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Ilustración Mujer yoga en la playa

Yoga, de camino espiritual a pasatiempo de moda

Yoga, de camino espiritual a pasatiempo de moda

Esta disciplina parece estar atrapada entre la moda, el marketing y el sexo.

Ilustración Mujer yoga en la playa
Ilustración Mujer yoga en la playa

Por Adriana del Moral / @adelmoral


El Yoga Sutra, escrito por el sabio Patanjali en el siglo II a.C., define esta práctica como el “cese de las fluctuaciones de la mente”. Pero el yoga moderno que conocemos surgió en India entre las décadas de 1920 y 1930, a partir de la idea occidental de la gimnasia y el nacionalismo político que proliferó tras la independencia de ese país del Imperio británico.


En su libro Yoga Body, Mark Singleton explica cómo a partir de entonces se inició una transformación de la práctica que por milenios estuvo más orientada a la investigación filosófica y el desarrollo espiritual.

Cuando el yoga se hizo popular Estados Unidos, alrededor de 1960, sus orígenes meditativos se habían difuminado al poner más peso en las habilidades corporales que en los logros de la mente o el espíritu.

B.K.S. Iyengar, uno de los maestros que más contribuyó a extender esta disciplina fuera de India, insistía: “El yoga no es físico. Es una ciencia que nos permite sostener saludablemente la mirada en el alma”. Llamaba a sus alumnos a estar siempre “atentos a la corriente de conciencia espiritual que tiene que fluir en cada movimiento y cada acción”, y siempre lamentó que el yoga se hiciera popular como “mero ejercicio físico”.


Una industria millonaria

Esta práctica representa también una creciente oportunidad de negocio: el número de practicantes en Estados Unidos pasó de 4 millones en 2001 a más de 22 millones en 2012, de acuerdo con la Sporting Goods Manufacturers Association.

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Un estudio sobre la evolución del mercado del yoga desde 1980 hasta el presente, señala que éste se ha asociado cada vez menos con la lógica de la espiritualidad y más con la salud y el ejercicio.

“La comercialización también ha aumentado, y el yoga se ha convertido un producto más con la aparición de marcas de equipo, ropa y e incluso retiros”, explica Gokcen Coskuner-Balli, coautor de la investigación realizada por la Chapman University de California. Una encuesta de Yoga Journal estimó que en 2012 los estadounidenses gastaron más de 10 mil 300 millones de dólares al año en clases de yoga y productos como equipo, vacaciones y medios relacionados. Esto representa un incremento de 4 mil 600 millones de dólares, comparado con las cifras de 2008.


Cuerpos perfectos, atuendos sexys y el yoga como afrodisíaco

El yoga también ha sido secuestrado por la industria de la moda para vender todo tipo de productos: tapetes o mats, pantalones, botellas de agua, bolsas, toallas, ropa interior…. La lista es interminable. Con entusiastas como Madonna, Christy Turlington, Renée Zellweger y otras celebridades, la práctica ha adquirido cierto carácter aspiracional y de privilegio.

Timothy Caulfield, especialista en salud de la Universidad de Alberta, autor del libro Is Gwyneth Paltrow Wrong About Everything?, afirma que mucho de la creciente popularidad de esta disciplina tiene que ver con su aura de glamour.

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Aunque las celebridades no representan a todos los vinculados a esta disciplina, “tal percepción del yoga persiste en los medios mainstream y la cultura popular”, critica Roseanne Harvey, autora del blog It’s All Yoga, Baby. A través de sus contenidos y activismo, Harvey cuestiona los instructores rock stars, los accesorios y ropas de diseñador y las clases ridículamente costosas.

El yoga también se ha asociado cada vez más al aspecto sexual. Muchos libros y videos lo promueven como la respuesta para un mejor desempeño en la alcoba. Asimismo, la proliferación de atuendos sexys, como los tops de Lululemon o los shorts de Yoga Tart, subraya su poder de seducción.

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Para evitar la banalización

Ahora muchos “estudios o centros de yoga son negocios que ofertan paquetes, membresías y productos a la medida del mejor postor. Nada más lejano de la visión de áshram o refugio con la presencia de un maestro”, señala Guru Inder Singh Khalsa, instructor de yoga kundalini que se formó en áshrams de México e India, y ha realizado retiros en Nuevo México, Estados Unidos.

Desde su perspectiva, la paciencia y la dedicación pueden evitar que el yoga sea visto como mercancía o de manera puramente utilitaria, donde “el practicante se aleja de la profundización y navega sólo en la superficie, en el corte ofrecido por un sello o marca”.

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Aunque la gente se acerque sólo en busca de ejercicio físico, o de tener unos brazos como los de Jennifer Aniston, “la práctica es tan noble que el simple proceso de respirar, sentir, observar, alinear progresar, se vuelve cada vez más motivante e inspirador”, afirma Josefina Leone, fundadora de la Federación Mexicana de Yoga Universal.

Además del aumento de conciencia corporal y los cambios que se pueden tener en la salud orgánica, hacer yoga “te lleva a ver que dentro de ti mismo, hay un individuo extraordinario con un potencial inimaginable”, y “la práctica te ayuda a explorar el desarrollo de todas sus habilidades, talentos y capacidades”, sostiene Leone.

En una época de intenso individualismo donde la gente a menudo se siente sin poder, el cuerpo humano se ha convertido en uno de los últimos territorios donde las personas sienten que pueden tener control.

Así el yoga, visto como ejercicio y disciplina física, puede ser parte de un intento neurótico de control. Pero si se logra conectar con su sentido original aún puede servir como un medio para conectarse con cuestiones internas como la aceptación de sí mismo, la paciencia y la no violencia.

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