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Aunque su nombre se refiere solo al uso de los pies, la cabeza es parte fundamental de la práctica del deporte más popular del mundo.

Los cabezazos en el fútbol: una preocupación creciente

Los cabezazos en el fútbol: una preocupación creciente

La Federación Inglesa de Fútbol pidió a la FIFA que investigara una posible relación entre demencia y la práctica del fútbol, sumándose a una corriente que crece en este y otros deportes: la preocupación por los efectos a largo plazo que las concusiones tienen sobre los deportistas.

Aunque su nombre se refiere solo al uso de los pies, la cabeza es parte...
Aunque su nombre se refiere solo al uso de los pies, la cabeza es parte fundamental de la práctica del deporte más popular del mundo.

Hace unas semanas, la Federación Inglesa de Fútbol hizo una petición a la FIFA, máxima autoridad mundial en materia de balompié, para que se comenzara a investigar una posible relación entre la práctica del deporte y la demencia. La petición se debe a que tres miembros de la selección inglesa campeona del mundo en 1966 (Martin Peters, Nobby Stiles y Ray Wilson) hoy en día sufren de Alzheimer.

Así, el cuerpo que rige al fútbol inglés quiere saber si los exfutbolistas son más propensos que el resto de las personas a sufrir enfermedades de deterioro cerebral y si esa propensión está relacionada con la práctica del deporte.

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Fútbol y cabezazos

Aunque su nombre se refiere solo al uso de los pies, la cabeza es parte fundamental de la práctica del deporte más popular del mundo. Es común utilizar la cabeza para pasarle el balón a un compañero. Los defensas despejan balones aéreos con la cabeza, mientras que los delanteros la usan como arma letal a la hora de intentar convertir en goles pelotas en el área.

También existe el peligro de impactos fortuitos. Dos jugadores buscando cabecear en la misma jugada pueden chocar cabezas con dureza, mientras el portero que sale a despejar con los puños bien puede encontrar en vez del balón la cabeza de un rival o de un compañero que se le adelantó en la acción.

Se conocen de varias casos de jugadores que han tenido que abandonar la práctica futbolística luego de recibir fuertes golpes en la cabeza. En Estados Unidos son notables los casos de Taylor Twellman y Cindy Parlow.

El astro de la selección de EEUU, Taylor Twellman (arriba) debió abandon...
El astro de la selección de EEUU, Taylor Twellman (arriba) debió abandonar la práctica futbolística tras recibir fuertes golpes en la cabeza.

Nadie anotó más goles en la liga de fútbol profesional de Estados Unidos (MLS) entre 2002 y 2009 que Twellman, que tuvo que retirarse en 2010 a los 30 años de edad debido a las consecuencias de una concusión que sufrió tras un choque con un portero.

Hoy, Twellman es comentarista del canal deportivo ESPN, pero sobre todo motor de la fundación Think Taylor, dedicada a despertar conciencia sobre los peligros de sufrir lesiones de este tipo en la práctica del deporte.

Parlow fue medallista de oro olímpica y campeona del mundo con la selección de Estados Unidos, pero varios golpes severos en la cabeza la obligaron a abandonar la práctica del fútbol en 2006 y hoy por hoy todavía sufre de dolores de cabeza casi a diario.

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Parlow es imagen de la iniciativa Safer Soccer (Fútbol más seguro), campaña responsable de que desde 2015 la federación de fútbol de Estados Unidos (US Soccer) prohibiera el uso de la cabeza en categorías de menores de 11 años.

El activismo de Twellman, Parlow y muchos otros está logrando cambios en la enseñanza y práctica del deporte, sobre todo en las categorías menores de Estados Unidos, preocupados por el efecto que los continuos golpes en la cabeza pueden tener en los jugadores.

Una concusión es una lesión cerebral producto de golpes o sacudidas que provocan un movimiento rápido adelante y atrás de la cabeza, provocando traumas cerebrales. Si bien los efectos inmediatos de una concusión leve o media usualmente no ponen en riesgo la vida de quien la sufre, una segunda concusión inmediata sí puede ser fatal y las consecuencias a largo plazo pueden ser muy graves.

Una repetida exposición a traumas cerebrales pueden llevar al desarrollo del CTE (Encefalopatía Traumática Crónica por sus siglas en inglés), un síndrome degenerativo del tejido cerebral que puede presentarse incluso años después de la exposición al trauma cerebral, cuyos síntomas son “la pérdida de memoria, confusión, alteración del juicio, paranoia, problemas de control de impulsos, agresividad, depresión y eventualmente demencia progresiva”.

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El CTE solo se puede diagnosticar mediante el análisis post mortem del tejido cerebral, y aunque las investigaciones que permitirían establecer la relación y los riesgos de sufrir la enfermedad con la práctica de ciertos deportes, cada vez son más los casos encontrados en exdeportistas.

Donación de cerebros

Cada vez son más los deportistas que donan sus cerebros para que luego de su fallecimiento se puedan estudiar y determinar si el tejido cerebral presentaba alguna característica asociable al CTE. Jugadores y exjugadores de fútbol americano, hockey sobre hielo, automovilismo y fútbol se cuentan entre quienes han dado instrucciones al respecto.

Las mujeres tienen más riesgos que los hombres de sufrir concusiones y de hecho, en la práctica del fútbol las sufren más, por eso no es de extrañar que sean jugadoras prominentes las que encabecen la tendencia de donación de cerebros en el fútbol.

La imagen de Brandi Chastain sin camisa celebrando el gol que le dio a Estados Unidos su primer título mundial en 1999, quizás sea uno de los iconos más famosos que haya producido el fútbol femenino. Chastain, de 47 años, anunció en marzo de este año que donó su cerebro a la investigación del CEM.

El gesto de Chastain es importante no solo por la cada vez mayor cantidad de mujeres que practican este y cualquier otro deporte, sino porque el sexo femenino suele estar subrepresentado en los estudios del efecto de los deportes sobre la salud.

Brandi Chastain, protagonista de una de las imágenes más icónicas del fú...
Brandi Chastain, protagonista de una de las imágenes más icónicas del fútbol estadounidense femenino, anunció en marzo de este año que donó su cerebro a la investigación del CEM.

El ejemplo de Chastain fue seguido de inmediato y a finales del mismo mes de marzo, otras dos glorias del fútbol estadounidense, también campeonas mundiales pero del 2015, Megan Rapinoe y Abby Wambach, que con 184 goles vistiendo la camisa de los Estados Unidos es la máxima goleadora en la historia del fútbol internacional, hombre o mujer, anunciaron la donación de sus cerebros para su estudio.

En el mismo tenor, pero argumentando que su cerebro está más cerca de poder ser estudiado, el miembro del Salón de la Fama del fútbol estadounidense, Len Oliver, de 82 años, quien dice haber sufrido varios golpes en la cabeza a lo largo de su carrera y nunca haber sido tratado por ellos, también decidió donar su cerebro.

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Pero esa preocupación no parece tener mayor resonancia en el balompié fuera de los Estados Unidos, por eso la importancia de la petición de la Federación Inglesa.

Una oportunidad particular

Se calcula que mil millones de personas vieron al menos un minuto de la final del mundial de fútbol Brasil 2014. Por lo que muchísima gente en todo el mundo pudo ver el golpe que recibió en la cabeza Christoph Kramer:

Kramer fue sustituido después de que no pudo responderle al árbitro del partido que estaba jugando en la final del mundial. De hecho, Kramer dice no tener recuerdo alguno del que quizás sea el momento más importante de la carrera de cualquier futbolista.

El revuelo por este y otros golpes de cabeza recibidos por futbolistas durante el torneo, llevó a la FIFA a investigar sobre el tema y en el mes de septiembre de 2014 ya había adoptado un nuevo protocolo para lidiar con posibles concusiones en el terreno. Bajo este protocolo, el árbitro puede detener un partido por tres minutos si se cree que un jugador ha sufrido una concusión.

El árbitro solo permitiría que el jugador continúe jugando si recibe el visto bueno de los médicos que lo evaluaron. Si no lo recibe, entonces tendría que ser sustituido de inmediato. Pero el protocolo no solo ha sido criticado por insuficiente, pues 3 minutos es poco tiempo para evaluar al jugador, sino porque pocas veces es puesto en práctica por razones que pudieran catalogarse de estrictamente deportivas:

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En el fútbol no hay sustituciones ilimitadas como en otros deportes de equipo y tampoco se permiten sustituciones extra por lesiones. Cuando un equipo se ve en la necesidad de cambiar a un jugador por lesión, en el mejor de los casos utilizará uno de sus tres cambios disponibles bajo circunstancias ajenas a una decisión técnica; en el peor, se verá obligado a jugar con el equipo incompleto.

Una lesión como esta en muchos casos no tiene síntomas o expresiones inm...
Una lesión como esta en muchos casos no tiene síntomas o expresiones inmediatas, pero sus consecuencias podrían ser fatales para la vida de los atletas después del retiro.

Por eso, los equipos son los primeros interesados en que sus jugadores no sean diagnosticados en el terreno de juego con concusiones, una lesión que en muchos casos no tiene síntomas o expresiones inmediatas.

La inacción de la FIFA en la materia la ha llevado a tribunales, pero con resultado favorable al organismo. Mientras, US Soccer tomó en 2015 la ya mencionada medida de proteger a los jugadores de categorías infantiles, prohibiendo cabecear en su totalidad a menores de 11 años y el cabecear en partidos a jugadores de entre 11 y 13 años.

La decisión de US Soccer llevó a que se abandonara otra demanda contra la FIFA. Ahora, la demanda es de otro tipo y la hace un organismo como la Federación Inglesa, probablemente de mayor influencia que US Soccer dentro de la FIFA. El tiempo se acorta para ver más acciones concretas.

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