Como Dice el Dicho - 'Más pronto cae un hablador que un cojo' tulip-secc... Como Dice el Dicho - 'Más pronto cae un hablador que un cojo' logo-shows...

Series

COMO DICE EL DICHO
Lunes a Viernes - 5PM / 4C

Como Dice el Dicho

Como Dice el Dicho - 'Más pronto cae un hablador que un cojo'

Transcripción del Video

Alondra: [Piensa] Tengo

trastorno límite

de la personalidad.

Mi tratamiento ha sido exitoso

y los doctores del psiquiátrico

donde vivo me han dado permiso,

junto con mis padres,

de salir a buscar a mi hijo.

Si hago cualquier cosa indebida,

debo ser nuevamente internada.

Buenos días.

Aquí está mi pase.

Los médicos me dieron permiso

para--para poder salir a buscar

a mi hijo.

Renato: Mi mamá tiene la mejor

de las vidas.

Y el día que venga por mí,

voy a viajar con ella

por todo el mundo.

Lily: ¿Tú crees?

Renato: Claro que sí, Lily.

Yo creo que si te portas bien,

te va a llevar con nosotros

a viajar.

¿Sabías que es amiga

de políticos, de tenistas

y de deportistas?

Me mandó las fotos.

Lily: Ajá, las famosas fotos.

Renato: ¿Ya te había dicho?

Es que a veces se me olvida.

Lilly: Renato, ya no quiero ser

tu novia.

Renato: Pero ¿por qué?

Lily: Porque siento

que todo el tiempo me estás

diciendo mentiras.

Renato: ¿O sea que no me crees?

Lily: No, no, te creo.

Renato: Entonces, ¿tú no crees

que yo pueda ser hijo

de una dama de sociedad

de nivel internacional?

Todo porque salvé un gatito

y porque tú eres una egoísta.

Lily: No, no es así.

No me digas eso.

No soy ninguna egoísta.

La vida me ha tratado mejor

de lo que pensé y no pienso--

Renato: iNo, no, no!

Si ya entendí.

Tú no crees en mí, ¿no?

Eso es lo que pasa.

Y como no crees en mí,

lo siento mucho,

pero tú y yo terminamos.

Lily: Renato, pero si yo fui--

Renato: ¿Qué?

¿Quieres volver?

Olvídalo.

Yo no necesito a las personas

como tú.

Pero bueno, pues, ya ni modo--

Lily: Sí, yo creo

que ya ni modo.

Que te vayas, por favor.

Vete.

Renato: No llores, por favor.

Lily: No quiero

que me consueles, Renato.

Vete, vete con tu mamá,

vete con tus gatos

y vete con todas tus mentiras.

Que te vayas ya.

Gustavo: Buenas, buenas.

Gertrudis: Ay, mi hijo.

Gustavo: Ay, mamacita.

Siempre tan hermosa

y tan sonriente.

No sabes qué gusto me da verte.

¿Qué?

¿Qué estás cocinando?

Gertrudis: Ah, como me dijiste

que venías, hice una sopita

de nopales.

Gustavo: Ay, mi favorita.

Qué bueno que me consientes, ma.

Oye, ¿y Renato?

Llegó tristísimo de la escuela.

Se encerró en su cuarto

y está llorando,

pero no lo quiero molestar.

Gustavo: ¿Y por qué está

llorando?

Gertrudis: Yo creo que lo cortó

la novia.

Ya sabes que de pronto

es un poco exagerado

y, pues, a la novia no le gustan

las mentiras, como a nadie.

Gustavo: Claro.

Pero apenas le hizo un favor,

ma.

Renato se merece una chava

de una buena clase social

y no una chavita

de esas de la escuela.

No te preocupes, ma.

Ahora, después de comer,

lo voy a distraer.

Oye, qué guapa estás.

Voy a dejar mis cosas.

Permiso.

Alondra: Maldito seas.

Te mudaste de casa,

mudaste a tu madre.

Maldito Gustavo.

[Llora]

Maldita la hora en que te quise

tanto.

Tanto que me volviste loca.

iNo, no!

iMi bebé no!

iYo no estoy loca!

[Piensa] Maldito Gustavo.

Maldita la hora

en la que te quise tanto.

iNo, no, no!

No, no, no.

Tengo que calmarme.

Recuerda, Alondra.

Mi nombre es Alondra Giménez.

Tengo trastorno límite

Mi tratamiento ha sido exitoso.

Exitoso.

Ya estoy bien,

puedo controlar mis emociones.

Tengo un objetivo en la vida:

mi hijo.

Renato: Hay muchas cosas

que no entiendo.

Gustavo: ¿Ya viste a la mesera?

Guapísima, ¿eh?

Renato: Papá, hablo en serio.

Gustavo: Discúlpame,

es que me distraje.

Bueno, ¿qué me decías?

Renato: Si dices que mi mamá

siempre piensa en mí,

¿cómo es que nunca

me ha escrito?

Gustavo: Claro

que te ha escrito.

Es más, si quieres, te doy

su correo electrónico.

Lo que pasa

es que con tantas cosas,

no te pasé sus saludos,

pero ella te quiere, Renato.

Te quiere mucho.

Renato: ¿Tiene correo?

¿Y por qué no me lo has dado?

Gustavo: Pues, porque como es

el correo de su trabajo,

pues, por eso.

Pero claro que sí, te lo doy

al rato cuando volvamos.

Oye, disculpa.

Isabel: Ay, no los han atendido,

¿verdad?

Gustavo: Guau.

Isabel: ¿Qué?

Gustavo: Que es demasiado.

Qué ojazos tienes, qué bárbara.

Isabel: [Ríe]

Gustavo: Qué bella eres,

qué rostro.

Tienes una simetría perfecta.

Isabel: ¿Yo?

Gustavo: ¿Sabes que en ciertas

culturas los humanos

de ojos claros son considerados

demonios?

Isabel: No, no sabía.

Gustavo: Sí, es verdad.

Es que hay una razón.

Los ojos claros, así,

centelleantes, brutales,

intensos como los tuyos,

atrapan las miradas

y enloquecen.

Isabel: Ok.

Creo que me estoy sonrojando.

Mejor les traigo las cartas.

Con permiso.

Gustavo: ¿Viste?

¿Viste esos ojos?

Renato: Sí, están padres.

Gustavo: Renato, no estés

triste.

Vas a tener muchas novias

en la vida.

Renato: Estaba pensando

en mi mamá.

Gustavo: Ay, tranquilo.

Estás a punto de ser

mayor de edad.

Vas a poder buscar a tu mamá

y decirle todo lo que necesitas

decirle.

Y yo te voy a apoyar.

Siempre voy a estar a tu lado,

Renato.

Renato: Es que todo

lo que me has contado

sobre ella,

no sé, está lleno de agujeros.

Gustavo: ¿De agujeros?

¿Qué cosas?

Mira, yo sé que la situación

con tu madre ha sido complicada,

pero créeme que estás

mucho mejor conmigo

que con ella.

Renato: Estoy con mi abuela.

Gustavo: ¿Y?

Tu mamá y yo lo decidimos así.

Confía en nosotros.

Por ahora es lo mejor.

Además, tu abuela te adora

y nunca te ha faltado nada, ¿no?

Y yo siempre he estado ahí

cuando me has necesitado,

¿O no?

Renato: Pues, sí.

Gustavo: Pues, entonces a ser

feliz, de verdad.

Renato: Sí, gracias.

Isabel: Aquí tienen las cartas.

Renato: Gracias.

Gustavo: Perdona, ¿tu nombre?

Isabel: Isabel.

Gustavo: Isabel.

Mucho gusto.

Yo soy Gustavo.

Isabel: Mucho gusto.

[Música]

Poncho: ¿Te ofrezco algo más?

Renato: No, muchas gracias.

Creo que mi papá ya fue a pagar.

¿Tú trabajas aquí?

Poncho: Sí.

Está bonito el lugar, ¿no?

Renato: ¿Te da tiempo

de estudiar?

Voy a la prepa que está

aquí atrás.

Renato: Ah, mira.

Mi novia tiene dos amigos ahí.

Unos que la salvaron

de unas señoras que la tenían

como esclava.

Poncho: Eso me suena muchísimo.

Renato: Sí, mira, checa

los nombres.

A uno le dicen Cepillo

y al otro Poncho.

Poncho: Pon--Pues, yo soy Poncho

y Cepillo es mi mejor amigo.

¿Quién es tu novia?

Renato: Lily.

Poncho: Tranquila.

Esas brujas no te van a volver

a tocar.

Te lo prometo.

Yo te voy a cuidar.

Lily: Gracias, Poncho.

Gracias por todo lo que hiciste

por mí.

Poncho: No te preocupes.

¿Lily?

No, no inventes.

¿Y cómo ha estado?

¿Ya está con sus papás?

Renato: Pues, sí, la cambiaron

y la metieron en mi escuela.

Desde que la vi,

supe que seríamos novios

para siempre.

Estamos superenamorados

y ella me adora.

Poncho: Híjole, qué buena onda.

Mis felicidades.

Es una niña bien bonita.

Y espero que duren mucho.

Pero por favor, dense una vuelta

cuando puedan.

Es que hace mucho no la veo

y, pues, la verdad me quiero

enterar de todo.

Renato: Sí.

Poncho: Me da muchísimo gusto

que esté muy feliz.

Renato: Es buena idea,

yo le digo.

Isabel: Ay, señor,

¿qué hace aquí?

Ahorita lo atiendo.

Gustavo: No me digas señor.

Me llamo Gustavo y te traje

la cuenta.

Isabel: Ay, pero ese es

mi trabajo.

Eso no es correcto, que se--

Gustavo: Lo que no es correcto

es que tus ojos claros

me embrujen de esta forma.

Eso sí que no es correcto,

Isabel.

Y quiero besarte.

Isabel: ¿Besarme?

¿A mí?

Gustavo: ¿Puedo?

Isabel: Yo...

Gustavo: Tus ojos me dicen todo,

Poncho: Isabel.

Gustavo: Lo siento.

Fue un impulso irresistible,

un embrujo, perdón.

Isabel: Sí, sí, fue un impulso,

esas cosas pasan.

Yo entiendo que esas cosas

pasan.

Y gracias por la cuenta, señor.

No se preocupe.

Gustavo: Gustavo, Gustavo.

Isabel: Sí, Gustavo.

Eh, ya me lo aprendí.

Gustavo: Pues, qué gusto

conocerte, Isabel.

Isabel: Ay, que le vaya

muy bien, el gusto es mío.

Poncho: Ay, sí, ¿eh?

"Muchas gracias, señor".

"Gustavo".

"Ah, sí, sí, perdón,

ya me aprendí el nombre".

Isabel, ¿qué te pasa?

Isabel: [Chista]

Cállate.

Esto no pasó, ¿ok?

Yo no soy así.

Ya, no digas nada.

Esto fue nada más

que el señor muy lindo

y muy amablemente me trajo

la cuenta y muy--

Le faltaron 100 pesos.

Poncho: Uy, miren qué canijo

me salió.

Ya se lo empeño y ahorita vengo.

Isabel: Espérate.

A lo mejor nada más se equivocó.

O sea, tranquilízate,

no exageres.

Poncho: ¿Qué, lo vas a dejar

así?

Isabel: Pues, sí.

Sí, lo voy a dejar así,

porque ¿qué tal que quiere

regresar

y me intenta dar otro beso?

Y yo no voy a aguantar

las ganas.

Ay, ¿es que lo viste?

Venía tan decidido.

[Suspira]

Poncho: A ver, a ver, Isabel.

Este cuate a mí no me late

ni tantito.

Y ahora, en este momento,

le vas a decir a don Tomás

y no me importa nada más.

Isabel: Ya, claro que le voy

a decir a mi abuelo.

Yo no le voy a ocultar nada--

No tengo por qué ocultarle

nada a mi abuelo.

Pero no en este momento.

Ay, lo único que pasó

es que hacía mucho

que nadie me daba un beso y ya.

Poncho: Sí, ya llegó Isabel,

la urgidota, ¿no?

Isabel: Urgida nada.

Estas cosas son de humanos, ¿ok?

Estas cosas siempre pasan.

Lo único es que ese beso

sí me gustó.

Renato: Lily, por favor.

Nada más para salir

como amigos.

Si te voy a llevar

a un lugar muy especial.

Lily: Ay, no me digas

que esta vez sí vamos a ir

a la feria porque no te creo

nada.

Renato: Mejor vamos a ir a ver

a uno de tus amigos.

Lily: ¿Qué amigos?

Ya nadie de la escuela

quiere salir con nosotros

porque inventas cosas, Renato.

Renato: A Poncho.

Vamos a ver a Poncho.

Trabaja en una cafetería

y me dijo que nos iba a invitar

unos pasteles buenísimos.

Lily: ¿Poncho?

¿Estás loco, Renato?

Hace años que no sé nada de él.

Ay, ¿sabes qué?

Mejor hablamos luego.

Adiós.

¿Por qué tiene que ser

tan mentiroso?

¿Por qué?

[Claxon]

[Teléfono]

Isabel: Yo contesto.

Don Tomás: Seguro son

los contadores.

Isabel: No te preocupes.

Don Tomás: Ay, cómo corres.

Me recordaste a Ana Gabriela

Guevara.

Isabel: Café el dicho.

Gustavo: ¿Isabel?

Isabel: Sí.

Gustavo: ¿Sí sabes quién habla?

Isabel: Tal vez.

Gustavo: Soy Gustavo.

Isabel: Sí, eso imaginé.

Hola.

Gustavo: [Ríe]

¿Te molesta que haya buscado

el teléfono del café

en el directorio?

Isabel: No, no me molesta,

solamente que es inesperado.

O sea, no me lo esperaba.

Gustavo: Es que no te pedí

tu número personal,

así que no tuve otra opción.

Isabel: Ah, ya veo.

Gustavo: ¿Por qué no me das

tu celular?

Te quiero invitar a salir.

Isabel: Bueno, pues, ¿por qué

no?

Claro.

Oye, ¿y si mejor me das

el tuyo y yo te llamo?

Gustavo: Ah, sí, claro.

Pero, por favor, llámame,

porque me tienes embrujado.

Don Tomás: ¿Con quién hablas,

Isabel?

Alondra: No, no fue fácil.

Julio: Muy bien.

Redes sociales, fotos.

¿Te hiciste un alias?

Alondra: Ay, sí, pero eso

no importa.

Mira, es él.

Julio: Mm, ya veo.

Alondra: Y además, mira.

Esa es una nota de un periódico

de provincia.

No solamente traicionó

a mi familia robándole dinero

y haciéndole fraude y medio

a mis hermanos,

también lo ha hecho

con otras personas.

Julio: Tienes una mente

brillante, Alondra.

De verdad, no entiendo

por qué no estás en una oficina

de inteligencia.

Alondra: Ay, ya.

No te burles, ¿eh?

Mira.

Julio: Gertrudis Bocanegra.

Alondra: Mi exsuegra.

Julio: A favor de la propiedad

ubicada en--

Alondra: Los encontré.

Julio: Perfecto, perfecto.

Alondra: Voy a pedir

un nuevo permiso

para encontrarlo.

Isabel: Pero ¿qué puedo hacer?

Hasta soñé con ese hombre.

Don Tomás: Isabel, no quiero

escuchar hablar del tipo

que te robó un beso

y que te llama aquí, al café.

Mira, yo confío

en tu inteligencia.

Y por favor, hablemos

de otra cosa.

Del clima, por ejemplo.

Isabel: Bueno, si quieres,

hablamos de otra cosa,

pero es que hasta el clima

se me subió cuando se me acer--

Don Tomás: iYa está bien!

Oye, esto es el colmo.

Yo he callado mi opinión

porque agradezco que me tengas

confianza, hija.

Pero lo que me contó Poncho

y por lo que veo, te tengo

que decir lo que pienso, hija.

¿Qué es una ilusión idiota

de mi parte?

Pues, ya lo sé, abuelo, créeme.

Don Tomás: Ninguna ilusión es

idiota, pero es eso nada más

lo que tienes: una ilusión.

Isabel: ¿Y cómo romperla?

No sé nada de él.

Quiero saber todo de él.

Estoy pensando todo el tiempo

en él.

Don Tomás: Bueno, pues,

hay que investigarlo.

Poncho dijo que venía

con su hijo y que ese hijo es

novio de una amiga de Poncho.

Isabel: Tienes razón.

Si hay que investigarlo,

de acuerdo.

Don Tomás: Tantito mayor.

Lily: [Piensa] Era verdad

lo de la cafetería.

[Resuella]

Poncho.

Es cierto, no mentía.

Bueno, pero conociéndolo,

¿qué tantas cosas le debe estar

diciendo a Poncho?

Renato: Y entonces le dijeron

que mejor se quedara.

Esw síndrome es supercontagioso.

Es peor que la influenza,

es como el ébola.

Don Tomás: ¿El ébola?

Poncho: Híjole, pobrecita.

Dile que lo que necesite,

yo estoy aquí.

Y por favor, salúdala mucho

de mi parte.

Renato: Sí, muchas gracias.

Poncho: Y ya que estás aquí,

¿qué te sirvo?

Renato: Ah, no, nada.

No te preocupes.

Poncho: Claro que me preocupo.

Aparte, mis patrones te quieren

conocer.

Isabel y don Tomás.

Renato: ¿A mí?

Poncho: Sí, son superbuena onda.

Renato: Ok.

Gustavo: Buenas.

>> Ay.

Gustavo: Flores

para una estrella.

>> Ay, muchas gracias.

No era necesario.

Gustavo: Claro que sí.

Hay que hacer

de nuestra sociedad

algo que florezca, ¿no?

¿No crees, socia?

>> Mira, sobre ese tema

tengo mis dudas.

Gustavo: Por eso estoy aquí,

para resolverlas.

La transferencia se debe hacer

mañana antes de las 11

de la mañana--

>> Gustavo, perdón, pero le dije

a mi abogado.

Gustavo: Claro, no tiene idea

de nada, ¿verdad?

>> Bueno, se puso a investigar

y parece que no hay ningún tipo

de fraccionamiento

de esas islas de Belice.

De hecho, parece que son

privadas.

No hay propietarios

en las islas.

No hay ninguna inmobiliaria

que esté a tu nombre.

Gustavo: Me encanta que tengas

personas como tu abogado

que te asesoran

en tus inversiones,

pero es obvio que hay gentes

que llegan hasta determinado

nivel nada más.

>> ¿Qué quieres decir?

Gustavo: Que algo tan exclusivo

como lo que te estoy ofreciendo

no se va a comprobar

en un buscador de la web.

Está hecho para las estrellas

de tu talla, para los políticos,

empresarios y futbolistas

más importantes del mundo.

Y tú lo sabes.

Tú eres parte de ese tipo

de personalidades,

que lo que menos quieren

es que nadie se entere

de dónde invierten su dinero.

>> Yo no estoy convencida

en invertir en bienes y raíces.

Yo había pensado

en algo así como generar

muchos empleos,

como una cooperativa o algo.

Gustavo: Ah, sí.

Ahora todos andan con esa cosa

del apoyo social, ¿no?

>> Bueno, con el mundo

como está, uno que puede

debe generar los empleos

permanentes, ¿no crees?

Gustavo: Ya veo que todavía

no piensas como la estrella

que eres.

Te estoy dando el mejor consejo

de tu vida.

Compra ahora

este tiempo compartido

en las islas, lo revendes

dentro de un año

a un futbolista nobel

y con eso vas a tener

para hacer todos los mercados

que quieras, para apoyar

a quien tú quieras.

>> Bueno, mira, lo voy a pensar,

Gustavo, ¿eh?

Muchas gracias por las flores.

Gustavo: Entendido.

La oferta se cierra mañana, ¿eh?

Espero que me llames.

Estás guapísima.

>> Ay, gracias.

Renato: Y entonces mi madre

se fue con un magnate griego.

Porque la verdad, era una oferta

imposible de rechazar,

¿no creen?

Poncho: No, claro que creo.

Y aparte creo es muy importante

trabajar con un supermillonario.

Y más si es su asistente

personal.

¿A poco no, Isabel?

Renato: Y pues, entonces,

mi papá está solo.

Don Tomás: Bueno, bueno, bueno,

pero tu mamá va a pensar

en volver.

Renato: Ah, claro.

Y cuando venga por mí, vamos

a viajar por todo el mundo.

Me gustaría ir a Islandia,

donde les conté, la tormenta

de nieve que hubo ahí.

Poncho: Donde el oso polar

casi se come a tu mamá, ¿no?

Renato: Sí, esa.

Isabel: A ver, mira.

No lo tomes a mal,

pero la verdad eso del iceberg

y--

Renato: Es que es por--

por el calentamiento global.

¿Qué, no vieron la peli

de los osos?

Ahí está todo.

Bueno, muchas gracias,

pero es que tengo clase

de piano y no puedo faltar.

Don Tomás: Ah, ¿también?

Renato: Sí, mi profe me dijo

que le ayude a dar un concierto

o algo así.

¿Ustedes se imaginan?

Poncho: ¿Tocas piano?

Y voy a natación y cocino

casi tan bien como Isabel.

Buenísimos los pasteles

y muy bueno el café.

Muchas gracias.

Don Tomás: Bien, bien.

Isabel: No, no, gracias a ti,

pues, por contarnos

tantos cuentos, ya sabes.

Don Tomás: Mi nieta--

Es que mi nieta quiso decir

tantas cosas interesantes

y que te agradecemos mucho

esta tarde tan agradable.

Que estés bien.

Renato: Muchas gracias.

Un placer.

Don Tomás: Que te salga bien

el concierto.

Isabel: Que te vaya muy bien.

Abuelo, son puros cuentos

lo que nos dijo ese niño.

Ay, ¿por qué no me dejaste

decirle?

Don Tomás: Ay, Isabel,

¿no te das cuenta

de que este muchacho vive

de sus fantasías?

Porque seguramente

su realidad es tan dolorosa

que ni siquiera puede verla.

Isabel: Por lo menos tenemos

que decirle el dicho.

Don Tomás: ¿El dicho?

¿Qué dicho?

Isabel: "Más pronto cae

un hablador que un cojo".

Poncho: ¿Todo bien?

>> Sí.

¿Otro capuchino?

Poncho: ¿Lily?

Híjole, te ves increíble.

Lily: Sí, qué gusto verte.

Poncho: [Ríe]

Por supuesto que no tienes

ébola.

Lily: ¿Eso te dijo?

Ay, Renato.

Poncho: Sí, ¿qué onda

con tu novio, caray?

Lily: No, ya no es mi novio.

Y no debe saber que estuve aquí.

Poncho: O sea, ¿te andas

escondiendo de él?

Lily: Ay, es que es

supermentiroso.

Ya hasta me da pena

salir con él.

Poncho: Es que, la verdad,

no se mide mucho.

Alondra: ¿Cómo explicarle

tantos años de ausencia?

¿Qué pasa si Gustavo lo tiene

en mi contra?

¿Si no puedo ser la madre

que él espera?

Renato: Buenas tardes.

¿A quién busca?

Alondra: A--Renato.

Renato: ¿Quién es usted?

Alondra: Renato, eres tú.

Eres justo como me había--

Renato: No, no, no me toque,

vieja loca.

¿Quién es usted?

Alondra: Mi amor, escúchame.

Soy Alondra, soy tu madre, ¿eh?

Renato: No, usted no puede ser

mi madre.

Alondra: Por favor, no.

No, por favor, déjame verte.

No te vayas.

Déjame explicarte...

Ambos: [Discuten]

Alondra: No, no, mi amor,

por favor, déjame explicarte.

Renato: No, no me toque.

[Golpe]

[Gime]

Alondra: Renato, Renato,

¿estás bien?

Renato: No, no, no estoy bien.

Déjeme en paz.

iAbuela, abuela!

Déjame.

Poncho: Bueno, entonces,

¿lo quieres o no lo quieres?

Lily: Ay, no sé.

Creo que podría quererlo más

si su corazón se abriera

de verdad, ¿sabes?

Poncho: ¿Qué quieres decir

con eso?

Lily: Que yo sé que detrás

de tantas mentiras, sufre

y que está más atrapado

que cuando estábamos

tú y yo en casa de esa señora.

Poncho: Eso ni me lo recuerdes.

Lily: Ay, pues, yo todavía tengo

muchas pesadillas.

Poncho: Sí, es que estuvo

horrible.

Lily: Bueno, pero lo bueno

fue que llegaste esa vez.

Y que vuelves a aparecer ahora.

[Ríe]

Lily: Eh, bueno,

pues, yo ya me tengo que ir.

Poncho: Yo igual.

Lily: ¿Tú también te tienes

que ir?

Poncho: No, no, no.

No.

A ver, Lily, ¿por qué

no me esperas a que termine

de trabajar y, pues, yo te llevo

a tu casa?

Digo, para que no te vayas

a ir solita y no te puedas

encontrar otra vez

a esas señoras.

Lily: Sí.

Sí, sí, está bien.

Renato: Abuela, por favor, ven.

Gertrudis: ¿Qué te pasa, Renato?

Pero ¿qué--qué te pasó?

Renato: Es esta vieja loca.

Dime que me suelte.

Gertrudis: Alondra.

Alondra: Así es, señora.

¿Pensaron que me podían enterrar

en un psiquiátrico de por vida?

Renato: ¿En un psiquiátrico?

Alondra: He trabajado

durante años para controlar

mi condición.

Ya estoy dispuesta para venir

y regresar por mi hijo.

Gertrudis: Alondra, francamente

no sé qué decirte.

¿Cómo nos encontraste, Dios mío?

Renato: No, ella no es mi madre.

Se está haciendo solo pasar

por ella.

No le creas, abuela.

Gertrudis: Lo de tu madre

luego lo vemos, Renatito.

Si no puedes mover la pierna,

tendré que llevarte al hospital.

Renato: Te estoy diciendo

que no es mi madre.

Alondra: Sí soy tu madre,

Te sentí crecer dentro de mí,

te vi nacer.

Creciste en mi regazo

y yo te adoraba.

Renato: Suéltame.

Alondra: Eras todo para mí.

Yo estaba tan embobada

con tu belleza y con tu ternura

y con tu amor que nunca

me di cuenta de lo que hacía

tu padre a nuestras espaldas,

mi amor.

Gertrudis: Mejor voy a llamar

al doctor.

Ahoritita vengo, mi vida.

No me tardo.

Alondra: No me dejes

con esta tipa, abuela,

por favor.

Alondra: Ella sabe

que todo lo que te estoy

diciendo es cierto.

Tienes que saber la verdad,

Tu padre nos separó.

Renato: No, no, la verdad es

que mi madre es rica

y va a venir por mí

y voy a viajar con ella

Y tú, así como estás,

aunque lo fueras,

nunca serías mi madre.

Poncho: Isabel, Isabel.

¿Habría posibilidad

de que me fuera un poquito

más temprano?

Isabel: Ah, sí, Poncho.

No sé, ¿por qué?

Poncho: Porque finalmente llegó

mi amiga, Lily, la que estuvo

encerrada conmigo

con las dos señoras esas.

Justo cuando los conocí

a ustedes.

Isabel: Ah, sí.

La que es novia de Renato, ¿no?

Poncho: Exacto.

Isabel, estuve con ella y--

y me gusta.

Isabel: ¿Por?

Poncho: Pues, no sé.

No sé, es algo muy raro.

Pero cuando estoy con ella,

no sé, como que me quiero

rascar el pecho y--

y entonces me da--

Siento hormiguitas en la panza.

No sé, Isabel.

Isabel: Ah, pues, sí.

Poncho, la atracción es

muy rara, así es.

Poncho: Isabel, ¿te estás

mandando mensajitos con el papá

de un mentiroso?

Isabel: Mira, a ti te gusta

la novia del mentiroso,

así que ni me digas nada.

Y por mí, claro, acompaña

a Lily, me da idéntico.

Nomás platícalo con mi abuelo.

Pero si tú no dices nada

de mis mensajitos,

yo no le digo nada de Lily.

Ya, si quieres.

Don Tomás: A ver, ¿qué es

lo que no me van a decir?

Poncho: Ay, don Tomás,

bienvenido.

Don Tomás: ¿Entonces?

Ambos: Nada.

Don Tomás: No me digan mentiras.

Ya saben, "más pronto

cae un hablador que un cojo".

Y una coja.

Isabel: No, no son mentiras,

abuelo.

Lo que pasa es que vienen

unas amigas de Guadalajara

y ya quedamos de vernos

para ir a comer pizza.

No te importa, ¿verdad?

Poncho: Ah, don Tomás,

aprovechando.

Tengo una tarea muy difícil

y lo voy a hacer con una--

con unos--unos compañeros.

Don Tomás: Ah.

Pizzas, compañeros.

Renato: No, no necesito

que me ayuden.

Las odio, las odio.

Alondra: Renato, Renato, Renato,

por favor, déjame contarte.

Tienes que saber la verdad.

Renato: No, no quiero saber

nada, y váyase.

Vieja loca.

Gertrudis: Renato, Renatito.

Alondra: [Llora]

Gertrudis: Lo que has de haber

sufrido.

Alondra: No creo

en su compasión, doña Gertrudis.

No es necesario que finja.

Gertrudis: No soy una desalmada,

Alondra.

Simplemente elegí por mi sangre.

Y a mi nieto lo quiero

como si fuera mi propio hijo.

Alondra: Entonces ayúdeme.

Usted sabe lo que es vivir

en un mundo lleno de falsedad

y enredado en mentira

tras mentira.

Si usted de verdad ama

a su nieto, por favor, ayúdeme.

Gertrudis: Sí.

El merece saber

lo que es su padre.

Ya estará en él perdonarlo

o juzgarlo.

Pero si de verdad quieres

recuperar a tu hijo,

dale tiempo al tiempo.

Tiene que ser poco a poco.

Con cariño,

que es lo que más le hace falta

a Renato.

Lily: Me encanta ver

todo lo que has logrado

y todas las aventuras

que has vivido.

Poncho: Sí, sí ha estado padre,

aunque...

No sé, de repente siento que--

que algo me ha faltado.

Lily: ¿Amor?

Poncho: Sí, sí.

Bueno, no, no.

Es que este tipo

de conversaciones me pone

muy nervioso.

Lily: ¿Y por qué no decir

la verdad?

Poncho: ¿Qué verdad?

Lily: Que puede ser

que tú me gustes

y que yo te guste.

Al fin.

Me vengo bajando del avión.

Sí, creo que estoy

cerca del café.

¿Quieres que pase por ti?

¿A cenar?

Claro que sí, conozco

un lugar excelente

para pasar una velada romántica.

Poncho: Híjole, Lily, perdón.

Perdón.

Sí, la verdad, la regué.

Yo creo que ya mejor me voy.

Mejor seamos amigos, ¿no?

Alondra: Es casi un hombre,

Julio, pero--

Julio: ¿Qué pasó?

Alondra: Lo afectó mucho verme.

Su papá le ha contado

puras mentiras.

Está convencido

de que su madre es la asistente

personal de un magnate.

Tú podrías parecer

un magnate griego.

Y si yo me disfrazo--

Julio: Alondra, Alondra.

Piensa bien lo que vas a hacer.

Tú tienes trastorno límite

Jugar con ser otra persona

no te va muy bien que digamos.

Alondra: Pero es una forma

cariñosa que puede ayudar

a mi hijo a verme

de una forma cercana

o al menos divertida.

Isabel: Gracias.

Renato: Lily, de verdad me rompí

la pierna y de verdad fui a ver

a tu amigo Poncho.

Lily: Sí, ya lo sé.

Yo también fui a verlo.

Me acompañó hasta mi casa y...

Renato: ¿Y qué?

Lily: Nada, Renato.

Que me di cuenta

de lo buen amigo que es Poncho.

Renato: Entonces, ¿me acompañas

a la escuela?

Lily: Sí, sí, sí.

Claro que sí.

Renato: Gracias, Lily.

Yo sé que no me he portado

muy bien y neta, me duele

todo lo que te he hecho.

Lily: Guau.

¿Qué te hizo decir eso,

eh, Renato?

Renato: Pues, no sé.

Hoy se apareció una loca

diciendo que era

mi verdadera madre.

Y no sé, mejor luego te cuento.

Gustavo: Es parte de mi negocio

en el Caribe.

Tengo otros en las islas griegas

y en varios lugares del mundo.

Bueno, el caso es

que la artista, la estrella

famosa que te platiqué,

va a aceptar.

Vas a ver, mañana me va

a llamar.

Y en cuanto haya cerrado

el negocio, nos podemos

ir de viaje.

Isabel: Ah, ¿sí?

¿Y adónde me vas a llevar,

Gustavo?

Gustavo: ¿A ti?

A la luna.

De verdad, te pasas.

Gustavo: ¿No me crees?

Hay un pueblito en Arizona

que se llama La luna.

Isabel: Ah, y también hay uno

en Texas que se llama París.

Gustavo: Eres tan inteligente,

Isabel: Tú eres tan mentiroso,

Gustavo.

Ya entendí por qué me siento

tan atraída a ti.

Yo sabía que tenía

que enfrentarme a mí misma.

Gustavo: ¿Un mentiroso, yo?

Isabel: Ah, ¿me lo vas a negar?

Gustavo: O sea que no me crees.

Isabel: Claro que no te creo.

Si ya te caché.

Tú usas la ilusión

de las personas para salirte

con la tuya.

Eres un hablador,

pero ¿sabes qué es lo realmente

malo de todo esto

que estás haciendo?

Que se lo estás heredando

a tu hijo y él está sufriendo

por tus mentiras.

Gustavo: Esta conversación

no me está gustando, Isabel.

Isabel: ¿Por qué?

Ah, porque te estoy diciendo

la verdad.

En una de esas, ya ni puedes

reconocer qué es la verdad.

Porque yo creo que tú sufres

de esa cosa que se llama

mitomanía.

Gustavo: La señorita paga

la cuenta, por favor.

Mesero: Enseguida.

Isabel: ¿Cómo?

¿Ya te vas?

¿No me vas a llevar a la luna?

¿Sabes qué es la mitomanía?

Gustavo: A mí me gusta pasar

ratos agradables

con las mujeres,

no discutir con ellas.

Isabel: Claro, te encanta pasar

ratos agradables con las mujeres

mientras te paguen todo

y les hagas creer ilusiones

que luego las van a herir.

Ilusiones que te hacen creer

que tú eres alguien

que de verdad no eres.

Las hiero y hasta las vuelvo

locas, así que te estoy haciendo

un favor.

Te va a salir bien barato.

Olvídate de mí.

Isabel: No, mientras no pienses

en el mal y en el daño

que le estás haciendo a tu hijo.

Gustavo: Suerte,

ojitos que embrujan.

Suficiente.

Isabel: La mitomanía es

una enfermedad que tiene cura.

Mesero: Si es tan amable.

Isabel: Claro, la cuenta.

Gracias.

>> Hola.

Ay, qué coincidencia

encontrarte aquí.

Te presento a mi licenciado.

Gustavo: Hola.

Licenciado: Mucho gusto.

>> Siéntese, por favor.

Justamente, el licenciado me dio

informes sobre tu persona.

Gustavo: ¿Sobre mi persona?

>> Bueno, claro.

Cuando alguien insiste tanto

en que su supernegocio

no se puede investigar

en internet, uno sospecha.

¿No crees?

Gustavo: Cuando uno tiene clase,

no sospecha,

tiene uno confianza.

>> Bueno, y cuando se abusa

de la confianza,

es fácil embaucar

a través de inversiones falsas,

cuentas fantasma

para comprar islas

que no existen.

Gustavo: ¿Qué es esto?

>> A ver, Gustavo, ¿a poco nunca

te habías metido en un buscador

a buscarte a ti mismo?

¿De verdad no sabías

lo que tus demás clientes

hablan de ti?

¿O simplemente creías

que me podías engañar?

Gustavo: Estas son mentiras.

Todo esto es difamación.

No seas incrédula.

Esto es rencor, envidia.

>> Ajá, ajá.

Seguro el destino te tenía

reservada una gran lección.

Y ni modo, me tocó dártela.

Gustavo: No tengo

por qué escuchar esto.

>> Sí, sí tienes

porque aquí el licenciado y yo

te estamos acusando

de intento de fraude.

Isabel: ¿Y ahora qué pasó?

Ah, usted es la estrella

a la que este señor,

mañosamente, le quiere vender

una isla, ¿verdad?

Gustavo: No pueden probar nada.

>> No, no, no.

Hasta que venga la policía

y des tu declaración.

Tú solito te vas a enredar

en algo.

Si ya lo dice el dicho,

"más pronto cae un hablador

que un cojo".

¿Nos ayudas?

Isabel: Ah, con mucho gusto.

Pero ¿me puede dar su autógrafo?

>> Ay, claro.

Renato: Yo creo que esa mujer

sí era mi madre.

Lily: En vez de dudar tanto,

¿por qué no la conoces?

Renato: Pues, porque si le creo,

quiere decir que mi papá

me mintió toda la vida.

Lily: A ver, y si lo hubiera

hecho, ¿qué vas a hacer?

¿Vas a seguir así, dejando

que te mienta por siempre?

Renato: Es que es mi papá.

Lily: Mira, Renato.

Si quieres mi opinión,

yo creo que quien te habla

con la verdad, te quiere.

Sea quien sea.

Renato: Lily, yo te quiero

de verdad.

Lily: Yo también.

Pero prefiero ser tu amiga

que tu novia porque la verdad,

ando bien confundida.

Renato: Pues, supongo

que me lo merezco.

Lily, vámonos.

Lily: ¿Qué pasa?

Renato: Ahí está esa vieja loca.

Lily: ¿Loca?

Pues, como que parece

la asistente del tipo rico ese.

Renato: No, no, es una farsante.

Se está haciendo pasar

por quién sabe quién.

Lily: ¿Y no será que después

de como la trataste

está intentando seguirte

la corriente

para que la quieras?

Digo, es tu madre y debe estar

dolidísima porque la trataste

mal.

Renato: ¿Tú crees?

Alondra: Eh, señor Papalópulus,

le presento a mi hijo Renato.

Hola, Renato.

Disculpa que te moleste,

pero Gertrudis, tu abuela,

me dijo que estabas por aquí.

Y bueno, quería

que me conocieras

como realmente soy y claro,

presentarte a mi jefe,

el magnate griego

Sócrates Papalópulus.

Julio: Mucho gusto, Renato.

Alondra, mi asistente,

me ha pedido que venga

a comprobar nuestra existencia.

Es una mujer excelente.

Gran asistente.

Hemos viajado por todo--

Renato: Ustedes son un par

de farsantes.

Julio: ¿Ves, ves?

Te dije, te dije

que no engañábamos a nadie.

Lily: Bueno, pero están

muy chistosos.

Eso sí es verdad.

Alondra: Ay, gracias.

Lo siento, Renato.

Mira, este es Julio.

Julio: Soy el asistente

del psiquiátrico

donde Alondra está siendo

dada de alta porque su trabajo

para controlar su trastorno

límite de la personalidad

ha sido ejemplar.

Ella ya está lista para hacer

una vida normal.

Lily: ¿Y qué es eso

del trastorno?

Julio: Bueno,

entre otras manifestaciones,

es una inestabilidad emocional.

Lily: Bueno, lo que sea.

Señora, yo soy Lily

y yo sí le creo, le creo todo.

Alondra: Gracias, gracias,

gracias, gracias.

Julio: Renato,

yo he visto a tu madre salir

de la locura con una simple idea

en la cabeza:

recuperar a su hijo.

Vengo a pedirte que te des

la oportunidad de conocerla.

Es una mujer excelente,

divertida y con muchísimo cariño

que darte.

Renato: Ya veo que sigue estando

un poco loca.

Alondra: Hijo, perdónanos.

Lo hice para acercarme a ti.

Yo sé muy bien lo que soy

y lo que quiero.

Y te quiero a ti.

Gertrudis: ¿Bueno?

Sí, efectivamente.

Soy la madre del señor Gustavo

y la abuela de Renato.

¿Quién habla?

¿Isabel qué?

Mire, señorita.

La verdad, le agradezco

que me haya avisado

que Gustavo está

en la delegación,

pero no pienso ir.

No tengo cómo apoyarlo

y hasta creo que sería un error.

Si mi hijo cometió una falta,

pues, tiene que pagar.

Pero le agradezco su llamada.

Ahora, al que me toca apoyar

es a mi nieto.

Isabel: La señora debe estar

también harta de las mentiras

de su hijo.

>> Me parece increíble

que cada dicho de estos muros

tenga una historia.

Ay, qué bueno que me invitaste,

Isabel: No, por favor.

Es un placer que nos conozcas.

>> Qué linda.

Don Tomás: Y lo mejor

son las enseñanzas

que nos han dejado estos dichos.

Por ejemplo, estoy seguro

que el dicho que vas a escribir

nos ha enseñado a todos

el valor de decir la verdad.

Poncho: Y esto nos hace

mejores personas a todos.

Isabel: Y el mundo necesita,

sobre todo, buenas personas.

Don Tomás: Claro.

Isabel: Ay, el plumón.

>> Bueno, no se diga más.

¿Dónde firmo?

Don Tomás: Ahí.

>> Perfecto.

Don Tomás: Ahí está.

Gustavo: iNo!

iYo no pertenezco aquí!

iYo soy amigo del juez!

iYo soy importante!

iYo conozco

a mucha gente importante!

Por: Televisa
publicado: Feb 10, 2017 | 02:00 AM EST
Una señora sale de un hospital psiquiátrico en busca de su hijo, pero descubre que su esposo se cambió de casa. La señora encuentra a su hijo y le dice que ella es su madre, pero él la rechaza.
         
publicidad