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Margarita García limpiaba su casa este jueves. La primera planta quedó sumergida bajo el agua tras la inundación que dejó el huracán María.

Sin luz y sin agua: así es la vida cotidiana de los puertorriqueños dos semanas después del huracán María

Sin luz y sin agua: así es la vida cotidiana de los puertorriqueños dos semanas después del huracán María

La agencia federal para el manejo de desastres (FEMA) había quitado de su web los datos sobre acceso a la electricidad y el agua aunque volvió a agregarlos tras un reporte: apenas un 9% de la isla recuperó la luz y cerca de la mitad continúa sin que salga nada de sus grifos. Estas son sus historias.

El nuevo día a día de los habitantes de Puerto Rico tras el huracán María Univision

PUERTO RICO.- Las rutinas de los puertorriqueños están trastocadas desde que el huracán María devastó todo cuanto pudo en esta isla hace dos semanas. La falta de agua y luz –o de al menos de uno de ellos– les ha reducido las comidas, los ha llevado a bañarse en casas de familiares e incluso mantiene negocios cerrados. Y en algunos casos no tenerlos es el menor de los problemas: hay viviendas que quedaron destruidas.

Poco a poco Puerto Rico intenta volver a su ritmo. Ya muchos han regresado al trabajo, pero igual deben lidiar con lo esencial, buscan incansablemente agua, comida –la que haya– y diésel, para mantener las plantas encendidas y al menos librarse de los 90 grados de temperatura al prender el aire acondicionado.

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Las kilométricas filas de las gasolineras han bajado, es cierto. Pero en las calles se mantienen las líneas de personas esperando a la entrada de manantiales naturales a la orilla de cualquier carretera para llenar una, dos, o cuantas botellas de agua puedan para hidratarse y bañarse.

Según la Autoridad Eléctrica de Luz, apenas 9% de la isla tiene electricidad en su casa. Y a 54,6% le llegó el agua, reportó Acueducto. Para el miércoles, las estadísticas de la agencia federal para el manejo de desastres (FEMA) mostraban que solo el 5% de los residentes tenía luz y la mitad de la población había recuperado el acceso a agua potable. Los datos habían sido retirados el jueves de la página web, pero este viernes luego de que medios informaran que las estadísticas ya no estaban, el portal de la agencia volvió a incluir la información.

Hicimos un recorrido por tres municipios del centro-norte de Puerto Rico y estas son las historias de sus habitantes:

Recuperando lo que quedó tras la inundación

Toda la planta baja de la casa de dos pisos de Margarita García, en Sabana Seca, municipio Toa Baja, quedó sumergida bajo el agua con el huracán María. La nevera y la cocina todavía llevan pintado el borde marrón de tierra que le dejó la inundación. Ella no sabe qué hará: "Hasta que no llegue la luz no puedo saber si prenden o si también tengo que botarlas".

En la acera frente a su casa está todo lo que descartaron. Hay un sofá, dos sillones, colchones, un gavetero, un equipo de sonido, mucha madera arrumada y tan destruida que no tiene forma de nada. En su casa prácticamente no quedó nada. Y así está toda la cuadra en este barrio humilde, llena de los enseres que desecharon sus vecinos.

Margarita García recién regresó a su casa hace unos cuatro o cinco días,...
Margarita García recién regresó a su casa hace unos cuatro o cinco días, al mismo tiempo que llegó el agua a su casa. Pasó el huracán con una de sus hijas, en Bayamón. Desde que volvió no ha parado de limpiar y recoger el desastre que dejó el huracán.

Ya lograron limpiar el piso de cerámica de la sala, en la planta baja, porque llegó el agua hace cinco días. Brilla como si no hubiese pasado nada y huele a Mistolín. Allí duermen en colchones inflables, con calor y al acecho de los mosquitos, ella, sus tres nietos, su hija y su yerno.

Pero arriba el desastre que dejó María está intacto. Las hojas secas y las ramas hacen una alfombra en el suelo. El techo de zinc de su cuarto se cayó parcialmente, huele a humedad. "No sé qué decirte, no sé si tendré que botarlo todo. Tengo que terminar primero abajo", explica resignada. "Básicamente lo hemos perdido todo".

La familia completa no desperdicia ni un momento del día para limpiar porque sin luz en la noche, cuentan que la zona se convierte en una "boca de lobo". Sin nevera no tienen dónde guardar la comida que les donan, porque tampoco tienen a dónde comprarla: "Yo no he comido nada hoy (...) pero si no llega ninguna ayuda hay que basarse en lo que a uno le queda".

Un enfermo en cama que espera paciente

Ramón Martínez, de 80 años, está postrado en una cama desde hace un año. Sufre de esclerosis y solo puede mover su cabeza. Su casa quedó sin agua ni luz tras el golpe del huracán María, pero al menos el miércoles habían podido mantener encendida la planta para prender el aire acondicionado, para recargar la máquina que le permite respirar cómodamente al dormir, la silla para movilizarlo y para poder reclinar más la cama clínica.

El padre de 80 años de Margie Martínez está en cama desde hace un año. A...
El padre de 80 años de Margie Martínez está en cama desde hace un año. Así, acostado en una cama clínica, vivió el paso del huracán María. Cuenta que se asustaron tremendamente cuando los vientos se llevaron una ventana de la casa y abrieron de golpe las puertas de otro salón.

Pero este jueves se les acabó el diesel y el distribuidor no había llegado cuando casi eran las siete de la noche. Lo esperan desde el domingo. "Lo más grave es que puedan salirle úlceras", cuenta su hija Margie Martínez al mostrar que tanto las ventanas como la puerta principal están abiertas de par en par. "Ahora mismo tiene un hongo en el área genital y el no tener agua y aire acondicionado se lo puede empeorar".

Desde la cama, el padre replica en una voz apenas audible: "No tengo televisor, no tengo nada, uno lo pasa incómodo. Pero hay que adaptarse y aceptar lo que hay".

La familia tiene agua suficiente para bañarlo –pero a la velocidad de cada envase de mantequilla–, y para darle de tomar. Antes del huracán compraron botellones de agua potable y, además, llenaron varios recipientes plásticos de a galón hasta el tope. Para bajar los baños usan el agua de la piscina, que pasó de ser cristalina a verde tras la devastación que dejó María.

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A pesar de todo, aseguran, continuarán bregando.

La salvación: un manantial de la familia

Eliana Rodríguez es una mujer ágil a pesar de sus 82 años. No tiene agua ni luz desde que el huracán Irma pasó por la isla, hace un mes. Aún así resuelve. Cada mañana a las 6:00 am se levanta y camina los 15 minutos que hay desde su casa en Santa Juanita, en el municipio Bayamón, hasta el manantial de la familia y se trae sus dos botellones de agua a cuestas. Esa es la que se bebe, ninguna otra. También es con la que prepara sus comidas y le hace café al vecino de al lado, en agradecimiento porque le da luz con una planta generadora.

"Ese manantial está allí desde que yo nací", dice al reconocer su privilegio. Cuenta que otros habitantes de la zona han llegado hasta la reja que resguarda el riachuelo suplicando que les permitan tomar un poco de agua y ellos los dejan.

Eliana Rodríguez, de 82 años, cuenta que tuvo que entrar al manantial fa...
Eliana Rodríguez, de 82 años, cuenta que tuvo que entrar al manantial familiar por un camino alterno, pues el que solía usar, que pasa por un riachuelo, quedó bloqueado por un árbol que se derrumbó tras el vendaval de María.

Para bañarse o para fregar los platos utiliza un agua que su yerno le trae de otro manantial. También aprovecha cuando comienza la lluvia y pone a llenar un tanque plástico que tiene en la parte trasera de su casa.

"Me baño todos los días. Las mujeres tenemos que bañarnos todos los días", asegura y se ríe. Dice que se mete dentro del tobo para no desperdiciar ni una gota de agua y luego, con lo que resta, lava los baños.

La comida no le preocupa. Esta acostumbrada a su pan por la mañana y a su arroz con leche por la tarde. Y lavar su ropa tampoco le quita el sueño, pues dice que tiene mucha y que la sucia la va acumulando. Pero todo lo demás la tiene en un solo refunfuño. "Esto es una novela de horror".

Parados en la casa, parados en el trabajo

Los Figueroa están todos en la tintorería de la familia, la Joe's Cleaners, en el municipio Bayamón. El negocio está parado porque no tienen agua ni luz y sin eso tampoco hay clientes. Entre los padres y los hijos, los únicos que tienen agua son los primeros. Así que esa casa se ha convertido casi en un centro de operaciones. De allí sale el agua con la que intentan llenar los tanques de 500 galones de la tintorería para reabrir el lugar al menos por un día; con la que se bañan casi todos; con la que cocinan.

Los Figueroa no han podido abrir su tintorería en Bayamón desde hace más...
Los Figueroa no han podido abrir su tintorería en Bayamón desde hace más de dos semanas. Sus empleados los llaman cada día para saber si volvió la luz y reponerse de las pérdidas monetarias que ha significado para muchos el huracán María.


"Esto es agobiante", dice Ángel Figueroa, de 51 años, al mostrar en la penumbra las pilas de ropa para lavar y planchar que se quedaron arrumadas desde antes de que María golpeara la isla caribeña y que, ahora, acomodan para tenerlas listas en caso de que llegue alguno de los servicios. "Sufrimos nosotros, pero también los empleados que todos los días nos preguntan si hay trabajo, si llegó la luz. Nuestra mayor pérdida es el negocio".

Para comer los más afectados son los padres, Aída y José, de 72 y 76 años. No tienen luz en su residencia, así que desde inicios de septiembre han tenido que desayunar rebanadas de pan solas –porque no hay nevera para refrigerar los embutidos–; almorzar cualquier cosa en la calle, hamburguesas, por ejemplo; cenar lo que se pueda y beber agua a temperatura ambiente. "Estamos pasando trabajo", dice él. "No está fácil", agrega y rompe en llanto.

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José dice que para lavar su ropa volvieron a tiempos remotos: a mano. Pero solo con cosas pequeñas, ni los pantalones ni las camisas. "Estamos sobreviviendo", agrega ella, aunque reconoce que hay gente que puede estar peor que ellos.

Una casa reducida a un cuarto

Carmen Ríos, de 64 años, quedó confinada prácticamente a su cuarto y a un minúsculo patio lateral. El huracán María voló casi todo el techo de la casa de madera en Maguayo, municipio Dorado. Se llevó el del baño, el de la cocina –incluso con los gabinetes–, el del cuarto de su nieto, el del pasillo central. Lo único que quedó sujeto a las vigas de madera del techo, fueron dos lámparas. A pesar del destrozo ella asegura que se queda en su casa. Cuando cae la noche cierra la puerta plástica corrediza de su cuarto y se encomienda a dios. Vive sola.

La casa de Carmen Ríos, en Maguayo, El Dorado, fue la más afectada de la...
La casa de Carmen Ríos, en Maguayo, El Dorado, fue la más afectada de la zona por los vientos del huracán María. Ella se niega a abandonarla. Asegura que le costó mucho construirla y que así sea sin ayuda gubernamental la recuperará.

"Agarro una lamparita de batería que tengo y un faro como de gas. Con eso me alumbro en el cuarto y para bañarme. Me baño tardecito porque sí tengo agua", cuenta. "Luego me acuesto, pero como a las 3:00 am estoy sentada aquí afuera, desvelada".

La comida la está comprando al día. Y así mismo la prepara en una pequeña cocina que improvisó en un pasillo lateral de la casa. Convirtió la lavadora y un freezer en topes y sobre una mesa montó una pequeña estufa a gas. Este jueves comieron un bistec encebollado y arroz con habichuelas.

Carmen Ríos asegura que pasa el día llorando al ver el desastre en que quedó convertida su casa, que además acababa de remodelar. No sabe si podrá reconstruirla. Dice que todo depende de la ayuda que pueda recibir de la Agencia de Gestión de Desastres (FEMA). De lo que sí está segura es que allí se quedará, aunque sus hijos intenten convencerla de que se mude con ellos. "¿Tú crees que con 64 años me voy a estar yendo? No. Mejor me quedo aquí y que sea lo que dios quiera".

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