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Hispanos siguen confiando en Obama, pero le ponen fecha a la reforma migratoria

Hispanos siguen confiando en Obama, pero le ponen fecha a la reforma migratoria

La comunidad hispana sigue confiando en Obama, pero le advierten que tiene una promesa pendiente que cumplir.

Hispanos siguen confiando en Obama, pero le ponen fecha a la reforma mig...

La promesa original

Celina Hernández lleva 15 años en Estados Unidos y no participó en las elecciones presidenciales de 2008 porque se encuentra indocumentada. "Pero siento que voté por él y pienso que es mi presidente", dijo. Cuando le puso nota al primer año de administración, apuntó que le daba entre un siete y un ocho (de un total de 10), "porque se enfrentó a la crisis (financiera) y la detuvo, cambió el curso de la guerra, mejoró la imagen internacional y se ganó el (Premio) Nobel (de la Paz)".

De los dos o tres puntos faltantes para lograr un puntaje perfecto, comentó que corresponden a la reforma migratoria. "Está pendiente. Y tiene que empujar fuerte para que salga antes de mayo. Si no lo logra, fallará la promesa que le hizo a los hispanos en su campaña".

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En diciembre de 2007, durante una gira por California, Obama prometió a un grupo de activistas por los derechos civiles y sindicalistas que promovería una reforma migratoria durante los primeros 100 días de mandato si resultaba electo. Para abril de 2008 el compromiso fue estirado para el curso del primer año de ejercicio y lo emparejó con el ofrecimiento que hizo su rival republicano, el también senador John McCain (Arizona).

Obama dijo que trabajaría con todos los actores comprometidos con la reforma (legisladores de ambos partidos, activistas, religiosos, abogados, opositores, fuerzas de seguridad, gobiernos federal y estatales) para elaborar un proyecto que se basaría en una mejora en los sistemas de seguridad fronterizos, la reunificación familiar, severos castigos a la contratación de trabajadores no autorizados y una vía de legalización para indocumentados.

En blanco y negro

El 20 de enero, día de la toma de posesión, pocos minutos después del discurso de aceptación, la Casa Blanca publicó en su página de Internet una reiteración del compromiso y dijo de la vía de legalización sugerida por el mandatario descansaría en un sistema que permitirá a los inmigrantes indocumentados que se encuentran en el país y carezcan de antecedentes criminales, paguen una multa y sepan inglés, que se coloquen al final de la cola para gestionar una residencia permanente.

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Hasta ahí, las cosas marcharon sobre ruedas. Pero el país se hallaba inmerso en la peor crisis económica desde la recesión de los años 30, el desempleo registraba porcentajes históricos, los conflictos en Afganistán e Irak no tenían fecha de término, la guerra contra el terrorismo había caído a un peligroso nivel de incertidumbre y la imagen de Estados Unidos se encontraba en un punto crítico. Obama había heredado un país en condiciones peores de lo que muchos analistas presagiaron en noviembre de 2008.

Las primeras semanas y meses fueron complicados para el nuevo gobierno. La crisis lo obligó a tomar medidas urgentes para contener la crisis y generar un espacio de maniobra lo suficientemente amplio que le permitiera minimizar el impacto político y evitar que la expectativa de cambio se agotara antes de lo esperado. Luego, ampliar la capacidad de respuesta para contener y actuar de acuerdo con una estrategia nacional.

¿Qué opina de la postergación del debate migratorio para el primer semestre de este año 2010? Opine aquí.

La reforma de salud

Pasaron enero y febrero. El 5 de marzo Obama envió al Congreso una propuesta de reforma de salud creyendo que la iniciativa demoraría un par de meses en ser aprobada, y dejó para después la reforma energética y el cuidado al medioambiente. En cuarto lugar figuró la reforma migratoria, que probablemente iba a ser tratada la primera semana de septiembre, cuando el Congreso regresara del receso de verano.

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La reforma de salud tardó -y sigue tardando- más tiempo de lo esperado por Obama, demócratas y republicanos, y los inmigrantes de Estados Unidos. Su aprobación en ambas cámaras demoró casi nueve meses y todavía falta que el Comité de Conferencia armonice las dos versiones aprobadas por el Congreso.

"Primero la crisis, después el debate de la reforma de salud que ha tomado toda la atención del Congreso, han retrazado el debate y el cumplimiento de la promesa de una reforma migratoria justa", dijo a Univision.com Louis Caldera, directivo del Center for American Progress con sede en Washington DC. "Pero la promesa sigue en pié y seguimos creyendo en ella", apuntó.

Los pasos previos

Caldera dijo que la promesa de una reforma migratoria ha generado "muchas esperanzas" y que pocos dudan que sea aprobada en el curso del primer semestre de 2010.

"Pensamos que sigue siendo muy importante para el Presidente cumplir con esa promesa (de una reforma migratoria), porque la comunidad hispana fue muy importante, le dio el apoyo necesario que lo llevó a ser presidente de Estados Unidos".

Agregó que "los hispanos apoyan más a los demócratas que a los republicanos", y sentenció que "el presidente tiene que cumplir con sus promesas, porque (si no lo hace, como en el caso de la reforma migratoria) le puede salir mal en las elecciones de 2010 y 2012".

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Diálogo permanente

Según explicó el Center for American Progress, más de 800 grupos nacionales participan en un diálogo permanente con el ejecutivo para definir la reforma migratoria que debatirá éste año el Congreso.

"Nosotros, como otros grupos que apoyamos la reforma, hemos estado hablando con los congresistas y senadores tratando de hacer el caso, de resaltar y explicar cuáles son las razones por las cuales este proyecto -de legalizar a los indocumentados- es bueno para el país, y no hemos abandonado la tarea", precisó Caldera.

Estimó que "si se aprueba la reforma migratoria, la economía crecerá -como reveló un reciente informe dado a conocer en Washington DC-. Y no nada más es que mejore para los indocumentados, sino que también levantará los sueldos de los trabajadores estadounidenses, porque quienes tienen trabajo ganarán más. Eso es un importante hecho a resaltar".

Depende del Congreso

Gloria Saucedo, directora ejecutiva de la Hermandad Mexicana en Los Ángeles, California, comparte el optimismo de Caldera, pero le resta un poco la responsabilidad a Obama y le agrega una mayor exigencia al Congreso.

"Aunque el presidente tenga ganas de pasar algo, todo depende del Congreso. Es el Congreso el que tiene que resolver el asunto de la reforma migratoria. Toda esta situación no se ha podido llevar a cabo por ese motivo", apuntó.

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Dijo que por ahora lo único en concreto que existe es una propuesta entregada a la Casa de Representantes por el legislador Luis Gutiérrez (demócrata de Illinois) -que incluye una vía de legalización para indocumentados- y que están a la espera de un proyecto que será enviado al Senado por los senadores Charles Schumer (demócrata de Nueva York) y Lindsey Graham (republicano de Carolina del Sur).

"Hasta ahora no la hemos visto, no hemos visto nada de eso. De seguro viene un plan. Pero hay que dejar en claro que el presidente puede tener las ganas, todas las ganas de aprobar la reforma migratoria, pero sin el apoyo del Congreso no hará nada".

Sobre el plan de Gutiérrez, Saucedo dijo que "sólo nos da un permiso de trabajo por seis años. Después de eso tenemos que volver a pagar para obtener la residencia permanente. Pero es algo, es lo mínimo que podemos aceptar".

Guardia en alto

Los retrasos no incomodan a Marvin Andrade, director ejecutivo de la Central American Resource Center (Centro de Recursos Centroamericanos -CARECEN-) en Pico-Union, un distrito de Los Angeles. "Nosotros estamos al tanto de que el presidente (Obama) iba a ser todo lo posible para que se aprobara una reforma integral, que pasara en su primer año administrativo. Él hizo todo lo posible, pero ha tenido sus manos llenas en temas muy importantes como la economía, la guerra en Afganistán, la reforma de salud. Han sido bastantes retos para él y nos sentimos todavía optimistas".

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Dijo que "el mensaje que hemos recibido del liderazgo del Congreso es que el tema sigue en marcha. Gutiérrez ya presentó su propuesta y esperamos ahora la de Schumer y Graham. Pero para allanar el terreno necesitamos darnos a conocer más, mostrar más nuestros beneficios a Estados Unidos, nuestros aportes a la economía, al engrandecimiento de este país. Debemos doblar esfuerzos en explicar y mostrar, y de esa forma luchar para que se apruebe una reforma integral de inmigración".

"Nosotros seguimos optimistas", aseguró. "Es una lucha cuesta arriba, no será fácil, pero la comunidad tiene que participar. Vamos a tener que tomar esto (el control de la batalla por el debate), asumir el control. No se nos va a dar fácilmente. Vamos a tener que movilizarnos, convencer a los congresistas que todavía no están convencidos de que una reforma beneficia a la economía de este país".

"Lo peor que podemos hacer es darnos por vencido en este momento", subrayó.

Nota al presidente

Al igual que Hernández, Jorge Mario Cabrera, director de Comunicaciones de la Coalition for Humane Immigrant Rights of Los Angeles (CHIELA), le puso nota al presidente en su primer año de mandato. "Le damos un incompleto" porque quedó pendiente el tema de la reforma migratoria.

"Definitivamente la administración ha hecho algunos cambios administrativos, ha adoptado algunas políticas migratorias, han cambiado por ejemplo las normas en los Centros de reclusión de inmigrantes. También ha habido cambios en el sistema de visas para víctimas de crímenes y en el reglamento que afectaba a los cónyuges de ciudadanos estadounidenses que estaban en trámite de residencia cuando perdieron a sus seres queridos y el servicio de inmigración estaba pendiente de una resolución de sus casos. Se han hecho algunos pequeños cambios, simbólicos diría yo, pero no suficientes", refirió.

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Cabrera comentó además que al término del primer año de gobierno "los cambios se ven muy poco en comparación con el alto número de deportaciones que se llevan a cabo, y cuando también te das cuenta del alto numero de personas despedidas de sus trabajos y que afecta al bienestar de estas familias".

A la pregunta si hay un responsable por el no cumplimiento de la promesa de reforma migratoria, el activista dijo que es el sistema encargado de aprobar una nueva legislación, y que en ese sistema entran el presidente, el Congreso, los demócratas y los republicanos.

"Nosotros vamos a seguir presionando", advirtió. "El presidente necesita que estamos constantemente pendientes y no lo vamos a quitar de la parrilla caliente. Pero es el Congreso quien tiene que ser responsable de la solución a problemas sociales graves a nuestro país, tanto demócratas como republicanos por igual. El no tratar la situación de 12 millones de personas necesitadas es un problema más que grave, es una crisis humana".

El dedo en el renglón

Para la Administración la promesa de Obama sigue en pié, tal y como lo hizo durante la campaña de 2008. "El Presidente está complacido con que el Congreso esté tomando pasos para avanzar un proyecto de ley para la reforma integral del sistema migratorio", dijo Luis Miranda, vocero de la Casa Blanca. "Estamos comprometidos a enfrentar los retos relacionados a la inmigración de manera práctica y efectiva usando las herramientas que tenemos a nuestro alcance, mientras trabajamos con el Congreso para realizar la reforma migratoria".

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Añadió que con el propósito de avanzar el proceso legislativo el tema "el Presidente designó a la Secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, para que trabajara con partes interesadas y con líderes en la Cámara y el Senado".

"Ese proceso ha incluido conversaciones con los Senadores Schumer y Graham, quienes están trabajando para formular un proyecto de ley y le estamos urgiendo a los patrocinadores en el Senado que presenten el proyecto de ley cuando haya una apertura en el calendario", mencionó Miranda.

El papel de Napolitano

En noviembre del año pasado, Napolitano esbozó la reforma migratoria que apoya la Casa Blanca y advirtió que el plan incluirá una "rigurosa" y "ordenada" vía de legalización que beneficiará sólo a indocumentados que, entre otros requisitos, hablen inglés, paguen impuestos y carezcan de antecedentes criminales.

Napolitano también mencionó que el plan de reforma incluirá multas y obligará a todos los indocumentados a ser fichados por el gobierno, y que quienes no califiquen para la residencia tendrán que abandonar el país.

El plan otorgaría una residencia temporal por seis años y al término de ese plazo el beneficiario podrá acceder a la residencia permanente.

Napolitano no mencionó en octubre el proyecto bipartidista Schumer-Graham, pero esta vez la Casa Blanca lo citó como el plan que cuenta con el respaldo y las bendiciones del presidente.

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Futuro inmediato

¿Y si no lo aprueban? ¿Qué pasará con los 12 millones de indocumentados? Caldera refirió que la influencia de los hispanos en las elecciones "es muy grande" y recordó que en noviembre del año en curso en Estados Unidos se celebran las elecciones de medio tiempo, un importante termómetro para Obama y los demócratas.

Cabrera cree que el Congreso si aprobará la reforma, pero indicó que los inmigrantes deben luchar "de una manera energética y coordinada", y presagió que en "los próximos cuatro a seis meses veremos resultados positivos".

Saucedo comentó que "si no hay pronto una propuesta en el Senado y el Congreso, nos tenemos que organizar para salir a las calles el 1 de mayo", y Andrade adelantó que "si no se aprueba en los próximos meses, no sabemos cuándo volverá a ser debatida. Probablemente dentro de muchos años. Por eso debemos hacer un último esfuerzo e impactar a las personas clave en el Congreso. No queremos que haya un borrón y cuenta nueva. Queremos una reforma migratoria justa que legalice a los inmigrantes indocumentados".

Hernández tiene miedo, "pero tengo fe", dijo. "No sé lo que hará el Presidente, pero sigo pensando que es un hombre que cumple promesas. Creo que ese es el cambio que anunció en su campaña".

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