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Inmigrante llegó al éxito cocinando comida mexicana en Nueva York

Inmigrante llegó al éxito cocinando comida mexicana en Nueva York

Ofrece los sabores típicos de Ahuehuetitlán, un pueblo cuyos sabores recrean platillo por platillo en Nueva York.

Natalia Méndez

Natalia Méndez emigró a los 20 años de edad, dispuesta a trabajar un año en Estados Unidos y volver a su pueblo en el estado de Oaxaca pero, ahora, casi tres décadas más tarde, ha hecho posible con su cocina exactamente lo contrario: traer su cultura a Nueva York.

Méndez ha creado con sus guisos, que siguen de manera escrupulosa las recetas de sus dos abuelas, un sitio que muy probablemente no tiene paralelo en todo Nueva York, un rincón en el condado del Bronx donde se ofrecen seis variedades de moles típicos de la zona de la Baja Mixteca.

La Morada, como se llama el negocio de Méndez y su familia, ha servido estos moles al alcalde Bill de Blasio y a la líder del Concejo municipal de la ciudad, Melissa Mark-Viverito, aunque para ellos cada cliente vale exactamente lo mismo.

“Algunos de mis clientes me dicen que tome fotos a las personas famosas que vienen a comer, y que las cuelgue en las paredes, pero para mí todos los clientes son igualmente importantes”, refirió Méndez, quien disfruta de conversar con sus clientes casi tanto como de cocinar.

Los platillos del lugar, entre los que se incluyen los siempre ubicuos tacos y enchiladas, se especializa en los moles, en que destaca el sutil sabor del exótico mole blanco y la intensidad del mole oaxaqueño. Completan esta oferta los moles poblano, negro y verde, así como el pipián.

Los moles de Méndez han sido objeto de las reseñas y recomendaciones más entusiastas de la exigente y cosmopolita crítica de cocina neoyorquina, y La Morada ha sido tema recurrente de piezas periodísticas. El foco es, por supuesto, la comida, aunque también resalta la calidez de su creadora.

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“Sus platillos tienen el sabor de la comida de alguien que te ha mirado a los ojos”, escribió Ligaya Mishan, de The New York Times, diario que concedió a La Morada su sello como recomendación oficial.

“Siempre comparto con las personas que me preguntan las recetas de mi comida. Les digo: si quieres aprender, aprende, y las dejo cocinar conmigo para que vean. La filosofía es que, al igual que al guitarrista Santana, lo de él le pertenece a él, aunque otros conozcan las notas”, explicó Méndez.

Para ella, las recetas que aprendió de sus abuelas, ahora fallecidas, y de su madre, son bienes culturales que le pertenecen al pueblo de donde todas ellas son originarias, San Miguel Ahuehuetitlán y, finalmente, como patrimonio universal, también a toda la humanidad.

“Yo pienso que lo que nos concedió Dios a mi y a mi familia en cuanto a la cocina es una gracia que debe compartirse, y que ha hecho feliz a muchas personas, que conocen debido a eso un poco de la auténtica comida de Oaxaca”, puntualizó Méndez.

La Morada, abierto en 2009 como un negocio creado por Méndez y su esposo, Marco Saavedra, y en que trabajan los tres hijos del matrimonio, replica las recetas que sus ancestros hacían sin ningún costo, mediante cooperación popular, en todas las fiestas de Ahuehuetitlán.

Su éxito es tal que durante el almuerzo y las cenas el sitio se encuentra completamente lleno, tanto de personas del barrio como de oficinistas de Manhattan, pese a que el establecimiento está ubicado en un barrio lejos del radar de los amantes de la cocina de Nueva York: el sur del condado del Bronx.

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El negocio de Marco Saavedra, de importación de ingredientes de comida mexicana para Nueva York y para estados aledaños, ha facilitado que Méndez tenga un flujo constante de insumos difíciles de obtener fuera de Oaxaca o muy delicados para transportarse, como el chile habanero o manzano.

Esa capacidad de La Morada de mantener una continua calidad ha hecho que docenas de clientes les pidan considerar abrir más sucursales de este restaurante en otras zonas de la ciudad, como Manhattan o Brooklyn, donde se ubican los circuitos típicos de los sibaritas neoyorquinos.

Asimismo, empresarios le han propuesto a Méndez y familia expandir el negocios, bajo las condiciones que ella marque, a cambio de contar con sus recetas y su nombre. Para muchos, la decisión sería obvia.

Para Méndez y su familia, sin embargo, la cuestión no es el dinero. Ellos comparten una gracia y una responsabilidad: ofrecer a otros los sabores típicos de Ahuehuetitlán, un pueblo cuyos sabores recrean platillo por platillo en Nueva York. 

Por Maurizio Guerrero. Corresponsal.

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