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COMO DICE EL DICHO
Lunes a Viernes - 5PM / 4C

Como Dice el Dicho

Como Dice el Dicho - 'Tanto va el cántaro al agua'

Transcripción del Video

Locutor: Televisa presenta...

Roco: Ya encendieron

la luz de la casa.

Rizos: Tranquilo, mi Roco,

no pasa nada.

Roco: Acuérdate que la última

vez nos la sentenció el ruco.

Rizos: Ay, mugre viejo.

Nomás nos la hace de tos

y ya verá cómo nos toca.

[Sirenas]

Rizos: Méndigo ruco,

le habló a la tira.

>> iPárense ahí!

iPárense ahí!

>> Agárrenlos, agárrenlos,

malditos.

Acabo de pintar mi casa.

¿Cómo no van y le pintan

la cara a su [...]?

Roco: Hay que separarnos, guey.

Roco: iAy!

Ay, méndigo tobillo.

Ahora sí me lo troné.

Isabel: Abuelo, ¿ya estás listo

para hacer el corte de caja?

Tomás: Sí, mi amor, ya voy,

ya voy.

iPoncho!

Isabel: Ah, bueno.

Poncho: ¿ya no falta nada?

Poncho: No, don Tomás.

Ya fue la última,

solamente falta cerrar.

Tomás: Bueno, pero entonces...

Ave María purísima.

No, otro asalto no, por favor.

Isabel: iNi se te ocurra

hacer algo!

Roco: No, no, tranquilos,

tranquilos.

Yo no soy ningún ratero.

Poncho, aliviáname.

Ambos: ¿Lo conoces?

Poncho: Pues sí, se llama Roco,

es un vecino de por mi casa.

Pero a ver, ¿por qué entras así

a la cafetería?

Roco: Es que me quieren agarrar

unos tiras.

Aguántame tantito, por favor.

Roco: De veras, señor.

Por esta que mis compas y yo

estábamos cotorreando allá

en la esquina cuando

unos policías nos querían

atracar nomás porque sí.

Tomás: ¿Me estás diciendo

la verdad, muchacho?

Isabel: A ver, Poncho,

tú que lo conoces, ¿qué opinas?

Roco: Neta no he hecho nada malo

ni los quiero atracar.

No ando armado ni nada.

Poncho: Miren, yo lo conozco

desde chiquito y la verdad

es que es una persona buena.

Pero tú sí que te has metido

en broncas muy fuertes por andar

grafiteando y esas cosas.

¿No será que te están

persiguiendo porque acabas

de grafitear?

Roco: Se los juro, se los juro

que yo no he hecho nada malo.

Bueno,

pues creo que ya me puedo ir.

Gracias por todo.

Te debo una, Poncho.

Isabel: Nada más del susto

que nos dio me daban ganas

de entregarlo a la policía.

Poncho: No, no, no.

Perdón, Isabel,

yo sé que es una buena persona,

pero nadie me quita

de la cabeza

que sí estaba grafiteando.

Tomás: A poco,

¿a eso se dedica?

Poncho: Por las tardes

es cobrador de microbuses,

pero en las noches su pasión

es ir a grafitear

y ya lo han agarrado

muchas veces y le han pegado

muchísimas veces.

Pero el cuate no entiende.

Tomás: Pues si es así,

a ver si algún día

no le sucede algo serio,

de verdad.

Porque como dice el dicho

"tanto va el cántaro al agua

hasta que se rompe".

Rizos: ¿Qué hubo?

Rizos: Tranquilo, soy yo.

Roco: Tranquilo,

¿cómo voy a estar tranquilo

si me sales así de repente,

Rizos?

Rizos: Ay.

Roco: ¿Qué pasó

con el Brian y el Irvin?

Rizos: Se los llevaron

esos méndigos tiras.

Los arrinconaron allá

en las canchas de básquet.

Roco: Que hijos de su...

Pues hay que hacer algo.

Rizos: ¿Qué? ¿Irnos a meter

por ellos a la delegación?

¿Qué? ¿Estás loco?

Ya que sus jefes vayan

mañana por ellos.

Roco: Pero que ni crea

que nos van a parar.

Rizos: Eso, mi Roco.

Así se habla.

Y para que aprendan,

vamos y les grafiteamos

en su carota, ahí en la mera

delegación.

¿Qué? ¿A poco le sacas?

Roco: Yo no soy ningún sacón.

Rizos, hasta soy capaz

de hacerlo solo.

No nos van

a

parar.

Ya llegué.

Estela: Ah, si no me

dices no me doy cuenta.

Roco: Bueno, ¿y ahora

qué tiene que reclamarme?

Estela: ¿Por qué vienes

caminando así?

Roco: Me tropecé.

Estela: Me tropecé.

Yo me chupo el dedo.

De seguro traes

fastidiada la pata

por tus estupideces

y tus pintarrajeados.

¿Ahora qué te pasó?

¿Te agarraron a palos

o te apedrearon o qué pasó?

Roco: iYa, si no me quiere creer

es su bronca, no la mía!

Estela: iCállate la boca!

Bájame la voz que me vas

a despertar a tus hermanos,

Ya te he dicho:

"Tanto va el cántaro al agua..."

La próxima vez te van a agarrar

a balazos y yo no te voy a ir

a sacar a un maldito hospital,

¿eh?

Roco: Ya, jefa, ya estuvo bueno,

¿no?

Estela: No, no, Roberto.

Nada va a estar bueno mientras

tú sigas con esa vida.

Roco: Mire, le doy su gasto,

¿no? ¿Qué más quiere?

Estela: Ay, por dios.

¿Cómo le puedes llamar

gasto a esto?

No alcanza para nada,

no alcanza ni para una

de las medicinas de la Cecilia.

Roco: ¿Qué le pasó

a mi carnalita?

No sabía que estaba enferma.

Estela: No, pues

¿cómo vas a saber?

Si tú no te enteras de nada

de lo que pasa en esta casa.

A ti lo único que te importa

es andar de vago ahí

y gastándote lo poco que ganas

en las latas esas de pintura.

Roco: Pero muy mi lana.

Y si necesita

para las medicinas de Ceci,

vaya y pídaselas a su padre,

si un día lo encuentra.

Estela: iCállate, pelado!

A mí no me hablas así,

soy tu madre.

Y si no te gustan

como son las cosas en esta casa,

la puerta está muy ancha,

chiquito.

Eso, lárgate, lárgate.

Huye de los problemas

en vez de darle la cara

como hombrecito.

Eres igualito que tu padre.

Roco: Todo es una porquería,

todo.

Pero yo no me voy a dejar.

Ni de mi madre ni de nadie.

Maldita

vida.

[Música]

Roco: Oye, ¿qué pasó?

No veo la micro.

Nicho: No, hombre,

se la llevaron al corralón.

Así que hoy no chambeamos.

Roco: ¿Qué?

¿Cómo que al corralón?

Nicho: Pues no, pues ya ves.

Venía para acá y me agarraron

los de la dirección

de transporte.

Roco: Pero ¿por qué?

Pues, ¿qué hiciste?

Nicho: No, pues yo no.

Roco: No te entiendo,

¿cómo que tú no?

Nicho: Pues es que lo que pasa

que al patrón le faltan

un chorro de papeles.

Mira, el arreglista,

el tarjetón,

y aparte, el permiso que tenía

pues ya estaba vencido.

Roco: No manches, Nicho.

Y justo ahorita que necesito

juntar una lana.

Pues, ¿ya qué?

Nicho: ¿Y por qué la urgencia?

Roco: Ay, ese es mi cuento.

Pero me urge.

Nicho: Pues, ¿qué te digo, Roco?

Hay que apretarse el cinturón.

Ahorita voy a esperar al gestor

pues a ver qué me dicen.

Roco: ¿Esperar?

¿A poco te vas a quedar

cruzadote de brazos?

Nicho: ¿Qué quieres que haga?

Roco: Yo no puedo esperar.

Nicho: ¿A dónde vas?

Roco: A hacer algo.

Sonia: [Llama a la puerta]

Buenas, ¿se puede, doña Estela?

Estela: Pásale, mi Sonia.

¿Buscas al Roberto?

Sonia: Este... no, si ya sé

que se va tempano a trabajar.

Estela: Ay, muchacha,

a mí no me engañas.

Ni que no me hubiera dado

cuenta de que mi hijo

te encanta.

Pero la verdad...

Sonia: Pero ¿qué?

Estela: Pues está mal

que yo lo diga porque soy

su madre, pero mejor deberías

de voltear para otro lado.

Sonia: Como si fuera tan fácil.

¿Para qué nos hacemos?

Si usted ya sabe que estoy

enamorada de su hijo.

Pero en fin,

no vine a hablar de eso.

Quería preguntarle si ya tiene

el dinero de la tanda.

Estela: Híjole, mi hija,

ahora si te voy a quedar

bien mal.

Se me enfermó la Ceci,

¿tú crees? Y lo que tenía yo

para darte me lo gasté

en comprar una de las medicinas

que le mandaron

y me quedé...

Sonia: Qué mala onda.

Por mí se la perdonaba,

pero es que...

Estela: No, no te preocupes,

Sonia. Me voy a apurar para

acabar de planchar esta ropa

ya ver si me pagan hoy mismo

y ya te aviso, ¿sí?

Sonia: No, mire, le voy a decir

a mi mamá que no la encontré

y regreso en la tarde, ¿sí?

Estela: Muchas gracias.

De veras que el tarugo

de Roberto debería ver

todo lo que vales.

Es tarugo él.

Sonia: Bueno,

no la entretengo más.

Al rato vengo.

Roco: Es que no.

Méndigos, desgraciados todos.

Son unos infelices.

Rizos: ¿Y ahora?

Roco: Es que vengo de pedirle

chamba a Don Jorge

y que dice que no tiene.

Rizos: ¿Qué?

¿Te corrió el Nicho o qué?

Roco: No, se llevaron la micro

al corralón.

Rizos: No manches.

Roco: ¿Ves por qué estoy

que no me la acabo?

Rizos: Pues deberías desquitar

tu coraje, guey.

Roco: ¿Cómo?

Rizos: Pues con los

del corralón, Roco.

No se vale lo

que les hicieron, ¿eh?

Me cae que no, guey.

Yo que tú metía y sacaba

la micro del nicho, guey.

Roco: Me cae.

Pues entonces

hazme el paro y ayúdame.

Vamos a sacarla.

Rizos: No, espérate, guey.

¿Qué quieres?

¿Meterte así nomás para

que te agarren y entamen o qué?

Roco: No, pero es que estoy bien

enchinado.

Rizos: Mejor exprésate.

Ponles ahí a esos canijos lo que

piensas de que se aganllaron

la micro del Nicho.

Roco: ¿De día?

Rizos: Ah,

pues está sola la calle.

Roco: Ah, pues cámara,

ahí estuvo.

Vamos a hacerlo.

Rizos: Párale.

Yo aquí te echo aguas, vas.

Estela: ¿Qué voy a hacer?

Pues si trabajo y trabajo

como burro pero esta gente

no me paga.

Pues, ¿qué? ¿Qué piensan?

¿Que uno quiere el dinero

para irse de vacaciones o qué?

Pues si no le pagan a uno,

¿cómo uno va a pagar las cosas?

Nicho: Estelita.

Estela: iNicho!

Nicho: ¿Desde cuándo habla sola,

Estelita?

Estela: Ay, no me ande

hablando al tiro, Nicho.

Me asustó.

Nicho: Discúlpeme, pero pues es

que me llamó la atención oírla

hablando sola con esa

cara de preocupación.

Estela: Pues, ¿cómo no?

Si fui a entregar

un montón de ropa que planché

y no me la pagaron.

Y me urge el dinero

para comprar unas medicinas.

Nicho: Se le enfermó

uno de los chamacos.

Estela: La Cecilia, ¿usted cree?

Y si no le doy todo

lo que le recetaron...

Estela: Con razón el Roco

me dijo que le urgía

Estela: ¿De veras?

¿Y dónde anda mi hijo?

¿Y usted por qué no está

en el micro?

Se supone que deberían

estar trabajando.

Nicho: Usted lo dijo, se supone.

Pero se llevaron

la micro al corralón.

Estela: Ay, Dios.

De que nos llueve sobre mojado,

nos diluvia, Nicho.

Nicho: Sí, ya ve.

Ahora vengo de la casa

de mi patrón.

Fui por estos papeles

que me pidió el gestor

de la ruta.

Ay, caray, mire,

de verdad, Estelita.

Si pudiera le echaba la mano.

Estela: Ay, Nicho,

muchas gracias.

No crea, yo ya sé que

usted también vive al día.

¿Sabe? Voy a ir por una ropa

más para planchar a ver

si me pueden dar un anticipo.

Ya no sé qué hacer.

Nicho: Bueno,

déjeme que la acompaño.

Digo, por lo menos

para ayudarla a cargar la ropa.

por lo menos eso lo puedo

hacer, sí.

Roco: Ahora sí me rayé.

Neta que hasta le hice

un favor a estos ratas.

Policía: ¿De qué ratas hablas,

escuincle?

Policía: ¿Qué no me oíste?

¿Quiénes son esas ratas?

Te estoy hablando.

Ah, ¿mudito?

Ya verás como en la delegación

se te afloja la lengua.

Roco: Pues,

¿cómo ves que no soy mudo?

Policía: [Gime]

Maldito escuincle.

Roco: iAh, méndigo tobillo!

[Contestadora]

Estás hablando al cel de Rizos,

ya sabes qué hacer.

Roco: Ahora sí te pasaste

de lanza, Rizos.

No me avisaste del tira

que me apañó.

Márcame, guey.

Estela: Muchas gracias

por acompañarme, Nicho.

Nicho: No, hombre.

¿Qué agradece, Estelita?

Qué bueno que me la encontré.

Si no nada más, mire,

chico costalote

el que iba a cargar.

Estela: No iba a ser

ni el primero ni el último.

pero por lo menos hoy no cargó.

Déjeme llevo la ropa a su casa.

Estela: No, no.

Ya me ayudó un montón, Nicho.

Y usted tiene que llevar

esos papeles con su gestor.

Nicho: No, pues eso sí.

Estela: Bueno, pues gracias,

ya no lo entretengo más.

Ojalá que puedan sacar pronto

la micro del corralón.

Nicho: Sí, dios la oiga.

Estela: Pues sí.

Nicho: Pero con eso

de que está más chueca

que un abogado transa.

¿qué cosas dice?

Bueno, ya me voy, Nicho.

Muchas gracias, ¿eh?

Roco: ¿Y ahora?

¿Este qué se trae con mi jefa?

Chale, nomás esto me faltaba.

Sonia: Roberto, ¿qué pasó?

¿Por qué estás cojeando?

Roco: Me tropecé por ahí, Sonia.

Pero al rato se me quita.

Al ratito nos vemos, ¿sí?

Es que tengo que ir a tratar

un asuntito con mi jefa.

Sonia: ¿Y por qué estás

tan acelerado?

¿Tienes bronca con ella?

Roco: Eso es lo que quiero

averiguar,

si va a haber bronca o qué.

Sonia: No te entiendo.

¿Tienes o no tienes

bronca con ella?

Roco: Pues todavía no sé, Sonia.

La acabo de ver aquí risa y risa

con el Nicho y la neta

eso no me late.

Sonia: Espera,

te digo que no te aceleres.

A ver, pues ya, ¿qué pasó?

Lo dices como si en veras

tuvieran algo que ver.

Roco: ¿Y qué tal si sí?

Sonia: Ay, bueno,

pero pues ninguno

de los dos tiene compromiso.

Mira, no tendría nada de malo.

Roco: Es que tú no entiendes,

Sonia.

El Nicho es capaz de hacerle

un escuincle a mi jefa

y luego largarse.

Sonia: Ya, ándale.

Por atrabancado

y te volviste a lastimar.

Mira nada más, Roberto.

Roco: No, déjame.

Yo me voy.

Sonia: No, ¿sabes qué?

Nos vamos a mi casa

que te voy a curar

esa pierna y...

Roco: Ay, no.

Sonia: Ay, Roberto, te pasas.

Ya que estás necio de no querer

ir con un doctor espero

que esto te sirva.

Roco: Gracias, Sonia.

Ya me siento un poco mejor.

Sonia: Tienes que cuidarte más,

no vaya a ser que un día

te lastimes de veras.

Roco: Ay,

yerba mala nunca muere.

Sonia: Tú no eres yerba mala.

Roco: Pues haz de ser

la única que cree eso.

Bueno, pues ya me voy.

Sonia: No, no, no, espérate.

Roco: ¿Qué pasa?

Sonia: Es que...

quería ver si un día en lugar

de irte con tus amigos hacer

grafitis vamos al cine, ¿no?

Roco: Sonia, yo no soy

de los que les laten esas cosas.

pero es cosa de probar.

¿Qué tal si un día le agarras

el gusto a esas cosas?

Roco: Bueno, pues,

a lo mejor un día de estos, ¿va?

Sonia: Roberto, no te vayas

a pelear con tu mamá.

Estela: Si me apuro a ver

si termino hoy mismo.

Roco: ¿Qué se trae usted

con el Nicho, eh?

Estela: ¿De qué me estás

hablando?

Roco: No, no se haga.

Si bien que los vi

re contentos allá afuera.

Estela: Estás loco, nomás estás

viendo monos con tranchetes.

Roco: iNo, no estoy ciego!

¿Qué quiere?

¿Tener un escuincle del Nicho

y luego quedarse sola

con el paquete como siempre?

Estela: ¿Qué te pasa?

A mí no me vas a hablar así,

muchachito.

Pues, ¿quién crees que soy?

iSoy tu madre! A mí...

Cecilia: iMamá! iMamá!

Estela: iBasta! ¿Qué, mi hija?

¿Qué, mi hijita?

Cecilia: iNo me para la sangre

y me siento mal!

Estela: ¿Cómo? Ay, mi amor.

iQue no te quedes ahí!

iSirve de algo! iPide ayuda!

Roco: iSonia! iAyúdame, Sonia!

iSonia!

Sonia: ¿Qué pasa?

Roco: La Ceci que no le para

la sangre.

Háblale a una ambulancia, ¿sí?

Sonia: No, no, no.

Mejor le digo a Don Pepe

que la lleve en su taxi.

Lo vi llegar hace ratito, ¿sí?

Ve con tu mamá.

Anda, corre.

iDon Pepe! iDon Pepe!

Sonia: Ya cálmate, Roberto.

Vas a ver que Ceci

se va a poner bien.

Roco: ¿Y si no?

Tú viste que no le paraba

Sonia: Pero ya la están

atendiendo.

Roco: Me pasa por no tener

la lana para sus medicinas.

Sonia: No te pongas así.

Así no vas a ganar nada.

Roco: ¿Qué pasó, jefa?

¿Cómo está mi carnalita?

Estela: Pues ya que le

detuvieron la hemorragia

y que la tienen en observación

me dicen.

Sonia: ¿Ves?

Te dije que se iba a poner bien.

Estela: Nomás que ya me dijeron

que tengo que hacer un deposito

en la caja y pues, ¿de dónde?

Roco: Pues, ¿cuánto es?

Estela: No sé, hijo.

En la caja me van a decir.

Pero lo que sea no tengo,

no tengo.

Sonia: ¿No le pagaron

la ropa que entregó?

Estela: No, mi hija, no.

Roco: ¿Quién no le pagó, jefa?

Estela: ¿Para qué quieres saber?

Roco: ¿Quién fue?

Roco: Como quiera.

De todos modos ya sé que fue

la marrada de Doña Tencha.

Estela: ¿A dónde...?

Roberto, Roberto.

Alcanzalo, por favor,

que es capaz de hacer

una tarugada. Corre.

Sonia: ¿Sí fue Doña Tencha

la que no le pagó?

Estela: Sí fue Doña Tencha.

Córrele, mi hija, córrele.

Ay, muchas gracias, Doña Tencha.

Ya no la entretengo más.

Tencha: Pero Sonia, Sonia.

Sonia: Métase, por favor.

No diga nada, ¿sí?

Métase.

Andele, sí.

Roco: ¿Y ahora? ¿Qué haces aquí?

¿Cómo llegaste antes que yo?

Sonia: Ay, eso es lo de menos,

Roberto. Mira, lo importante

es que ya me pago Doña Tencha

lo que le debía a tu mamá.

Roco: ¿Sí? ¿Y por qué a ti sí

y a mi jefa no?

Sonia: Este...

ay, pues, yo que sé.

Mira, ya al menos tenemos algo.

Roco: No, pues con esto no va

a alcanzar.

Lléveselo a mi jefa, ¿sí?

Yo voy a ver de dónde

consigo más.

Sonia: ¿Y de dónde

vas a sacar más dinero?

Roco: No lo sé, pero lo voy

conseguir como sea.

Nicho: Buenas, Estelita.

Pero qué bruto soy.

¿Cómo van a ser buenas, verdad?

Estela: No se apure, Nicho.

Yo ya sé que nada más

es una forma de saludar.

Nicho: ¿Y cómo está Ceci?

Estela: No me dicen nada.

Estoy que me muero

de la angustia.

Por ella y por mis chiquitos

que se quedaron...

Nicho: No, no, por sus chamacos

no, no se apure.

Se los está cuidando

la mamá de Sonia.

Estela: Ay, bendito sea Dios.

Una preocupación menos.

Nicho: Bueno y a ver si con esto

se me pone más tranquila.

Sus vecinos juntaron este dinero

que pues de algo

le ha de servir.

No es mucho, pero...

No, no, por favor.

Estelita, no. No, no llore.

Tome.

Estela: [Llora]

¿Cómo no voy a llorar?

No me hubiera esperado eso.

Es que esto es algo

que no se paga con nada.

Nicho: Y nadie

se lo va a cobrar.

Estela: No, pues si no hablo

del dinero, Nicho.

Es el gesto de todos.

Nicho: Sí, pero...

Estela: ¿Qué pasó, hija?

Pudiste detener a Roberto?

¿Por qué te tardaste tanto?

Sonia: Cálmese, doña Estela.

Llegué antes que él

con Doña Tencha y le inventé

que ya me habían pagado

lo de la planchada.

Estela: ¿Y cómo le hiciste

para que te creyera?

Sonia: Pues si le enseñé

Estela: ¿Y entonces?

¿Por qué no se regresó contigo?

Sonia: Ay, pues porque me dijo

que iba a conseguir el dinero.

Y como dijo que como afuera,

pues lo anduve buscando.

Por eso me tardé.

Con lo atrabancado

que es va a hacer una tarugada.

Nicho: usted no se preocupe,

Estelita. Yo voy a buscarlo

ahorita y se lo traigo

porque se lo traigo.

Va a ver.

Roco: Es que estás bien orate,

Rizos.

Rizos: Pues qué bueno,

¿vale la pena el sacrifico

por tu carnalita o qué?

Roco: Pues claro que sí.

Pero ¿de eso a atracar?

No soy ningún ratero.

Rizos: Chale, Roco.

Yo te dije que tenía la solución

a tus broncas, guey,

¿y ahora te me echas

para atrás?

¿No que no te arrogabas

con nadie y que eras

bien entrón?

¿Qué, guey?

Don Fredo tiene

re buenas ventas.

Aparte, ya sabemos todos aquí

en el barrio que sus kilos

son de 800 gramos, ¿o qué?

¿No vamos a hacer justicia?

Roco: Sí, pero...

Rizos: ¿Qué, guey? Es la Ceci.

Hazlo por ella, guey,

ella lo necesita.

Roco: Pero Don Fredo nos conoce.

Rizos: Ay, no soy tan bruto

como para andar poniendo

ahí mi carota.

Roco: No estamos armados

ni nada.

Rizos: Ay, yo sé mi cuento.

Mira, esto es bien efectivo,

Aparte pone a dormir

a cualquiera.

[Celular]

¿No vas a contestar?

Roco: Es Sonia, está con mi jefa

y me han de andar buscando.

Rizos: Pues han de estar

que les urge la lana para lo del

hospital, ¿eh? así que órale.

A darle, no le pienses.

¿Por la Ceci, guey?

Orale, órale.

Estela: Insístele,

marcale otra vez.

Sonia: No tiene caso.

Ya sabe que soy yo y por eso

no me quiere contestar.

Estela: Ay, Sonia, insístele.

Pues es que este chamaco

es capaz de hacer una estupidez.

Sonia: ¿Una estupidez?

¿Cómo cuál, doña? ¿Robar?

No, eso sí que no.

Yo puedo meter las manos

en el fuego por su hijo.

Estela: Entonces, ¿por qué

carambas no te contesta?

Sonia: Ya cálmese.

Va a ver que Nicho

lo va a encontrar.

Nicho: Oiga, Don Checo,

¿no ha visto por ahí a Roco,

el hijo de Doña Estelita?

Checo: No, Nicho.

Nicho: Bueno, por favor, ahí si

lo ve, dígale que a su mamá le

urge que lo alcance a la clínica

donde trabaja el doctor Genaro.

Yo mientras voy a seguirlo

buscando por ahí.

Checo: Ten cuidado porque unos

fulanos acaban de asaltar

la tienda de Don Fredo.

Nicho: Ay, caray.

¿Y a qué hora fue eso?

Checo: Apenas ahorita.

Nicho: ¿Y agarraron

a los rateros o no?

Checo: Qué van a andar

agarrando nada.

Nicho: Bueno, cuídese.

Y porfa,

no se le olvide mi encargo, ¿sí?

Checo: Sí me acuerdo.

Roco: Dijiste que no le ibas

a hacer nada.

Rizos: ¿Y qué querías, imbécil?

¿Que dejara que sacara

el cohete de la caja o qué?

Roco: Pero tú viste

que no había ningún arma ahí.

Rizos: ¿Yo qué iba a saber?

Yo no me iba a poner

a averiguar.

Y ultimadamente, ¿qué?

¿Por qué tanto reclamo?

Roco: Es que sonó bien gacho

cuando le diste con el bate.

Rizos: Ay, no le pasó nada.

Si hasta salió a correr atrás

de nosotros cuando nos pelamos.

Roco: Sí,

pero sangrando de la cabeza.

Rizos: Ay, seguro no falta quien

ayude al Don Fredo, ¿eh?

Y ultimadamente lo que importa

es que ya tienes el baro

para curar a tu carnalita, ¿no?

Roco: Sí.

Rizos: Ahí está.

Orale, ¿qué? ¿No vas

a tomar el billete o qué?

Roco: ¿Que no era

para mi hermana?

Rizos: Ah, no, espérate,

brother.

La mitad es para mí, guey.

Yo no soy ninguna hermanita

de la caridad, órale.

Roco: Pensé que eras mi cuate.

Rizos: [Ríe]

Sonia: ¿Qué pasó, Doña Estela?

¿Cómo está Ceci?

Estela: Ya gracias a Dios

ya la tienen controlada,

mi hija.

Me dice el doctor

que sí se va a poner bien.

Sonia: ¿Ya ve cómo

no tenía que preocuparse?

Estela: Pues sí, pero no me la

van a entregar hasta que pague

lo que falta. Y lo que juntaron

los vecinos pues apenas

sirvió de anticipo.

Sonia: Mire,

aquí traigo lo de la tanda.

No está completo, pero tómelo.

Ya veré después cómo lo repongo.

Estela: No, mi hija.

Muchas gracias, pero después

de todo lo que me has ayudado no

te voy a meter en un problema.

Sonia: No, no se preocupe.

Tómelo.

Estela: ¿Dónde te habías metido,

chamaco del demonio?

Me has tenido con Jesús

en la boca toda la tarde, ¿eh?

¿Dónde andabas?

A ver, ¿eh? ¿Tomaste tú o qué?

¿Tomaste? ya ni las muelas.

Sonia: Ay, ya ni las muelas,

Roberto.

Roco: Ay, ya, tranquilas,

no es para tanto.

Te dije que iba a conseguir

la lana, ¿no?

Ya pagué en la caja

la cuenta de Ceci.

Estela: ¿De dónde

sacaste el dinero?

Roco: Ay, pues

¿para qué quieres saber, jefa?

Lo importante

es que lo conseguí, ¿no?

Estela: Te hice una pregunta,

¿Cómo conseguiste el dinero?

Roco: Pues...

me lo prestó el Nicho.

Dijo que eran todos

sus ahorros, ¿usted cree?

lo que hace el amor.

Estela: No inventes, Roberto.

Nicho no te lo pudo haber

prestado.

Roco: Le digo que Nicho

fue el que me prestó la lana.

¿Por qué no me cree?

Estela: Muchas gracias, Nicho.

No sé si me puede permitir

habla con mi hijo a solas.

Nicho: Sí, claro que sí.

Sonia, por favor,

vamos por un café.

Estela: Ahora sí, Roberto.

Me vas a decir de dónde demonios

sacaste el dinero.

Roco: No le voy a decir nada.

Estela: No, sí me vas a decir.

Está claro que Nicho

no te lo pudo dar.

Y no sé por qué

no pudo decirme nada.

Roco: Lo importante

es que ya está pagado

lo de mi carnalita, ¿no?

Estela: Que me digas

de dónde salió ese dinero.

Roco: Ya le dije

que no le voy a decir nada.

Estela: ¿Robaste?

Robaste.

Ven acá.

Me negaba a creerlo,

pero ya me di cuenta

de que no tienes remedio.

Ahora te vas a largar.

Lárgate, ándale, como siempre,

como siempre lo hacía tu padre.

Roco: Y como también se largó

el papá de Cecilia y el de Teo

y el de Guicho.

¿Cuántos más, jefa?

Ya no me va a volver a pegar,

jefa, ya estuvo.

La verdad jala, ¿verdad?

Estela: Tú no tienes ningún

derecho de juzgarme sin saber.

Roco: Si no hacía falta

saber nada, jefa.

Hoy se enfermó la Ceci,

ayer Teo y antes yo cuando

estaba más chavito.

¿Y todo por qué?

Por la maldita falta de lana,

porque nos tuvo sin tener

para mantenernos.

Estela: Ya, Roberto.

Roco: Mi jefe ya nos había

botado y ahí va, a enredarse

con el papá de Cecilia.

Es que ya hubiera aprendido

cuando es guey también la dejó.

Pero no, se dejó endulzar

el oído con el papá

de mis carnalitos.

Ya.

Roco: Ahora entiendo por qué

traigo esta rabia, por qué me

puede tanto que me trate a

puros reclamos y a puro gritos.

Estela: Por favor, no sigas.

Roco: Todavía se pone digna

porque consigo la lana que usted

no fue capaz de tener para curar

a mis carnalitos, a Cecilia.

Y sí, robé porque

no me quedó de otra.

Pero esa ya es bronca mía,

mamá.

Ya va, imbécil.

No puedes dejar

de chillar como vieja.

Estela: De seguro traes

"Tanto va el cántaro

al agua..."

La próxima vez

te van a agarrar a balazos

y yo no te voy a ir a sacar

a un maldito hospital, ¿eh?

Lárgate, ándale,

como siempre, como siempre

lo hacía tu padre.

Roco: ¿por qué no

puedo dejar de chillar?

Nicho: Ya, Estelita.

Es un muchacho.

Estela: Mi hijo tiene razón.

Yo soy la única culpable

de todo lo que nos pasa.

Nicho: No diga eso, Estelita.

Ese condenado chamaco se pasó.

No tenía por qué

hablarle como lo hizo.

Estela: Nomás dijo la verdad.

Me hizo ver la pobreza a la que

he condenado a mis hijos.

Nicho: Como si la pobreza

la escogiera uno por gusto.

Yo sé cuánto ha luchado

usted por sus hijos.

Me consta las friegas

que se mete planchando

para sacarlos adelante.

Estela: ¿Y si hubiera

aprendido la lección?

Y si después de que me dejó

el padre de Roberto

no me hubiera dejado engatusar

por el de Cecilia

o por el de Teo y Guicho?

Nicho: Pues usted no tiene

la culpa de que no le haya

salido cumplir como se merece.

Digamos que ha tenido

mala suerte.

Estela: No, no es cuestión

de suerte, Nicho.

Yo los acepté a los tres.

No supe escoger

a un buen compañero.

Nicho: Se está tratando

duramente.

Estela: Es la verdad.

Nicho: Pues, ¿no será que

lo único que usted ha querido

es que alguien la quiera bien,

que la apoye, que la respalde?

¿Cómo iba a saber usted

que esos tres canijos

le iban a pagar tan mal?

Estela: Eso lo dice

porque me aprecia, Nicho.

Nicho: Ni se imagina cuánto.

Por ese mismo aprecio le prometo

que voy a hacer lo que sea

para que Roco se calme,

que entienda que no se vale,

pues que la lastime tanto.

Estela: Yo también

lo he lastimado.

Los dos tenemos que entender

cuánto nos hemos lastimado.

Roco: Te estás burlando de mí,

¿verdad? ¿Qué tiene de hermosa

la méndiga vida, eh?

Rizos: ¿Qué pasó, mi Roco?

¿Sigues enchulado

por lo de la repartición?

Roco: ¿Traes pinturas?

Rizos: Vengo de surtirme,

carnal.

iEh! iNo seas gandalla!

iEspérate, guey!

>> Se vino para aquí, ¿verdad?

Rizos: Méndigo Roco,

se robó todas mis pinturas.

>> iMiren!

Rizos: Roco, bájate de ahí,

guey.

>> Te vas a caer.

Rizos: Suban por él.

La tira.

Trónate, guey.

Estela: Pobrecita de mi Ceci,

ya se quedó bien dormidita.

Sonia: Ay, qué bueno.

Eso la ayuda a recuperarse.

Mire, le preparé este té.

Me lo mandó mi mamá

y dice que es bien bueno

para los nervios.

Estela: Ojalá que lo que tengo

se quietara con un té.

Sonia: Ay, anímese, doña Estela.

Lo importante es que Ceci

ya está aquí en casa.

Estela: ¿Y mi Roberto?

Sonia: Ya verá que al rato

Nicho llega con él.

Y por Teo y Guicho

ni se me preocupe, ¿eh?

Estela: No sé qué haría yo

sin tu apoyo y el de tu mamá.

Sonia: No diga eso, doña Estela.

Nicho: ¿Se puede?

Estela: Claro que sí.

¿Ya supo algo de mi hijo, Nicho?

Sonia: ¿Qué pasa, Nicho?

¿Por qué no dice nada?

Ay, no, no me diga

que lo agarraron

cuando asaltó la tienda.

Estela: Sí lo encontró, ¿verdad?

Nicho: Lo siento, Estelita.

De veras que lo siento.

Nicho: Tranquila.

Estela: Hijo, no.

Doctor: Con permiso,

ahorita regreso.

Nicho: Estelita,

vengo del Ministerio Público.

Estela: El doctor

no sabe si Roberto

va a volver a caminar.

Nicho: Me dijo que para

lo del asalto van

a considerar su situación

y que es menor de edad.

Estela: Que dice

que es un milagro

que no se haya matado.

Nicho: Al Rizos

ya lo consignaron

porque ya debía varias.

que una caída de esa altura

era una muerte segura.

Nicho: Y a Roco le va a ayudar

que no tiene antecedentes.

Estela: Mi hijo, Nicho.

Mi bebé.

Nicho: No está sola, Estelita.

Aquí me tiene.

Estela: Ay, Nicho.

Mi hijo, Nicho.

Mi hijo.

[Llora]

Mi niño, mi chiquito,

mi amor.

Mira nada más cómo terminaste.

Roco: Mamá.

Estela: [Chista]

No hables, hijo.

Dicen los doctores

que no te puedes agitar.

Roco: Es que yo...

Estela: No, mi amor, no hables.

Me dejaron verte

con la condición

de que no te dejara hablar.

Roco: Perdóname, mamá.

Perdóname, mamita.

Estela: No, mi amor.

Perdóname tú a mí.

Fui muy dura contigo, hijo.

Roco: Te amo, mamita.

Poncho: Dos capuchinos

y tres pasteles de chocolate.

¿Por qué esa cara, Isabel?

Isabel: Por ese chavo.

¿No es tu amigo

el de los grafitis?

Poncho: ¿Roco?

Nicho: Pues ya les digo,

ahora que entré a trabajar

al metrobus se acabaron

las penurias.

Estela: Se lo merece, Nicho.

Por chambeador

y por buen amigo.

Poncho: ¿Qué onda, Roco?

¿Qué te pasó, caray?

Tomás: Disculpe

que nos acerquemos así los tres,

pero a este joven

lo conocimos hace tiempo.

no se sienta mal por mí, señor.

Digamos que yo me gané

lo que me pasó.

pero si sigues con tus terapias

puedes volver a caminar.

Roco: Prefiero no hacerme

ilusiones, Sonia.

Isabel: Poncho nos contó

que haces grafitis.

¿Lo que te pasó

tiene que ver algo con eso?

Roco: Pues sí.

Digamos que después

de tanto ir al agua me pasó

lo que dice ese dicho,

¿verdad, mamá?

Estela: Ay, mi hijo.

Me da tanta pena

que yo siempre te lo decía.

Nicho: Pero no se ponga triste,

Estelita.

Ahora que Roco, bueno, digo,

Roberto está tomando

sus clases de muralismo

en la delegación se va a volver

un artista muy famoso

y nos va a sacar

de pobres a todos.

¿A poco no?

Roco: Seguro, Nicho.

Por eso venimos a celebrar.

Nos contaron que aquí

sirven un pastel

de chocolate buenísimo.

Poncho: Y no es por presumir,

pero es el mejor

de todo el mundo.

Y aparte lo hace mi abuela.

Tomás: Sí.

Trabaja cuatro

pasteles de chocolate

y me imagino que el famoso

es que le va a pagar.

Isabel: Y cuatro capuchinos

que son mi especialidad.

Tomás: Cortesía de la casa.

Por: Televisa
publicado: Mar 24, 2017 | 02:00 AM EDT
Un joven roba para poder pagar el hospital de su hermana. La madre le reclama al joven por robar y él le dice que esa era la única manera de obtener el dinero porque ella no ha sabido cómo sacarlos adelante.
         
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