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Imagen de enero de 2016 cuando un oficial del condado Essex, en Nueva Jersey, esposa a Anna Stubblefield luego que le leyeron su sentencia. Una corte superior la halló culpable de abusar sexualmente de un hombre con dispacidad severa identificado como D.J. El caso vuelve a discusión luego que Stubblefield apelara esta semana su condena.

Exprofesora condenada de agredir sexualmente a hombre con perlesía cerebral apela decisión

Exprofesora condenada de agredir sexualmente a hombre con perlesía cerebral apela decisión

Anna Stubblefield es una exprofesora de Rutgers University que enfrenta 12 años de cárcel tras haber sido condenada de agredir sexualmente a un hombre con perlesía cerebral severa. Ella defiende la alegada capacidad del hombre para comunicarse y consentir el acto sexual. El controvertido caso vuelve a discusión luego que Stubblefield apelara esta semana su condena. Esta es la historia.

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Imagen de enero de 2016 cuando un oficial del condado Essex, en Nueva Jersey, esposa a Anna Stubblefield luego que le leyeron su sentencia. Una corte superior la halló culpable de abusar sexualmente de un hombre con dispacidad severa identificado como D.J. El caso vuelve a discusión luego que Stubblefield apelara esta semana su condena.

NUEVA JERSEY. - D.J. tiene perlesía cerebral severa y no puede hablar. Anna Stubblefield, una exprofesora de ética con permanencia en Rutgers University que lo ayudaba a comunicarse, le aseguró a los familiares del hombre que estaban enamorados.

"¿Cómo que enamorados?", cuestionó P., la madre de D.J. al escuchar a Stubblefield en su casa.

Era el inicio de la historia que terminaría en un juicio, una demanda millonaria y un debate ético.

En 2015, un jurado halló culpable a Stubblefield de dos cargos de agresión sexual agravada. La fiscalía defendió que la discapacidad intelectual de D.J. no le permite consentir el acto sexual y que Stubblefield abusó de él en 2011.

A partir del día que le leyeron su sentencia en 2016, Stubblefield enfrenta su condena de 12 años en cárcel con más de 10 de esos años sin la posibilidad de libertad condicional. La mujer trabajaba con D.J. siguiendo un método que buscaba ayudarlo a expresarse conocido como " comunicación facilitada".

A través de dicho método, personas con discapacidad supuestamente pueden comunicarse con la ayuda de "un facilitador". Tal facilitador guía a la persona en el proceso de comunicación, dándole apoyo a su brazo o su mano mientras esta tocan un teclado para deletrear palabras.

Stubblefield era la facilitadora del hombre, conocido en los récords del caso como D.J., buscando que este se comunicara con el mundo exterior.

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En 2016, un juez del condado Essex concedió 4 millones de dólares en daños a la familia de D.J. tras estos entablar en 2013 una demanda contra Stubblefield y Rutgers University.

Hoy Stubblefield tiene 47 años y D.J. tiene 36. Y un nuevo capítulo de esta historia empieza a tomar forma porque la exprofesora apeló su condena.

En un artículo titulado ¿Quién es la víctima en el caso de Anna Stubblefield?, los profesores Jeff McMahan y Peter Singer escribieron que la jueza superior Siobhan Teare no le permitió a la defensa presentar evidencia de la alegada capacidad del hombre para comunicarse y (aparte del testimonio de Stubblefield) "optó por excluir del juicio cualquier testimonio de la defensa" del método de "comunicación facilitada".

Este martes se llevó a cabo la audiencia en la cual el abogado de Stubblefield, James Patton, argumentó que el jurado y no la juez debió haber decidido si D.J. puede o no comunicarse, recogió NJ.com.

A juicio de Patton, la juez se excedió al limitar a unas preguntas el testimonio de Rosemary Crossley y al no permitir que el jurado viera una sesión en video entre ella y D.J. En esa sesión, Crossley le hizo cientos de preguntas a D.J. y determinó que este podía comunicarse, indicó Patton.

El estado considera que la decisión de la jueza fue justa y catalogaron a la experta de la defensa, Crossley, una "madrina" de "una pseudociencia". La fiscal auxiliar del condado Essex, Kayla Elizabeth Rowe, indicó que las respuestas de D.J. no son válidas porque el facilitador ayuda a la persona a seleccionar las contestaciones.

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Como lo describe Rowe, el método "tiene un efecto como el de Ouija".

Al otro lado del drama judicial, el abogado de Stubblefield también discutió que a otros dos testimonios que conocían y trabajaron con D.J. se les debió haber permitido ofrecer su testimonio.

La corte tendrá entonces 90 días para decidir si mantiene el fallo de la jueza.

Habrá que ver si esa corte de apelaciones de Nueva Jersey se alinea con la opinión que los profesores McMahan y Singer manifestaron en The New York Times: que están asombrados de que la jueza se negara a aceptar evidencia que pudo haber exonerado a Stubblefield aunque aceptara de fiscalía evidencia en contra de la profesora.

De la esperanza al pesar

El hermano de D.J., Wesley, conoció a Stubblefield en 2008 en una de sus clases en Rutgers. Reportes de prensa describen a la mujer como una ferviente proponente del método de la "comunicación facilitada" que provoca dudas en el mundo académico.

Hacia el 1994, la Asociación Americana de Psicología puso la lupa sobre este método e indicó que "no hay apoyo científico que demuestre su eficacia". La organización agregó que esos resultados positivos que entusiasmaron en un principio en torno al método eran producto de "facilitadores bien intencionados que estaban respondiendo ellos mismos a las preguntas, sin estar conscientes de ello".

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Las acusaciones contra Stubblefield -casada y con dos hijos- se dan mientras ella era la facilitadora de D.J.

Fue Wesley quien recurrió a Stubblefield para consultarle si esa "comunicación facilitada" podría ayudar a su hermano. Así las cosas, ella comenzó a trabajar con D.J. entre su oficina en el campus de Newark de Rutgers University y la casa de la familia, indica la demanda. Y durante dos años, la profesora trabajó con D.J.

P. y Wesley estaban contentos al inicio con el progreso de D.J.: con su mano entre las de Stubblefield, él pudo formar palabras tras 30 años de silencio.

En el subsiguiente juicio criminal, Stubblefield alegó que D.J. le comunicó su consentimiento para tener sexo. El jurado no le creyó.

Wesley le reclamó a Stubblefield que se había aprovechado de su hermano. Stubblefield no dijo nada. Pero con su ayuda, D.J. escribió: " Nadie se ha aprovechado de nadie. He tratado de seducir a Anna durante años, y ella resistió valientemente".

" Bésame", escribió D.J. en otro mensaje. Ante eso, Wesley se fue, según uno de los relatos que hace el New York Times del caso.

Luego, cuando Wesley le dijo a Stubblefield que no podía ver más a su hermano, ella dejó un mensaje de voz en el que les dijo: " Pondré por escrito y firmaré con sangre, lo que conlleve mostrarles que esto es real. Dejaré a mi esposo y construiré una vida y un hogar con D.J.".

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Fue suficiente para la familia de D.J. pues sus "supuestos" mensajes les parecieron un fraude.

La familia les comunicó a las autoridades que D.J. no pudo haber consentido porque él sufre profundas discapacidades mentales como los psicólogos siempre les dijeron.

Por una evaluación de D.J., hacia el 2004 el psicólogo clínico Wayne Tillman halló que su comprensión parecía ser "bastante limitada" y que "carece de la capacidad cognitiva para comprender y participar en decisiones". D.J. no podía ser capaz de tareas básicas de nivel preescolar, según tal evaluación.

En el juicio de 2015, Wesley afirmó que Stubblefield tenía "una fantasía enfermiza y retorcida".

Mientras en los próximos meses aflora la decisión de la corte de apelaciones, este caso recuerda lo fina que puede ser la ética, la complejidad de la mente humana y los misterios de las relaciones interpersonales e intrapersonales. Entretanto, dos familias lidian con un panorama de secuelas que aún no tienen visos de acabar.

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