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La reportera Catalina García visitó la Cárcel de San Quentin para investigar con profundidad el problema de las pandillas.

Soldado, el primer paso de un pandillero

Soldado, el primer paso de un pandillero

En su serie especial, "Mírate en Mí", la reportera Catalina García explica los pasos que dan los jóvenes que penetran el mundo de las pandillas.

La reportera Catalina García visitó la Cárcel de San Quentin para invest...
La reportera Catalina García visitó la Cárcel de San Quentin para investigar con profundidad el problema de las pandillas.

Al visitar la Cárcel San Quentin, un miembro de la pandilla conocida como los Norteños, le explicó a Noticias Univision 14, que el soldado es el primer escalón que pisan los jóvenes al entrar a una pandilla. Por supuesto, mientras más crímenes comente el "soldado", más rápido asciende en la organización juvenil."Estoy en la escuela con ellos ocho horas al día, [los estudiantes] confían en mí y así platicamos", explicó el consejero Louie Zendejas, quien supervisa la seguridad en la Escuela Intermedia Woodland."La mayoría entran [a las pandillas] por las niñas que andan detrás de ellos, respeto de otros niños... ¡Oh! Este es norteño, este es sureño o cuidado con él y ahí es donde empiezan a jugar", añadió."Jugar" es precisamente el término que utilizan los jóvenes para hablar de la actividad criminal en las pandillas. Y es que a su edad, el crimen puede parecer como un juego para ellos..."En esta edad es donde empiezan y por eso empiezo a trabajar con ellos en la escuela intermedia, porque apenas tienen 13 ó 14 años", puntualizó Zendejas. "Ya cuando llegan a la secundaria es muy tarde".Pero ¿cuál es el prototipo de joven que buscan reclutar las pandillas? El convicto Eric Sánchez se declara norteño y dice haber tenido hasta 27 soldados bajo su mando."Ven si su estilo es como para ser un hombrecito, van a tener su respeto... Raza, pobre de pobreza, no les gusta estar en la escuela, estudiar, etc.", explicó Sánchez. Se arriman [a la pandilla] y cuando se arriman uno lo ve que, pues ya está atento, pues está fácil".El presidiario añadió: "Uno dice, ¿oh, sabes qué?, ¿te gusta el dinero? ¿Las drogas?... Les dan drogas y cerveza, festejan y ven que hay muchachas bonitas, y los mayores traen carros, dinero, no trabajan, duermen todo el día, luego le dicen: tú conoces este barrio, ¿quieres ser de este barrio? Mira, tú puedes tener dinero, drogas y nosotros te cuidamos como un hermano, vamos a ser tu familia".Después de recibir estos supuestos "beneficios", viene el enganche..."Dicen, tú tienes que hacer algo... Tienes que guardar esta arma o si tú vez a los del sur por aquí, y luego vamos y disparamos... y los ven que son tontitos para poderlos manipular para hacer cosas... quieren jóvenes que van a seguir las órdenes que les dan, aclaró Sánchez.

El joven Cristian Márquez, miembro de los Sureños, es un

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ejemplo viviente del problema de las pandillas. Pues como soldado es

clave para el fortalecimiento del grupo juvenil; mientras más soldados

hay, más fuerte es la organización."Me estoy metiendo en

problemas, involucrado en pandillas y casi no hago mi trabajo en la

escuela", explicó Márquez, al corroborar con Sánchez sobre los motivos

de por qué se involucró con las pandillas.Para "tener más

popularidad en la escuela, el que te respeten como que ya no te anden

golpeando y ahora te tienen como más respeto", comentó el adolescente

de 15 años, que llegó de México hace tres.Como los otros jóvenes

que pasaron el día en San Quentin para ver cómo vive un reo tras las

rejas, Márquez llena todos los requisitos para ser un soldado de una

pandilla."A él nunca le ha gustado la escuela", señaló Carelia

Márquez, la madre de Cristian. "Para que mentir... trabajamos en el

campo; mi esposo no tuvo estudios".La madre de Cristian dice que

no sabe nada de pandillas y duda que su hijo esté involucrado en una:

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"Él me dice que no son sus amigos, que estén en la escuela y a veces

platica con ellos... él anda con nosotros, nunca lo dejamos que él

vaya, no sé, si a ver una película... él no sale, él siempre esta aquí".No obstante, el propio Cristian afirmó lo contrario y destacó que entró a las pandillas por necesidad."Me

brincaron por tres durante 13 segundos y después pasé a ser parte de su

nueva familia... Era uno de ellos", comentó el joven.Durante su

reciente visita a la Cárcel de San Quentin, mientras algunos jóvenes se

mostraron visiblemente conmovidos por lo que venían en ese recinto,

otros como Cristian eran más difíciles de leer.Lo que habrá que ver si dos visitas a la cárcel serán suficientes para que Cristian cambie su camino.

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