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LA ROSA DE GUADALUPE
Lunes a Viernes, 7PM/6C

La Rosa de Guadalupe

La Rosa de Guadalupe - 'Es tiempo de volver a amar'

Transcripción del Video

Locutor: Hoy en "La Rosa

Locutor 1: Televisa presenta...

Tony: Rompiste tu récord, bro.

Rubén: Te dije que lo iba

a meter y te lo cumplí.

Tony: Ay, deberías estar

en la Fórmula 1.

Y de seguro te llevas la copa.

Rubén: Sí, estaría chido.

Sin que tengas que pararte

por los semáforos.

Tony: Está chido soñar.

Pero mejor apúrate,

porque si no el profe

no nos va a dar chance

de hacer el examen.

Rubén: No sé

de qué te preocupas.

Hazle como yo,

ya me eché a la bolsa

al maestro.

Profesor: Se acabó el tiempo,

jóvenes.

Por favor,

entreguen sus exámenes.

Rubén: Ahora sí estuvo pesado

el examen, profe.

Profesor: [Ríe]

No te pases de cínico, Rubén,

ni te molestaste

en contestar el examen.

Rubén: No lo digo por mí,

sino por mis compañeros.

Los pobres traían

una cara de preocupación

que no podían con ella.

Profesor: Ey, no te burles.

Y deberías de seguir su ejemplo.

Mira, ellos sí

contestaron el examen.

Rubén: Pues la neta ni estudié.

Pero usted y yo

siempre nos hemos llevado bien,

y espero que sigamos igual.

Claro que sí.

Tú siempre has sabido

consentirme, ¿eh?

Pero esta vez

no voy a poder ponerte

una buena calificación.

Como no contestaste

ni una pregunta,

sólo te voy a poner seis.

Rubén: Por mí no hay problema.

El chiste es que pase,

para que mi papá

me siga dando mi lana

y pueda seguir siendo

generoso con usted.

Tony: No inventes,

el examen estuvo mega pesado.

Rubén: Yo ni me preocupo.

Ya hablé con el profe

y asunto arreglado.

Tony: Tienes suerte.

Yo traté de hacerle como tú,

pero me mandó a volar.

Tamara: Rubén.

¿Cómo te fue en el examen?

Rubén: Ya sabes

que yo no tengo problema

para pasar.

Tamara: Entonces vamos

a festejar.

A mí tampoco me fue mal.

Rubén: Va, me late.

Vamos al antro.

Tamara: Pero es miércoles.

Rubén: ¿Y qué?

Cualquier día es bueno

para empezar la fiesta.

Y no le paramos

de aquí hasta el domingo,

¿les late?

Tamara: Claro.

El chiste es pasar

un buen rato contigo.

Aurora: El florero

para la Virgencita

te está quedando precioso.

Siempre he dicho

que tienes talento

para estas cosas.

Isolda: Gracias, nana.

Enrique: Hola, hola.

Hoy sí pude venir a comer.

Isolda: Qué bueno.

Aurora: Voy a ver

que todo esté listo

para la comida.

Rubén no tarda en llegar.

Enrique: Bueno,

¿y cómo estuvo tu día?

Isolda: Igual que siempre,

muy tranquilo.

Enrique: Ay, ¿cuándo me vas

a hacer caso y buscar ayuda?

No es posible

que no pueda hablar contigo.

Isolda: No creo que nadie

me pueda ayudar,

es mi forma de ser.

Enrique: Pero tú no eras así

cuando nos casamos.

De un momento a otro

empezaste a cambiar.

Rubén: ¿Qué onda?

¿Ya está la comida?

Enrique: Bueno, bueno, bueno,

primero saluda, ¿no, mi hijo?

[Ríe]

Rubén: ¿Cómo están?

Isolda: Bien, hijo, gracias.

Rubén: Hoy voy a salir, ¿eh?

Me fue muy bien en un examen.

Enrique: Ay, hijo,

pero apenas es miércoles.

Rubén: Estoy chavo,

así que deja que me divierta.

Enrique: Bueno, bueno,

está bien.

Pero sé prudente.

Rubén: Sí, pa.

Verás que nada me va a pasar.

[Música]

Rubén: Un hidalgo, un hidalgo.

Tony: Va, el último

que se le acabe

invita la otra, ¿eh?

Rubén: Va.

Tony: Una, dos, tres.

Rubén: Tú lo dijiste,

tú disparas la otra ronda.

Tony: Ay, pues sí, ¿ya qué?

Tamara: Mientras piden

las que siguen,

voy al baño, ¿eh?

Es la última y nos vamos, ¿no?

Quiero cerrar la noche

con broche de oro

a solas contigo.

Rubén: Me late el plan.

Hoy vamos a dormir calientitos.

Tony: ¿Qué onda, tú?

Tamara es una mega chava.

Puedes estar con ella

cuando quieras

y sin compromiso.

Rubén: Ay, bro,

eso de las relaciones

ya no se usa.

Ahora ya no hay nada mejor

que un "free".

Te la pasas bien,

sin tener que darle

explicaciones a nadie.

Tony: Mira.

Ambos: [Hablan a la vez]

Tony: Eso, eso, dale, dale,

dale, dale.

Rubén: [Grita]

Me la estoy pasando mega,

es la mejor noche de mi vida.

Tamara: Y eso que la noche

todavía no termina, ¿eh?

Tony: Súbanle,

esa música me encanta.

Enrique: Pero ¿cómo es posible

que no hayas visto

al otro coche, hijo?

Rubén: Me salió de la nada, pa.

Te juro que ese tipo

se cruzó el alto.

Doctor: Aquí está

el acta de su hijo.

No tuvo consecuencias

con su accidente.

Rubén: ¿Y Tamara?

¿La chava que venía conmigo

está bien?

Doctor: Sí, sufrió algunos

golpes, pero nada de cuidar.

Lástima que no pueda

decir lo mismo del otro joven

que venía con ustedes.

Rubén: Tony, ¿qué le pasó?

Doctor: Lamentablemente,

por el golpe que recibió

en la cabeza, quedó en coma.

No sabemos si va a despertar.

Aurora: Tranquila, Isolda,

verás que tu hijo

va a estar bien.

Isolda: Ojalá, nana.

No sé qué haría

si algo malo le pasara a Rubén.

Hijo.

Rubén: Tranquila, mamá,

estoy bien.

Enrique: El que no puede

decir lo mismo

es ese muchacho que iba contigo.

Rubén: No empieces, papá,

por favor.

Enrique: Es que debes entender

que los autos

son una responsabilidad, hijo.

Ya van tres coches que destrozas

por ir a exceso de velocidad--

Rubén: ¿Sabes qué?

No ha sido una buena noche

para que me vengas

con reproches.

Mejor me voy a dormir.

Enrique: Rubén no quiere

entender que hace mal en correr.

No sé cómo no le dices algo.

Isolda: ¿Y qué quieres

que le diga?

Enrique: Eso es lo malo contigo,

que nunca tienes nada que decir.

Nada, nunca.

Eloísa: Buenos días.

Enrique: Mamá.

Buenos días, Rubén.

Enrique: Buenos días.

Eloísa: Ay, ¿qué te pasó?

Rubén: Ayer choqué.

Eloísa: Qué barbaridad.

Aurora: Voy por su desayuno,

doña Eloísa.

Eloísa: Espero que a tu hijo

lo haya visto algún médico.

Enrique: Sí, mamá,

lo revisaron en la Cruz Roja.

Está bien,

solo fueron esos golpes.

Eloísa: Por favor, Enrique,

yo no dudo que haya

buenos doctores en ese lugar,

pero estaré más tranquila

cuando el médico de la familia

revise a mi nieto.

Así que hoy mismo

iremos a verlo,

después de sus clases.

Rubén: Pues sólo que mandes

por mí, porque mi papá

no quiere darme otro coche.

Y mejor me voy,

para no empezar a discutir.

Enrique: Espero que te pongas

de mi lado, mamá.

Rubén tiene que aprender

a ser responsable.

Eloísa: Si quieres

yo hablo con él.

Claro, si Isolda está de acuerdo

en que yo intervenga.

Isolda: Como ustedes digan

Con su permiso,

voy a mi recámara.

Eloísa: Ay, no sé cómo puedes

seguir casado con esa mujer.

Es tan poca cosa.

Enrique: Porque la amo, mamá.

Además no creo

que tenga que recordarte

que Isolda no siempre fue así.

Se volvió retraída

desde que nació Rubén.

Eloísa: ¿Y cómo no?

Si tan solo ver a mi nieto--

Hay cosas que una

no se puede explicar.

Enrique: ¿Vas a empezar

con lo mismo, mamá?

Eloísa: Compréndeme, hijo.

Por más que trato

de explicármelo,

no entiendo por qué

Rubén es rubio de ojos claros,

mientras nuestras familias

son de cabello castaño.

pues tal vez Rubén

"abueleó" por parte de Isolda.

Eloísa: Ay, no,

yo insisto en que algo hizo mal

tu mujer.

Por eso se volvió tan callada

y retraída.

Enrique: Lo que tiene Isolda

es una depresión posparto

que nunca se atendió.

por muy deprimida

que estuviera tu mujer,

no tienen por qué dormir

en habitaciones separadas.

Ay, no me tomes a mal

lo que te digo.

Hijo, lo único que me preocupa

es que veo que tú no eres feliz.

Y que Isolda

algo está ocultando,

algo que la tiene evasiva

y callada.

[Llaman a la puerta]

Aurora: ¿Todo está bien?

Me extrañó que tú y Rubén

no estuvieran en la mesa.

Isolda: Rubén ya se fue

a la escuela,

y tú bien sabes

que no puedo estar

frente a mi suegra.

Aurora: Tienes que controlar

tus nervios, Isolda.

Cada vez que te comportas así

es evidente que algo está mal.

Isolda: Eso trato, nana.

Pero la mamá de Enrique

me mira como si me acusara,

como si pudiera ver en mis ojos

que oculto algo.

Tengo miedo, nana.

Miedo de que un día

se descubra la verdad.

Tamara: ¿Qué onda contigo,

Rubén?

Es raro que tú estés

encerrado en un salón.

Rubén: La neta no puedo

dejar de pensar en Tony.

Tamara: Sí, qué mal plan.

Ahora sí que no tuvo suerte,

por no llevar puesto

el cinturón de seguridad.

Rubén: ¿Cómo puedes

tomarlo a la ligera?

Tony es mi mejor amigo.

Tamara: Lo sé,

pero ¿qué puedo hacer?

Rubén: Nada.

Voy a ir al hospital

para saber cómo sigue Tony.

Es lo mínimo que puedo hacer.

Rubén: Buenas tardes.

¿Puedo pasar?

Julieta: Sí, supongo que eres

amigo de Tony.

Rubén: Sí, es mi mejor amigo.

No sabes cómo me duele

verlo así.

Julieta: Es que no sé

por qué mi hermano

tuvo que sufrir este accidente.

¿Por qué él?

Rubén: No lo sé.

Esto no debería de haber pasado.

Julieta: ¿Y tú por qué

tienes golpes?

¿Qué, ibas con mi hermano

cuando pasó el accidente?

Rubén: Sí.

Yo iba manejando,

cuando de pronto nos salió un--

Julieta: ¿Cómo te atreves

a venir?

Si mi hermano está así

por tu culpa.

Rubén: Por favor,

déjame explicarte.

Julieta: No,

no te quiero escuchar.

Lo único que sé

es que mi hermano

está en coma por tu culpa.

Y no te lo voy a perdonar nunca,

nunca.

Vete, vete.

Hermanito.

Doctor: No se preocupe,

doña Eloísa,

me aseguraré de que su nieto

no tenga consecuencias

por el accidente.

Doctor: Adelante.

lleve a Rubén a rayos x

y al laboratorio

para que le hagan

estos estudios.

Enfermera: ¿Me acompañas,

por favor?

Eloísa: Se lo agradezco, Doctor.

Sólo así podré estar tranquila.

Doctor: No en vano

he sido el médico

de su familia por años.

Sabe que puede confiar en mí.

Eloísa: En eso tiene usted

toda la razón, Doctor.

Sólo en usted puedo confiar.

Y por eso quisiera

pedirle un favor muy especial.

Hay algo que me inquieta

desde hace varios años

y, ahora que mi nieto está aquí,

sé que usted

puede despejar mis dudas

de una manera discreta

y confidencial.

Enrique: Ya vine.

Isolda: Está bien.

[Carraspea]

Enrique: Isolda,

no podemos seguir así.

Es como si--

pues como si dos desconocidos

vivieran en esta casa.

Mi amor, ¿acaso no extrañas

lo que hizo

que nos enamoráramos?

¿No extrañas

cuando nos reíamos

de cualquier tontería?

Isolda: Sí, pero las cosas

han cambiado.

Enrique: Pero no tiene

por qué ser así.

Yo aún te amo.

Y si tú quieres,

pues, podemos llevarnos mejor.

Mira, sólo es cosa

de que te esfuerces

y--y trates de decirme

qué sientes,

para comprenderte.

Isolda: ¿Y qué te puedo decir?

Mi vida ha sido la misma

Enrique: Pero--pero ¿qué es

lo que guardas en tu corazón?

¿Qué es lo que te cambió tanto,

mi amor?

Enrique: Hijo.

¿Cómo te fue con el doctor?

Rubén: Al parecer

todo está bien.

Los resultados de los exámenes

se los van a dar a mi abuela.

Enrique: Pero ¿de verdad

estás bien?

Rubén: Mejor arreglen las cosas

entre ustedes.

Yo sé que tu hermana

no quiere que esté aquí,

pero tienes que saber

que estoy arrepentido

por lo que te pasó,

y por eso te pido

que me perdones.

Debí poner atención

de que no traías puesto

Perdóname, Tony.

Y échale ganas, bro.

Tienes que recuperarte.

Julieta: ¿Qué haces aquí?

Rubén: Sé que me culpas

por lo que le pasó a Tony,

y tal vez tengas razón,

pero no por eso

voy a dejar solo a mi amigo.

Julieta: A ver, mi hermano

no te necesita,

así que vete de aquí.

Rubén: Así me corras mil veces

voy a estar aquí con mi amigo.

Julieta: Entiende que no

te quiero ver.

Rubén: No me importa.

Estés de acuerdo o no,

voy a apoyar a Tony

hasta que despierte.

Enrique: iYa vine!

Mamá, qué sorpresa.

Eloísa: Tengo que hablar

contigo, hijo.

Enrique: Sí, claro,

¿de qué se trata?

Eloísa: Siéntate.

Cuando llevé a Rubén

para que lo revisara el doctor,

lo llevé también

a hacer una prueba de ADN.

Y ya tengo los resultados.

Enrique: ¿Cómo te atreviste,

mamá?

Eloísa: Más vale saber la verdad

que vivir engañado.

Enrique: No debiste hacerlo.

Eloísa: Pues ya es tarde

para reproches.

Toma los resultados.

Enrique: No, mamá,

no voy a dudar de mi mujer.

Eloísa: Dicen que el que

nada debe, nada teme.

Si estás tan seguro de Isolda,

pues nada pierdes con verlos.

¿O sí?

Enrique: Pero aquí dice--

Eloísa: Sí, sí, sí, Enrique,

esa es la prueba

de que yo tenía razón

al dudar de Isolda.

Rubén

no es tu hijo.

No es tu hijo.

Enfermera: Entendiste muy bien

los ejercicios de la terapia

que hay que hacerle a tu amigo.

Le haces unas cuantas más

y lo dejas descansar.

Julieta: ¿Qué haces?

Rubén: La enfermera

me enseñó a darle

su terapia a Tony,

para que no se le atrofien

sus músculos.

Julieta: Tengo que reconocer

que me equivoqué contigo,

pensé que sólo te tenía

que soportar por unos días

y ya te ibas a cansar de venir.

Rubén: No, nunca voy a dejar

a mi amigo solo.

Y espero que ya estés convencida

de que estoy siendo honesto.

Julieta: Pues, la verdad sí.

Y creo que hasta te tengo

que dar las gracias

por apoyar a mi hermano.

Rubén: Pues siendo así,

es tiempo de que fumemos

la pipa de la paz, ¿no crees?

¿Qué te parece

si te invito un café?

Julieta: Está bien.

Y así podemos platicar

y conocernos mejor.

Solo termino la terapia de Tony

y vamos, ¿va?

Aurora: Fíjate bien

que no falte nada.

Eloísa: Alejandra,

déjanos solas.

Alejandra: Sí.

Aurora: ¿Sucede algo,

doña Eloísa?

Eloísa: Sí.

Y quiero que hablemos de frente.

Quiero escuchar de tu boca

el motivo por el que Isolda

siempre está callada.

Aurora: La pobre señora

tiene una gran depresión

y me sorprende

que me lo pregunte.

Eloísa: ¿Por qué está deprimida?

Dímelo en este momento.

Aurora: No sé qué más

pueda decirle, señora.

Eloísa: No mientas.

Conoces muy bien el motivo,

no seas tan ladina

y dime la verdad.

Aurora: Le pido

que no me ofenda.

Eloísa: La verdad no ofende.

Y si no quieres hablar,

no lo hagas,

pero soy más lista que ustedes.

Y muy pronto voy a decir

a los cuatro vientos

lo que Isolda ha ocultado

por tantos años.

Aurora: Perdona

que entre sin tocar,

pero es muy importante

lo que tengo que decirte.

Isolda: ¿Qué pasa, nana?

Aurora: Que ha llegado

el momento en que enfrentes

tu pasado y digas la verdad.

Isolda: ¿Por qué lo dices?

Aurora: Doña Eloísa

acaba de interrogarme

y aseguró que pronto

podrá decir tu secreto.

Isolda: ¿Crees que ella sepa

que yo--

Aurora: No me lo dijo así,

pero, por su actitud,

yo creo que si no lo sabe,

está a punto de descubrirlo.

Isolda: [Llora]

No lo permitas, Virgencita,

no permitas que se descubra

mi secreto.

Y si llego el momento

de decir la verdad,

pues sólo te pido

que me ayudes a enfrentar

este terrible secreto.

Y que Enrique

me pueda perdonar.

Enrique: Aurora,

déjame solo con Isolda.

Aurora: Sí, señor.

Isolda: ¿Pasa algo?

Enrique: Sí.

Que ya sé sobre tu traición.

Isolda: Enrique--

Enrique: Lo que más me duele

es que me hayas ocultado

durante tantos años

que Rubén no es mi hijo.

¿Por qué, Isolda?

¿Por qué? ¿Por qué me engañaste?

¿Por qué?

Isolda: Hay cosas

que no son tan fáciles de decir.

Enrique: ¿Y por eso preferiste

seguirme viendo la cara

en lugar de enfrentar

tus errores?

No vales nada.

Isolda: Por favor,

no me trates así.

Enrique: Ah, ¿no?

Es que no te puedo tratar

de otra manera,

después de haber sido

tu imbécil por tantos años.

Pero eso se acabó, ¿me oíste?

Y te exijo que me digas

con quién me engañaste.

Isolda: No te lo puedo decir.

Enrique: Ah,

prefieres ocultarme su nombre.

A pesar de todo el dolor

que me has causado.

Isolda: Enrique, entiéndeme,

Enrique: No, no te puedo

entender.

Fue un gran error

haberme casado contigo.

Es algo que me voy a lamentar

toda, toda mi vida.

Rubén: Realmente a mis papás

no les importo mucho.

No digo que no me quieran,

pero nunca se preocupan por mí.

Julieta: Ay, no digas eso,

si te quieren,

claro que se preocupan.

Rubén: Pues no lo demuestran

para nada.

Mi mamá apenas habla,

y a mi papá lo veo poco.

Julieta: Pues deberías de tratar

de acercarte a ellos.

Si ellos no te buscan,

pues hazlo tú.

Rubén: Por lo visto,

tú siempre me vas a regañar.

Julieta: No, no es eso,

sólo que con el tiempo

que te he tratado,

me he dado cuenta

que no eres un mal chavo,

y mereces la oportunidad

de estar bien.

Rubén: ¿Realmente

piensas eso de mí?

Julieta: Sí.

Bueno, no puedo negar

que cuando te conocí te odiaba,

pero te importan las personas

que quieres.

Rubén: Creo que eres la única

que piensa así.

Julieta: Porque los demás

son unos tontos,

y no han sabido descubrir

el gran ser humano

que hay en ti.

Enfermera: Qué bueno

que los encuentro

a los dos juntos.

Tienen que venir conmigo.

Julieta: Ay, no.

¿Le pasó algo a mi hermano?

Enfermera: Sí.

Acaba de despertar.

Julieta: [Grita]

Vamos, vamos.

Rubén: Vamos.

Tony: Qué bueno

que ya no me voy a quedar

más tiempo en el hospital.

>> Gracias a Dios

tuviste una buena recuperación,

hijo.

Rubén: Otra vez

les quiero pedir perdón

por hacerles pasar

este mal momento.

>> No eres el único responsable,

Rubén.

Tony no llevaba puesto

el cinturón de seguridad,

y sabía que tenía que usarlo.

Tony: Sí, pero yo me confié

porque pensé

que no me iba a pasar nada

por ir en la parte de atrás.

Pero ya entendí

que siempre debemos utilizar

Un accidente

nos puede pasar a cualquiera.

Julieta: Sí,

en eso Tony tiene razón.

Por eso ya entendí

que él también

tuvo que ver con lo que le pasó.

Rubén: ¿Eso quiere decir

que ya me has perdonado?

Julieta: Sí, no tiene caso

que te siga culpando,

y después de que

nos has demostrado

que mi hermano te importa.

Rubén: Qué chido,

porque si tú quieres,

y tus padres están de acuerdo,

me gustaría que saliéramos

alguna vez.

Isolda: Con permiso.

Enrique: No, no, no, no,

espera, espera.

Tenemos que hablar.

He estado pensado las cosas y

lo mejor será

que nos divorciemos.

Por más que trato,

no puedo perdonar tu traición.

Cada vez que te veo,

recuerdo que--que Rubén

no es mi hijo.

¿No vas a decirme nada?

Isolda: ¿Y qué te puedo decir

para que te quedes a mi lado?

Enrique: Tienes razón,

nada me puedes decir.

Así que hoy mismo me voy

y empezaré con el trámite

del divorcio.

Rubén: ¿Mi papá no desayuna

con nosotros?

Eloísa: Espero que ya estés

satisfecha.

Con tus mentiras,

hiciste que mi hijo

se fuera de esta casa.

Rubén: ¿De qué hablas?

Eloísa: ¿No te ha dicho

que se van a divorciar?

Rubén: ¿Qué? ¿Por qué?

Isolda: Por favor, señora,

no le diga nada a Rubén,

se lo suplico.

Eloísa: ¿Por qué no?

Tu hijo tiene derecho a saber

que le fuiste infiel a Enrique.

Y que no es su hijo.

Es cierto.

No eres hijo de Enrique.

El no es tu verdadero padre.

Rubén: ¿Es verdad

lo que me dijo mi abuela?

Enrique: ¿Qué? ¿Qué te dijo?

Rubén: Que yo no soy tu hijo.

¿Es cierto?

Enrique: No, no, Rubén.

Pero ¿qué cosas estás diciendo?

Por supuesto que eres mi hijo.

Rubén: Pero mi abuela

me dijo que yo--

Enrique: No importa,

no importa lo que diga mi madre,

tú eres mi hijo,

y siempre lo serás.

Rubén: ¿Entonces por qué dijo

esa mentira?

Enrique: Mira, ven acá.

Tu abuela--ya sabes cómo es,

siempre habla mal de tu mamá

y luego está diciendo

cosas sin pensar, hijo.

Rubén: Y si no es verdad,

¿por qué te fuiste de la casa?

tuve otros motivos,

pero no tienen que ver contigo.

Tú no debes dudar

que eres mi hijo.

Rubén: Entonces regresa, papá.

No sé qué haya pasado

entre ustedes,

pero por favor no nos dejes

y regresa a la casa.

No sé qué es lo que está pasando

entre mis papás.

Pero ahora, que se están

separando, me doy cuenta

cuánto los necesito a mi lado.

Julieta: Pero ¿tu papá

qué te dijo cuando le pediste

que regresara a la casa?

Rubén: Realmente no me contestó.

Trató de darme una explicación,

pero no me dijo

si lo iba a hacer.

Julieta: Ay, ya verás

que los dos

van a pensar mejor las cosas

y ya todo va a ser como antes.

Rubén: No estoy seguro,

no sé si lo puedan solucionar.

Enrique: Si decidí

regresar a la casa,

fue porque Rubén me lo pidió.

Enrique: Pero no creas

que las cosas

volverán a ser como antes.

Estaré en esta casa

mientras Rubén siga aquí.

Cuando vaya a la universidad

o se case,

me iré para siempre.

No me volverás a ver.

Tony: Qué buena onda

que tu papá ya regresó.

A Julieta le va a dar

mucho gusto.

Rubén: Pues sí,

pero ahora las cosas están peor.

Ahora mi papá

ya no desayuna con nosotros

y lo veo menos.

Tony: Ay, ya se les pasará.

Ya sabes cómo son los papás.

Ya quita esa cara, bro.

Deja que los problemas

de los adultos

los resuelvan ellos.

Y mejor, vamos a una fiesta.

Rubén: Tienes razón,

no me voy a amargar

porque mis papás

no se llevan bien,

hoy vamos a disfrutar.

Rubén: [Festeja]

Esta noche nos vamos a desquitar

de todas las fiestas

que no hemos ido.

Tony: Así se habla, bro.

Tamara: iRubén!

Qué malos son.

¿Por qué no me dijeron

que iban a venir, eh?

Rubén: La neta se nos pasó.

Pero eso lo podemos arreglar,

¿no crees?

Tamara: Bueno,

deja, me deshago del chavo

con el que vengo, ¿va?

Pero ahorita regreso

con ustedes,

no se vayan a ir, ¿eh?

Tony: ¿Qué te pasa, bro?

Rubén: Nada,

nos encontramos a Tamara

y quiero aprovechar

que con ella

siempre me la paso bien.

Tony: ¿Y mi hermana Julieta?

Rubén: Ni te enojes, bro.

Ya sabes que yo no creo

en las relaciones.

Y el chiste es divertirnos.

Tony: iEres un tarado!

>> Hola, ¿cómo estás?

Rubén: Bien, ¿y ustedes?

>> Bien.

Enrique: ¿Tanta es tu verguenza

que no puedes estar

en el mismo lugar que yo?

Isolda: Enrique, por favor.

Enrique: Todo lo tratas

de solucionar

con tu falta de carácter.

Ya estoy cansado de eso.

Necesito que me digas la verdad.

Isolda: Ya la sabes.

Enrique: Pero no toda.

No me has dicho

Dime su nombre.

Isolda: ¿Y para qué

lo quieres saber?

Enrique: Porque a ver si así

puedo calmar

estas malditas ansias

y rabia que me está consumiendo.

Necesito saber

quién es el infeliz

que te arrancó de mis brazos,

dímelo.

Dímelo, dímelo.

Isolda: Enrique,

me estás lastimando, por favor.

[Llora]

Tamara: Ayer me la pasé

increíble.

Rubén: Y si quieres,

lo podemos repetir hoy.

Julieta: iRubén!

Rubén: ¿Qué haces aquí?

De aseguro tu hermanito

fue de chismoso.

Julieta: ¿Por qué me haces esto?

Yo pensé que querías

algo serio conmigo.

Rubén: Pues la verdad

me caes muy bien, pero nada más.

Julieta: Me decepcionas.

En serio pensé

que eras un chavo

que valía la pena,

pero ya me di cuenta que no.

Rubén: Pues hay otras

que piensan lo contrario.

Julieta: Pues porque

se conforman

con cualquier idiota

que se les para enfrente.

Pero qué bueno

que ya me di cuenta cómo eres,

para no verte nunca más.

Eloísa: No puedo creer

que hayas regresado a esta casa.

Enrique: Lo hice por Rubén,

mamá.

Sabes que no deseo

ningún mal para él.

Eloísa: Pero no por él

tienes que aguantar

que esa mujer

se siga burlando de ti.

¿Cómo lo puedes permitir?

Enrique: Porque la sigo amando

a pesar de todo, mamá.

Eloísa: Pero ¿cómo es posible?

Entra en razón, Enrique.

Enrique: Pues sí, eso quisiera,

no amar a Isolda,

pero no puedo evitarlo.

A pesar de la rabia y los celos

cada vez que pienso

que estuvo en los brazos

de otro hombre.

Eloísa: Pues eso nunca

va a cambiar.

Porque la acción de Isolda

nada la va a borrar.

Enrique: No.

Pero ella tiene que ser

honesta conmigo, ser sincera

y decirme toda la verdad.

No voy a esperar un día más.

En este momento

me vas a decir

quién es el padre nuestro hijo.

Isolda: Por favor, Enrique,

te dije que no te lo puedo

decir.

Enrique: Pues aunque no quieras

lo vas a hacer.

Y de aquí no me muevo, ¿oíste?

Hasta que me digas su nombre.

Habla, habla.

Dime quién es ese infeliz.

Isolda: No te puedo

decir su nombre,

porque ni yo misma lo sé.

Enrique: Pe--pero ¿cómo es

posible?

No te quedes callada,

habla, habla.

Isolda: No sé su nombre,

porque me violaron.

El padre de nuestro hijo

es mi violador.

Enrique: ¿Có--cómo

que te violaron?

Isolda: Fue hace 18 años.

Recién regresábamos

de nuestra luna de miel.

Iba a recoger un cuadro

para la casa,

pero de pronto

se vino una tormenta,

casi no podía ver y me perdí,

porque no conocía esa colonia.

>> [Ríe]

Isolda: [Grita]

>> ¿Adónde, muñeca?

Isolda: ¿Qué--qué quieren?

>> Las llaves de tu coche.

Isolda: Bueno, pero--

>> Llévense el coche

y cámbienle la llanta.

Vente por acá.

Rápido.

Isolda: Suéltame, por favor.

>> Cállate, cállate.

Isolda: Ya te di

todo lo que tenía, por favor.

>> Te va a gustar, vas a ver.

Isolda: No, por favor, déjame.

>> A ver, ¿y cuál es la prisa?

Si estás bien chula

y nos la vamos a pasar muy bien.

Isolda: No, por favor,

suéltame, no me hagas nada.

>> Cállate.

Más vale que no te resistas

porque te va a ir peor, ¿ok?

Isolda: No me hagas nada,

iNo! iNo!

>> Te va a gustar, mi amor.

>> iCállate!

Te va a gustar, chiquita.

Isolda: No, no, no, suéltame.

Isolda: No.

Isolda: Suéltame.

Enrique: ¿Así que eso

fue lo que pasó

cuando te robaron aquel coche?

Isolda: Sí.

Ese hombre abusó de mí

y no encontré el valor

de confesártelo.

Enrique: Pero lo--lo hubieras

hecho.

Isolda: No podía.

Nos acabábamos de casar

y tenía miedo de perderte,

porque no me sentía digna de ti.

Enrique: Pero no hubieras

tenido que cargar

to--todos estos años

con este dolor.

Mi amor.

No importa lo que haya pasado,

siempre te he amado,

y no habrá nada que cambie eso.

Isolda: Entonces,

¿me perdonas?

Enrique: Pero no tengo nada

que perdonarte.

Tú fuiste una víctima,

simplemente,

de la cobardía de un hombre.

Pero los dos--

los dos trataremos

de superar este pasado

y saldremos adelante, mi amor.

Nadie sabrá lo que pasó.

Juntos curaremos

nuestras heridas.

Lo haremos por nosotros,

por Rubén, que no se puede

enterar de todo esto.

Isolda: ¿Y tu mamá?

no puedo permitir

que--que ella nos vuelva

a separar.

Hablaré con ella

y, si es necesario,

la mantendré alejada

de nuestras vidas.

No volverás a estar sola,

mi amor.

No habrá nada en el mundo

que me aparte de ti.

Ambos: [Lloran]

Rubén: ¿Qué pasó?

¿Por qué lloran?

Enrique: Nada malo, hijo.

Es solo que tu mamá y yo

hemos comprendido que

es tiempo de volver a amar.

Eloísa: Enrique habló conmigo

y me hizo entender

que debo respetar su matrimonio.

Yo no sé lo que pasó,

pero, si mi hijo lo acepta,

yo también lo voy a aceptar.

Isolda: Se lo agradezco, señora.

Y le propongo que tratemos

de superar nuestras diferencias

y ser la familia

que debimos ser.

Eloísa: Por supuesto que sí.

Lo único que quiero

es que mi hijo sea feliz.

Rubén: ¿Ya me pueden decir

para qué es esta reunión?

Enrique: [Ríe]

No hay ningún misterio, hijo.

Tu mamá y yo

queremos renovar nuestro amor,

y por eso nos atrevimos

a invitar algunas amistades.

Isolda: Pero también

comprendimos que te dimos

un mal ejemplo,

y que no te hemos

sabido orientar.

Y queremos que te des

una segunda oportunidad.

Rubén: ¿De qué hablan?

Isolda: [Ríe]

Rubén: ¿Los invitaron?

Bienvenidos.

Pasen, por favor.

Isolda: Sí, hijo.

Adelante.

Porque tú también

debes comprender

que es tiempo

de volver a amar.

Rubén: Me da gusto

que aceptaras venir a mi casa.

Julieta: Pues no estaba

segura de venir,

pero tu mamá

fue la que convenció a mis papás

de que viniéramos.

Rubén: Hizo bien.

Me porté como un estúpido

contigo y tengo que pedirte

Julieta: Es que ojalá supiera

por qué fuiste

tan cruel conmigo.

Rubén: Por tonto.

Me tenía muy dolido

la separación de mis papás

y me desquité contigo.

Por eso te pido

La verdad, sí quiero

algo en serio contigo.

Y te prometo

que no volveré a fallar.

Julieta: Claro que te perdono.

Porque, a pesar de que

me dolió mucho

lo que me hiciste,

pues no te puedo guardar rencor.

Rubén: ¿Y sabes por qué?

Porque me amas.

Me amas igual que te amo yo.

Isolda: Tenías razón.

Es tiempo de volver a amar.

Cada despertar

es una nueva oportunidad.

Una oportunidad de amar,

de ser feliz,

de luchar y de salir adelante.

Lamentablemente en la vida

no todo puede salir bien,

porque estamos expuestos

a los peligros

y la maldad que hay en el mundo.

Y si nos tenemos que enfrentar

a estos momentos tan dolorosos,

como es el caso

de una violación,

no dejemos que la tristeza

nos hunda.

Si nos dejamos

arrastrar por el dolor,

perderemos las nuevas

oportunidades

que nos da la vida.

Y no sabremos disfrutar

de nuestra familia, amigos,

o del amor,

pudiendo afectar

a los que más queremos.

No perdamos la fe,

busquemos ayuda

para superar cualquier dolor.

No por un momento de oscuridad

dejemos de disfrutar

de los grandes momentos.

Cuando aprendamos

a apreciar lo que nos rodea,

a pesar de lo vivido,

comprenderemos que vale le pena

seguir adelante.

Eso solo lo podremos lograr

dejando el dolor atrás

con el perdón y el amor.

Porque sólo así sabremos

que es tiempo de volver a amar.

>> ♪ Virgen

Morena

Siempre vas caminando conmigo

Y tu voz aconseja mi oído

>> Virgen

Me dijiste

Que yo soy tu hijo más pequeño

Y tu manto envolviste

En mi cuerpo

Todos: No sabía escucharte-- ♪

Por: Televisa
publicado: Apr 21, 2017 | 02:00 AM EDT
Un joven maneja en estado de ebriedad y tiene un accidente provocando que su mejor amigo quede en coma. El joven visita a su amigo en el hospital todos los días y comienza a enamorarse de la hermana de él.
         
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