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La guerra de las licencias

La guerra de las licencias

Cuando el gobernador Eliot Spitzer, ofreció licencias de manejar a indocumentados, miles celebraron. Pero 50 días después...

"Seguridad nacional"

Cuando el gobernador demócrata de Nueva York, Eliot Spitzer, ofreció dar licencias de manejar a los indocumentados, miles celebraron el anuncio.

Pero 50 días más tarde el plan demócrata enfrenta un serio reto en el Senado: los republicanos presentaron un proyecto que, de ser aprobado, prohibiría que los estados otorguen carné de manejo a extranjeros sin estatus legal de permanencia en Estados Unidos.

El senador Norm Coleman (republicano de Minnesota) y 15 copatrocinadores -todos del mismo partido-, sometió el jueves a consideración del pleno una resolución condenando a los estados que emitan licencias de conducir a inmigrantes ilegales.

"Cuando los estados participan en estas prácticas", dijo, "estamos diciendo a los indocumentados que pueden vivir aquí con impunidad", reportó The Associated Press.

"En el fondo, este es un asunto de seguridad nacional", agregó. "Después de los ataques del 11 de septiembre (de 2001), hemos prometido a los estadounidenses que haremos este país más seguro".

Coleman agregó que "en un momento en el que estamos intentando arreglar el sistema migratorio del país, se torna difícil hacer eso si da la impresión de que simplemente no existe un respeto mínimo por la ley".

Iniciativa riesgosa

Si la resolución de Coleman se aprueba, los estados tendrían serias dificultades para decidir por sí mismos si otorgan licencias a extranjeros sin estatus legal, y dificultaría la vida de 12 millones de personas que en los últimos tres años han aguardado ansiosos que el Congreso apruebe una reforma migratoria amplia que incluya una vía de legalización.

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El último debate, iniciado el 21 de mayo para discutir un plan tripartita elaborado en secreto por negociadores demócratas, republicanos y de la Casa Blanca, fracasó abruptamente el 28 de junio por falta de apoyo de los partidos que lo redactaron.

El frustrado plan dejó la vía libre a los estados y las municipalidades para que adoptaran medidas encaminadas a resolver la inmigración indocumentada, una batalla en la que predominan las iniciativas antiinmigrantes.

El debate anterior

Un año antes, el 3 de junio, el entonces liderazgo republicano del Congreso puso término a un debate migratorio que se hallaba en la fase del Comité de Conferencia para armonizar dos proyectos de ley aprobados entre el 16 de diciembre de 2005 y el 28 de mayo del año pasado.

El primero, presentado por los republicanos, entre otras recomendaciones criminalizaba la estadía indocumentada, autorizaba la construcción de un muro en la frontera con México y aceleraba las deportaciones, mientras que el segundo, con apoyo bipartidista, hacía hincapié en la seguridad nacional, pero permitía legalizar a por lo menos 9 de los 12 millones de indocumentados.

En los últimos dos años más de 1,400 iniciativas antiinmigrantes han sido discutidas en varios estados ante la falta de respuestas por parte del gobierno federal por atender el problema de la inmigración indocumentada.

Un estudio ventilado en agosto en la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales celebrado en Boston, Massachussets, precisó que desde 2005 se han aprobado unas 180 leyes. En resumen, las ordenanzas prohíben a los propietarios alquilar casas y negocios a indocumentados.

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¿Contra la corriente?

Pero el 21 de septiembre Spitzer quiso hacer algo diferente. Pese a las críticas de adversarios políticos y la opinión en contra de la mayoría de los neoyorquinos, el gobernador demócrata autorizó otorgar, a partir de diciembre, permiso de conducir a unos 150 mil indocumentados.

Spitzer justificó la decisión indicando que la medida permitirá incorporar a miles de indocumentados, que ya viven en ese estado, a una base de datos manejada por las autoridades, al tiempo que hará las calles de Nueva York más seguras, y reducirá el costo de los seguros automotrices.

Según el plan, los indocumentados que califiquen para obtener el permiso deberán presentar un pasaporte válido y el Departamento de Motores y Vehículos (DMV) tendrá la tecnología necesaria para verificar que no ocurran fraudes de identidad.

Por qué la guerra

Los buenos deseos de Spitzer se convirtieron en un desafío político no sólo para los republicanos a un año de las elecciones presidenciales de 2008, sino también para los demócratas que batallan por el mismo puesto: la jefatura de la Casa Blanca.

En días pasados, en Monroe, Nueva York, un panfleto distribuido por políticos republicanos mostró a un hombre amenazador de turbante con un rifle de asalto al hombro. En otra página del mismo volante aparece una licencia para manejar de Nueva York con la fotografía de un hombre de mirada furiosa portando un turbante árabe tradicional.

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En una leyenda en letras rojas se lee "¡Los legisladores demócratas del condado quieren facilitar las cosas a los ilegales y terroristas para que puedan conseguir licencias para manejar!".

Cuestión de votos

Para Sergio Bendixen, presidente de la firma de investigación Bendixen y Asociados (especializada en encuestas de opinión pública sobre asuntos hispanos), los hispanos de Estados Unidos representan el 14 por ciento de la población, y entre el 6 por ciento y el 7 por ciento del electorado.

"Es una cifra interesante, pero no suficiente. Todavía no tenemos el número de votos necesarios" como para impactar a la clase política y determinar el curso de una elección, señaló.

Agregó que "aquí (en Estados Unidos) hay 25 millones de votos antiinmigrantes y 10 millones de votos que favorecen una reforma migratoria amplia y comprensiva. Por eso fracasó la reforma, porque los senadores se inclinaron por el mayor número de votos".

Guerra declarada

Quizás el argumento de Bendixen sea la causa principal de la propagación a otros estados de la guerra de las licencias comenzada 21 de septiembre en Nueva York.

The Associated Press dijo recientemente que aunque los votantes de Nueva York no elegirán a ningún funcionario estatal este año, varios de los comicios locales podrían verse afectados por el polémico plan de licencias, desde autoridades y supervisores en condados a las legislaturas locales.

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Otro detalle que refuerza la teoría de Bendixen es aportado por la precandidata a la nominación demócrata Hillary Clinton, quien ha sido criticada por no decir en un debate reciente si respaldaba o no el plan de Spitzer, a pesar de que sus ayudantes dicen que ella apoya en general la idea ante la ausencia de una reforma migratoria integral.

Actúan en bloque

Pero en las filas republicanas el panorama es distinto. Al igual que Coleman, los congresistas Peter King (Nueva York) y Pete Sessions (Texas), promueven en la Cámara de Representante una iniciativa para prohibir que los estados emitan licencias de manejar a indocumentados, mientras que James Sensenbrenner (Wisconsin) trata de revivir un proyecto para criminalizar la estadía ilegal, por ahora una falta de carácter civil.

Y en Long Island, Nueva York, en los terrenos del propio Spitzer, el demócrata John Hall tomó distancia del gobernador y dijo estar "preocupado" por el plan de otorgar licencias a indocumentados, argumentando que la medida “presenta riesgos de seguridad”.

Otros representantes demócratas de Nueva York han hecho lo posible para mantenerse alejados de la polémica, una batalla que cobra fuerza en la medida que la contienda avanza. inclinemos la balanza".

Giuliani golpea

Rudy Giuliani, precandidato a la nominación republicana y ex alcalde de Nueva York, le pidió el jueves al Congreso que apruebe una ley para impedir que los estados otorguen licencias de conducir a indocumentados.

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Precisó que había solicitado a varios miembros del Congreso que analicen la posibilidad de aprobar una ley para impedir que, bajo ninguna circunstancia, los estados entreguen licencias de conducir a inmigrantes ilegales.

"La idea de entregar nuestras licencias de conducir (a indocumentados) ya de por sí da una imagen muy confusa, y si 50 estados hacen 50 cosas distintas, si ahora no es confusa estará mucho más confusa", señaló.

Giuliani ha asegurado que, si llega a la Casa Blanca, en un plazo de tres años acabará con la inmigración indocumentada, y también que "va a hacer que el trabajo de todos los funcionarios de inmigración y de las autoridades locales sea mucho más complejo".

Demócratas en aprietos

Los demócratas, en cambio, tienen opiniones divididas. Clinton se mantiene distante de Spitzer, pero John Edwars (tercero en las encuestas, detrás de Clinton y Obama) apoya el plan del gobernador de Nueva York, a pesar que uno de sus portavoces le dijo al Wall Street Journal que "Edwards se opone a la propuesta de Spitzer".

Barak Obama, en cambio, se mostró a favor de la propuesta de Spitzer al considerarla una "idea razonable".

Bendixen simplemente ha dicho que "por eso es importante obtener la ciudadanía, registrarse para votar y salir a las urnas en noviembre del próximo año. El voto latino es más importante de lo que muchos piensan. Cada voto contará, pero debemos superar el número de votos antiinmigrantes para que podamos inclinar la balanza".

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Es probable que la balanza sugerida por Bendixen se incline en noviembre de 2008. Lo que no es probable es que el plan de Spitzer concluya como comenzó, con buenos augurios. The Associated Press reportó el sábado que, presionado por su propio partido, el gobernador Spitzer dijo que "no ha descartado prescindir de un plan ampliamente criticado de otorgar licencias de conducir a los inmigrantes indocumentados" de Nueva York.

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