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Clima de descontento previo a la marcha por la reforma en Washington DC

Clima de descontento previo a la marcha por la reforma en Washington DC

La marcha por la reforma migratoria del 21 de marzo tiene una cara oculta de desorganización, miedos, cansancio y enojos.

Clima de descontento previo a la marcha por la reforma en Washington DC...

Muchos cambios

WASHINGTON - La marcha por la reforma migratoria del 21 de marzo requirió meses de planificación, convocatorias, reuniones, pláticas, llamadas telefónicas, mensajes, anuncios, propaganda, pero hubo una parte de la estrategia que no funcionó. O al menos no se notó cuando los buses provenientes de Florida comenzaron a llegar, a eso de las 4:30 a.m. a la capital estadounidense.

Lea el blog de la marcha

Tras 21 horas por carretera, me embarqué junto a los 40 inmigrantes que llegaron con el mismo propósito de todos: pedirle al Congreso y al Presidente Barack Obama que aprueben cuanto antes la reforma migratoria comprensiva, con un camino regulado hacia la legalización.

El zarpe de la caravana estaba planificado para las 5 a.m. del sábado, pero horas antes la hora se movió para las 8 a.m. Después se nos dijo que pararíamos un instante en Orlando, donde habría una actividad liderada por organizaciones campesinas y sindicatos.

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Asistimos puntuales a uno de los estacionamientos del Florida Citrus Bowl. Llegamos antes que todos los demás y esperamos hasta que aparecieron otros buses como el nuestro, con familias, niños, abuelos, trabajadores, indocumentados...Papeles seguros

"Viene mucha gente", dijo Ricardo Meza, quien lleva a su esposa y dos niños ciudadanos americanos. "Tenemos TPS, pero tenemos que apoyar a los demás. Y a nosotros también, pué".Meza es originario de Honduras y recibió el beneficio migratorio en 1999, cuando el gobierno de Washington aprobó el santuario temporal como respuesta humanitaria tras el paso del huracán Mitck, en octubre de 1998.

"Pero el TPS se vence ahora en unos meses. La reforma migratoria nos ayudará a todos, y también a los que no tienen amparo como los hondureños y los nicaragüenses".

Vamos culpando

El cansancio y el agotamiento, sumado al miedo y el hambre, tienen a los 40 pasajeros del bus que abordé en Miami al borde de un ataque de nervios, mezclado con enojos y exigencias. ¿Pero a quién exigir?"La persona que estaba a cargo de todo esto no contesta el teléfono", se justifica Carlos Pereira, director ejecutivo del Centro de Orientación del Inmigrante (CODI), una de las organizaciones que planeó la caravana de Florida. "Hay mucho descontrol en todo. Somos 43 buses con un promedio de 50 personas cada uno. Llegamos a Washington y no tenemos un lugar ni para ir al baño". "El plan original estaba pensado en que las personas de los buses serían recibidas por una Iglesia. No sé qué pasó. En lo personal me preocupa mucho esta situación. El encargado de esto es la Florida Immigrant Coalition (FIC), pero no me responden las llamadas", agregó.Juan Pablo Chávez, uno de los organizadores del FIC, me dejó esperando al teléfono cuando le pregunté qué estaba sucediendo y por qué no se recibió a los inmigrantes y a los niños en las iglesias, como se les prometió antes de iniciar la caravana. Nora Sandigo, directora de la Fraternidad Americana de Miami, también explicó que los datos en su poder incluyeron una iglesia para recibir a los niños, pero que del cambio de planes "nadie me informó".Ajustando relojes

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Pereira se nota incómodo al teléfono."Cuando un bus no tiene una persona preparada para lidiar con este tipo de situaciones, entonces las cosas se salen de control".

A la pregunta si la pausa de tres horas que se hizo en Orlando fue planificada para que ningún bus llegara a Washington DC antes de las 5 a.m. del domingo y causar "incomodidades" a los organizadores, el activista respondió: "Eso es lo que yo estoy sintiendo, sabe, para no dar incomodidad aquí".

Explicó además que para dar desayuno a un grupo de 50 personas de un bus "paramos en un McDonald y resolvimos, lo mismo del baño. Pero es muy incómodo en este tipo de situaciones. Estoy muy incómodo", añadió.

"¿Está ocurriendo lo mismo con otras caravanas que provienen de otros estados?", volví a preguntar: "Sí. Pienso que sí. Esto está descontrolado. Pero es normal que ocurran fallos con este tipo de movilizaciones. Para la próxima vez lo planearemos mejor".

La jornada del 21

De acuerdo con la agenda, a las 11 a.m. trasladarán a los marchistas frente a la Casa Blanca para pedirle al Presidente que empuje más fuerte la reforma migratoria, y que firme una orden ejecutiva que permita que padres indocumentados de hijos ciudadanos no sean deportados. Y aquellos ya expulsados y que carezcan de antecedentes criminales puedan regresar.

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Tres horas más tarde, a las 14:00 p.m., se llevará a cabo la marcha frente al Capitolio, y a las 18:30 p.m. de regreso a casa. ¿Se enterará la Casa Blanca y el Presidente del agotador viaje que hicieron miles de inmigrantes para pedir un derecho? ¿Se enterará el Senado del padecimiento de miles de personas adultas que viajaron, como la suegra de René Vialta, enfermos crónicos porque al no tener papeles están condenados no ir al médico, sino hasta que la enfermedad los ponga al borde de la muerte?

La otra caravana por la reforma migratoria no la organizó nadie. Se formó en medio de la desorganización y las respuestas ambiguas. En muchos momentos se sintieron como una "carga" de nadie, dijeron con la condición de no divulgar sus nombre.

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