Cuando gustes venir.

Horacio: Gracias.

Nos vemos después, Jovita.

Jovita: Sí, Horacio.

Nos ponemos de acuerdo

y nos mandamos un mensaje

al cel.

Horacio: Seguro.

Un placer conocerte, Bárbara.

Bárbara: Igual.

Jovita: Te acompaño

hasta la calle.

Bárbara: Yo levanto la mesa,

Y que Jovita lave

los trastes sucios.

Felicia: Sí, hija.

Jovita: Eres una descarada.

Bárbara: ¿Y ahora a ti

qué te pasa?

Jovita: No te hagas la mosquita

muerta que bien que te vi

cómo le andabas coqueteando

a Horacio.

Bárbara: ¿Yo? Estás loca.

Jovita: No estoy loca.

Te vi y vi también cómo él

te miraba y te sonreía

bien coqueto.

Bárbara: Cuánto lo siento,

prima, pero yo no tengo la culpa

de que los hombres se fijen

en mí.

Jovita: Sí la tienes, porque tú

les sonríes, les coqueteas,

te les insinúas.

Bárbara: No, soy hermosa

y eso es lo que no soportas.

Como tampoco soportas

que los hombres no te volteen

a ver y menos cuando estás

a mi lado.

Jovita: Ah, pues

si a ser facilota

le llamas ser hermosa

ahora entiendo de dónde vas

a sacar el dinero

que tanto presumes que un día

vas a tener.

Claro, la belleza

hay que venderla

al mejor postor.

Bárbara: No te voy a permitir

que--

Felicia: Ay, ya, ya basta.

Basta, las dos.

Tú, Jovita, a la cocina

a lavar los trastes.

Y tú, Bárbara, a recoger

la mesa.

Orale y sin discutir.

Bárbara: Horacio,

¿qué haces aquí?

Horacio: Esperándote,

¿te puedo acompañar?

Bárbara: No, no quiero

más problemas con mi prima.

Horacio: No sé por qué

los tienes.

Ella es solo mi amiga

y nada más.

Bárbara: ¿Estás seguro?

Horacio: Sí, muy seguro.

Es más, se lo puedes preguntar

a ella.

Así que ya no quiero pretextos

porque vine por ti

para llevarte a comer

un helado.

Dame tu mochila.

Vente.

¿Qué helado te gusta?

Bárbara: El de fresa.

Horacio: Desde que te conocí

no he dejado de pensar en ti.

Bárbara: Qué curioso,

a mí me está pasando lo mismo.

Pero lo nuestro no puede ser,

por mi prima, yo siento

que ella está enamorada de ti.

Te presentó con mi tía

muy ilusionada y tú fuiste

también porque a lo mejor

ella te gusta.

Yo no quiero ser la causante

de que ustedes dos

no sean novios.

Horacio: Bárbara, ya te lo dije,

somos amigos.

Otra cosa entre ella y yo

no va a pasar.

Bárbara: Eso no es

lo que piensa ella.

Yo no voy a ser

la que le pregunte si ustedes

son novios o no.

Horacio: ¿Sabes qué?

Tienes razón.

Lo más correcto es que sea yo

quién hable con tu prima.

Le voy a dejar muy en claro

la situación entre ella y yo.

Sé que va a sufrir un poco

cuando le diga esto, porque sí,

la veo que está muy ilusionada

conmigo.

Bárbara: ¿Ves? No, yo no quiero

que sufra mi prima.

Así que me vas a perdonar,

pero mejor me voy.

No me vuelvas a buscar, ¿sí?

Horacio: Bárbara.

Espera, Bárbara.

iBárbara!

Jovita: Ay, Horacio,

estoy muy nerviosa.

Ya, ¿qué es eso que querías

hablar conmigo, eh?

¿Qué es lo que me tienes

que decir?

Horacio: Ay, mira,

lo que tengo que decirte

es algo muy serio.

Jovita: Sí, pues dímelo.

Tengo todo el tiempo del mundo.

He esperado mucho

para que me digas esto.

Jovita: Vamos.

Horacio: Jovita,

estoy muy enamorado.

Jovita: Ay.

Horacio: Muy enamorado

de tu prima Bárbara.

Quería pedirte la oportunidad

de que nos dejes amarnos.

Bárbara: De verdad, tía,

yo no quería pero en el corazón

no se manda y estoy

muy enamorada de Horacio.

Felicia: Te entiendo, hija,

pero es que no--

Bárbara: Tía, te lo juro

que no quería hacerle daño

a mi prima.

Fue Horacio quien insistió

en hablar con ella para pedirle

su permiso, para que él y yo--

Prima, yo--

Jovita: No te apures, Bárbara.

Ya Horacio habló conmigo

y ya le dije que por mí

no hay problema,

que tú y él pueden andar.

Bárbara: Prima, gracias.

Eres tan buena.

¿De veras no hay problema?

Jovita: No, ninguno.

Ve a verlo, te está esperando.

Bárbara: Tía, ¿puedo?

Felicia: Sí, anda, ve.

Jovita, hija.

Horacio: Ahora sí, aclarado todo

con tu prima.

Ya podemos ser novios.

Bárbara: Sí, ya podemos.

Barbara: Ya se me hizo tarde

para irme al trabajo.

Ay, tía, ya no me da tiempo

de levantar mi plato.

Esto de trabajar no es para mí,

pero ni modo, tengo que hacerlo

para poder entrar

a la universidad.

Porque esto de ser pobre

no es lo mío.

Me cepillo los dientes

y me voy corriendo.

Felicia: Hija, no deberías

de ser tan ambiciosa.

Mira, confórmate

con lo que tienes.

Bárbara: ¿Y morirme

en las puertas de un hospital

como se murieron mi mamá

y mi hermanito por falta

de dinero?

No, tía.

Un día yo voy a tener

Bueno, ya me voy.

>> Bárbara, toma, necesito

que le lleves estos documentos

al señor Arozamena.

Es urgente.

Bárbara: ¿Al dueño

del corporativo?

>> Sí, al dueño.

Pero muévete, porque me mandó

al banco y le urgen.

Román: Sí, compra la mayoría

de las acciones.

Esperas a que se coticen

y después vendes antes

de que cierre la bolsa.

[Llaman a la puerta]

Pase.

Sí, quiero una operación

detallada y el reporte

de todos los movimientos.

Ok.

Sí, quiero ver las ganancias.

Me lo mandas al mail hoy

en la tarde.

Bárbara: [Piensa]

Qué hombre más guapo.

Y es el dueño de todo esto.

Voy a conquistarlo,

todo esto va a ser mío, mío.

Román: ¿Qué ganancias

se esperan?

Pues adelante, hazlo.

Hazlo, pero no me dejes

de avisar de ninguna operación.

[Música]

Horacio: No sabes lo bien

que me está yendo en la escuela

libre de derecho.

Bárbara, mi amor,

estás en la luna.

No me has escuchado nada,

¿verdad? ¿Pasa algo?

Bárbara: No, no es nada.

Horacio: Bárbara, soy tu novio

y sabes que te amo.

Me puedes decir lo que sea.

Desde hace días

has andado rara, ¿qué pasa?

Bárbara: Está bien, te lo voy

a decir.

Yo también te quiero mucho,

pero no sé, siento

que no vamos a ningún lado.

Horacio: ¿Cómo?

No entiendo, Bárbara.

Eres lindo y guapo,

estás estudiando.

Tarde o temprano tendrás

una buena posición,

pero yo no tengo paciencia,

yo quiero otras cosas.

Horacio: ¿Como cuáles?

Bárbara: La primera cosa

que quiero, por ejemplo,

es que terminemos.

Horacio: ¿Qué? ¿Qué?

No puedes terminar

nuestra relación así

de buenas a primeras.

Bárbara: Ya la terminé.

Solo te estoy avisando

que tú y yo ya no somos novios,

para que me dejes de buscar.

Jovita: ¿Cómo que terminaste

con Horacio?

Me llamó porque estaba

desconsolado sin entender nada.

Bárbara: No hay nada

que entender, Jovita.

Así es la vida, el amor acaba.

Jovita: ¿Para eso

me lo quitaste?

Porque Horacio vino a esta casa

interesado en mí

y tú te metiste.

Bárbara: Yo no te quité nada.

No es mi culpa que te hayas

ido por las tortillas.

Felicia: Jovita, Bárbara,

por favor, dejen de discutir.

Jovita: Pues esta que nomás

anda sacando provecho

de la gente sin importar

lo que sintamos los demás.

Felicia: ¿No te he pedido

que seas comprensiva

con tu prima?

Jovita: No, no, no.

No puedo comprenderla.

Lo único que sé

es que se anda metiendo

por donde más le conviene

como gata de azotea.

Bárbara: Cállate, ardida.

Felicia: Hija, por favor.

Bárbara: A ti lo que te pasa

es que no soportas la idea

de que todos quieran conmigo.

Felicia: Cálmate, hija,

con golpes no se solucionan

las cosas.

Y no está bien que le pegues

y le hables así a tu prima,

Bárbara: No te preocupes, tía.

No voy a seguir siendo

una molestia para Jovita.

Me voy a ir de la casa

para que por fin mi primita

pueda tener una vida.

Felicia: Ya, ya.

Ya, calma, ya.

Bárbara: Guau, Román,

este lugar está increíble.

Román: Este es el nido de amor

que tú te mereces, preciosa.

El departamento es tuyo,

lo puse a tu nombre.

Bárbara: Mi amor,

desde la primera vez que te vi

en tu despacho supe que sería

irresistible entregarme a ti,

que siempre estaría dispuesta

a complacerte por los lindos

regalos que me das.

Román: Los regalos

solo corresponden a lo feliz

que me hace estar contigo,

a que te hayas dejado

conquistar por mí.

Bárbara: ¿Y cómo no ser

conquistada por un hombre

tan amoroso y tan detallista?

Pónmelo, por favor.

Román: Pídeme lo que quieras.

Sabes que yo estoy dispuesto

a cumplirte todos tus sueños.

Bárbara: Quiero estudiar, Román.

Mi sueño es ir a la universidad.

Román: Pues no se diga más,

vas a entrar en la mejor

universidad privada

de esta ciudad.

Consuelo: Hasta el maestro

se quedó boquiabierto

con tus respuestas, amiga.

Bárbara: Me he preparado mucho

para sacar el mayor provecho

a esta oportunidad

que me conseguí de estudiar,

Consuelo.

Consuelo: Te admiro tanto,

Eres muy lista, de verdad.

Eres--

Bárbara: Qué guapo está

ese compañero, Consuelo.

Nunca lo había visto.

Consuelo: Ay, amiga.

No solo eres muy lista

sino que también tienes

súper bien gusto.

La verdad está guapísimo.

Bárbara: Y será mío, mío.

Bárbara: Román, te tengo

que decir algo muy importante.

No me gusta hacer esto,

pero necesito dinero.

La verdad es que estoy harta

de tener que pedirte siempre.

Román: Está bien, te voy a dar

una tarjeta de crédito.

Bárbara: Pero también

necesito efectivo.

Román: Está bien.

Está bien, mañana mismo

vamos al banco y abrimos

una cuenta master para ti.

Bárbara: Eres un sol, Román.

Ven, vamos a la recámara

para darte el regalo

que yo tengo para ti.

Te lo mereces por lo lindo

que has sido conmigo.

Tú me has hecho tan feliz.

Arturo: Ay, perdón,

soy un tonto.

Disculpa, no me fijé.

Bárbara: No te preocupes,

yo también venía distraída.

Arturo: Hola, me llamo Arturo.

¿Y tú?

Bárbara: Bárbara.

Arturo: Oye, ¿qué vas a hacer?

Ya se acabaron las clases.

Bárbara: Nada.

Arturo: Entonces,

¿por qué no vamos a comer

y te invito una copa por ahí?

Bárbara: Con lo que me encanta

ir por ahí.

Felicia: Desde hace días

que tu prima se fue

de esta casa no he sabido nada

de ella, me preocupa

que no esté bien.

Jovita: Mamá, deja de estar

preocupada por Bárbara,

que si se fue de esta casa

es porque seguro ya tenía

un mejor techo dónde meterse.

No la creas tan tonta.

Felicia: ¿Tú sabes dónde está?

Y creo que es mejor

que ya lo sepas.

Bárbara se fue a vivir

con un hombre.

No, no puede ser.

Jovita: El hombre le puso

un departamento en una zona

muy buena.

Felicia: Ay, no, le fallé

a mi hermana.

No supe cuidar de su hija.

Jovita: No.

Claro que tú no tienes la culpa

de que Bárbara sea mala.

Felicia: No, Jovita.

Bárbara no es mala,

es solo que la consentí mucho.

Felicia: Por favor.

Por favor, madre mía,

te pido que Bárbara comprenda

que no está bien lo que hace.

Es verdad que sufrió un trauma

por la muerte de su mamá,

pero que comprenda

que el camino que está tomando

es el equivocado.

Por favor, Virgencita

de Guadalupe,

te suplico que Bárbara

recapacite y regrese

con su familia

y que se dé cuenta

que la única pobreza

es la que está en el alma.

[Timbre]

Bárbara: Tía, qué gusto.

Por favor, tía,

no te quedes ahí.

¿Cómo ves mi depa?

No, no, no, Bárbara.

Yo solo vengo a decirte

que te quiero y que no estoy

de acuerdo que te estés

haciendo daño, hija.

Bárbara: Ningún daño, tía.

Mira, mira cómo vivo ahora.

Tengo dinero.

Siempre te dije

que lo iba a tener

y ya lo tengo.

Felicia: Yo sé que tanto adorno

no te permite ver el daño

que te estás haciendo, hija.

Pero cuando te des cuenta

te estaré esperando en mi casa,

en nuestra casa, hija.

Bárbara: Perdóname, tía,

pero ni muerta vuelvo

a esa miseria.

Felicia: Bueno, hija,

te deseo lo mejor.

Bárbara: Mira, tía, ya te dije

que yo no voy a ir--

Soledad: ¿Tú eres Bárbara?

Bárbara: Sí, soy yo.

¿Tú quién eres?

Soledad: Qué joven eres,

podrías tener mi edad.

Bárbara: Perdón,

pero voy a llamar al vigilante

si no me dices quién eres

y cómo llegaste hasta aquí.

Soledad: Mi nombre es Soledad

y Román es mi papá.

Soy la hija de tu amante.

Soledad: Mi papá es un hombre

casado y yo soy la hija

de tu amante.

Bárbara: Ya me imaginaba

que Román no era soltero,

pero no estoy dispuesta

a dejarlo por la declaración

que vienes a hacerme

ni por nada del mundo.

Soledad: Mi papá jamás

se va a divorciar de mi mamá,

te lo aseguro.

Bárbara: ¿Quieres ver

como sí lo divorcio de tu mamá?

Soledad: Eres peor

de lo que imaginaba.

Bárbara: Pierde cuidado,

Soledad, no tengo

ni el mínimo interés

de casarme con tu papá.

Lo único que me interesa

de Román es el dinero.

Soledad: Me parece bien,

porque es lo único

que vas a tener de él,

dinero.

Román: No, no puede ser.

Tenemos que salir a flote.

Sí, ya sé que la bolsa se cayó.

Sí, es una tragedia,

pero tenemos que ponernos

de acuerdo en los movimientos

que vamos a hacer

para no terminar

en la ruina.

Bárbara: Arturo, ¿qué te pasa?

Has estado muy pensativo,

¿tienes algún problema?

Arturo: No, no tengo

ningún problema.

De hecho, es justo

en lo que estoy pensando

para que no se convierta

en un problema.

Bárbara: Cuéntame, a lo mejor

yo te puedo ayudar.

Arturo: Bueno, lo que pasa

es que tengo un negocio a punto

de concretar.

Se trata de la construcción

de vivienda popular.

Ya tengo a los inversionistas

y todo, solo que me hace falta

una socia.

Bárbara: ¿Una socia?

Arturo: Siempre y cuando

estés interesada en apoyarme

para que ya pueda arrancar

con el negocio.

Bárbara: Claro que me interesa,

Arturo.

Eres mi novio y voy a apoyarte

en todo.

Arturo: Muchas gracias, Bárbara.

De verdad no me equivoqué

en pedirte que fueras mi novia.

Te adoro.

Bárbara: Román, me extraña

verte aquí, no me avisaste.

Román: Lo perdí, lo perdí todo.

Bárbara: ¿Qué dices?

Román: La bolsa cambió,

mis acciones ya no valen nada.

Lo perdí todo, todo, todo.

Mi empresa, mi efectivo,

el patrimonio de mis hijos.

Bárbara: Pues lo lamento.

Román: Bárbara, necesito

que me ayudes.

Necesito vender

este departamento y disponer

del dinero que te deposité.

Bárbara: De ninguna manera.

Este departamento

y ese dinero es mío.

Román: Pero yo te lo di.

Bárbara: Porque yo me los gané.

¿O qué pensaste? ¿Que te amaba?

No, chiquito,

solo me importaba tu dinero.

Román: No puedo creerlo.

Bárbara: Ay, por favor.

¿Me vas a decir que soy

la única amante que has tenido?

Pues me da igual.

Ese dinero y este departamento

es mi pago por aguantar

tus asquerosas caricias.

Román: Eres...

una cualquiera.

Bárbara: Me vale lo que piensen.

Todo esto es mío.

Mío.

Felicia: Ay, cambia esa cara,

hija.

Todo va a estar bien.

¿Cómo va a estar bien?

Te diagnosticaron diabetes.

No tenemos seguro,

ningún servicio médico

y las medicinas para bajar

el azúcar son carísimas.

Felicia: Ya ves que vamos

a encontrar la manera

de que me alivie.

Jovita: Solo veo una manera,

mamá.

Y es un presupuesto

y necesitamos tres mil pesos

mensuales.

Felicia: Pues ni modo, Jovita.

Me voy a cuidar, voy a hacer

dieta, comer sano

y seguro me compongo un poco,

¿eh?

Bárbara: Sí, tía Felicia,

soy yo.

Felicia: Ay, qué gusto.

Pero pasa, pasa.

Jovita: ¿Qué haces aquí?

Bárbara: Vengo a visitar

a mi tía y a traerles algo

de comida.

Jovita: Puedes regresar

por dónde viniste,

no queremos nada de ti.

Bárbara: ¿Qué es esto?

Jovita: Nada que te importe.

Bárbara: ¿Estás enferma, tía?

Felicia: Bueno, sí, un poquito.

Bárbara: Déjame darte dinero

para que vayas a un buen médico

y compres tus medicinas.

Jovita: Ya te dije

que no queremos nada de ti.

Es dinero sucio y mal habido.

Felicia: Jovita, por favor.

Jovita: Lárgate

y no vuelvas nunca.

Felicia: Bárbara, es mejor

que te vayas.

Te prometo que después

yo te busco, ¿sí?

Bárbara: Está bien, tía.

Solo para que no te pongas mal

y porque tú me lo pides.

Felicia: Fuiste muy injusta

con tu prima, Jovita.

Ella siempre nos mal miró

y también a esta casa.

Pues ahora yo la mal miro

Felicia: Ella venía

con buenas intenciones.

Siempre te dije que tu prima

no es mala.

Jovita: Tú eres la que te vas

a poner mala con su presencia.

Bárbara solo trae problemas

y ahora es lo que tú menos

necesitas para que no se te suba

el azúcar con los corajes

y te pongas peor de la diabetes.

Bárbara: ¿Diabetes?

Mi tía está enferma de diabetes.

Doña Cleta, ¿cómo ha estado?

Doña Cleta: Gracias a Dios

estoy bien, porque ya sabes

cómo están las enfermedades.

Bárbara: Lo dice

por mi tía Felicia, ¿verdad?

Doña Cleta: Sí, Barbarita.

La pobre se ha visto re mala

en los últimos días

y yo no veo que se mejore.

Bárbara: Tome estos

cinco mil pesos, Doña Cleta.

Doña Cleta: No, yo no puedo, no.

Bárbara: Tómelos, Doña Cleta.

Jovita no quiso

ni que se los ofreciera,

pero usted tiene

que echarme la mano

para que se mejore mi tía.

Compre las medicinas

que le hace falta y, por favor,

les dice que las consiguió

en el dispensario o algo.

Doña Cleta: Está bien,

Barbarita.

Todo sea porque doña Felicia

se componga.

Bárbara: Gracias.

Bárbara: Arturo, amor,

toma el cheque

con el dinero que necesitas

para formalizar la sociedad

en tu negocio.

Arturo: Amor, muchas gracias.

Te amo.

Perdona.

Vas a ver que voy a trabajar

durísimo

para que con este dinero

formemos nuestro patrimonio.

Bárbara: Lo sé, amor.

Y con todo gusto te apoyo.

Yo tengo mucho y lo que tengo

es para compartirlo

con los seres que amo.

Arturo: Bueno, ahora necesito

que nada más firmes

este documento para iniciar

tu sociedad en la constructora.

Bárbara: Listo.

Toma, ahora sí formalmente

ya soy tu socia.

Arturo: Qué bonito

se escucha eso.

Bárbara: Y yo te amo.

Y todo lo mío es tuyo.

Bárbara: No puede ser,

otra vez entró al buzón.

Arturo, amor, hace casi

dos semanas que no sé nada

de ti.

Por favor, háblame,

estoy comenzando a preocuparme

pensando que te pasó algo.

Te mando besos.

Debe ser Arturo.

iVoy! iVoy!

Gaytán: ¿La señorita

Bárbara Guillín?

Gaytán: Soy el agente Gaytán,

vengo por usted.

Está usted detenida

por el delito de robo

y fraude.

Bárbara: Oiga, no.

Gaytán: Por favor.

Bárbara: Esto es un error,

yo no robé ni defraudé a nadie.

iEsto es un error!

Gaytán: Vámonos.

Bárbara: No entiendo

por qué estoy en la cárcel.

¿Por qué estoy aquí?

iPor favor, busquen a Arturo!

El es el culpable.

Por favor, yo soy inocente.

Bárbara: ¿Horacio?

Horacio, ¿eres tú?

¿Qué haces aquí?

Horacio: Estoy aquí

porque soy abogado, tu abogado.

Bárbara: Horacio, ya no tengo

dinero, no puedo pagarte.

Arturo, el hombre que me engañó

y que me metió en esto

me quitó todo mi dinero.

Horacio: No te preocupes,

soy abogado de oficio

y no va a costarte nada.

Necesito saber si tú firmaste

este documento.

¿Reconoces esta firma?

Bárbara: Es mi firma.

Horacio: El tal Arturo

te defraudó a ti, a ti

y a cientos de inversionistas.

Bárbara: Pero no hice nada,

Horacio.

Ni siquiera conozco a ningún

inversionista.

¿Por qué estoy encerrada?

Horacio: Porque apareces

como la socia principal

de la constructora.

Bárbara: Por favor, ayúdame,

Yo no hice nada, te lo juro,

soy sincera.

Te lo juro, no hice nada.

Soy inocente.

Horacio: Bárbara, lo mejor

es que aceptes

que eres culpable.

Hay atenuantes

y la pena sería menor.

Felicia: Hazle caso a Horacio,

Nadie quiere lo mejor

para ti como él.

Bárbara: Está bien.

Voy a declararme culpable.

Bárbara: Cuánto mal hice,

cuánto me equivoqué.

Felicia: Pero eres buena, hija.

Y como dices,

solo te equivocaste.

Jovita y yo,

que somos tu familia,

siempre vamos a estar contigo.

No creo que Jovita

vaya a apoyarme.

Felicia: Ay, hija, no te apures

por ella.

Jovita es buena

y sabe perdonar, ya verás.

Además, en cuanto se entere

que has sido tú quién ha pagado

mis medicinas para la diabetes

vas a ver que te va a perdonar.

Sí, sí, sí, lo sé.

Ay, hija, ¿a poco creías

que Doña Cleta se iba a guardar

tu secreto?

Llora, hija, llora.

Ya, mi niña.

Horacio: Sí, Bárbara, llora.

Todos vamos a estar contigo.

Jovita: Qué rico huele

el pozole que hiciste, mamá.

Felicia: Ya llegaron,

ya llegaron.

Ay, hija.

Ay, qué bueno que ya estás

fuera de la cárcel.

Bárbara: Sí, tía.

Y fue gracias a Horacio,

que es un gran abogado.

Horacio: Tu buen comportamiento

fue el que te ayudó a reducir

la pena, Bárbara.

Felicia: Hicimos el pozole

que tanto te gusta, Bárbara.

Bárbara: Sí, huele bien rico.

Jovita, yo--

Jovita: Mejor no digas nada.

Mi mamá tiene razón,

es borrón y cuenta nueva.

Felicia: Somos una familia

y la familia perdona

las equivocaciones

para seguir adelante en la vida.

Jovita: Mi mamá tiene razón.

Tú sufriste mucho con la muerte

de tu mamá.

Bárbara: Me volví loca de dolor.

Pero ya estamos de regreso aquí,

mamá, con nuestra familia.

Con tu foto y esta rosa

que no se ha marchitado.

Horacio pudo recuperar la foto

y la rosa del departamento

dónde vivía.

Y prometí que sería lo primero

que haría al volver a casa,

dejarlas contigo,

Virgencita de Guadalupe.

Me imagino que tú eres Sarita.

Sarita: tía.

Jovita: Sí, es nuestra hija.

Y le pusimos Sara como tu mamá.

Bárbara: Eres hermosa.

Qué bueno que ustedes

sí encontraron el amor

y se casaron.

Horacio: Sí.

Y la verdad es que somos

muy felices.

Felicia: Y tú también lo serás,

Ya lo verás.

Bárbara: Ya soy feliz, tía.

Regresé a casa,

estoy con mi familia

que es la mayor riqueza

que tenemos, porque la pobreza

está en el alma.

Felicia: Hija.

Por: Televisa
publicado: Jan 17, 2017 | 02:00 AM EST
La madre de una joven muere por no poder pagar un hospital y ella le promete que tendrá dinero. La joven se hace amante de su jefe y el dinero que obtiene de esa relación lo usa para invertir en un negocio, pero es víctima de fraude y es encarcelada.
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