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Time pide amnistía a ilegales

Time pide amnistía a ilegales

La prestigiosa revista Time expone cinco razones por las cuales EU debe perdonar y legalizar a los indocumentados.

Cinco razones para la amnistía

Puede funcionar políticamente, no va a provocar una reducción de salarios ni va a socavar el imperio de la ley, tampoco añadirá más carga a los servicios sociales ni necesariamente tiene que engendrar más inmigración ilegal.

Esas son las cinco razones de peso por las cuales la revista Time considera que legalizar a millones de indocumentados en Estados Unidos tiene sentido a través de una Amnistía.

El plan base de reforma migratoria

El influyente medio estadounidense lo deja bien claro en su última edición, bajo su artículo de portada titulado: "Inmigración: el caso en pro de una Amnistía", del periodista Nathan Thornburgh, quien viajó hasta Beardstown, un pueblo rural de Illinois, donde "72 por ciento de la clase pre-jardín de la infancia es hispana", para comprobar por qué la legalización de los indocumentados tiene sentido en este pueblo y el resto de Estados Unidos.

Thornburgh comienza diciendo que Amnistía ha surgido como el término "paria" en el debate migratorio [del cual la mayoría se sirve para atacar a quiénes defienden el proyecto de ley que se hundió la semana pasada en el Senado] para explicar sobre la realidad de Beardstown -la misma de centenares de pueblos a través de Estados Unidos- los beneficios del perdón a los indocumentados.

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El periodista de Time se pregunta cuáles son las alternativas para permitir que permanezcan los ilegales en este país: ¿deportar a la gente, ingeniar otras penalidades o no hacer nada en absoluto? -se pregunta-, para luego sustentar los argumentos por los cuales la amnistía es un camino al problema migratorio.

Thornburgh recorrió el pueblo donde en abril una redada en el negocio más importante fue expuesta ante una comunidad que depende mucho de sus trabajadores indocumentados y resiente profundamente su presencia. Sobre el terreno se dio cuenta que "pocos sitios han luchado con estas cuestiones tanto como como Beardstown".

Puede funcionar políticamente

El artículo de Time expone que pese a que los políticos -especialmente los precandidatos presidenciales, incluido John McCain (republicano de Arizona), quien antes presentó un anteproyecto de reforma- tienden a distanciarse de la palabra amnistía, el proyecto tripartita que se debatió el Senado las dos últimas semanas "es una amnistía".

"Sí, sí lo es. Bien se multe a extranjeros ilegales o se les metan en clases de inglés o se les haga decir cien Aves María, al fin y al cabo a los ilegales se les permitirá permanecer y hacerse ciudadanos bajo este proyecto. Eso es amnistía", escribe Thornburgh.

"Y eso es algo bueno para Estados Unidos. Los estimados 12 millones de ilegales, atendiendo tan solo a su número, no son deportables. Y lo que es más importante: están demasiado enredados en una economía saludable de Estados Unidos como para que se les remueva".

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Thornburgh dice que las críticas hostiles se extienden desde el presidente George W. Bush -quien ha dicho de forma reiterada que no es una amnistía- a McCain y de ahí al alcalde de Beardstown, sitio donde una década de intensa inmigración ha convertido a un pueblo casi todo blanco en uno en el cual más del 70 por ciento de los alumnos de pre-k es hispana.

Sigue el reportaje diciendo que la amnistía, según la definen sus oponentes, ha venido a significar "el recibo de un perdón libre". Pero bajo el acuerdo de transacción actual del senado -continúa- los 12 millones se enfrentan a un proceso de 13 años que incluye multas de $5 mil dólares por persona, el requisito de aprender inglés y una disposición onerosa [‘touchback’] que requiere que cada cabeza de familia deje empleo y familia atrás y vuelva a su país de origen por un período indeterminado de tiempo a esperar su turno para la tarjeta verde final. No hay nada 'libre' en eso.

La cláusula de 'touchback' [fútbol: ninguno de los equipos se anota puntos] está en parte diseñada para aislar el anteproyecto de crítica de que la amnistía sería injusta para los que esperan en cola para ingresar en el país legalmente.

"Pero esa es una comparación falsa", dice Thornburgh  "Si la gente está frustrada, como deben estarlo, dado que algunos inmigrantes elegibles han estado aguardando la ciudadanía hasta por 28 años, entonces, desde luego, arréglese ese problema. Hágase más dinámico el proceso para la inmigración legal. Pero no se culpe de esa pesadilla de papeleo a los millones de ilegales que ganan poco, están ya aquí y forman un grupo muy diferente (e infinitamente más populoso)".

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La amnistía no baja salarios

La amnistía no bajará los salarios, la globalización ya lo hizo.

El periodista de Time explica que la ansiedad económica anima mucho la resistencia a la amnistía, en particular de la izquierda. "Los salarios reales han estado estancados por casi tres décadas en todo Estados Unidos, y para un lugar de clase trabajadora como Beardstown tener que lidiar con un enorme nuevo influjo de trabajadores de habla hispana parece como añadir insulto a daño económico".

"Pero si los tiempos son difíciles en zonas rurales de Estados Unidos, ¿tienen la culpa los inmigrantes?", pregunta Thornburgh. "Lo que sucede es que los trabajos realmente buenos dejaron a Beardstown mucho antes de que vinieran los mexicanos".

Los primeros hispanos no vinieron a trabajar a Cargill en masa hasta años después de que fue cerrada la planta en 1987. "La planta ha crecido, gracias en gran parte a los diligentes migrantes no sólo de México sino de más de 20 otros países. El negocio parece fuerte por ahora. La fuerza de trabajo se sindicalizó de nuevo. Los jornales están subiendo lentamente. Un nuevo Supercentro Wal-Mart está en camino", describe.

Thornburgh cita al director de desarrollo económico del condado, Steve Twaddle para reafirmar el progreso del pueblo. La fortaleza de Cargill ha convertido a Beardstown si no un pueblo en auge al menos en un lugar al cual los inversionistas están prestando atención. Y el pueblo está liderando su progreso por el hecho de tener una fuerza de trabajo hispana grande, un símbolo de crecimiento económico.

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"Eso es todo lo que necesito decirles", dijo Twaddle.

El periodista de Time también destacó la labor difícil labor que cumplen los indocumentados. "No es fácil reemplazarlos. El empaque de carne es un trabajo difícil con cualquier salario. Hay mucha nueva tecnología en la industria de empaque de carne, pero no se ha inventado aún maquinaria que reemplace algunos de los puestos más fuertes, como el de sacar las entrañas a cada puerco acabado de matar al bajar por la línea de trabajo".

Culmina este punto diciendo que con todas las presiones de la inmigración, Estados Unidos es la única nación industrializada con una población que está creciendo lo suficientemente rápido y se torna lo suficientemente joven para ofrecer la clase de fuerza de trabajo que necesita una economía dinámica. "Los ilegales son parte de la razón para ello y la amnistía asegura esa ventaja competitiva".

No socava imperio de la ley

"Busque en Google 'ésta es una nación de leyes' y se encontrará en línea miles de Casandras advirtiendo que nuestro fallo en enjuiciar a los ilegales es una invitación a la anarquía", relata Thornburgh. Y luego sigue: "Tienen razón de que Estados Unidos es una nación de leyes. Pero nuestro sistema legal no es una casa de naipes a punto de desplomarse. Es más, la jurisprudencia de Estados Unidos ha sido siempre una serie de apuestas protegidas, pesando el daño potencial de una violación contra el costo de hacer cumplir la ley".

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Por eso -razona- es que la gente es arrestada por asalto, pero no por cruzar la calle imprudentemente. Es hora de pensar en serio sobre exactamente dónde se encuentra la inmigración ilegal en el espectro de la criminalidad. Considérese la complicidad de los empleadores, que recorren la gama de corporaciones multinacionales a suburbanas, buscando jardineros.

Inclúyanse las señales mixtas que el cumplimiento poco estricto de las leyes envió a los inmigrantes potenciales en los 80 y 90, y el delito calificaría como menor, no mayor. Aún si aumentamos el cumplimiento de la ley en el futuro -como debiéramos- es verdad que por mucho tiempo el cruzar el Río Grande equivalía más a cruzar la calle imprudentemente que el allanamiento de morada.

Es claro que hay una verdadera amenaza a la seguridad nacional en tener una frontera 'porosa', dice el cronista de Time. "Pero un gran porcentaje -aunque no cuantificable- de los que cruzan esa línea ilegalmente no son recién llegados, sino personas que ya han establecido sus vidas en Estados Unidos y calificarían para amnistía. Si fuesen legalizadas y libres para circular, podríamos concentrarnos en los criminales y terroristas serios que cruzan la frontera, no en un trabajador regresando a su familia".

Thornburg dice que en Beardstown, la amnistía también ayudaría a las autoridades a tratar de resolver delitos. En esos momentos se gasta una enorme cantidad de energía decidiendo quién es quién en la comunidad, porque los ilegales presentan a la policía local un laberinto desconcertante de identidades.

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Los ilegales de Beardstown trabajan bajo un nombre y van a la iglesia bajo otro. Los padres dan a sus hijos nombres falsos para que los usen en los jardines de infancia. "Nos es enteramente imposible identificar a nuestra propia gente", dijo Walters al periodista. Suena contraintuitivo, pero con la inmigración el olvidar un delito puede ser el mejor modo de restaurar la ley y el orden.

No añade cargas sociales

"Muchas de las características indeseables de las poblaciones ilegales provienen en gran parte del simple hecho de que son ilegales. Usan salas de emergencia caros porque carecen de seguro o temen que un médico de cuidado primario pudiera crear un rastro de documentos", dice Thornburgh en su artículo.

Y agrega que "a menudo no presentan formularios de impuestos por el mismo temor, y acuden a asistencia u otros servicios sociales porque su estatus ilegal los encomienda a los más bajos niveles de la economía. Nosotros tratamos a los trabajadores indocumentados como infantes relegándolos a segunda clase, y entonces los reprendemos por depender del estado de niñeras".

La contraparte es relatada por Fernanda, una indocumentada a la que entrevistó: "[La gente blanca] piensa que nuestra vida es fácil, que no pagamos impuestos", dice Fernanda, de 19 años, cuyos padres fueron deportados en la redada de abril. "No saben cuán duro es avanzar aquí".

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Fernanda ha estado en Estados Unidos desde el octavo grado y se graduó el año pasado de la Escuela Media/Superior de Beardstown. Esos cinco años de educación pública representa una inversión significativa para el gobierno de Estados Unidos.

"¿Y cuál es la utilidad por esa inversión?", se pregunta el periodista. Respuesta: "Fernanda ha soñado con ir a la universidad para estudiar enfermería, y Beardstown necesita muchas enfermeras bilingües"… Pero ella es ilegal y después de la deportación de sus padres ha tenido que mantener a la familia entera. Triste realidad.

De modo que Fernanda está buscando trabajo en granjas locales de cerdos, un trabajo manual en que no puede usar sus talentos. "Hay un gran potencial humano en este pueblo que no ve la luz del día por causa del estatus legal", le contó a Thornbrurgh Julio Flores, el organizador de la comunidad.

"Algunos argüirían que, para empezar, Fernanda no debió haber cursado estudios con nuestro dinero. Pero la realidad es que Fernanda está aquí en Estados Unidos permanentemente. No va a regresar a México. La Amnistía ofrecería a millones como ella una oportunidad de luchar por autosuficiencia y movilidad social".

Amnistía, solución al problema

De acuerdo con Time, una lectura popular de la historia reciente sostiene que la amnistía de 1986, que ofreció a 3 millones de ilegales un camino para llegar a la ciudadanía, provocó la mayor ola de inmigración ilícita que siguió.

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Según esa lógica, la amnistía del 86 mostró a los aspirantes a emigrantes de todo el mundo que Estados Unidos era débil de voluntad y más tarde o más temprano concedería la ciudadanía a sus ilegales. Alentados así, los mexicanos y otros irrumpieron en nuestras fronteras con vigor sin precedentes.

"La inmigración ilegal remontó vuelo, pero no por esa razón", argumenta Thornburgh. "Los estudios demuestran que los altibajos en la migración han dependido mucho menos de cambios de política y mucho más de condiciones económicas básicas en Estados Unidos y México. Si se quiere reducir la inmigración ilegal, podría inducirse una recesión en Estados Unidos".

Piensa que mejor idea sería "ayudar a México a crear más empleos que paguen mejor". Y sostiene que un reciente estudio del Consejo de Relaciones Exteriores halló que cuando los jornales en México bajaron 10 por ciento en relación con jornales de Estados Unidos, los intentos de cruzar la frontera ilegalmente incrementaron 6 por ciento. Tan compleja y corrupta como es la economía mexicana, lo pasamos por alto a nuestro propio riesgo.

"Mientras México se remienda, al menos las opciones de seguridad son mejores hoy que en 1986. Existe tanto la voluntad política como la tecnología para hacer que el cumplimiento de la ley sea parte seria de cualquier plan de amnistía. Cédulas de identificación nacional, verificación real por empleadores, controles fronterizos con alta tecnología pueden ayudar todos a asegurar que esta sería la última amnistía de este tamaño", esgrime Thornburgh.

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La necesidad de actuar es una cosa que une a todos los candidatos presidenciales. Y la coalición para la reforma inmigratoria es lo suficientemente fuerte -y amplia- para adoptar posturas de principios.

"El presidente, gran parte del Partido Demócrata y un puñado de legisladores del Partido Republicano apoyan, todos, la legalización. No es esperar demasiado que juntos pudieran hacer un franco y convincente argumento en pro de la amnistía y ganarse a una nación en conflicto", concluye el artículo de la Revista Time.

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