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Mientras unas partes de Río Grande City tienen agua limpia, en otrassigue siendo inaccesible. (**Foto: The Texas Tribune).

Río Grande City: Un mosaico de desconfianzas

Río Grande City: Un mosaico de desconfianzas

Mientras unas partes de Río Grande City cuentan con agua limpia, en otras este recurso sigue siendo inaccesible para muchas familias.

Mientras unas partes de Río Grande City tienen agua limpia, en otrassigu...
Mientras unas partes de Río Grande City tienen agua limpia, en otrassigue siendo inaccesible. (**Foto: The Texas Tribune).
Entra aquí para leer la versión en inglés de este artículo en el Texas Tribune: Rio Grande City: A patchwork of unreliability.

Río Grande City " Cuando se trata de kioskos de agua, José García prefiere el Watermill Express al extremo norte del pueblo. Hace varios viajes cada semana a la estación brillante y colorida llevando tanques de cinco galones.

Cuando vivía cruzando la frontera, en México, este hombre de 66 años bebía agua de la llave, asegura. Pero en 14 años, aprendió que eso no era lo que hacía la gente en Río Grande City. “No es que tenga miedo”, dice García. “Es algo a lo que te acostumbras”.

Las razones varían, pero es claro que mucha de la gente que vive en esta ciudad fronteriza del alto Valle de Río Grande prefiere hacer viajes a los kioskos de agua que tomar el agua que sale de la llave. Janie López dice que no le gusta cómo sabe. Norma Barrera piensa que el agua del cercano Río Grande no es “higiénica”.

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En teoría, los 14,000 residentes deberían estar recibiendo agua limpia y segura. La ciudad abrió una nueva planta de tratamiento en 2010. Pero a causa de un viejo arreglo, una parte de la ciudad depende de una colección de pequeñas corporaciones de dueños locales. La mayoría de ellos compran agua de Rio Grande City y la distribuyen a sus clientes utilizando sus propias tuberías y tanques de almacenamiento. Uno obtiene el agua directamente del río, la trata y la envía a los residentes a través de sus tuberías.

Aunque el agua que estos proveedores compran de la nueva planta de la ciudad es de buena calidad en general, las compañías pequeñas tienen problemas para mantenerla limpia al llegar a las casas de sus clientes, según registros estatales de la década pasada. Los problemas de mantenimiento han invadido sus instalaciones, y la calidad de su agua ha violado los estándares de salud pública.

Esto ha dividido el pueblo en secciones que tienen agua segura y confiable, y las que no pueden estar muy seguros.

Por ejemplo, se halló que el agua distribuida en mayo del 2013 por la Rio Water Supply Corporation contenía altos niveles de bacterias coliformes, lo que indica la posible presencia de aguas negras o desechos animales. Estos contaminantes pueden causar diarrea, dolores abdominales náusea e ictericia.

Ese mismo año, los reguladores de la Comisión de Calidad Ambiental de Texas encontraron que las instalaciones de Rio Water, que atiende a 3,900 personas, no estaban suficientemente limpias como para evitar la presencia de animales, como ratones, e insectos. En los últimos siete años, la agencia obligó siete veces a Rio Water a informar a sus clientes que no era seguro consumir el agua sin haberla hervido antes.

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Desde 2011, El Sauz Water Supply Corporation, que da servicio a 1,100 residentes, ha sido citada varias veces por altos niveles de subproductos potencialmente peligrosos en su agua y por no haber notificado a sus usuarios al respecto.

La exposición prolongada a los subproductos, creados cuando desinfectantes como el cloro se mezclan con sustancias presentes en el agua naturalmente, puede producir problemas en el hígado, en el riñón o en el sistema nervioso central, además de elevar el riesgo de cáncer.

La situación es semejante con las otras dos corporaciones de servicio de agua, que atienden a otros 7,000 residentes en el área. Han sido castigadas con numerosas multas y noticias de violación.

Líderes locales han planteado la idea de consolidar a todos los proveedores de agua bajo el de Río Grande City, para crear un solo sistema público de agua que sea eficiente y responsable. Pero las corporaciones se han resistido, explica el alcalde Rubén O. Villarreal.

“A la gente no le gusta perder la sensación de poder que tiene sobre un producto”, comenta Villarreal. “No quieren soltar las riendas a su responsabilidad sobre el agua… Hay un ángulo político”.

Sólo uno de los cuatro proveedores de agua respondió a una llamada en busca de comentarios.

“Nunca hemos tenido problemas graves con el agua”, comenta Martha Gaytán, administradora general de Union Water Supply Corporation, que brinda servicio a cerca de 6,000 personas en Río Grande City y sus alrededores.

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cortes al servicio

¿Feudos en el servicio de agua?

Las compañías proveedoras de agua han existido desde la década de 1930, cuando la grave sequía de Texas y la erosión del suelo (dust bowl) urgieron a las comunidades rurales a buscar nuevas fuentes de agua. Conforme se empezaron a desarrollar las colonias en la frontera, muchas vieron las corporaciones de servicio de agua como la mejor opción.

Típicamente, una persona (puede ser un residente de la colonia o un propietario local, pero más comúnmente alguien con conocimientos del negocio y conexiones) reúne a la gente que desea el servicio de agua en una cooperativa sin fines de lucro.

Los residentes se vuelven contribuyentes y co-propietarios de la corporación, eligiendo a un grupo para que tome las decisiones importantes y contrate a un administrador general.

Alrededor de Río Grande City y de varias partes del valle, aparecieron corporaciones proveedoras de agua, para atender a las colonias que carecían del servicio y a las comunidades justo fuera de los límites de la ciudad. Conforme Río Grande City creció, absorbió parte del territorio correspondiente a las corporaciones, y como no deseaba elevar el costo del agua, para poder tender tuberías en esas zonas, permitió que las empresas permanecieran.

Las corporaciones  era una buena idea al principio, asegura Wendy Jepsen, profesora asociada en la Universidad Texas A&M, y experta en administración del agua. “Podían usar esta herramienta para empezar a proveer de agua”, destaca.

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Pero ahora, dice, el mosaico de sistemas autónomos está “fragmentado y descoordinado, por decir lo menos”.

Muchas áreas que antes eran rurales, ahora son urbanas, y las ciudades pueden proveer agua para todos. Pero si las corporaciones proveedoras no quieren ceder su poder, nadie puede obligarlos a hacerlo.

“Son pequeños feudos de control y recursos”, explica Jepsen. Las corporaciones pueden ser sin fines de lucro, pero emiten lucrativos contratos y controlan un recurso básico.

“Se trata de controlar el flujo de dinero”, añade. “Cuando controlas el flujo de dinero, tienes un cierto nivel de poder”.

Pero Gaytán, administradora general de Union Water Supply Corporation, asegura que se trata de control más que de poder. Las áreas rurales y las colonias solían ser ignoradas por los gobiernos locales tradicionales, explica. Los clientes de las corporaciones de agua buscan mantener el control de su propio destino.

“El problema es que cuando eres parte de un gran grupo… a veces el flujo de dinero se dirige a las operaciones más grandes, porque ahí es donde se necesita más”, comenta Gaytán. “Lo que termina llegando a las áreas más pequeñas no es tal vez lo que habríamos obtenido si hubiéramos sido independientes”.

Peleando unos contra otros, y contra el río

Gracias a una nueva planta de tratamiento de agua (terminada en 2010 con $12 millones obtenidos de fondos estatales y federales), Río Grande City estaba lista para finalmente absorber a los proveedores de agua restantes y atender a sus clientes fácilmente. De hecho, la planta puede tratar cuatro veces más agua que la que la ciudad utiliza actualmente.

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Pero las cosas pasaron rápidamente de amigables a polémicas.

“Ellos creían que nosotros, como ciudad, intentábamos ser los acosadores y quitarles algo, y eso no era cierto”, comenta Villarreal.

El representante estatal Ryan Guillén, demócrata de Río Grande City, explica que las guerras territoriales sobre el agua no son raras. Expertos han aconsejado durante mucho tiempo a los pueblos pequeños a unirse para obtener servicios como el agua al compartir plantas de tratamiento, lo cual reduce los costos. Pero ahora mismo, “cada quien tiene su territorio”, comenta. “Y así es como les gusta estar”.

El agua tratada y distribuida por Río Grande City también ha tenido problemas, destaca Gaytán. Los registros muestran que el pasado noviembre, Río Grande City fue citada por producir agua que contenía muchas bacterias coliformes.

La raíz de la mayoría de los problemas del agua potable aquí es la tubería de entrada de la ciudad, ubicada en una de los tramos más contaminados de Río Grande.

Este pueblo es uno de los pocos a lo largo de la frontera con México que obtiene su agua directamente del río, en vez de hacerlo a través de canales agrícolas que proveen un proceso de limpiado natural.

A pesar de que se han intensificado los esfuerzos estatales y nacionales para limpiar el río, los niveles de bacterias alrededor de Río Grande City han empeorado.

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Las posibles causas serían las actividades agriculturales y la contaminación industrial de más arriba del río (que se incrementan conforme crece la población) así como las ciudades mexicanas que no cuentan con plantas de tratamiento y que arrojan sus aguas negras al río.

La anterior planta de tratamiento de Río Grande City no hacía muy buen trabajo removiendo esos contaminantes, además de que recolectaba el agua de una parte del río con un nivel tan bajo que durante la sequía había que mantener las bombas activas todo el tiempo para que la tubería pudiera recoger algo del agua.

La nueva planta obtiene agua de un tramo diferente del río, mucho más profundo, y se encuentra más arriba del Río San Juan, un riachuelo que se alimenta del lado mexicano y trae consigo una gran cantidad de aguas negras.

“Fue un alivio”, comenta sobre la nueva planta Rubén Klein, director de servicios de agua de la ciudad. “Ahora puedo dormir por las noches”.

Pero esto no ha ayudado a los residentes que obtienen el servicio de otros proveedores, incluyendo a los clientes de Union Water Supply Corporation que contaron con agua por más de un día en enero.

Los alumnos de la escuela primaria La Unión, en ese vecindario, fueron llevados en autobús a otra escuela que obtiene agua de una compañía diferente, para que pudieran utilizar los baños. Eventualmente, fueron enviados a casa.

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“Simplemente abríamos la llave y no había agua”, comenta Brenda Peña, una madre de 29 años que vive con sus dos hijos y su esposo en una parte de la ciudad servida por Union. “No tiene caso que preguntemos a los vecinos, porque tampoco tienen agua”. La compañía le informó que una vez que regresara el servicio de agua, durante algunos días los residentes tenían que hervirla antes de beberla, asegura.

Gaytán responsabiliza a los cambios en el clima. “Eso causa que las tuberías se muevan, y conforme se mueven, se quiebran”, explica.

La corporación recibió millones de dólares del Texas Water Development Board el año pasado para empezar a atender el problema, pero eso no era ni cercanamente suficiente.

Una reciente solicitud para obtener fondos adicionales mostró qué tan desesperada es la situación en la que se encuentra Union.

A diferencia de otras empresas proveedoras, Union cuenta con su propia planta de tratamiento. Pero esa planta es operada al 128% de su capacidad, y las tuberías de distribución se encuentran en mal estado, declaró Union en documentos presentados al estado.

Al solicitar $5.6 millones para mejorar su sistema de distribución y duplicar la capacidad de su planta de tratamiento, la solicitud de Unión indicaba que cerca de la mitad del agua que la planta produce se pierde a través de las fugas de las tuberías. Las rupturas de tuberías suceden en promedio cinco veces a la semana, causando cortes en el servicio y problemas con el tratamiento que llevan a publicar avisos sobre hervir el agua.

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Por encima de eso, la contaminación es el mayor problema, de acuerdo con la solicitud. Cuando se rompen las tuberías, el agua queda expuesta a las sustancias del exterior. Las tuberías viejas, los medidores de agua y la mayoría de los sistemas de plomería de las casas también podrían permitir que entre plomo al agua potable, “una posible amenaza a la salud de los consumidores”, escribió la compañía.

El proyecto ha sido retrasado por años. Hace más de cinco años, Union consiguió más de $5 millones del Departamento de Agricultura para cubrir algunos de los costos, pero poco se ha hecho desde entonces. Recientemente el recibo de agua de una casa promedio subió de $360 a más de $474 anuales, y habrá de subir de nuevo de manera significativa para pagar los préstamos que está solicitando Union actualmente.

Pero no hay garantía que Union, o cualquiera que lo solicite, pueda obtener el préstamo. La legislatura estatal no ha asignado prepuesto adicional para que el Texas Water Development Board financie préstamos.

En el pasado, el dinero estatal y federal ha ayudado a cientos de comunidades. Pero aún hay varios que fueron dejados fuera, comenta Guillén, el representante estatal.

“He hablado con gente de negocios que dicen ‘Hey, no tenemos suficiente presión de agua, y esto no cumple con los estándares de sanidad. Y así hemos tenido que cerrar’”, comenta. “Aún hay trabajo qué hacer… y la voluntad de gastar dinero en casi cualquier cosa se está deteriorando por aquí”.

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Eso implica, por lo menos, una larga espera para algunos de los que viven en Río Grande City. Lorenzo Frausto, un hombre de 39 años discapacitado y padre de tres, es uno de los clientes de Union. Los cortes no son infrecuentes, dice, y todo lo que uno puede hacer es visitar los kioscos de agua.

Y esperar.

“Todo lo que tenemos que hacer es esperar hasta la mañana, y ver si regresó”, explica. “Es un juego de esperar”.

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