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Nada detiene el ingreso ilegal

Nada detiene el ingreso ilegal

Ni el muro ni los agentes de la Patrulla Fronteriza (Border Patrol) detiene a los indocumentados deportados de Estados Unidos.

Parece una "broma"

DENVER - La seguridad fronteriza, que incluye la construcción de un muro y el aumento de agentes, resulta ser sólo un obstáculo para algunos indocumentados que, a pesar de haber sido deportados en varias ocasiones, logran ingresar nuevamente al país.

Para Stan Perea, fundador de New America Consulting Group y experto en demografía hispana, "la deportación, especialmente de mexicanos, es una broma".

"Lo único que el gobierno hace es pagarles la mitad del pasaje para ir a visitar a sus familiares. La gente que quiere trabajar para mantener a sus familias siempre va a encontrar la manera de cruzar la frontera", declaró.

El caso más reciente es el de Israel Robles Gaytán, de 22 años, arrestado el pasado 18 de febrero en el condado Eagle, en el oeste de Colorado por una infracción de tránsito y por transportar a 12 presuntos indocumentados.

Según Shannon Cordingly, portavoz del Alguacil de ese condado, Gaytán ya había sido deportado en 14 ocasiones.

Deportado 8 veces

En el mismo condado, el 16 de febrero los alguaciles detuvieron a Arturo Tellez Salazar, por conducir una camioneta con placas temporales ilegibles.

Cordingly indicó que Salazar transportaba a una familia de inmigrantes, aparentemente indocumentados, que viajaban desde Arizona hasta Denver a buscar trabajo.

Salazar ya había sido deportado ocho veces, y por lo menos uno de los miembros de la familia que lo acompañaba también había sido previamente deportado.

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Cursos intensivos

Debido a que estos arrestos son cada vez más frecuentes, los alguaciles de Colorado "están aprendiendo a hacer cumplir las leyes migratorias", por lo que se han planificado clases de capacitación para que los uniformados locales reciba instrucción por parte del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE, en inglés).

Pero en algunos casos, por la superposición de leyes locales y federales y la participación de varias agencias, los presuntos indocumentados ni siquiera llegan a enfrentar cargos criminales.

En otros casos, como el de Julio Villasana, la situación migratoria del acusado sólo se revela después de su convicción y en el momento de la sentencia, para no interferir con el proceso judicial.

25 deportaciones

Villasana, de 34 años, fue declarado culpable en julio del 2007 en Nashville, Tennessee, de conducir en estado de ebriedad y causar un accidente (el 1 de agosto de 2006) en el que murió una persona.

Durante la audiencia de su sentencia (luego fijada en 25 años), un agente del ICE testificó que Villasana ya había sido deportado 14 veces, tres por la fuerza y 11 veces más de manera voluntaria.

En su testimonio, el agente del ICE indicó que "no queda claro cómo (Villasana) logró reingresar en Estados Unidos".

Cambio de nombre

Otros indocumentados simplemente cambian sus nombres, como lo hizo "Esteban Solorzano", originario de El Salvador, quien regresó a Denver en enero pasado pocos días después de haber sido deportado a su país natal, incluso reincorporándose al trabajo que había dejado.

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Solorzano, 50 años y obrero de la construcción, declinó proveer detalles sobre su lugar o método de entrada, aunque comentó que ingresó "legalmente, pero usando otro nombre".

Para Fidel Montoya, dirigente de la Coalición de Colorado para los Derechos de los Inmigrantes, "mientras hayan empleadores que den trabajo a indocumentados, habrá un mercado para ellos, y encontrarán la manera de cruzar".

"Tenemos que proteger nuestras fronteras, y una manera de hacerlo es por medio de una reforma migratoria completa que facilite la llegada legal de estos trabajadores, de modo que ellos tengan los documentos necesarios y no tengan miedo a las autoridades", dijo Montoya.

El muro fronterizo

Por otro lado, según Perea, existe una clara discrepancia entre las autoridades federales y las ciudades fronterizas sobre la construcción del muro.

El Departamento de Justicia de Estados Unidos presentará este año 102 demandas judiciales contra un número similar de ciudades y jurisdicciones fronterizas que se niegan a cooperar con el Gobierno federal en la construcción del muro.

"El muro fronterizo crea más problemas para salir que para entrar al país. Por eso, una vez adentro, los inmigrantes se quedan, en vez de trabajar un tiempo y luego regresar a su país como lo hacían antes", comentó Perea.

El río no detiene

Por su parte, el doctor Miguel De La Torre (profesor asociado de ética social y director del Instituto de Justicia Social y Paz en la Escuela de Teología Iliff, dependiente de la Universidad de Denver) tiene un explicación sencilla: El Río Grande (o Río Bravo) no lo es.

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"En algunos lugares el río es angosto y poco profundo. Es fácil cruzarlo. Y en otros lugares de la frontera, de Ciudad Juárez al oeste, la frontera es sólo una línea marcada en el suelo", aseveró.

"El flujo de inmigrantes continúa porque esta línea artificial, incluso ahora con un muro de 4,5 metros de alto, es más que sólo la frontera entre dos países. Es la herida causada por el constante roce entre el Primer Mundo y el Tercer Mundo. Por eso, es una herida siempre abierta", afirmó.

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