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Sin críticas, pero con historia

Sin críticas, pero con historia

La vida de un disidente no incluye un auto, condiciones en la casa para tener un descanso confortable, comida apetitosa.

Los que luchamos por la democracia dentro de Cuba, tenemos mucho que

aprender sobre la pluralidad de criterios. Algunos opositores- pusieron

muy mala cara – recientemente- ante un artículo publicado por el Nuevo

Herald, el pasado miércoles 25 de febrero, bajo la firma de Ivette

Leyva Martínez, Editora de Yahoo Inc., con el título de "El muro de los

disidentes". La primera reacción fue darle una respuesta colectiva,

incluso personas amigas, -no cubanas- a las que también desagradó,

recomendaron esto.Sólo faltó parafrasear al régimen y utilizar la

palabra: "contundente".No comparto este criterio, ella tiene todo el derecho del mundo a

criticarnos, ofendernos y hasta llamarnos viejos, esa es precisamente

la prensa que aspiramos poseer, la que permite la libertad de

expresión.

Pero... se puede también escribir sobre la situación de la oposición

interna, y hacer un poco de historia, sin aspirar a ser su portavoz.

¡Claro está!, no desde una oficina con aire acondicionado, con servicio

de Internet, con un auto aparcado esperando el final de la jornada

laboral y todas las condiciones en la casa que permiten al regreso

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tener un descanso confortable y una comida apetitosa. ¡Esa no es la

vida actual del disidente! Pero a este tipo de existencia es a la que

aspiramos, no solo para los que están activos en la lucha, si no

también para toda la nación cubana.

Hay organizaciones dentro de la Isla que hacen un gran esfuerzo por

llevar a cabo un movimiento popular, entre ellas: La Asamblea para

Promover la Sociedad Civil, que celebró una Reunión Nacional con unos

200 participantes y con la calle llena de pueblo escuchando y mirando

lo que en ésta se trataba. Tuvo un costo político alto, pero también

personal, pues -entre otras cosas- el gobierno intervino el terreno en

que se celebró. Posteriormente, desarrolló el I Congreso de

Bibliotecas Independientes, que sacó muchas personas de sus casas a

participar en actividades en los locales donde estaban ubicadas las

Bibliotecas. Y ahora en estos momentos, además del Diálogo Nacional,

trabaja con estos fines la Agenda para la Transición.

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Si bien algunas actividades han tenido quienes las rechazan dentro de

la oposición, esto es parte de lo que tratamos de conseguir, la

libertad de opinión. Y también sin lugar a dudas, es que está presente

la acción de los órganos de la Seguridad del Estado, que a través de

miles y miles de oficiales y colaboradores, mantienen un estricto

control sobre la oposición; que nunca podrá revertir esta avalancha,

como no tuvieron éxito en hacerlo los disidentes en los ex países

socialistas, que ya han conseguido el cambio. Es algo así como... una

pelea entre mono y león, con la agravante que el mono está amarrado.

Por eso es que ha habido que aprender a luchar con ellos al lado.

La acción venenosa de los agentes infiltrados de la dictadura, no es

la única que cae sobre la oposición, una muestra irrefutable de esto se

consigue leyendo el Nuevo Herald y también prestando atención a los que

quieren, tras bambalinas desde fuera, dirigir organizaciones dentro del

país, para lo cual practican la máxima: "divide y vencerás", a

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cualquier costo.

Continuando la exposición de la historia, sería bueno recordar que las

dignas Damas de Blanco, que tantos premios y reconocimientos han

recibido a través del mundo; hace apenas tres meses, el pasado 10 de

diciembre de 2008, estaban en las escaleras del Capitolio Nacional; o

más cerca aún, el 18 de febrero de 2009, fueron arrastradas frente al

Hospital Militar Carlos J. Finlay, cuando reclamaban un diagnóstico

para el preso de conciencia del grupo de los 75 Ariel Sigler Amaya, lo

que permite asegurar, que casi seis años después de la Primavera Negra,

mantienen activa la lucha por la liberación de sus familiares,

injustamente presos.

Durante muchos años, el gobierno cubano ha utilizado la perorata de

llamar a los disidentes mercenarios. Pero los que viven fuera del país,

conocen –perfectamente- que los fondos para la Ayuda a la Democracia en

Cuba, no llegan a la isla. Al parecer en una modificación histórica,

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por estar muy gastado este argumento los mercenarios se pueden

convertir en "mantenidos". Hace muchos años se utilizaba este término

para designar a las meretrices, amantes de los señores de la clase

media y alta.

Precisamente de lo que carece el movimiento disidente es de recursos.

Si se hubiera contado con ellos, el pueblo que tiene que unirse a esta

punta de iceberg, no los vería como personas que viven casi en la

indigencia, a los que la dictadura deja sin trabajo por el solo hecho

de disentir. Son precisamente la imagen de los que no se les vende

"algo", cuando sus casas quedan destruidas por los huracanes; a los que

se les aplica la peligrosidad. Valga decir que en estos momentos se

calculan por encima de 5000 los presos por este concepto, que nada han

hecho, solo no doblegarse ante el sistema.

Tienen también en su contra, algo que es público y notorio: algunos de

los hijos de los opositores, reciben malos tratos en las escuelas, son

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discriminados, insultados frente a sus condiscípulos, en ocasiones no

se les permite llegar a ser técnicos medios y ni pensar en una carrera

universitaria. ¿Qué le pueden ofrecer al pueblo? ¿Más miseria, más

represión, más encarcelamiento?

Alegra saber que existe una toma de conciencia de una pequeña parte de

la juventud, lo que permite afirmar que el trabajo de la disidencia ha

dado sus frutos, pues ellos de una forma u otra, siguen el ejemplo de

los que se oponen. Además aceptan con gusto, como lo hizo Gorki, el

apoyo que le dio este movimiento "anciano", durante su juicio. Ojalá

que surjan muchos soplos de aire fresco, esta generación que ha luchado

por más de 20 años, que ha pasado cárceles, persecución y golpizas,

está dispuesta a entregar el bastón a los jóvenes. Pero mientras tanto,

necesita que también personas con buena voluntad que hagan críticas,

estén dispuestas a dar soluciones y a enviar la ayuda necesaria para

alcanzar el poder movilizativo del pueblo. Si la calle es la salida,

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ahí está resuelta a ir una parte importante de la disidencia, pero

¿cómo lo logra, si apenas tiene recursos para mantenerse?

A nivel de pueblo dentro de la Isla, y en cada lugar de residencia de

los opositores, donde éstos desarrollan sus actividades, son conocidos

y respetados; existen hechos que así lo demuestran. Son tildados

–quizás- de intrépidos o locos, por luchar contra un régimen

todopoderoso que los encarcela, sólo con las armas del corazón y la

dignidad. Los líderes nacionales son reconocidos también en cualquier

lugar público, reciben muestras de apoyo y solidaridad e incluso

cuando viajan a provincias.

No hay dudas que la oposición interna tiene que continuar su lucha, hay

otros grupos y formas que tampoco han conseguido su objetivo, pero no

es hora de balances, si no de terminar con lo que, aún siendo tan malo

nos une: ¡la dictadura!

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