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Vuelven a casa con sida

Vuelven a casa con sida

Lo paradójico es que la creciente pandemia entre los migrantes se pasa por alto a ambos lados de la frontera.

Problema de nadie

Los trabajadores mexicanos que emigran a Estados Unidos con sueños de prosperidad y esperanzas de volver con dólares, muchas veces regresan con algo más -el virus VIH o el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida ( sida)-.

La epidemia se está propagando en las zonas rurales de México menos preparadas para combatirla.

Así lo denuncia un artículo de The New York Times ( NYT) que apareció publicado esta semana en su primera página bajo el título: 'Mexican Migrants Carry H.I.V. Home to Unready Rural Areas'.

Lo paradójico es que la creciente pandemia entre los emigrantes se pasa por alto a ambos lados de la frontera. En México, el sida se mantiene bajo un manto de estigma y de negación, dice el artículo. "Con frecuencia se da por sentado que los emigrantes llevan la enfermedad al país, y no lo contrario".

De una forma u otra, lo cierto es que el sida se está expandiendo rápidamente en los estados rurales mexicanos donde más abundan los emigrantes a Estados Unidos.

Según un estudio reciente citado por el diario neoyorquino, el mayor peligro a que se exponen las mujeres del campo mexicano es contraer el sida en las relaciones sexuales con sus esposos inmigrantes, problema que se complica por la negativa de éstos a usar preservativos.

Soledad que mata

La investigación revela, además, que cuando los emigrantes se separan de sus hogares y familias, la soledad los lleva a buscar nuevas relaciones sexuales en Estados Unidos. A las mujeres, la vida en el camino las expone a violación y abuso sexual.

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El problema se agrava al haberse convertido las fronteras al norte y sur de México en imanes para prostitutas y narcotraficantes. "La migración conduce a experiencias y condiciones que aumentan los riesgos", dijo a NYT George Lemp, un epidemiólogo que dirige un programa de investigación de la Universidad de California sobre la diseminación del sida entre migrantes.

"Los emigrantes son vulnerables. Están aislados, expuestos a diferentes prácticas sexuales. Las barreras del idioma les impiden acceder a los servicios de salud y existe mucha depresión, soledad y abuso", agregó.

En México el sida se ha concentrado mayormente entre las prostitutas y sus clientes, así como los drogadictos y homosexuales, según los expertos citados por NYT. Aún así, el índice de sida es aún considerablemente menor -casi la mitad menos- que en Estados Unidos, conforme a estadísticas de Naciones Unidas del 2006. La infección del sida para la gente de 15 a 49 años en Estados Unidos es de 0.6 por ciento; en México, de 0.3 por ciento.

Infectados en Estados Unidos

Los primeros casos de sida se diagnosticaron en México en 1983, señalan los investigadores. Desde entonces, los estudios siguen demostrando que los emigrantes a Estados Unidos constituyen un porcentaje significativo de los que contraen el virus.

El número de mexicanos con sida que han vivido en Estados Unidos fluctuó entre 41 y 79 por ciento en los años 80 y principios de los 90. Pero desde 1992, México no ha reportado cifras completas, señala el periódico.

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Muchos esposos que emigran tienen sexo probablemente con más gente infectada con sida y sobrellevan "el aislamiento social de la experiencia migratoria buscando consuelo en la intimidad sexual", escribió Jennifer S. Hirsch, profesora de salud pública de la Universidad de Columbia, en The American Journal of Public Health de junio, de acuerdo con NYT, que complementa diciendo que ella descubrió que los esposos emigrantes eran más proclives a buscar sexo con prostitutas mientras permanecían en Estados Unidos.

La doctora Indiana Torres, del Hospital General de Puebla -consultada por el periodista del NYT- dijo que 22 por ciento de los aproximadamente mil casos de VIH y sida que manejan en su clínica tienen su origen en la emigración.

El artículo continúa diciendo que México proporciona drogas antirretrovirales aun a migrantes pobres sin seguro de salud. Sin embargo, éstos se enfrentan a los costos de transporte y el tomar tiempo de su trabajo para visitar a los médicos.

El inmigrante no se aprecia

También el gobierno ha mostrado lentitud en reconocer el problema, mandar ayuda médica al campo para examinar a los migrantes que regresan y enseñarles los riesgos a que se exponen en el camino. Un programa se llama "Vaya Saludable, Vuelva Saludable".

Pero el estigma del sida en México es tal -relata NYT- que hasta los emigrantes que lo han contraído desestiman el factor de las relaciones extramaritales. "Muchos adquieren la infección allá y entonces la traen para acá", dijo una madre de 40 años que había ido a Estados Unidos con su esposo y trabajado en Chicago, consultada por el periodista.

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Desde que le descubrieron la infección en un hospital de Chicago donde dio a luz, está bajo tratamiento antirretroviral. "No sé cómo me infecté pero pudo haber sido en el hospital de allá". Su esposo, que emigró con ella y está también infectado, asintió.

"Pensé que el cruzar fue lo peor de mi vida", dijo sentada en un escalón de su casa en una aldea cercana a Puebla.

"Vimos huesos humanos y ropa en el desierto. Había ladrones allí que violaron a las chicas y les quitaron todo el dinero que pudieron. Pensé que era lo peor. Ahora tengo esto".

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