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Vinton: Políticas que frustran las esperanzas de un pueblo logo-noticias...

Vinton estaba cerca de obtener agua potable, pero la política y los intereses personales se interpusieron. (**Foto: The Texas Tribune).

Vinton: Políticas que frustran las esperanzas de un pueblo

Vinton: Políticas que frustran las esperanzas de un pueblo

Vinton estaba cerca de obtener agua potable, sin embargo, la política y los intereses personales se interpusieron en el camino.

Vinton estaba cerca de obtener agua potable, pero la política y los inte...
Vinton estaba cerca de obtener agua potable, pero la política y los intereses personales se interpusieron. (**Foto: The Texas Tribune).
Entra aquí para leer la versión en inglés de este artículo en el Texas Tribune: Vinton: Politics thwart a village’s hopes.

Vinton " Las cartas y los dibujos rompen el corazón.

“Quiero que sepan que siguen contaminando el agua que bebemos, y el agua con la que nos bañamos, y el agua con la que lavamos nuestros platos y nuestra ropa”, es lo que escribe Fabiola, una pequeña estudiante, con lápiz oscuro y letras claras. “¿Por qué están haciendo esto?”

Debajo de su petición de agua limpia, Fabiola dibujó con crayolas un escusado cuyos desperdicios se filtran en la tierra hacia el pozo de agua de una familia.

Otra carta, firmada “Con amor, Sofía”, dice en español “Ya no queremos estar enfermos”.

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Estas cartas se encuentran sobre el escritorio de Madeleine Praino, alcaldesa de Vinton; el primer paquete llegó en 2012, pero desde entonces han llegado más y más. Ese año, tras décadas de esfuerzos y en medio de grandes esperanzas, un plan para mejorar el agua y los servicios de drenaje para este pueblo de 2,000 personas se desmoronó debido a las feas políticas concejales.

“Recibimos llamadas constantes de los desarrolladores: ¿cuándo tendrán el agua?, ¿cuándo habrá drenaje?”, comentó Praino desde el ayuntamiento el otoño pasado. Pero fueron las cartas de los niños, promovidas por los maestros de Vinton, las que realmente la conmovieron: “Me puse muy sentimental”, asegura.

Durante casi 50 años, esta comunidad ha carecido de un servicio público de agua. El Río Grande pasa a través del pueblo, pero está casi seco, por lo que los residentes se ven forzados a depender de un grupo de empresas locales y privadas que extraen agua de norias. Sólo una parte de la ciudad tiene acceso al sistema de agua de la ciudad vecina de El Paso.

Debido a que no hay un servicio de alcantarillas, la mayoría de las casas tiene fosas sépticas, las cuales no reciben el mantenimiento adecuado, por lo que los desechos se filtran en la tierra hacia las norias de donde se extrae el agua para beber.

Vinton se diferencia poco de otras comunidades de la frontera. La mayor parte de su población latina habla español en casa; un tercio llegó de México, y casi una quinta parte vive en la pobreza. Dominada por una planta de acero que ha operado ahí desde hace más de 50 años, muchas de las calles tienen nombres de metales: Iron Road, Copper Road, Steel Road.

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Cuando un grupo de investigadores y estudiantes de la Universidad de Texas en El Paso (UTEP, por sus siglas en inglés) vino al pueblo en diciembre del 2013, confirmaron lo que se había temido mucho tiempo: el agua de Vinton no era segura.

Los investigadores analizaron muestras de agua de la llave tomadas de docenas de casas, y hallaron que algunas presentaban niveles alarmantemente altos de arsénico y sales; otras dieron positivo para bacterias como E. coli. Al inspeccionar la salud de los residentes de Vinton, se halló una tasa de problemas de la piel y gastrointestinales más alta que la presente en comunidades similares y cercanas, pero cuya agua proviene de la red de El Paso.

Al menos un tercio de la gente del pueblo reporta problemas frecuentes en la piel, las cuales son causadas por las sales presentes en el agua para bañarse, que resecan la piel y pueden dar lugar a sarpullido e infecciones, explican los investigadores. Asimismo, un tercio de la gente reporta también constantes problemas abdominales: la E. coli causa severos dolores estomacales, diarrea y vómitos, e incluso puede poner en riesgo la vida.

Los humanos procesan el arsénico “bastante rápido”, pero Bill Hargrove, profesor e investigador líder del estudio de Vinton, explica que lo que más le preocupa son los efectos a largo plazo en niños y ancianos. Ingerir arsénico puede provocar irritación en la garganta, náusea y vómito, pero lo más grave es que incrementa el riesgo de cáncer, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.

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Ésta se ha convertido en la preocupación más grande de Arturo González. Cuando se mudó al pueblo, hace más de 13 años, González, un trabajador siderúrgico que vive en una casa móvil con su hijo de 12 años, bebía el agua de la llave sin inquietarse.

Eso cambió luego de que los investigadores de la universidad llamaran a su puerta.

“Ya no la usamos para tomar, ni para cocinar ni para nada”, asegura González. “La UTEP dijo que te podía dar cáncer si tomabas el agua”.

Gonzáles va a la tienda dos veces al mes para comprar garrafones de cinco galones de agua filtrada. Aun así, sigue pagando $45 al mes por el servicio del agua, y dice que estaría dispuesto a pagar más para que fuera agua limpia y segura.

Y lo mismo piensan otros muchos en esta comunidad. La población de Vinton se ha duplicado des de 1990, pero el pueblo no ha sido parte del desarrollo económico que ha visto justo fuera de sus límites, donde brotan brillantes centros comerciales y grandes tiendas departamentales.

Pero el agua no sólo es mala, sino que a veces es completamente inexistente. Muchos hidrantes no funcionan y los cortes de servicio son comunes. En el verano del 2013, los residentes de una parte del pueblo se quedaron sin servicio de agua por varios días mientras las temperaturas llegaban por encima de los cien grados.

“¿Es un caso aislado? Me temo que en Texas no es tan aislado”, comenta Hargrove. “Hay muchas comunidades, especialmente en la región de la frontera, que enfrentan la misma situación.

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Y la solución está dolorosamente cerca.

Un plan fallido

Mientras otras comunidades sin agua potable se encuentran en áreas rurales y aisladas, con pocas opciones, Vinton ha tenido desde siempre una salida. Ingenieros y científicos han recomendado durante décadas que el pueblo se conecte al sistema de agua y drenaje de la cercana ciudad de El Paso, que es más seguro y confiable.

En 2012, Vinton estaba lista para hacer justo eso: tender 21 millas de tuberías para traer agua de El Paso, y construir nuevos tanques para mantenerla. Tras 15 años de planear, el diseño y las aplicaciones para obtener decenas de millones de dólares de fondos estatales y federales estaban casi completos. Pero todo se vino abajo.

En marzo de ese año, tres miembros del concejo votaron en contra de conectarse al sistema de drenaje de El Paso. Juvencia Ríos-Ontiveros, Martha García y María Medina se habían opuesto durante mucho tiempo al proyecto, asegurando que los impuestos de propiedad y las cuentas de agua subirían demasiado.

Algunos meses después, a punto de terminar el plazo para solicitar más fondos para realizar la conexión, las tres mujeres no se presentaron a la junta del concejo. Sin un quorum para votar sobre el sometimiento de la solicitud, Vinton tuvo que renunciar al dinero.

“Su objetivo principal era detener al gobierno”, explica Praino. “Fue muy doloroso”. El pueblo había sido incapaz de aprobar otro presupuesto ese año debido a un impase similar.

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En una entrevista, Ríos-Ontiveros tachó las críticas contra ella de “nada más que mentiras y rumores”. García y Medina no pudieron ser contactadas para que hicieran comentarios.

Encuestas locales mostraron que más del 80% de la gente apoyaba el proyecto, y la comunidad estaba furiosa. “Este impase no es sólo políticamente nocivo, sino que está provocando un problema de salud pública”, publicó El Paso Times en una editorial. “Creemos que los ciudadanos de Vinton tienen derecho a un servicio de agua limpia”.

La hostilidad contra las tres concejales era tanta que incluso dos ciudadanos interpusieron una demanda contra ellas con la que se consiguió un arreglo. La legislatura estatal también intervino, cambiando la ley del estado en 2013 para que las aldeas incorporadas como Vinton pudieran destituir a sus concejales entre elecciones regulares.

El representante estatal Joe Moody, demócrata de El Paso, promovió la legislación de la destitución. Los políticos pueden convertirse en barreras para muchas pequeñas comunidades de la frontera que buscan suplantar a los arraigados proveedores privados de agua, explica.

Estas comunidades, “no tienen ningún poder real que les permita hacer algo para obtener algún control, para establecer algún estándar para sus comunidades”, asegura Moody sobre la lucha de poder entre el gobierno municipal y los proveedores privados de agua. “Muchas personas en estas pequeñas comunidades están en busca de algún alivio”.

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Praino asegura que nunca sabrá a ciencia cierta por qué esas tres mujeres del concejo se opusieron al proyecto, pero “para mí, se trataba de un problema político más que de otra cosa”.

Por su parte, Ríos-Ontiveros, quien fue alcaldesa que compitió contra Praino en varias elecciones, asegura que ésta desinformaba a la gente acerca del proyecto del agua.

Dado que el pueblo obtiene el servicio de agua principalmente de proveedores privados, aseguró que, antes de conectarse al agua de El Paso, “había que comprar primero esos sistemas de agua”.

Praino reconoce que, en verdad, no se sabe cuánto habría costado. Pero ella, junto con otras personas en Vinton, cree que los proveedores privados fueron en parte responsables de la muerte del proyecto, debido al miedo de perder el negocio que tenían. “Es fácil imaginar que se sentían amenazados”, señala Praino.

Los intereses privados también fallan

Algunos de los proveedores privados de Vinton, incluyendo el que utiliza Praino, están lidiando actualmente con serios problemas de contaminación de agua.

Hillside Water Works (que también presta el servicio a González, el trabajador siderúrgico) extrae agua de una noria que está naturalmente contaminada con arsénico. Desde hace algunos años, reguladores estatales y federales han citado y multado a Hillside por vender agua con niveles peligrosamente altos de arsénico y no informar a los consumidores sobre los riesgos para la salud que implica beberla.

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Sandra Richter, dueña de Hillside, no respondió a las llamadas que se le hicieron buscando sus declaraciones. Pero Praino asegura que le han comentado que a Hillside le costaría fácilmente cientos de miles de dólares remover propiamente el arsénico del agua potable que produce.

Pero los problemas de costos no desaparecerían por completo sólo con conectarse a la red de agua de El Paso. Se necesitarían al menos $40 millones para los proyectos de agua y alcantarillado, mucho más de lo que se habría necesitado hace algunos años, debido a aumentos en los costos de construcción, y no todo ese dinero podría ser pagado con subvenciones.

Además, cada hogar tendría que pagar cientos de dólares para conectarse a la red pública de agua, y el precio sería de miles de dólares para los negocios. Praino explica que no tendría un costo definitivo hasta que se acepten más solicitudes para fondos, pero esperaría que las subvenciones sirvan para cubrir estos costos.

“Estoy aquí para decirles que no hay ningún negocio en Vinton que vaya a ser capaz de pagar el precio de la conexión sin alguna clase de asistencia”, comentó Iris Sims, dueña de una noria para un parque de casas móviles en Vinton, en el que ha vivido desde 1977.

Los registros muestran que, en 2010, durante dos semanas se pidió a los residentes que obtenían el servicio de la noria de Sims que hirvieran el agua, y reguladores han citado a este sistema por problemas más recientes.

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Sims asegura confiar en el agua que sale de la noria, pero estaría dispuesta a cambiarla. “Amaría tener agua de ciudad. Me quitaría mucho trabajo de encima”, comenta, pero sólo si los costos no son muy altos.

Karl Schneider, quien administra varias compañías proveedoras de agua en el pueblo, dijo poco antes de colgar el teléfono. Se le preguntó si apoyaba el intento de Vinton de conectarse al sistema de agua y drenaje de El Paso, y él dijo que no quería hablar sobre eso.

“El pueblo de Vinton está haciendo cosas que no debería hacer, y no quiero involucrarme en eso”, apuntó Schneider. “Sólo están inventado historias que no son ciertas”, destacó.

Schneider defendió el agua que sus compañías provén. El estado no ha citado a ninguna de sus compañías por problemas graves en los últimos años.

Luchando por seguir adelante

Luego de dos elecciones, el concejo actual de Vinton apoya los proyectos de agua y drenaje. Pero el pueblo tendría que empezar el proceso de nuevo, y necesitaría muchos millones de dólares más que antes, debido a que los costos de construcción han subido rápidamente en los últimos años.

“Esas concejales han dañado los esfuerzos futuros”, comenta Moody. “Incluso si el nuevo concejo está trabajando para hacer avanzar el proyecto, los efectos se van a sentir durante años”.

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Recientemente, el personal de Praino pidió al estado un préstamo de varios millones de dólares y está esperando una respuesta. Pero las tasas de interés bajas que el estado ofrecía en el pasado puede que no se consigan esta vez, debido a que la legislatura ya no tiene presupuesto para eso.

Una subvención de $500,000 reservada para Vinton por la Comisión de Cooperación Ecológica Fronteriza también quedó fuera de la mesa. Tras retener ese dinero por tres años mientras que los concejales de Vinton peleaban entre sí, la comisión dio el dinero a alguien más.

Los legisladores federales solían dar cientos de millones de dólares para financiar ese tipo de proyectos, y el trabajo de la comisión era ayudar a las comunidades de la frontera a utilizar el dinero propiamente. Pero ya casi no hay dinero para patrocinar proyectos como los de Vinton.

“No nos podemos involucrar en las políticas de una comunidad”, explica J.T. O’Brien, administrador de proyectos de la comisión. “Es frustrante porque hay una necesidad real. No fue cancelado por razones técnicas, fue cancelado por razones internas de la comunidad”.

Incluso si Vinton se las arreglara para asegurar los fondos, los proveedores privados del pueblo aún se interpondrían en el camino: aún tendrían que acordar una venta de su red de agua, y nadie sabe cuánto dinero pedirían por eso.

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Luego de dos años de que el proyecto de El Paso se desmoronara, varios letreros blancos, simples pero conmovedores, en los que se leen cosas como “QUEREMOS AGUA” o “APOYAMOS EL ALCANTARILLADO” se alinean y descansan contra las ventanas a lo largo y ancho del pueblo.

No hay ningún letrero fuera de la casa de Virginia Adame, la cual compró recientemente, a pesar de los problemas con el agua, sólo para estar cerca de sus padres. Pero ella mantiene la esperanza de que el pueblo eventualmente se conecte al sistema de agua de El Paso.

Haciendo girar a su hija Debbie en sus brazos, en su sala casi vacía, Adame asegura que le preocupa cómo puede afectar el agua la salud de su hija de dos años. Como otros niños, Debbie solía acercar su boca a la llave de la tina y beber el agua mientras se bañaba, pero ahora Adame la advierte sobre hacer eso.

“Ésa fue la primera cosa que le dije a mi marido que teníamos que conseguir”, comenta mientras señala al dispensador de agua con filtro de $99 que descansa en su comedor. Su familia no bebe agua de la llave, y utilizan agua filtrada para beber y cepillarse los dientes.

“No quiero que [mi hija] beba agua que va a afectarla dentro de 10 años”, comenta Adame. “O incluso antes”.

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