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Un salvavidas para el General, por Sebastián Arcos

Un salvavidas para el General, por Sebastián Arcos

En el contexto de las relaciones internacionales, y específicamente de las relaciones con Cuba, esta negociación es un desastre.

Por: Sebastián Arcos Cazabón, Director Asociado del Instituto de Investigaciones Cubanas, FIU

La familia Gross está de fiesta, y con buenas razones.  Alan Gross está de vuelta en casa, a tiempo para celebrar Hanukkah, libre al fin de su terrible experiencia en las cárceles cubanas.  La familia Gross se merece esa felicidad, porque Alan es un buen hombre cuyo único delito fue facilitar el flujo de información a los cubanos.

También hay fiesta en La Habana, y con buenas razones, porque las negociaciones con el imperio resultaron una victoria total para el régimen de Raúl Castro.  No sólo lograron el regreso de los espías confesos que aún cumplían prisión en los EEUU, sino que además el Presidente Obama prometió sacar a Cuba de la lista de países que apoyan el terrorismo, abriendo aún más la puerta a los anhelados turistas norteamericanos cargados de dólares.  Justo cuando parece que la vaca venezolana se está secando.

En el contexto de las relaciones internacionales, y específicamente de las relaciones con Cuba, esta negociación es un desastre, otro más en la calamitosa actuación internacional de la administración de Obama. Tan desastroso como el llamado “reset” con Rusia, o la línea roja en Siria, o el manejo de la primavera árabe en Egipto.  Si este es el mismo equipo que está negociando las ambiciones nucleares de Irán, que Dios nos coja confesados.

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No es un secreto que cuando Cuba arrestó a Alan Gross en el 2009 lo hizo ostensiblemente para canjearlo por sus agentes presos en los EEUU.  En eso los cubanos siempre fueron claros y consecuentes.  Desde entonces, la posición oficial de los EEUU fue que semejante canje de prisioneros era inaceptable porque los delitos cometidos no eran comparables.  Al final, los EEUU terminaron por aceptar las condiciones de los cubanos, y fueron mucho más allá de lo necesario para obtener la libertad de su rehén.  Además de renegar de su posición original de principio, esta decisión de aceptar el canje establece un precedente funesto para otros ciudadanos norteamericanos de visita en la isla, que ahora corren el peligro de convertirse en rehenes para satisfacer cualquiera otra demanda futura del régimen cubano, algo que es fácil de predecir.

Las otras justificaciones de política exterior que alegó el Presidente Obama durante su discurso "que el cambio de política ayudaría a aumentar la presión regional sobre el régimen cubano para que se democratice y contribuirá a mejorar la imagen de los EEUU en Latinoamérica" son dudosas en el mejor de los casos.  Es difícil creer que los mismos gobiernos latinoamericanos que tanto han insistido para que el régimen cubano "a pesar de ser la flagrante excepción antidemocrática en la región" sea incluido en los foros regionales, ejerzan alguna presión sustancial sobre La Habana en ese sentido.  De la misma manera, la percepción negativa de los EEUU en la región seguirá fundamentalmente igual, porque el sentimiento antinorteamericano es parte fundamental del populismo latinoamericano, donde los EEUU siempre serán percibidos como el culpable de todos los males que aquejan la región.  Como prueba de lo que digo, ya los presidentes de Argentina y Venezuela felicitaron al gobierno cubano por su victoria ante el imperio, “una victoria de la resistencia, una victoria de Fidel”, según sus propias declaraciones.

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El argumento de que la normalización de relaciones "el llamado engagement " facilitará la labor de los EEUU a favor de los derechos humanos en Cuba, y mejorará el nivel de vida de los cubanos y su acceso a la información, es casi risible y no justifica las concesiones al régimen castrista.  La Unión Europea lleva años intentando esto mismo sin éxito, demostrando que la política de engagement es tan inútil como lo ha sido el embargo a la hora de cambiar el comportamiento del régimen.  Es inexplicable que el Presidente Obama haya mencionado este tema apenas una semana después de que el régimen cubano reprimiera las manifestaciones de la sociedad civil durante el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU.

¿Cómo puede explicarse que los EEUU abandonaran de un golpe los principios fundamentales de su política hacia Cuba "el énfasis en los derechos humanos y la reciprocidad de las concesiones mutuas, donde los EEUU relajarían su política de aislamiento en la medida en que Cuba diese pasos serios hacia una sociedad más abierta?  Pues porque el equipo de Obama se sentó a la mesa de negociaciones convencido de la hipótesis predominante en los círculos políticos y académicos de este lado, que explica todo lo que sucede en Cuba como una reacción a lo que hacen los EEUU.  Según esta hipótesis, Fidel Castro abrazó a la Unión Soviética empujado por la hostilidad norteamericana, o invadió Angola para detener el intento del Presidente Carter de normalizar las relaciones bilaterales.  Esta falacia "racista, ignorante y peligrosa" siempre sobrestima la influencia de los EEUU, y subestima o ignora el libre albedrío de los Castro para tomar sus propias decisiones como agentes racionales.  El equipo de Obama se sentó a la mesa con una hipótesis equivocada, y se levantó de ella con un acuerdo que, más que equivocado, es lamentable.

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Mi predicción es que Raúl Castro va a posponer la llegada de un embajador norteamericano a la isla lo más que pueda, porque el fantasma del imperio sigue siendo una útil herramienta para justificar su dictadura, como mismo sirve para justificar el desgobierno populista en Venezuela, Bolivia, y Argentina, países que nunca han tenido un Playa Girón, o un embargo comercial norteamericano.  Mientras tanto, el régimen cubano continuará restringiendo los derechos políticos y económicos de su pueblo, y reprimiendo a su oposición pacífica.  Dentro de cuatro años, si Raúl Castro se retira como prometió, los EEUU tendrán que lidiar con un sucesor designado que intentará mantener las prebendas de la casta gobernante, incluyendo la represión política.  Solo que para entonces, los EEUU ya no contarán con suficientes incentivos para inclinar la balanza a favor de una transición hacia la democracia.  De qué vale tener un embajador norteamericano en La Habana, por hábil que sea, si el Presidente Obama le ha privado de las herramientas necesarias para hacer su trabajo.

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