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COMO DICE EL DICHO
Lunes a Viernes - 5PM / 4C

Como Dice el Dicho

Como Dice el Dicho - 'El hombre propone y Dios dispone'

Transcripción del Video

Locutor: Televisa presenta...

>> Oigan, salud, a ver,

qué buena fiesta.

Salud, tú.

Salud, salud, salud...

>> Sara, ¿estás bien o qué?

Sara: Claro que estoy bien,

claro que estoy bien,

voy a hacer un brindis.

Un superbrindis.

[Música]

A ver si así sí me hacen caso,

malagradecidos.

Bueno, ahora que ya tengo

su atención,

lo único que quería decirles

es que a todos les deseo

un supersemestre

y que se la pasen increíble

y los quiero.

>> Ya, Sara, bájate de ahí,

tápate.

[Hablan a la vez]

Sara: Oigan, los amo

y que disfruten la fiesta.

>> Sara, bájate de ahí.

Sara: [Grita]

[Ríe]

>> Oye, espérame tantito.

Primito, échate un traguito.

>> No.

> Ay, por dios, ni que te fuera

a hacer daño.

>> No, es que el otro día tomé

una cerveza y me puse muy mal,

prefiero no tomar.

>> Shh, justamente por eso

te quise sacar.

No quiero que luego

vayas a andar dejando en mal

el apellido.

>> Oye, oye.

>> Mm, ¿allá?

>> Sí.

>> Ah, se llama Sara.

Como sus papás trabajan fuera,

la casa prácticamente

es de ella.

Y como podrás ver,

arma unos reves, que bueno...

>> Está muy bonita.

>> [Chista]

¿Cómo bonita?

Hay términos más propios,

como mamacita, rica, sabrosa...

>> No, no, es la verdad,

está bien bonita.

>> Te voy a explicar una cosa.

Cuando uno está

en la universidad,

no nomás te das unos besitos.

Sí, besitos por aquí, por allá,

[...]

>> ¿Qué es lo que dices?

No entiendo.

>> ¿Qué es lo que no entiendes?

Ya te metes una [...]

¿Ya me entendiste?

¿No?

>> Ah.

>> [Ríe]

Ay, chiquito.

No sé por qué presiento

que si me haces caso,

tú sales de esta fiesta,

pero mira, como todo un campeón.

Atento.

Sonríe.

Sara: Hola.

>> Hola.

Sara: ¿Y qué, ya te aburriste

o qué?

>> No, no, ¿cómo crees,

si está bien padre la fiesta?

Es que no conozco a nadie.

Sara: Ay, pobrecito.

Así que eres del primer semestre

porque yo nunca te había visto

por aquí.

>> No, yo voy en otra

universidad.

Mi primo me invitó,

espero no te moleste.

Sara: Mira, te voy a decir

una cosita.

Nada--

>> Pablo, ¿has visto a Sara?

Pablo: Ay, chiquita...

>> Suéltame, idiota,

de veras contigo nunca se puede

hablar civilizadamente.

Pablo: No, pues, tú dime

cómo se te antoja, princesita.

>> Ya, te estoy preguntando

en serio.

¿Viste si se fue a la tienda

o no sé, a algún otro lado?

Pablo: [Ríe]

¿A la tienda?

Por Dios, tú a veces pecas

de ingenua.

Si ya sabes dónde termina

tu amiguita en cada reventón.

En una camita.

>> Qué patán eres.

Suéltame.

Pablo: Tranquila,

que esta vez, esta vez

está en muy buenas manos.

>> Dime, ¿con quién está?

Pablo: Estoy ocupado.

En un ratito.

Una fan.

>> Oye, Pablo, Pablo, ven.

Pablo: Ole,

¿cómo te fue, matador?

Cuéntame.

¿Hiciste lo que te dije?

>> Sí, sí, hice exactamente

lo que me dijiste, pero...

Pablo: Uy, no me digas nada más

y dame una abrazo.

Puaj, ¿qué pasó, Oscarín?

Hueles como a borracho.

Oscarín: Pablo, es que me tardé

mucho en bajar,

porque Sara no se sentía bien.

Pablo: Ah, bueno, bueno.

Y yo aquí

jurándole a mi camarada

que tú eras todo un [...]

arrullándola,

la hubieras botado en su cama,

primo.

Oscar: [Suspira]

Pablo: Ay, ¿de verdad?

Aunque parezcas

mi hermano mayor,

eres un niñazo.

Eres un niñazo.

Animo, niñas, eso.

Primo.

>> ¿Qué onda, hoy sí vas a ir

a entrenar?

Oscar: No sé,

voy a ir a cambiarme a mi casa,

y ya veo si me animo.

>> Pues, ya van casi dos semanas

que no vas.

Aparte, ¿no se suponía que tú

eras el más emocionado

por calificar en las olimpíadas

del básquet?

Oscar: Sí,

pero con lo de Sara...

>> Ah, la chava que me contaste

el otro día, ¿no?

¿Qué tiene que ver una cosa

con la otra?

Oscar: Pues, que no--no puedo

dejar de pensar en ella.

>> ¿Y ya la buscaste?

Oscar: Ay, ¿tú crees

que me va a tomar en serio

si se entera

que voy en la secundaria?

>> Ay, ¿que no dicen

que para el amor no hay edades?

Oscar: Sí, síguete burlando.

Mientras,

a mí me duele todo el cuerpo,

solo quiero ir a dormir

para soñar con ella

y recordarla.

Lo que tú tienes es que estás

enamorado.

Oscar: ¿Enamorado?

>> Sí, claro.

Cuando mi hermana

tiene nuevo novio,

tiene los mismos síntomas

que tú, pero ¿sabes qué?

Ya llégale,

y mejor regresa a jugar

al equipo.

La neta

es que sí te necesitamos.

Poncho: De fresa.

Isabel: [Chista]

A ver, tú siempre le andas

sirviendo a las niñas guapas.

Ahora déjame servirle a mí

a ese papazote.

Poncho: ¿A quién, a Oscar?

Isabel: ¿Lo conoces?

¿Se llama Oscar?

No, pues, hasta tiene bonito

nombre.

Ay, es que está tan guapo,

tan grandote, tan varonil...

Poncho: Isabel, de verdad,

si hubiera sabido

que te gustaban

los menores de edad,

ya me hubiera aplicado.

Con decirte que íbamos

en la misma secundaria.

Isabel: Bueno, que sea burro

no quiere decir que esté feo.

Aunque, ¿secundaria?

No, si ha de ser muy, muy burro.

No, mejor llévale tú las cosas.

No le quiero enseñar a sumar.

Poncho: Oye, pero tampoco

es un fósil.

Pero solo déjame decirte algo.

Había chavos gandallas

que le decían "Don Oscar".

Otros le decían "Profe", o--

Isabel: Bueno, pero igual

está guapísimo.

Poncho: Mi buen Oscar.

Oscar: Gracias.

Poncho: De nada.

Pablo: ¿Qué húbolas,

qué húbolas?

Ponchito, oye,

cafecito doble, por favor,

bien cargadito.

Poncho: Sí, ¿algo más?

Pablo: Pues, sí,

si me lo puede traer...

El bomboncito que está ahí,

pues, te doy propina doble.

Eso.

Oscar: ¿Por qué te tardaste

tanto?

Pablo: Bueno, ¿por qué tanta

prisa?

Vengo de la universidad.

¿Qué necesitas?

¿Por qué no me dijiste

por teléfono?

Oscar: Porque es algo

muy importante y pensé

que con tu experiencia

podrías ayudarme.

Pablo: ¿Qué?

Oscar: Lo que pasa es que...

Estoy enamorado de Sara

y le voy a pedir

que sea mi novia.

Chale, primo,

pero ¿qué mosca te picó?

¿Tas guey o qué?

Oscar: [Balbucea]

Yo pensé

que tú podías ayudarme--

Pablo: No, no, a ver,

espérate, espérate.

Ni estás enamorado,

ni le vas a llegar a Sara.

No cabe duda de que ese dicho

que escribió mi mamá

es bien cierto:

"El Hombre propone

y Dios dispone".

Oscar: No, es que yo

le voy a pedir que sea mi novia.

Pablo: A ver, Oscar,

Sara ni siquiera--ni siquiera

se acuerda de tu nombre.

Oscar: ¿Cómo no se va acordar

de mi nombre

después de lo que pasó?

Pablo: Es que sí, sí,

no cabe duda,

estás bien chiquito.

[Suspira]

>> ¿Cuántas veces te dije

que te cuidaras, Sara?

Dime cuántas.

Sara: Ay, bueno, ya,

no me regañes,

suficiente tengo con esto

que me está pasando.

>> No, es que no tienes

justificación,

hasta en la enfermería regalan

condones.

Sara: Ay, bueno, sí,

pero en ese momento

es en lo último que piensas,

créeme.

>> Y mira las consecuencias

de no hacerlo.

¿Y ahora qué vas a hacer?

¿Qué les vas a decir

a tus papás?

Sara: No sé.

Mira, no sé, no sé.

Mis papás

llegan dentro de un mes

y ahorita no tengo cabeza

para pensar en nada.

Pero eso sí,

ni de chiste, ni de chiste

se me va a arruinar la vida

por una nochecita de pasión.

>> Uy, mi reina, pero en tu caso

ha sido más

de una noche de pasión, ¿eh?

Sara: Ay, tú por mojigata,

equis, no, mira, no importa.

Ni loca, ni loca Adriana,

tengo este bebé.

Lo digo en serio.

Eh, ¿sí?

Oscar: Hola.

¿Estás ocupada?

Si estás ocupada puedo venir

a verte después.

Sara: ¿Te conozco?

Oscar: Sí, soy Oscar,

el primo de Pablo.

Oscar: Ah, Pablo.

¿Te mandó él? ¿Qué quiere?

Oscar: No.

Adiós.

Sara: Ey, tú, tú, tú,

primo de Pablo, ven.

¿Esas flores son para mí?

Oscar: Sí.

Sara: Gracias.

Adriana: Sara, ¿es neta?

¿En qué planeta estás?

Lo último que necesitas ahorita

es esto.

Oscar: Todo lo que me dijo Pablo

es cierto.

Soy un estúpido.

>> Oscar, acabo de ver

tu uniforme

y está igual de limpio que ayer.

¿Por qué no fuiste

a los entrenamientos?

¿Así cómo vas a ganar

un partido?

Oscar: Es que no--

no tenía ganas, ma.

>> ¿Por qué, mi amor,

te sientes mal?

Ay, ¿qué tienes?

Oscar: No, mamá, estoy bien,

estoy bien.

>> A ver, desde que estabas

más chaparrito que yo,

yo no te veo llorar.

Dime qué te pasa,

¿te están molestando

en la escuela?

¿Quieres que yo vaya?

Seguramente

a los entrenamientos,

eso es, ¿verdad?

Oscar: No, mamá, mamá.

Nadie me molesta, de verdad.

>> ¿Entonces, amor, qué tienes?

Oscar: ¿Me prometes

que si te digo la verdad

no te vas a reír de mí?

>> Ay, amor, claro que no,

te lo prometo.

¿Qué pasa?

Oscar: Me duele mucho aquí.

Adriana: Toc, toc.

¿Ya me vas a hablar?

Sara: Es que ni mi mamá

me hacía estos shows

cuando vivía conmigo.

No puede ser.

Adriana: Sí, ya sé, reconozco

que me pasé, pero--

Sara: Pero nada, Adriana.

Es que la diferencia

entre tú y yo es que a mí nadie

me había regalado flores antes.

Adriana: ¿En serio?

Sara: En serio,

aunque te parezca increíble,

nadie lo había hecho.

Y cuando por primera vez

alguien más o menos decente

lo hace, tú lo arruinas.

Adriana: Sí, ya sé,

pero si te lo dije

fue porque parece

que no te ha caído el veinte

lo de tu bebé.

Sara: Ay, bueno, es que tampoco

te azotes.

No es como que me dio cáncer,

o algo así.

Esto se arregla rapidito.

No pasa nada.

Adriana: Es que de verdad

no entiendo.

A veces me parece sorprendente

cómo todo se te hace tan fácil.

Sara: Pues, sí.

Adriana: Pero bueno,

aquí lo importante es saber

quién es el papá.

Sara: Bueno, ¿y como para qué?

Adriana: ¿Cómo que para qué?

Merece saber tu estado.

Sara: Vamos a hacer algo.

Mira.

Mi agenda.

Tienes absoluta autorización

para descubrir la identidad

del padre de mi hijo.

Así es que tranquila.

Adriana: Hola.

Pablo: ¿Qué húbolas?

¿Ya vienes a perdonarme o qué?

Adriana: Ay, jamás.

Cuando terminamos

te dejé muy en claro

que no quería nada contigo,

¿escuchaste?

Nada.

Pero bueno, ese no es el tema.

¿Me puedes pasar el celular

de tu primo?

Pablo: ¿Oscar?

Digo, no cabe duda, el pegue

viene en el apellido.

Adriana: Ay, no digas tonterías.

Lo que pasa es que me porté

horrible ayer con él

y lo único que quiero es pedirle

una disculpa.

Pablo: ¿Y de cuándo a acá

sales con Oscar?

Por lo que veo,

se me olvidó decirle

que hay ciertas personitas

que están prohibidas.

Adriana: De veras que qué tonto

eres.

Jamás saldría con nadie

que llevara tu sangre.

Lo que pasa es que, bueno,

el fue a nuestra casa

y prácticamente lo corrí.

Me siento fatal, pero me agarró

en mis cinco minutos de enojo.

Pablo: ¿O sea que sí se animó

a ir a ver a Sara?

Adriana: ¿Tú cómo sabes?

¿Tú lo mandaste, o qué?

Pablo: No,

¿qué lo voy a mandar yo?

Lo que pasa

es que no sé qué toloache

tan fuerte le dio tu amiga,

pero mi primo, mira,

anda de una alita, que bueno...

Adriana: ¿Cómo?

Pero Sara me dijo

que no lo conocía.

Pablo: No, bueno, pues,

es que así estaba de borracha.

Pero la última fiesta en tu casa

se conocieron bastante bien.

Adriana: ¿Cómo, cómo?

A ver, a ver.

¿Tu primo es el que estaba

con ella aquella noche

en nuestra casa?

Pablo: Así es.

Adriana: Cuando Pablo me dijo

lo de su primo, entendí todo.

Oscar es el papá de tu bebé.

Sara: [Ríe]

Perdón, es que no sé,

me da una ternura

cuando te refieres así

en términos familiares.

La mamá, el papá, el bebé,

o sea...

Ay, no.

Adriana: Mira,

eres mi mejor amiga

y si estoy como tonta ayudándote

es porque realmente me importas.

Sara: Yo lo sé, yo lo sé,

y de verdad te lo agradezco,

pero tampoco

te tienes que preocupar tanto.

Adriana: ¿Y como por qué no?

Sara: Porque como que sí tengo

una idea de quién puede ser

el papá.

La verdad.

Sara: Espérame, Adriana,

ven acá.

Júrame, júrame

que no le vas a decir

una palabra a Oscar, por favor.

Adriana: El tiene el derecho

a saberlo, pero ya sé,

no me corresponde a mí decirlo.

Sara: Es que ni al caso

que hagamos este asunto

más grande.

A él le va a venir valiendo,

al fin y al cabo fue un acostón.

Adriana: Sí, pero yo pienso

que tú deberías de hablar

con él.

No tiene nada de malo,

te vino a traer flores.

Sara: Sí, las mismas que tú

le aventaste en la cara.

Adriana: Bueno, ya, ya pasó.

Pero el caso

es que yo me refiero

a que él tiene todo el interés.

Si no ni siquiera te hubiera

buscado.

Sara: Bueno, aunque tuviera todo

el interés,

mi decisión está absolutamente

tomada.

Ya contigo encima es suficiente.

Adriana: Pero él tiene derecho

a saber que es su hijo.

Merece saberlo.

Sara: Oye, oye, sí,

ahora que lo pienso,

también es su hijito.

Amiga, eres un genio, te amo.

Eres un genio,

tienes toda la razón.

Adriana: ¿Le vas a decir?

Sara: Es que mira,

con la mensualidad

que me dan mis papás, pues,

no me va a alcanzar

para resolver mi problemita,

¿no?

Yo no estaba hablando de dinero,

Sara.

Sara: Bueno, pues, yo sí.

Y como siempre, te lo debo todo

a ti, amiga, te amo.

Exacto.

>> No puedo creer

que aunque no fuiste

a las últimas prácticas,

hoy jugaste de maravilla.

Fuiste el mejor poste de todos

los equipos.

Yo creo que así, sí calificas.

Es que saqué todo mi coraje

por lo de Sara.

No puedo creer que su amiga

me haya tratado así

y que ella no haya hecho nada.

>> De verdad, discúlpame,

yo fui el que te dijo

que le llegaras, soy un tonto.

Oscar: No, está bien,

no es tu culpa.

>> Mira, como experto en esto

de que le rompan el corazón,

todo lo que tú tienes

es pasajero.

Oscar: Es que no estoy seguro

de querer olvidarla

y hacer como si nada de esto

hubiera pasado.

>> ¿Ahora hasta masoquista

me saliste?

Ya te dije, cambia de hoja.

Aquí el único enamorado,

eres tú.

[Timbre]

Sara: Tenemos que hablar.

Ey.

[Celular]

Oscar: Bueno.

Pablo: Vaya,

hasta que me contestas.

Oscar: Mira, si hablas

para seguir burlándote de mí,

te voy a colgar.

La última vez casi te golpeo.

Pablo: Eso ya está superado.

Te tengo un notición.

Sara me buscó.

Oscar: ¿Sara?

Pablo: Me pidió que fueras

al café El Dicho en una hora.

Oscar: No, no puedo.

Mi mamá llega del trabajo

y si no me ve aquí,

ya sabes cómo se pone.

Pablo: Pues, allá tú.

Pero si no vas, va a creer

que no te interesa.

Oscar: Es lo que más me importa.

Pablo: No, bueno, ¿sabes qué?

O peor aún, se va a dar cuenta

de que eres un chamaco

que no puede salir a la calle

sin el permiso de su mami.

Oscar: ¿Qué quieres decir?

Tú le has dicho algo

sobre mi edad?

Pablo: Pero por supuesto que no.

Te hice una promesa de primos.

¿Y sabes qué?

Si quieres que te pele, nunca,

nunca se lo vayas a decir,

Oscarín.

Sara: Oye, mi amiga te manda

una disculpa enorme

por lo del otro día.

Oscar: No, bueno, lo bueno

es que sí viniste.

Como tardabas, pensé que Pablo

me había mentido.

Sara: Tú y tu primo

son muy cercanos, ¿verdad?

nos llevamos muy bien,

aunque a veces no me gusta

cómo trata a las personas.

Sara: Oye, ¿y qué?

¿Esas son para mí?

Sara: Sí, las tomo de una vez,

no vaya a ser

que te arrepientas.

Oscar: No, nunca lo haría.

Sara: Tengo algo importante

que decirte.

Yo sé que tú y yo

no nos conocemos.

Digo, no más allá

que aquella vez.

Oscar: Yo al contrario.

Siento como si nos conociéramos

desde siempre.

Sara, no soy muy bueno

para esto, pero quería pedirte

que seas mi novia--

Sara: Estoy embarazada.

>> ¿Qué le vas a decir

a tu mamá?

Ay, no sé.

Sara--Sara no quiere tenerlo.

Me pidió dinero para el aborto.

>> Híjole, pero eso

es supercaro y megapeligroso.

¿De dónde vas a sacar la lana?

Oscar: En mi alcancía

creo que tengo para una ida

al cine, imagínate.

Adriana: ¿Qué pasó?

¿Cómo te fue? ¿Y eso?

Sara: Mira.

Adriana: Te veo un poquito

pálida.

Sara: No, mira, te cuento.

Adriana: Cuéntame.

Sara: Estuvo raro,

porque le dije lo del embarazo

y aun así se quedó callado

escuchando todo lo que dije.

¿O sea que no es

como el patán de su primo?

Sara: Ni parecen primos.

No sé.

Adriana: ¿Y qué fue

lo que te dijo

de lo que piensas hacer?

Sara: No lo vi muy convencido,

pero, pues,

tampoco me dijo mucho.

Ah, lo que sí, le pedí el dinero

en calidad de ya, de urgente.

Adriana: ¿Y te lo va a dar?

Sara: Pues, por el bien de todos

más le vale, ¿no?

Pablo: No, pues, ¿no te digo?

Desde que andas enamorado

no me pelas.

Oscar: Tú sabías

para qué me quería Sara

y no me dijiste nada.

Pablo: Bueno, no quería yo

robarle la primicia.

Oscar: Es que no te das cuenta

de lo grave que es esto,

¿verdad?

Pablo: Ay, no, bueno,

qué azotado eres,

te pareces a Adriana.

Relájate, no te hagas

telarañas en la cabeza.

Deberías de darme las gracias.

Oscar: Sí, por meterme

en este problema.

Sara: Uy, bueno,

todavía que te vengo a ayudar

con el dinero...

Y fíjate que nadie te puso

una pistola en la cabeza

para que te acostaras con Sara.

Oscar: Lo sé

y no me arrepiento,

pero debí haber sido

responsable.

Oye, ¿tú cómo sabes

lo del dinero?

Pablo: ¿Cómo que cómo?

A ver, se te olvida

que te llevo cinco años

y cinco años de experiencia.

En casos como el tuyo,

siempre se necesita la lana.

Oscar: ¿Tú--tú puedes prestarme

el dinero?

Te aseguro

que te lo voy a pagar.

No, pues, no.

¿Me viste cara de rico?

Yo lo único

que te podría prestar,

pues, son mis ideas.

Se me ocurrió el plan perfecto.

Oscar: ¿Cuál plan?

Pablo: ¿Cómo que cuál plan?

Mira, ¿te acuerdas que una vez

descubrimos dónde guardaba

el dinero la abuelita?

Oscar: Sí, en su caja de zapatos

de novia.

Pablo: Ah, pues, ahí está.

Se lo tomas prestado.

Oscar: No, más bien robado.

Pablo: Uy, todavía te ofendes.

Todavía que te vengo a ayudar--

Oscar: No, no, no, perdón.

Perdón, pero es que no sé

qué hacer ni cómo hacerlo.

¿Cómo crees que voy a tomar

ese dinero?

Pablo: Ay, no es tan difícil.

Yo te ayudaría, pero la abuelita

no me puede ver en su casa

ni en pintura.

Adriana: Te traje este folleto.

Hay mucha gente que quiere

adoptar un niño.

Sara: A ver.

No acabes con una vida,

mejor crea una nueva familia.

Adriana: Sí, pensé que te daría

una nueva visión de todo.

Sara: A ver, Adriana,

¿cuántas veces

te tengo que decir

que ya tomé una decisión?

Adriana: Pero entiende,

un aborto

es un evento traumático,

yo no quiero

que pases por algo así.

Sara: Ah, claro,

porque regalar a tu bebé

es mucho menos traumático, ¿no?

Y arruinar mi vida y mi cuerpo

durante nueve meses no importa.

¿O cómo?

Adriana: Está bien, solo quería

ayudarte.

Sara: Adriana, Adriana.

Yo sé, discúlpame, discúlpame.

Pero por favor, respeta

que ya tomé una decisión.

En cuanto consiga el dinero

voy a ir a la clínica

que me recomendó Cristina.

Adriana: No, pero ¿por qué

no vas al servicio público

de salud?

Sara: Ay, ¿para qué?

¿Para que me pidan

toda mi información

y hasta los dientes de leche

para tenerme superfichada?

No, prefiero pagar.

Adriana: [Suspira]

No estoy de acuerdo

con lo que haces,

pero está bien, te voy a apoyar

porque eres mi mejor amiga.

Oscar: ¿Qué te pasa?

¿Estás mal de la cabeza?

Sara: Bueno, bueno,

¿quién te crees que eres?

Oscar: Tú no puedes fumar

en tu estado,

le puede hacer mal al niño

y a ti.

Sara: Baja la voz.

Por tu culpa estoy así,

pero no por mucho tiempo.

¿Trajiste lo que necesito?

Oscar: Sara,

sé que no nos conocemos muy bien

y seguramente tú también

tienes planes a futuro,

pero a veces el Hombre propone

y Dios dispone.

Sara: ¿De qué me hablas?

puede que todo esto

sea una señal para que tú y yo

lo intentemos.

Sara: A ver, ¿estarías dispuesto

a arruinar tu vida?

Oscar: Tener un hijo,

siempre es una bendición.

Sara: Sí, bueno, pero mientras

más rápido termine esto, mejor.

Oscar: Mira, yo podría trabajar

mientras tú estudias.

Te aseguro que nunca

les va a faltar nada

ni al bebé ni a ti.

>> ¿Y por qué de repente

te nació el instinto paternal?

Oscar: Cuando la vi,

pensé que dentro de ella

llevaba una parte de mí,

y entonces entendí

que estaba cometiendo un error.

Ay, soy un estúpido,

no debí dejarla ir,

no debí darle el dinero.

>> Tampoco tienes muchas formas

de convencerla.

¿Ya le marcaste a su celular--?

Oscar: Pepe, le he hablado

20 veces y no me contesta.

Pepe: ¿Por qué no vas a su casa?

Oscar: Tienes razón.

Tengo que ir a buscarla,

tengo que detenerla.

>> No, no, no,

¿a quién vas a detener?

Te vas ahoritita mismo

a la casa,

tú y yo tenemos que hablar.

Anda.

Pepe: Hola, señora.

>> Hola, Pepe, ¿cómo estás?

Adriana: ¿Es en serio

que es aquí?

Sara: Buenas noches.

>> Buenas.

Sara: Soy Alexandra, este,

vengo de parte de Cristina.

>> Ajá.

Ya saben cuánto cuesta

el servicio.

Hay que pagar por adelantado,

¿eh?

Sara: Sí, aquí está.

Adriana: Señorita, ¿podemos

hablar antes con el doctor?

>> Se paga por adelantado.

Sara: Sí, aquí está todo

completo.

>> Está completo.

Está con una paciente.

Ahorita pasas, ¿eh?

Pasen por allá.

Tú también, ándale,

tú también.

[Chista]

¿Qué estás haciendo?

Quítate de ahí.

Pásate para allá, te dije,

para allá.

Andale.

Doctor: Enfermera,

hay que llamar a una ambulancia.

Se está muriendo.

>> ¿Ahora sí me vas a decir

que es lo que tienes

o le tengo que preguntar también

a tu abuela?

Oscar: Solo le pedí el dinero,

ma, no lo robé.

>> ¿Y qué quieres,

que te aplauda o qué?

Ahorita mismo me vas a decir

qué hiciste con el dinero

que le pediste prestado.

Oscar: Pagué--pagué el viaje

de las semifinales de básquet,

que va a ser en Querétaro, ma.

>> Híjoles,

yo no sé qué me duele más.

Si mi mamá piensa que tú

fuiste a pedirle dinero

porque yo te mandé,

o que tú me mientes

tan descaradamente, de verdad.

Sara: Ay, ya.

Adriana: No, Sara, ¿qué te pasa?

¿Estás loca o qué?

Ni en chiste puedes regresar

a este cuchitril.

Sara: Bueno, ¿entonces qué?

La maldita enfermera se quedó

con todo el dinero.

Tengo que regresar por él.

Adriana: No, no puede ser.

La policía no tarda en llegar,

la ambulancia...

¿Y qué tal si se murió

esa chava?

Si regresas te pueden meter

en esa bronca.

>> iPablo!

Pablo: Tía, ¿cómo estás?

>> ¿Cómo que cómo estoy?

[Golpe]

¿Cómo estoy?

¿Que me quieres ver la cara

de idiota, o qué?

Pablo: Oye, bueno, ¿qué te hice

para que te pongas como fiera?

>> Mira, Oscar me contó todo

lo de la tal Sara.

Pablo: Ay, ¿qué? Si es por eso,

yo le advertí que no se metiera

con ella.

>> Ay, por favor, tiene 15 años.

Advertirle no es suficiente.

Pablo: ¿Y qué querías

que hiciera?

Además Oscar ya no es un niño.

Ya está en edad de disfrutar

los placeres que se le ponen

enfrente.

>> No, no es cierto.

No solo porque lo veas grande,

significa que ya está aquí,

aquí maduro.

Pablo: Ay, es que nunca

lo vas a entender,

porque eres una--una mujer.

>> Mira, lo que yo sí entiendo

es que esa niña, Sara,

es mayor de edad.

Y aquí está penado el estupro.

Pero ¿qué le dieron?

No entiendo, pobre Oscar,

la defiende a capa y espada.

Pablo: Ok, ya, tranquila, tía,

relajémonos.

>> No, no, no relajamos nada.

Es muy sencillo:

O me dices ahorita dónde vive

la tal Sara,

o a ti también voy y te acuso

en el ministerio público.

¿Cómo ves?

Adriana: Buenas noches.

>> ¿Tú eres Sara?

Adriana: No, señora,

pero cálmese, ¿qué se le ofrece?

>> Se me ofrece, se me ofrece

meterla a la cárcel

por buscona, por abusadora.

Adriana: ¿Qué le pasa,

qué le pasa?

Cálmese.

Sara: A ver, señora, me parece

que se está confundiendo

de persona.

Yo soy Sara, pero no la conozco.

>> ¿Tú eres Sara? ¿Tú eres Sara?

>> Vengo a que me des la cara.

Soy la mamá de Oscar.

Sara: Sí, y el que me embarazó

fue su hijo.

Ay, sí,

¿primero te acuestas con un niño

y después le echas la culpa?

Sara: A ver, señora,

con todo respeto,

entiendo que todas las mamás

vean a sus hijos

como unos niños,

pero usted ya raya en la locura,

perdón.

>> Ay, bueno, a ver, a ver.

Alguien tiene 15 años.

¿Te parece que es un niño o no?

Sara: ¿15 años?

>> Oscar tiene 15 años.

Sí.

Sara: Señora le juro que yo

no sabía su edad.

>> Ay, sí, vete, vete,

¿así quieres que te crea?

Oscar: No, mamá.

Sara, Pablo me dijo

que te mintiera

y yo por tonto le hice caso.

>> A ver, te dije

que te quedaras en el coche.

No te metas en esto.

Sara: ¿15 años? ¿15 años?

15 años.

Oscar: Discúlpame.

Yo pensé que si te decía mi edad

no me ibas a hacer caso.

Sara: Pero por supuesto que no,

tienes 15 años.

Oscar: Pero...

Sara: Pero ¿aún así fue en serio

tu propuesta de hacerte cargo

de nosotros?

Estás loco.

Oscar: ¿Cómo? ¿No has abortado?

>> A ver, a ver, yo pensé que tú

sabías la edad que tenía--

¿Y qué es eso de abortar?

Sara: No, no lo he hecho.

Pero ni tú ni tu mamá

se tienen que hacer cargo.

Yo lo voy a resolver sola--

Oscar: No, no, no, perdón, Sara,

pero yo no voy a permitir

que te hagas daño ni a ti

ni al bebé.

Sí tengo 15 años,

pero no voy a darles la espalda.

>> Oscar, yo sé que tú crees

tener la solución.

Pero eres solo un niño.

Oscar: Mamá, cometí un error,

tengo que solucionarlo,

no puedo hacerme el tonto.

Eso es lo que tú

me has enseñado.

>> Sí, mi amor.

Pero esto es un error

que te puede costar

toda tu vida.

Yo creo que lo mejor es dejar

que esa tal--que esa tal Sara

decida qué quiere hacer.

Oscar: ¿Cómo lo hizo mi papá

contigo?

>> Son otros tiempos.

Oscar: No, mamá, ser responsable

nunca pasa de moda.

No le importó si yo nací vivo,

si teníamos para comer...

>> A ver, solamente

te estoy diciendo que es Sara

la que tiene que tomar

la decisión, no tú.

Oscar: Ah, porque Sara

se embarazó sola, ¿no?

>> A ver, no es a eso

a lo que me refiero,

Oscar: Mamá,

tengo mis buenos deseos

de ser un buen padre.

>> Amor, amor, yo tenía 16 años

cuando naciste.

Y no me arrepiento

ni un segundo.

Pero es muy difícil.

Oscar: Porque él fue un cobarde.

Porque a él no le importó,

él no dio la cara.

>> Yo no quiero

que arruines tu vida

por un error de juventud.

Oscar: ¿Qué estás

queriendo decir, mamá,

que yo fui un error?

>> Ay, claro que no,

no me refiero a eso, amor.

Yo, por ningún motivo,

hubiera decidido no tenerte.

Pero imagínate, imagínate

el sufrimiento de ese bebé

cuya madre no quiere tenerlo.

Sara: Adriana, te juro que yo

no sabía cuántos años tenía.

Adriana: Claro que te creo,

y me imagino que debe de estar

pasando por algo muy difícil.

Sara: Es que bien merecidos

me tengo esos golpes que me dio

su mamá.

Soy una basura de persona,

¿en qué momento se me ocurrió?

Adriana: No,

tampoco te juzgues así, digo,

el chavito se ve más grande

y si no nos hubiéramos enterado,

jamás lo habríamos sabido.

Sara: Sí, pero eso no me quita

responsabilidad.

No me la quita.

Adriana: Y bueno, hablando

de responsabilidades,

¿todavía tienes ganas de ir

a una pseudoclínica como esas,

a arriesgar tu vida?

Sara: No sé, no sé, ya no sé

qué pensar.

Suficiente tengo con estar

arruinándole la vida

al único hombre

que ha sido noble conmigo.

Al único.

>> Ay,

¿cuántas veces te he dicho

que no te separes de mí?

¿Cuántas?

Discúlpame, has de pensar

que estoy loca, pero es que--

ya van varias veces

que este condenado me da

unos sustos horribles.

Sara: ¿Tan difícil es ser mamá?

>> Mira, aquí entre nos,

es una bendición

y una maldición.

Lo bueno es que tú estás

muy jovencita.

Ahorita que puedes, sal,

diviértete, viaja,

haz lo que se te antoje.

Porque después

ya las cosas cambian

y es muy complicado.

Bueno, pues, vámonos.

Aprovecha mientras puedas, ¿eh?

Acuérdate.

Sara: Sí.

Pablo: Ay, ay, ay.

Miren quién se dignó

a iluminarnos con su presencia.

La ex mamacita.

Sara: Bueno, de verdad que tú

no tienes verguenza.

Casi provocas que me metan

a la cárcel por estupro.

¿Y andas así por la vida?

Pablo: ¿Así, cómo?

¿Así feliz? Pues, sí, relájate.

Deberías estar igual.

Digo, no creo que mi tía

te quiera levantar una denuncia

si ya no hay chamaco.

Le quitaste un nieto de encima.

Sara: No, pues, no.

Porque hay una mala noticia.

A pesar de que Oscar me dio

todo el dinero,

lo perdí.

Y estoy igual que antes

y por eso vine a verte.

Pablo: Ay.

Adriana: Sara, ¿dónde estás?

Quedamos de ir al doctor.

Sara: Vine a arreglar un asunto.

Adriana: ¿Estás en una fiesta?

De veras

que eres una irresponsable.

Sara: Vine a hablar con Pablo,

te juro que no vine

a reventarme, te lo juro.

Adriana: Sí, claro

y por supuesto

yo nací ayer, ¿no?

De verdad que no entiendo

tu obsesión con buscar tanto

a Pablo, si sabes perfectamente

cuántas veces me fue infiel.

Sabes que lo odio.

Sara: Sabes que mejor hablamos

después, porque ahorita

no escuchas razones.

Adriana: No, no,

la que no escucha razones

¿Sabes qué?

Ya me cansé de ser tu madre.

Sara: Pues, nadie te pidió

que lo fueras, fíjate, nadie.

Adriana: Claro, pero ¿sabes qué?

Eso se va a acabar,

se va a terminar porque voy

a hacer mis maletas y me voy.

Sara: [Gruñe]

Pablo: Mi reina, soy todo oídos.

¿De qué quieres platicar?

Oscar: Ya no puedo más,

necesito hablarle o verla.

Por favor, préstame mi celular.

>> A ver,

te pedí que no complicaras más

las cosas.

Oscar: ¿Es que si le pasó algo?

>> ¿Qué le va a pasar?

Las malas noticias

son las primeras en saberse.

No te preocupes.

Oscar: Sí, yo lo sé, pero estoy

intranquilo.

>> Bueno,

vamos a hacer una cosa,

cuando acabes tu tarea

te doy chance de hablar.

Oscar: Gracias, ma.

>> Oye, pero solamente

para saber cómo está, nada más.

Oscar: Sí, está bien.

¿Qué?

¿Cómo te sientes muñequita?

¿Cómo vas, eh?

Sara: Ya me oíste, estúpido.

Pablo: Mira, mira, eso

es lo de menos.

No tengo dinero, pero te puedo

aligerar el día, ¿qué dices, eh?

Sara: Suéltame.

Pablo: No te suelto,

no te suelto.

Sara: Te odio, suéltame.

Adriana nunca va a estar contigo

porque eres lo peor

que nos ha pasado.

Lo peor.

Pablo: ¿Ya oyeron?

iSoy lo peor!

[Chifla]

Sara: [Llora]

Adri, adri...

Adri, contesta.

Adriana: Ay, ¿qué hago?

¿Le contesto o no?

No, no, no.

Ya basta

de estar a su disposición.

Sara: [Gime]

>> Es que es increíble,

de verdad.

Donde quiera que te encuentro,

todo es un desastre.

Tus papás ya vienen para acá.

Pablo: Tía, por favor, por favor

no les vayas a decir nada, pues,

pues, de las drogas.

>> No, si yo no les voy a decir

nada.

Se lo vas a decir tú.

Es increíble, vete.

Después del esfuerzo tan grande

que hacen tus papás

para pagarte la universidad...

Oscar: No me dice nada.

Sabía que algo estaba pasando,

mamá.

Si tan solo le hubiera llamado

una hora antes,

me hubiera contestado ella

y no un doctor.

>> El hubiera no existe.

Lo importante

es que aquí estamos, aquí.

¿Ya hablaron con sus papás?

Pablo: Ya, ya, ya.

Pero no viven aquí,

así que no creo que lleguen.

No creo que lleguen.

>> ¿Familiares de Sara Giménez?

>> Señora,

su hija está muy grave.

Vamos a retirar

los restos del feto.

>> No, ella no es mi...

Oscar: ¿Cómo que "restos",

doctor, qué--?

¿Qué es lo que está queriendo

decir?

¿Qué le va a hacer a ella

y a mi bebé, qué le va a hacer?

>> Joven, lo siento mucho,

pero no había nada más

que hacer.

Ahora vamos a intentar

estabilizar a su novia.

Oscar: ¿Cómo te sientes?

Sara: Bastante mal.

Oscar: Perdimos al bebé.

Sara: Sí y todo fue mi culpa.

Oscar: No, yo fui el culpable

porque--porque no debí

darte la espalda

ni aunque mi mamá

me lo prohibiera.

Yo maté a mi hijo.

Sara: Ay, Oscar, por favor,

no sabes lo que estás diciendo.

Oscar: Soy igual de cobarde

que mi papá.

Sara: Oscar, tengo

que confesarte algo muy grave.

Adriana: ¿Y cómo consiguió

las pastillas

que dijo el doctor, eh?

Pablo: No sé, ya sabes

cómo es tu amiga de reventada.

Adriana: No, no, no,

aquí hay algo que no me cuadra.

Cuando hablamos me dijo

que iba a platicar contigo.

¿Qué fue lo que te dijo?

Pablo: Bueno, ya párale.

Yo solo cumplí con traerla

antes de que estirara la pata.

Oscar: ¿Solo cumpliste?

No puedo creer que lleves

mi sangre.

Pablo: Tranquilo, primito.

Mira, yo no sé qué te haya dicho

esa vieja, pero te juro, te juro

que es mentira--

Pablo: ¿Vas a seguir negando

que el hijo de Sara era tuyo?

¿Que me lo enjaretaste

para no hacerte responsable?

Pablo: Bueno, ya estuvo.

Tampoco estoy seguro

de que ese escuincle fuera mío.

¿Por qué me iba a echar

el paquete?

>> Cálmense, cálmense.

No te hagas,

encima mentiste y engañaste

para perjudicar a Oscar.

Adriana: Ahora entiendo por qué

tantos secretos con Sara.

Sabía que eras una basura,

pero no que fueras capaz

de meterte con alguien

que es como mi hermana.

>> Ya.

Poncho: En la compra

de dos malteadas de chocolate

se regala una rebanada

de pastel.

Oscar: Muchas gracias.

Isabel: Poncho.

No, bueno, entre tú y mi abuelo

van a dejar este café

en la ruina con sus promociones.

Pepe: Qué pegue.

Es muy difícil saber lo que uno

quiere, ¿verdad?

Oscar: Sabes, aunque yo no era

el papá de ese bebé,

me hubiera hecho responsable.

Pepe: Como yo te lo había dicho

antes.

El Hombre propone

Finalmente no te tocó vivir

esa experiencia.

Oscar: No, pero de ahora

en adelante tengo que ser

más responsable,

estudiar más, hacer más deporte,

para que el día

en que decida ser padre

sea el mejor de todos.

Pepe: Muy bien, pues.

Por: Televisa
publicado: Jan 07, 2017 | 02:00 AM EST
Un joven de 15 años conoce a una chica mayor que él en una fiesta y tiene relaciones, la joven resulta embarazada y le pide al chico que le dé dinero para deshacerse del bebé.
         
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