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LA ROSA DE GUADALUPE
Lunes a Viernes, 7PM/6C

La Rosa de Guadalupe

La Rosa de Guadalupe - 'La Llamada'

Transcripción del Video

Locutor: Televisa presenta...

Beatriz: Que sea ella,

que sea ella, Virgen de

Guadalupe, que sea ella.

No es Valeria, no es ella,

Dios.

Jorge: ¿Qué pasa, Valeria

no ha llegado todavía?

Beatriz: No, lo que pasa es

que se descompuse la camioneta

de Ursula y tuvieron que llamar

un mecánico de emergencia

para que las ayudara.

Jorge: Ya.

Beatriz: ¿Qué haces?

No, no tiene caso que le

hables, yo ya le marqué y

me dijo que casi no tenía

pila en el teléfono, no va

a recibir tu llamada.

Jorge: No estoy llamando

a nuestra hija, Beatriz,

estoy hablando a Ursula,

su amiga.

Bueno, Ursula, habla Jorge,

el papá de Valeria.

Ursula: ¿Qué pasó, Sr. Jorge?

Jorge: Disculpa que te llame

a esta hora, pero Valeria

no ha regresado a la casa,

¿sabes dónde está,

la has visto?

Ursula: No, yo no he visto a

Valeria ni hoy ni en todo el

fin de semana.

De hecho, yo no salí en

toda la noche.

Jorge: Gracias, Ursula,

y perdona la llamada tan tarde.

Ursula: No, espere, ¿le pasa

algo a mi amiga?

Jorge: No, no, seguro Valeria

está bien, disculpa nuevamente,

hasta luego.

Tu hija mintió, no ha estado

ni está con Ursula.

Beatriz: Valeria no mintió,

Jorge, yo fui la que inventó

que la camioneta se había

descompuesto y--

Jorge: Dime la verdad.

Beatriz: La verdad es que no

sé por qué Valeria no ha

vuelto a la casa.

Está a punto de amanecer

y no se ha comunicado ni

apareció.

Jorge: No llores, Beatriz,

verás que nuestra hija está

bien y pronto vuelve.

Me va a oír en cuanto

ponga un pie en esta casa.

Beatriz: Ay, hija, qué bueno

que apareces, no sabes la

noche que pasamos esperándote.

Valeria: Mamá, me asustas.

Jorge: Mejor cállate, Valeria,

el mayor susto nos lo

llevamos nosotros al pensar que

algo te había pasado porque no

volvías, y mira nada más

en qué estado llegas.

Jorge: No tomé nada.

Antes de que empieces a

interrogarme, si quieres te

soplo para que veas que no

tengo aliento a alcohol.

Jorge: No apestas a alcohol,

entonces es otra cosa lo que

has estado consumiendo.

Valeria: Claro que no, papá,

quién te crees que soy,

no puede una divertirse porque

luego los papás súper

malpensados creyendo que

nos drogamos.

Beatriz: Jorge, por favor,

lo mejor será que hablemos

después con Valeria,

ya con ella en casa necesitamos

descansar.

Vamos a descansar, hija, ven.

Ya la acosté.

Jorge: Beatriz, no puede ser,

tú consientes a nuestra

hija como si fuera a

recibir un premio, cuando

lo que necesita es un

castigo por su comportamiento.

Beatriz: Ay, lo sé, claro

que merece un buen castigo,

pero no era el momento.

Jorge: Mira, lo que pasa es

que aunque en el fondo lo

sabemos, nos negamos a

enfrentar la realidad, pero

Beatriz, no podemos seguir

engañándonos, tú misma viste

cómo llegó Valeria de ansiosa.

Beatriz: Eso no quiere decir

nada, tal vez se tomó un café,

sí, seguro se tomó un café,

ya ves, ahora toman cafés

tan raros.

Jorge: A ver, mira, Beatriz,

nuestra hija está usando

drogas, y cuanto más rápido lo

aceptemos, podremos hacer algo

para ayudarla.

Beatriz: No sé, no te niego que

lo he pensado, pero no sé.

Jorge: Es nuestra culpa, por no

saber cuidar de nuestra hija.

Beatriz: No, no sería culpa de

nadie, no nos adelantemos,

no hagamos juicios

precipitados, hay que tratar de

comunicarnos con ella, que nos

lo diga con confianza, ¿sí?

Jorge: Está bien.

Beatriz: Me da tanto gusto

que desayunemos todos

juntos como la familia que

somos, y que podamos hablar.

Valeria: Los hijos no hablamos

con los papás.

Beatriz: Claro que entre hijos

y papás debemos hablar,

es la manera en que podemos

ayudarlos si es que tienes

problemas.

Valeria: Yo no tengo problemas.

Beatriz: Hija, eso es lo único

que queremos tu papá y yo,

saber que en efecto no tienes

problemas, que no te estás

haciendo daño.

Valeria: ¿Metiéndome drogas?

Mi papá ya te metió sus

estúpidas ideas.

¿Tú también piensas que me

estoy drogando?

Jorge: ¿Y qué quieres que

piense?

Si no apareces en toda la noche

y llegas después del amanecer.

Valeria: Ok, está bien,

estuvo mal llegar en la mañana,

pero de ahí a drogarme hay un

abismo, papá.

Jorge: Pues, no te creo nada,

y no quiero que nos tomes

el pelo no a tu madre ni a mí,

es evidente.

Beatriz: Por favor, tranquilos,

a gritos no vamos a lograr

nada, lo mejor es que por el

momento nos calmemos,

antes de que lleguemos a un

punto en que nos vamos a

arrepentir de lo que decimos.

Anda, hija, apúrate, que apenas

tienes tiempo de ir a la

escuela.

Valeria: No quiero más.

Jorge: Nos está mintiendo

y lo sabes, Beatriz.

Beatriz: Pero con gritos no

vamos a lograr nada, Jorge,

dame por favor unos días,

las mamás logramos más

de otra manera.

Jorge: Está bien, pero solo

unos días, ¿eh?

Kevin: Valeria.

Valeria, mira, te tengo

un regalo.

Esto es lo último que he

escrito, es el segundo capítulo

de mi novela inspirada en ti.

Valeria: Gracias.

Kevin: Oye, préstame tu mochila

para ayudarte.

Valeria: Va.

Refugio: Vámonos.

¿En qué quedamos, Ursula?

Ursula: Sí, ya sé, que no debo

estar triste por Valeria.

Refugio: Así me gusta, vámonos.

Kevin: ¿Qué?

Qué poca, Ursula ni siquiera

te saludó.

Valeria: Ya sé, ya ninguna

quiere ser mi amiga.

Kevin: Pues, a mí no me importa

lo que se diga de ti, eres mi

amiga y lo serás siempre.

Valeria: Qué lindo, Kevin.

Bueno, vamos al salón.

Kevin: Vámonos.

Ursula: Sra. Beatriz.

Beatriz: Hola, Ursula,

¿puedo pasar?

Ursula: Ay, sí, claro, pase.

Beatriz: Gracias.

Ursula: ¿Gusta un café o un té?

Beatriz: No, no, gracias, estoy

bien, solo vengo porque quiero

hablar contigo.

Ursula: Sí, claro, siéntese.

Ursula: Dígame.

Beatriz: Quiero preguntarte por

qué tú y mi hija ya no son

amigas.

Ursula: Ay, Sra. Beatriz,

es que a veces los intereses

cambian.

Beatriz: Pero Valeria y tú eran

amigas desde primero

de primaria.

Ursula: Pues, sí, pero fue

Valeria quien se alejó de mí.

Beatriz: ¿Por qué?

Ursula: Mire, señora,

honestamente esas son cosas

que debería preguntarle

a su hija.

Beatriz: Sí, lo he hecho,

pero Valeria me miente siempre,

me dice que entre

ustedes no ha pasado nada,

que son amigas como siempre,

pero eso no es verdad,

como tampoco es verdad

que fueron juntas a la fiesta

del sábado.

Mi marido te llamó y le dijiste

que ni siquiera saliste

todo el fin de semana.

Ursula: Ay, mire, señora,

es que esto es muy difícil para

mí, se trata de mi amiga.

Beatriz: Y precisamente porque

eres su amiga es que me tienes

que decir qué es lo que pasa

con Valeria.

Ursula: Se lo voy a decir

solamente porque sé que se

trata del bien de Valeria.

Y es que Valeria...

Valeria está usando drogas.

Jorge: Ay, en qué nos

equivocamos, Beatriz, en qué.

Beatriz: Ya lo hemos hablado,

Jorge, no es culpa de nadie.

Esa porquería está al alcance

de nuestros hijos en cada

esquina.

Jorge: Como padre tenía tanto

miedo de que mi hija pudiera

caer en esta trampa.

Beatriz: Yo también, ve uno

tantas historias en los

periódicos, en los noticieros,

tantos niños envenenados con

drogas.

Jorge: Por más que pienso no sé

qué hacer, ¿cómo ayudamos a

nuestra hija?

Beatriz: Encontraremos la

manera, Jorge, la vamos a

ayudar.

Kevin: Y fue en ese momento,

cuando rozó los dientes blancos

como las perlas de su amada,

que el joven banquero descubrió

que había un interés más

enriquecedor que el de las

acciones de la bolsa, el

interés del amor que sentía en

su corazón por su amada.

Valeria: Qué bonito escribes.

Kevin: Así es como termina

el segundo capítulo de la

historia que escribo inspirado

en ti.

Valeria: Me parece muy linda,

Kevin, ya quiero que me leas

el tercer capítulo, para ver

hasta dónde llega el amor

del joven banquero y su amada.

Kevin: Valeria, el personaje de

la amada eres tú.

Valeria: No creo, Kevin,

la amada de tu historia es muy

distinta a mí.

Kevin: Claro que no, las dos

son hermosas, cualquiera se

puede enamorar de ella.

Valeria: Tú eres muy buena

onda, eres superlindo, no te

mereces que estés engañado de

una idea equivocada de mí.

Kevin: Ya te dije que a mí no

me importa lo que digan de ti.

Valeria: Es que es la verdad,

yo no merezco el amor del

joven banquero...

Yo...

Yo uso drogas.

Ya regresé.

¿Qué pasa?

No entiendo, ¿por qué me ven

de esa manera?

Beatriz: Sabemos todo, hija.

Valeria: ¿Saben todo de qué,

mamá?

Esa cosa no es mía.

Jorge: Claro que es tuya,

yo la encontré en tu recámara.

Valeria: ¿Cómo, estuviste

esculcando en mi recámara?

Jorge: Sí, estuve revisando

tus cosas, ¿qué pasa?

Valeria: ¿Y es así como quieren

que uno les tenga confianza?

Jorge: El que no confía en ti

soy yo, hace mucho que veo

las alertas.

Valeria: ¿Alertas, cuáles

alertas, de qué alertas--?

Jorge: Las alertas que me dicen

que te estás drogando desde

hace tiempo.

Valeria: Que no me drogo.

Jorge: Tú lo puedes seguir

negando, pero para nosotros es

seguro que te estás drogando.

Beatriz: Por favor, dejen de

discutir, así no se arreglan

las cosas.

Jorge: No son simples cosas,

Beatriz, estamos hablando de

una enfermedad.

Valeria: No, no, yo no estoy

enferma.

Jorge: Claro que lo estás,

eres drogadicta.

Valeria: Yo no soy una

drogadita, yo controlo lo que

me meto.

Jorge: El mismo argumento que

usan todos los enfermos para

justificarse, pero óyeme bien,

te vas a dejar de meter esas

porquerías, ¿eh?

Valeria: Yo no voy a dejar de

hacer nada, porque no soy una

viciosa.

Jorge: Claro que eres una

viciosa, prefiero que te vayas

de la casa si te sigues

metiendo toda esa--

Valeria: ¿Ah, sí?

Pues, me largo, voy por

mis cosas.

Beatriz: Hija, hija, por favor,

no te puedes ir, hija, hija,

no te puedes ir.

Valeria: No, no, no soy yo la

que se va, sino mi papá es el

que me está corriendo, y que ni

crea que me va a intimidar.

Beatriz: Jorge, Jorge, no

podemos correr a nuestra hija.

Jorge: Es lo mejor, Beatriz,

que Valeria se enfrente a la

vida, que se dé cuenta que sola

no puede, y que tiene que tocar

fondo.

Beatriz: Pero es que no es así,

al contrario, lo que Valeria

ahora necesita es más atención,

no que la echemos a la calle,

se va a extraviar más.

Jorge: Es que no escucha,

no entiende, no se puede

hacer nada por ella.

Beatriz: Porque nosotros no

somos capaces de apoyarla.

Necesitamos ayuda,

necesitamos buscar ayuda

para que Valeria pueda

salir de las drogas.

Y aquí en nuestra casa al

menos podemos vigilarla,

cuidarla.

Jorge: No hemos sabido ni

cuidarla ni vigilarla.

Beatriz: Pues, tampoco vamos

a cuidarla si permitimos que

se vaya de la casa.

¿O qué quieres, que se vaya

y que cualquier día recibamos

la llamada de que nuestra

hija está por ahí

tendida muerta?

Valeria: Que ni crea mi papá

que me va a controlar con

chantajitos.

Beatriz: Hija, por favor,

no te vayas de la casa.

Valeria: Claro que sí, mamá,

si mi papá me corrió de

la casa, que ni piense que

no le voy a tomar la palabra.

Beatriz: Tu papá no pensó en

lo que te decía, se dejó llevar

por el coraje, como tú ahora.

Valeria: Ay, pues, qué pena,

mamá, porque le voy a demostrar

a mi papá que no puede

controlarme.

Beatriz: No puedes irte a la

calle, hija, estás en tu casa,

aquí es donde debes estar.

Valeria: Pues, no lo siento

así, mama, no me siento en casa

cuando mi papá piensa

lo peor de mí.

Beatriz: Bueno, tú admitiste

que has consumido cocaína.

Valeria: Sí, mamá, pero tampoco

se vale que mi papá me trate

como si fuera la peor de

las adictas cuando no lo soy.

Beatriz: Seguro no, hija,

pero de que tienes un problema,

tienes un problema.

Valeria: Pero tampoco estoy

metida en un hoyo del que me

tengan que sacar.

Beatriz: Hija, si no quieres

caer en un hoyo del que no vas

a poder salir, entonces, no te

vayas de la casa, la calle es

muy peligrosa, y tú no tienes

adónde ir.

Valeria: Está bien, mamá,

me voy a quedar, pero que

mi papá le baje unas rayitas

a su intensidad.

Beatriz: Ya hablé con él,

y le hice ver que no estuvo

bien que te corriera,

ya se arrepintió.

Valeria: Más le vale.

Beatriz: Lo importante es

que vas a seguir con nosotros,

y juntos vamos a salir

de lo que haya que salir.

Jorge: Qué bueno que ya estamos

más tranquilos.

Valeria: Porque mi mamá me dijo

que te habías arrepentido

de correrme.

Jorge: Acepté que te quedaras

siempre y cuando vayas a una

terapia de desintoxicación.

Valeria: Yo no necesito nada.

Beatriz: Sí la necesitas, hija.

Jorge: Y escúchame bien,

Valeria, o vas a terapia, o te

interno en una clínica,

pero tú te rehabilitas.

>> Buenos días, maestra.

>> Buenos días, directora,

ya estamos aquí.

Mirna: Los mandé llamar porque

ya no tardan en llegar las

autoridades policíacas.

>> Directora, ¿qué es

exactamente lo que va a hacer

la policía?

Mirna: Es parte de una campaña

antidrogas, las autoridades van

a revisar las mochilas y los

lockers de todos nuestros

alumnos.

>> Bueno, pues, vamos a

prepararnos para que todos

esté listo.

Mirna: Que todos los maestros

estén listos en sus salones.

>> Sí, no se preocupe.

Mirna: Jóvenes, les mandé

llamar para presentarles al

agente Loyola, les va a pedir

que abran sus lockers para

una revisión.

Loyola: ¿De quién es este

locker?

Kevin: El mío.

Loyola: ¿Lo abres, por favor?

Kevin: Sí, claro.

Loyola: Nada, todo está en

orden.

¿Y este?

Ursula: Mío.

Loyola: Por favor.

Tampoco hay nada.

¿Y este otro?

Valeria: Es mío.

Loyola: Aquí hay droga,

esto es cocaína, quedas

detenida por delitos contra

la salud, en su modalidad de

tráfico de estupefacientes.

[Música]

Valeria: No, no, no,

no, eso no es mío.

Loyola: ¿Vas a negar que este

locker es tuyo?

Valeria: No, no lo voy a negar,

es mi locker, pero yo nunca

había visto esas bolsitas, eso

no es mío.

>> No es ninguna sorpresa,

agente Loyola,

desafortunadamente había

rumores de que a Valeria le

gustaba la droga.

>> Y sabíamos que el siguiente

paso que iba a dar después de

consumirla iba a ser la

distribución, y ahí está la

prueba.

Valeria: Directora, yo le juro

que eso no es mío, se lo juro,

yo no lo metí ahí.

>> Ya aclararás todo esto

en la delegación.

Haga lo que tenga que hacer,

agente, por favor.

Kevin: Esa droga no es de ella,

Valeria es buena, no se la

pueden llevar.

Ursula: No, no se la pueden

llevar, agente, esa droga no es

de ella, Valeria sería incapaz

de venderle droga a nadie.

Kevin: Así es, fácilmente

alguien pudo haberle plantado

esa droga en su locker, nadie

la abre en la escuela.

Ursula: Deberían de agarrar a

los verdaderos delincuentes, no

a una simple e inocente

estudiante, eso es lo que

deberían hacer.

Loyola: Eso es lo que estamos

haciendo, señorita, la

distribución de las drogas en

las escuelas es un delito

que estamos...

Se escapa.

Ursula: No, de verdad, ella

no, no.

[Teléfono]

Beatriz: Bueno.

Mirna: Sra. Beatriz, soy Mirna

Velásquez, la directora de la

escuela de su hija.

Beatriz: ¿Sucede algo con

mi hija?

Mirna: Sí, algo muy grave,

Sra. Beatriz, la policía

encontró droga en el locker de

su hija.

Beatriz: ¿Qué?

No, no puede ser cierto.

Mirna: Lo es, señora,

y de verdad me apena decirle

que su hija también distribuye

la droga dentro de la escuela.

Beatriz: ¿Y dónde está ella,

se la llevó la policía,

dónde la tienen?

Mirna: Valeria se escapó de la

policía, la están buscando, pero

hasta ahora no sabemos

nada de ella.

Beatriz: Debe venir a la casa,

pero si no viene, yo voy a

hacer todo para encontrarla,

muchas gracias por avisarme,

Sra. Directora.

Jorge, Jorge.

Hija, me asustaste.

Hija, por Dios, ¿en qué

te metiste?

Me acaba de hablar la directora

de la escuela, y me dijo que

encontraron droga en el locker.

¿Qué estás haciendo, hija, qué?

Valeria: Mamá, yo te juro que

esa droga no es mía.

Yo no sé quién puso esa droga

en mi locker, te lo juro, mamá,

me tienes que creer.

Jorge: ¿Qué pasa, de qué están

hablando, qué es lo que pasa?

Beatriz: Le encontraron droga

en el locker de la escuela.

Valeria: No, no, papá, papá, yo

te juro que esa droga no era

mía.

Soy inocente de lo que se me

acusa, yo te lo juro, papá.

Jorge: Mira, yo ya no te creo

nada de lo que me digas.

Valeria: Papá, me tienes que

creer, esa droga no es mía,

créeme.

Yo sé que les he fallado mucho

y he faltado a la verdad, pero

soy sincera en lo que les estoy

diciendo.

Mamá, mami, dime que me crees,

por favor, dímelo.

Beatriz: Ay, hija, no sé qué

decirte, quisiera creerte, pero

ya no sé quién eres.

Hay veces que siento que eres

una extraña en esta casa.

Jorge: Solo tú sabes la

combinación del candado del

locker, así que no hay de otra,

esa droga que encontraron es

tuya y de nadie más.

Me siento tan defraudado de ti.

Dime, ¿qué hicimos mal?

Una drogadita,

una delincuente, ¿qué?

Beatriz: Hija, hija,

¿adónde vas?

Valeria: Me voy de aquí,

me voy de esta casa, yo no

puedo seguir viviendo en

donde no hay confianza, nada.

Además, ya va a llegar la

policía, y no quiero que

me atrapen.

Beatriz: Pero hija...

Jorge: A ver, a ver, déjala,

déjala, Beatriz, déjala, déjala.

La vida la va a hacer madurar,

va a regresar arrepentida.

Beatriz: No, Jorge, déjame ir

detrás de ella, déjame--

Jorge: No, déjala que se

enfrente sola a la vida,

déjala, Beatriz.

Beatriz: Es nuestra hija,

Jorge, es Valeria, es mi niña.

>> El número que usted

marcó se encuentra fuera--

Kevin: Sigue con el teléfono

apagado.

Madre: Todo el día has estado

preocupado por tu amiga

Valeria, hijo, ¿sigue sin

contestar el celular?

Kevin: Sí, mamá, lo trae

Madre: Me preocupa verte así.

Mira, si ella dice que esa

droga no era suya,

ya saldrá la verdad, así que

deja de preocuparte y vente

a cenar.

Kevin: No tengo hambre, mamá,

no dejo de pensar en Valeria,

¿quién la pudo odiar tanto para

ponerle droga en su locker para

perjudicarla?

Mama, yo sí creo que esa droga

no era de ella.

Madre: No deberías de confiar

tanto en esa niña, hijo,

la verdad yo no sé ni qué

pensar de ella.

Kevin: Confías en mi criterio,

mamá, porque siempre andas

diciendo que soy muy maduro, no.

Madre: Sí, hijo, pero en esto

no sé.

Kevin: Mamá, Valeria es

inocente, yo la voy a ayudar a

que lo demuestre,

así que deja de dudar en mí,

por favor, ahora más que nunca

necesito de tu apoyo, mamá,

¿cuento con él?

Madre: Sí, hijo, cuentas con

todo mi apoyo, sabes que nunca

te dejaría solo.

Kevin: Gracias, mamá.

>> El número que usted marcó se

encuentra fuera del área de

servicio, favor de...

Jorge: ¿Qué pasó?

Beatriz: Ya está la foto de

Valeria, Dios quiera que

alguien nos contacte.

Jorge: Dios quiera, vamos a

imprimir unos volantes.

Madre: Buenos días, disculpen,

señores, ¿no han visto a esta

chica?

Por favor, si saben algo,

aquí está el teléfono, ¿sí?

Kevin: Por favor, gracias.

Madre: Hijo, llevamos una

semana buscando a tu amiga,

y nada de ella.

¿Qué vamos a hacer?

A lo mejor ya es momento de

dejar de buscarla.

Kevin: No, mamá, ahora menos

que nunca la voy a dejar

de buscar.

¿Qué no te das cuenta?

Desde hace una semana sus papás

y nosotros la estamos buscando

y no sabemos nada de ella,

me preocupa que le haya pasado

algo, mamá.

Mira, tú vete a descansar

a la casa y déjame a mí

seguirla buscando.

Madre: No, juntos iniciamos,

y juntos seguiremos hasta

encontrarla.

Vamos, sigamos buscando.

Disculpe, buenos días,

¿ha visto a esta muchacha?

Beatriz: Llevamos una semana

buscando a nuestra hija y no

sabemos nada de ella, Jorge,

¿en dónde estás, hija,

en dónde?

Jorge: Calma, Beatriz, ya verás

que la vamos a encontrar,

la policía la sigue buscando.

Beatriz: Sí, pero tampoco

saben nada de ella, no han

podido rastrearla.

Desde que mi hija se fue de

la casa no he podido dormir,

porque temo que algo malo

le haya pasado.

Me da miedo que suene

el teléfono, porque siento

que cuando suene puede

ser una llamada que me

diga que encontraron a mi

hija muerta en algún lugar.

Virgencita, Virgencita

de Guadalupe, te lo he pedido

tanto, por favor, escúchame,

te lo suplico, que mi hija

Valeria aparezca sana y salva,

por favor, madre mía,

te lo ruego.

Escúchame, regresa a mi hija a

mi lado, dale la oportunidad de

que empiece de nuevo,

que tenga una terapia en

familia, porque en familia es

como la vamos a apoyar para

que salga de las drogas.

Por favor, madre mía,

regrésala a nuestro lado,

regrésala.

Valeria: Ursula.

Ursula: Valeria, ¿qué quieres?

Valeria: Vengo a que me ayudes.

Ursula: ¿Ah, sí, qué quieres,

agua, comida, o ropa?

Valeria: Tú sabes muy bien

lo que quiero.

Ursula: Qué mi Vale tan golosa.

¿Segura que no le has dicho

a nadie lo de la droga?

Valeria: Sí, te lo juro.

Ursula: Porque si ya se lo

dijiste a alguien, vete

olvidando de la droga que

te regalo.

Valeria: No, no le he dicho

a nadie, ya dámela.

Ursula: ¿Ni a tu mamá?

Valeria: A nadie.

Ursula: ¿Y a Kevin, que se

muere por ti?

Valeria: Tampoco, ya, dámela.

Ursula: Ahí tienes tu vicio.

Valeria: Gracias, qué buena

amiga eres.

Ursula: Soy tu mejor amiga,

tu única y mejor amiga,

que no se te olvide.

Kevin: ¿Estás bien, Refugio?

Refugio: Ah, sí, Kevin, sí,

solo estoy un poco triste,

pero no es nada, ya me

voy al salón.

Kevin: Oye, espera, ¿ya no

te la llevas con Ursula?

Refugio: No, ya no, ya no

somos amigas.

Kevin: Ah, ¿y se puede saber

por qué?

Refugio: Pues, porque la vida

es así, hoy tienes amigos

y mañana quién sabe, así que

ya me voy a clase, te veo allá.

Kevin: Oye, espera, ¿y no será

que ya no se hablan por lo que

pasó con Valeria?

Ya sabes, de lo de la droga

que le encontraron en su locker.

Refugio: Mira, Kevin, tú y yo

no somos amigos, así que te voy

a pedir que por favor me dejes

de hacer tantas preguntas, ¿sí?

Kevin: Pero tú pudieras

saber algo.

Refugio: Nada, no sé nada, así

que déjame en paz.

Kevin: Valeria, ¿dónde estás?

Ya no sé dónde buscarte,

Valeria, yo solo espero que

estés bien.

No sabes cómo te extraño,

Valeria.

¿Valeria?

No es cierto, ¿es mi Valeria?

Valeria, Valeria.

Valeria: Hola, Kevin.

Kevin: ¿Estás bien, Valeria?

Valeria: Sí, estoy bien.

Kevin: Qué gusto verte,

¿en dónde has estado?

Valeria: Te he extrañado

mucho, ¿sabes?

Kevin: No sabes cómo te he

extrañado yo a ti, Valeria.

Ven, pásale.

Kevin: Aquí te vas a poder

quedar en lo que vemos

qué hacemos.

Valeria: Ok, pero júrame de

nuevo que no les vas a decir

a mis papás dónde estoy,

por favor, Kevin, júralo, si no

lo haces, me voy.

Kevin: No, no, no, mira,

Valeria, no es lo correcto,

pero no quiero perderte

de nuevo, así que te juro,

te doy mi palabra de que

no le voy a decir nada a tus

papás, te lo juro.

Además, aquí vas a estar mucho

más cómoda que en la calle,

en donde has estado todo este

tiempo.

Y no te preocupes por nada,

yo te voy a traer comida,

y agua, y algunas cobijitas

para que puedas dormir a gusto.

Valeria: Sí.

Kevin: Sabes, lo he estado

pensando últimamente,

y creo que quien puso la droga

en tu locker fue Ursula.

Valeria: ¿Ursula?

Claro que no, Ursula es mi

mejor amiga, ella no haría nada

para hacerme daño, porque me

quiere mucho como yo la quiero

a ella.

Ursula no fue, y no lo digas.

Kevin: ¿Por qué estás tan

segura de que Ursula es

tu mejor amiga?

Valeria: Desde que me salí de

mi casa, desde que pasó todo lo

de la droga en mi locker,

ella ha sido la única

que me ha demostrado su

amistad, su cariño.

Kevin, ¿de dónde crees que saco

toda esta ropa que traigo?

Pues, de Ursula.

¿Dónde crees que me baño

a veces?

Pues, en el baño de su casa.

Ursula me ha demostrado que es

mi amiga, ella no fue, Kevin.

Kevin: Ok, a ver, Valeria,

recuerda, trata de hacer

memoria, ¿tú alguna vez le

diste la combinación del

candado de tu locker a Ursula?

Valeria: No sé, no me acuerdo.

Ay, Kevin, me estás haciendo

muchas preguntas, y no puedo

pensar en nada más que en

comida, me muero de hambre,

desde ayer que no como nada.

Kevin: Ah, eh, te voy a traer

algo de comer.

Kevin: Te voy a traer algo

riquísimo.

Kevin: No tardo.

Valeria: Ok.

Kevin: Ay, Valeria.

¿Esto quiere decir que tú

y yo somos novios?

Valeria: Eso quiere decir

que tengo hambre.

Kevin: Ah, tu comida, sí,

te voy a traer algo de comer.

Kevin: Mi amor.

Valeria, mi amor,

ya llegó la comida.

Valeria, ¿dónde estás?

Se fue.

Valeria se fue.

Sí, Sra. Beatriz, encontré

a Valeria en el parque y me

la llevé para mi casa.

Encontré a Valeria, señora.

Beatriz: Bendito Dios y

la Virgen de Guadalupe que mi

hija está viva.

Gracias, hijo, muchas gracias

por encontrar a mi hija, vamos

a tu casa para traérmela, voy

por mi bolsa.

Kevin: Sí, señora, sí encontré

a Valeria, pero ella se volvió

a escapar y no sé dónde está.

Beatriz: ¿Qué, cómo que se

volvió a escapar?

Kevin: Sí, señora, pero la que

sí sabe dónde está Valeria

es Ursula.

Beatriz: ¿Ursula?

Kevin: Y no sé por qué, pero

sospecho que la que le plantó

la droga a Valeria fue Ursula,

estoy seguro de que fue ella.

Ursula: No, señora, se lo juro

que yo no he visto a Valeria

desde el día que pasó lo de la

droga en la escuela, de verdad.

Beatriz: Por favor, por favor,

dinos en dónde está mi hija,

por favor, habla, te lo ruego.

Ursula: Es que no lo sé,

señora, se lo juro.

Kevin: Ay, ya, no te hagas

la que no sabes, si la propia

Valeria fue la que me dijo que

tú la has estado ayudando todos

estos días, qué tú eres la

única que la ha apoyado.

Por favor, se ha bañado en tu

casa, le has prestado ropa, así

que deja de llorar y dinos en

dónde está.

Ursula: No seas tan injusto

conmigo, Kevin, por favor,

¿crees que yo no se los diría?

También es mi amiga, y quiero

lo mejor para ella.

¿Crees que no se los diría

después de ver el llanto

y el dolor en su mamá?

No, Kevin, no sé dónde está,

y también me muero de la

preocupación por saber dónde

está.

Madre: Ya, hija, ya, y tú

déjala en paz.

¿Qué no te conmueve el llanto

y el dolor que siente mi hija

al no saber nada de su mejor

amiga?

Kevin: No, señora, no, y tú no

te hagas la mártir, no te creo

nada, tú lo sabes todo.

De hecho, hasta creo que tú

fuiste quien sembró la droga en

el locker de Valeria, tú eres

quien la distribuye en la

Ursula: No, cómo puedes

acusarme de algo tan feo,

Kevin, ¿qué te pasa?

Mamá, dile algo.

Madre: Váyanse, váyanse de mi

casa y dejen en paz a mi hija,

váyanse.

Kevin: Señora.

Beatriz: Por favor, Ursula,

dime dónde está mi hija.

Madre: Váyanse, fuera de aquí,

fuera de aquí.

Ursula: Claro que sé dónde está

Qué lástima que se va a morir.

Beatriz: Mi marido ya se salió

de su trabajo, ya viene

para acá.

Pero sabes qué, no puedo

esperar a que llegue, vámonos.

Kevin: Está bien, señora,

vámonos, yo tampoco estoy

tranquilo.

Beatriz: Tal vez mi hija

regresó al lugar donde la

encontraste.

Kevin: Sí, seguro fue al parque

donde la encontré, está como a

media hora de aquí, más o menos.

Vamos, vamos a buscarla.

Beatriz: Sí, en el camino le

hablo a mi marido,

y le digo dónde estamos para

que llegue allá, vamos.

Valeria: Virgencita, ya no sé

qué hacer.

Qué hermosa rosa, es tan

blanca, tan linda, ojalá yo

fuera así como esta rosa, tan

limpia, inocente, pura,

pero no lo soy.

Ursula: Valeria.

¿Así es como me pagas después

de todo lo que he hecho por ti,

estúpida?

Valeria: No, no, Ursula, yo no

sé de qué me estás hablando.

Ursula: ¿Ah, no, no sabes?

Ya sé que viste a Kevin y

le dijiste todo sobre mí,

le dijiste que esa droga era

mía y que yo la distribuía

en la prepa.

Valeria: Yo no le dije nada

a nadie, confía en mí--

Ursula: Te voy a matar.

Valeria: Ursula, me tienes

que creer, yo no dije nada,

yo no le dije nada a nadie.

Loyola: Quietas, dame esa

pistola.

Quieta, quieta, quieta.

Beatriz: Ya pasó, hija.

Loyola: Estás detenida por

delitos contra la salud.

Refugio te denunció, ahora vas

a pasar un largo tiempo en la

cárcel por tráfico de

estupefacientes, y ahora por

intento de homicidio.

Llévensela.

Kevin: Yo sabía que era Ursula.

Qué bueno que estás bien--

Jorge: Estábamos muy

preocupados por ti, hija,

muy preocupados, ya acabó todo.

Beatriz: No sabes lo feliz que

me hace verte bien, hija.

Valeria: A mí también, mamá,

saber que ya todo está bien,

y que después de seis meses de

terapia voy bien.

Jorge: Sé que tu lucha es día

a día, y me siento muy

orgulloso de ti.

[Bocina]

Valeria: Ya llegó Kevin.

Jorge: Ah, muy bien, vámonos.

Beatriz: Córrele, no nos vaya

a dejar.

Valeria: No, no nos va a

dejar, ¿eh?

Kevin: Y mientras el joven

banquero se acercaba a ella con

una caja roja entre sus manos,

ella, sentada sobre un columpio,

lo miraba llena de amor.

El joven banquero se postró a

sus pies presentándole

la pequeña caja roja, al tiempo

que le decía...

Eres y serás la mujer que amaré

por toda la eternidad,

amada mí, ¿te quieres casar

conmigo?

Y ella, llena de amor,

le dijo que sí, y después

lo abrazó y lo besó, mientras

el sol sonrojado ante los besos

de los enamorados se ocultaba

detrás de los árboles en esa

hermosa tarde de verano.

¿Te gustó mi final?

Valeria: Me encantó,

es hermoso, tan romántico.

Y así como ella, yo también te

voy a robar un beso, mientras

la tarde cae y el sol se sonroja

ocultándose.

Jorge: Qué razón tenías al

decir que con la fuerza de la

familia se pueden resolver

los problemas.

Beatriz: Sí, Jorge, recuperamos

a nuestra hija, la recuperamos.

Jorge: Por fin.

Beatriz: Ahora sí, que suene el

teléfono las veces que quiera.

Sí, yo ya no le tengo miedo

a la llamada.

Jorge: Claro que sí.

Beatriz: Es verdad, es en la

familia donde podemos encontrar

la fuerza necesaria para

enfrentar cualquier problema,

como también es verdad que

desgraciadamente nuestros

jóvenes están expuestos al

veneno de las drogas, y que

ahora las pueden encontrar

fácilmente en cualquier lado.

Todos tenemos miedo,

miedo a que los consejos,

las enseñanzas, no sean

suficientes para que nuestros

hijos rechacen el uso de la

droga.

Por eso debemos redoblar

nuestra comunicación con ellos,

e insistirles que siempre

pueden contar con nosotros,

porque de otra manera seguiremos

mirando el teléfono con miedo,

sí, con miedo a que se produzca

la llamada.

Por: Televisa
publicado: Jan 19, 2017 | 02:00 AM EST
Una joven distribuye estupefacientes en la escuela, la policía hace un operativo y para salvarse de ir a la cárcel coloca unas bolsas de droga en el locker de su mejor amiga.
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