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¿Un infarto mejora la vida?

¿Un infarto mejora la vida?

Un tercio de las personas que sufren un ataque cardiaco redescubren el sentido de la vida y mejoran las relaciones con su pareja.

La reacción más habitual de la gente que ha sufrido un infarto de miocardio consiste en replegarse y autolimitar su vida, impulsada por sus propios miedos, por la sobreprotección de la familia o por el desconocimiento de que las consecuencias reales de este episodio.

Pero no todas las personas convalecientes de un ataque cardiaco entran en el mundo de las sombras, una vez que reciben el alta médica y vuelven a sus casas. Al contrario, para muchas de ellas se enciende una nueva luz.

Científicos del Instituto de Enfermería de la Universidad de Basilea (IEUB), en Suiza, han estudiado cómo afecta un infarto a la vida de los supervivientes en 24 matrimonios en los que uno de sus miembros se había infartado.

"Todas las parejas notaron la cercanía de la muerte, lo que les llevó a cambiar su estilo de vida, aunque reaccionaron de tres maneras diferentes: unas afrontaron cambios positivos, otras que se sintieron psicológicamente peor, y un tercer grupo intentó cambiar sus vidas pero fracasó", según el investigador Romy Mahrer-Imhof, del IEUB.

Del miedo, una enseñanza

Nueve de las 24 parejas afirmaron que el infarto fue un revulsivo importante que consiguió que ambos estuvieran más juntos y ayudó a transformar sus vidas. Uno de los enfermos se planteó la vida de un modo más abierto y relajado, ahora se relaciona con su esposa "mucho mejor", según sus propias palabras, y ahora utiliza la bicicleta frecuentemente cuando hace la compra.

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Una de las conclusiones del estudio es que hace falta involucrar a las parejas en los programas de rehabilitación, lo cual puede mejorar la futura relación entre ambos.

Para algunos psicólogos, la cercanía a la muerte puede hacer que una persona se haga consciente de su fragilidad y comience a valorar mejor los aspectos buenos de la vida, como la relación con su pareja o sus hijos. A las personas que logran aprender de una situación de temor enriquecedor se les denomina resilientes: saben extraer una enseñanza del miedo.

Después de sufrir un infarto, el paciente suele plantearse algunas preguntas y temores sobre su vida sexual, según los expertos en dolencias del corazón.

Según los cardiólogos, los miedos y ansiedades más frecuentes se refieren al esfuerzo físico que requiere la actividad sexual y que pueda suponer un riesgo importante para su corazón.

Parece demostrado que los gastos energéticos durante el acto sexual son similares a los que genera subir dos pisos de escaleras. La frecuencia cardiaca del coito es inferior a la que se produce durante otras actividades normales de la vida cotidiana, y el esfuerzo físico que precisa se podría calificar de moderado.

De todos modos, es recomendable reanudar las relaciones sexuales tras un entrenamiento físico y psicológico adecuado y progresivo, para aprender a detectar cuáles son las respuestas físicas del cuerpo después de un esfuerzo.

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El temor a morirse durante el acto sexual, que a veces lleva a la ausencia de actividad sexual en la pareja tras un infarto de miocardio, es tan frecuente como infundado.

Los casos de fallecimiento durante el sexo ocurren en un porcentaje muy bajo. En un estudio sobre 5,559 casos de muerte repentina por causas no traumáticas, sólo 34 de ellos fueron por motivos cardiacos y ocurrieron durante el coito.

Aunque la mayoría de estos fallecimientos no son achacables al coito sino a sus circunstancias: en 27 de esas 34 relaciones, la persona fallecida realizaba el acto sexual con una pareja distinta de la habitual, y según los cardiólogos, "en el desenlace influyeron de forma significativa el nerviosismo, la mayor excitación, los sentimientos de culpa o la necesidad de quedar bien".

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