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Conchita Picciotto

Muere Conchita Picciotto, la activista española que protestó por 35 años ante la Casa Blanca

Muere Conchita Picciotto, la activista española que protestó por 35 años ante la Casa Blanca

La gallega, que se que cree tenía unos 80 años, fue la protagonista del acto de protesta política más largo de la historia de EEUU

Conchita Picciotto
Conchita Picciotto

Muy pocos sabían su nombre pero es difícil imaginar a alguien en Washington que no conociera a Conchita Picciotto, la inmigrante española que durante más de tres décadas acampó en la Casa Blanca.

Durante todos estos años se mantuvo en una pequeña tienda de campaña desde la que mostraba a quien quisiera escucharla su mensaje pacifista y contrario a las armas nucleares. Pero este lunes, según informó el Washington Post, falleció en un centro para desamparados en N Street Village.

Conchitta, que obtuvo su apellido de su matrimonio con un italiano con el que tuvo una hija, pasará a la historia como la protagonista del acto de protesta política más largo de la historia de los Estados Unidos.

Desde 1981, Conchita Martín ocupaba un puesto en la acera del 1600 de la avenida Pensilvania, justo frente a la residencia por la que ella llegó a ver pasar cinco presidentes diferentes: desde Ronald Reagan a Barack Obama.

Son muchas las lagunas que rodean la historia de esta activista. Si quiera es conocida su edad: se cree que tenía unos 80 años.

Esta gallega emigró a Nueva York en la década de los sesenta, donde se desempeñó como como recepcionista en la oficina comercial de la embajada española. En la Gran Manzana conoció al quien sería su esposo y con quien adoptó una hija. Pero el matrimonio se divorció y un juez otorgó la custodia a su pareja. "Yo quería irme a España y criar allí a mi hijita, pero mi marido y su familia se opusieron y montaron toda una campaña de acoso hasta que acabaron quitándome la potestad de la niña. Dijeron que no era una madre adecuada", declaró en 1991 en una entrevista con el diario El País.

Buscando el apoyo para recuperar a su hija viajó a Washington en 1979 donde conoció al activista William Thomas. Poco después se sumó a su lucha contra la proliferación de armas nucleares, una guerra sin armas que solo terminó cuando perdió su vida. Ni la nieve, la lluvia, el frío o el bochorno de la capital la apartaron del su pequeña morada junto a la Casa Blanca. Ella no se movía "ni de noche ni de día", según confesó a una entrevista con EFE. Tan solo abandonaba su plaza de protesta cuando iba al baño.

Si quiera el servicio secreto pudo retirarla de su puesto. Tras los fallos de seguridad que permitieron que un hombre saltara la vaya de la Casa Blanca, se estudió desmantelar el campamento de Conchita pero ella resistió: "No tengo miedo. No me han dicho", reconoció a El País. "Tendrán que ponerme en otro lugar del parque", sostuvo dejando claro que continuaría con su contienda idealista desde su pequeño refugio lleno de carteles pacifistas.

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Desde hoy, Washington ha perdido uno de los íconos en los que ella se convirtió de manera involuntaria: los turistas contaban ya su morada como una visita más en su recorrido. Ella, a cambio, recibía las pequeñas limosnas que le permitían sobrevivir.

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