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Autopista 5 en Sylmar tras el sismo de Northridge en 1994

Proyectan un plan de contingencia sísmica en previsión del "Big One"

Proyectan un plan de contingencia sísmica en previsión del "Big One"

Estados de la costa del Pacífico estadounidense se preparan ante el previsto gran terremoto o "Big One"

Autopista 5 en Sylmar tras el sismo de Northridge en 1994
Autopista 5 en Sylmar tras el sismo de Northridge en 1994

Mientras helicópteros militares transportan equipos de búsqueda y rescate sobre el noroeste del Pacífico, bajo ellos hay escenarios de devastación producidos por un enorme terremoto que podría sacudir la región costera del Pacífico estadounidense en cualquier momento.

Aguas empujadas por un tsunami barren comunidades costeras. Edificios, puentes y carreteras están en ruinas. Incendios están fuera de control. Sobrevivientes se encuentran varados sobre techos, colgados de escombros flotantes o atrapados dentro de edificios en ruinas.

Sismólogos dicen que una ruptura total de una falla geológica de 1.046 kilómetros de largo (650 millas) que corre de California a la Columbia Británica y un tsunami resultante podría ser un evento que le toque presenciar a esta generación, y funcionarios de atención de emergencias están ocupados preparándose para lo peor.

Funcionarios federales, estatales y militares han estado trabajando conjuntamente para diseñar planes para cuando ocurra el "Big One", o "Gran Terremoto".

Cruce de las autopistas 5 y 14 tras el terremoto de Northridge en 1994
Cruce de las autopistas 5 y 14 tras el terremoto de Northridge en 1994

Estos planes de contingencia reflejan profunda ansiedad respecto a la potencial gravedad del desastre que se asoma: más de 14.000 muertes en el peor de los escenarios, 30.000 heridos, miles de personas sin vivienda y un retroceso de años en la economía de la región, si no es que de décadas.

Como una respuesta, lo que proyectistas visualizan es un despliegue de personal civil y militar y de equipo que sería muy superior a la respuesta a cualquier desastre natural que haya ocurrido hasta ahora en Estados Unidos.

Habría oleadas de aviones de carga, helicópteros y barcos, así como decenas de miles de soldados, funcionarios de emergencia, equipos mortuorios, policías, bomberos, ingenieros, personal médico y otros especialistas.

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"La respuesta seria de magnitud superior a la del huracán Katrina o la supertormenta Sandy", dijo el teniente coronel Clayton Braun, de la Guardia Nacional del Ejército del Estado de Washington, en referencia a dos de los desastres naturales más conocidos en la historia reciente de Estados Unidos.

Desde 2013, Braun ha encabezado un equipo para trabajar en la organización de un plan de respuesta militar para el estado de Washington, el cual sería usado en conjunción con esfuerzos de agencias civiles estatales y federales.

El plan de respuesta de Oregon se llama el Cascadia Playbook, tomando el nombre de la amenazante falla geológica de altamar: Zona de Subducción Cascadia. El plan, revelado el año pasado, ha sido distribuido a funcionarios cruciales para que el estado pueda responder rápidamente cuando ocurra el desastre.

En el sur de California, la atención se centra en la falla de San Andrés que podría generar sísmos de gran magnitud, aunque en este caso y a diferencia de Cascadia, no se producirían tsunamis.

"Ese libro de instrucciones nunca está a más de 30 metros de donde estoy yo", dijo Andrew Phelps, director de la Oficina de Atención de Emergencias de Oregon. Cuando Phelps sale a comer, mantiene el libro en su automóvil para tener acceso a él rápidamente.

Un terremoto de magnitud 9,0 acompañado de un tsunami que devastó partes de Japón en 2011 proporcionó mayor claridad de lo que se necesita hacer el noroeste del Pacífico para mejorar su presteza para una catástrofe similar.

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