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No pierdas de vista tu tarjeta

No pierdas de vista tu tarjeta

Si recibes cargos a tu tarjeta por servicios que no hiciste, ¡cuidado! seguramente has sido víctima de un fraude.

Toma estas precauciones

Quizá te ha ocurrido que, al recibir la relación de movimientos bancarios de tu cuenta corriente derivados del uso de sus tarjetas de crédito o débito, te encuentras con la desagradable sorpresa de cargos por servicios o adquisición de bienes que no realizaste nunca.

Sí es así no dudes de que has sido víctima de un timo, burdo o sofisticado, pero cada vez más habitual en este tipo de transacciones.

Europol, la agencia europea de lucha contra el crimen, ha advertido que es preciso incrementar la seguridad de los sistemas de pago con tarjeta de crédito mejorando la información a los consumidores y la colaboración entre las entidades que ofrecen dichos servicios.

Los fraudes con tarjetas de crédito y débito cuestan millones de dólares al año a titulares y emisores de tarjetas y si bien el robo es la forma más común, no es la única. Por eso los expertos aconsejan tomar algunas de las siguientes precauciones para minimizar los daños:

1. Tener un control estricto sobre tus tarjetas es una de las primeras medidas a la hora de mantener bajo control el "dinero plástico".

2. Firmar tus tarjetas de crédito o débito, tan pronto las recibas, podría ayudarte a evitar un problema mayor en caso de que se extravíen.

3. Conserva en un lugar seguro un registro completo con la información de tus tarjetas, que incluya los números de las cuentas, las fechas de vencimiento y los nombres, direcciones y números de teléfono de cada compañía emisora para actuar con rapidez en caso de tener un problema.

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4. Siempre que pagues con alguna de tus tarjetas de crédito o débito, trata de no perderla de vista y recupérala tan pronto como sea posible.

5. Cuando te hagan un cobro incorrecto exige que te anulen los recibos de la transacción para que quede constancia del error.

6. Busca detenidamente cargos o transferencias de fondos que no hayas realizado o autorizado, así como cargos incorrectamente identificados o que muestren un monto o fecha equivocados en tus estados de cuenta.

7. Los expertos recomiendan conservar los comprobantes de compra para cotejarlos con tu estado de cuenta cada mes y notificar inmediatamente cualquier cargo dudoso al emisor de la tarjeta.

El "cambiazo" de tarjeta

A continuación te mostramos dos nuevas variantes de estafa con tarjetas de crédito, cada vez más habituales, que han sido denunciadas por organizaciones de consumidores.

Robo disfrazado

Un deportista anónimo acude al gimnasio en el que está inscrito y deja todas sus pertenencias dentro de un casillero que bloquea con un candado. Después del entrenamiento y la ducha correspondientes, observa que el candado ha sido forzado. Mientras se viste revisa la chequera para asegurarse de que todo está en orden. En ese momento no advierte nada anormal. Las tarjetas de crédito están en su sitio y no falta cantidad alguna de dinero.

A las pocas semanas recibe por correo en su domicilio una serie de cargos a su cuenta corriente derivados del uso de su tarjeta de crédito por un montante de unos $3,782. Se pone inmediatamente en contacto con el teléfono de atención al cliente de su banco para protestar por los cargos y asegurar que él no ha realizado las transacciones.

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Los empleados de la entidad verifican que no existe ningún error en el sistema y le preguntan por algunos datos relativos a su tarjeta. Es entonces cuando comprueba el fraude: el ladrón le había quitado la tarjeta de crédito, perfectamente operativa, de la chequera mientras se entrenaba en el gimnasio y colocó en su lugar otra idéntica, de la misma entidad bancaria, pero con la fecha de uso ya expirada.

El banco emisor de la tarjeta de crédito elude toda responsabilidad al no haber sido denunciado el robo por parte del usuario con la antelación suficiente.

Fotografía con celular a una tarjeta

Un cliente acude a una pizzería para recoger un pedido que había hecho antes por teléfono. El pago lo realiza a través de una tarjeta de débito de Visa, que queda automáticamente cargado en su cuenta corriente. Sin embargo, hay una serie de detalles durante el proceso de pago a través del “dinero plástico” que llevan al cliente a mostrarse cada vez más desconfiado.

El empleado que le atiende toma la tarjeta, la introduce en la ranura de la terminal de transacciones y después la coloca bajo el mostrador mientras espera el OK a la operación. En ese intervalo, el empleado toma su teléfono celular y comienza a marcar un número. El cliente advierte que el celular del empleado es del mismo modelo que el suyo, pero no le da mayor importancia.

No obstante, el consumidor se torna suspicaz cuando a continuación escucha el 'click' propio de cuando se toma una foto a través del aparato. El empleado le devuelve al cliente al tarjeta pero sin soltar su celular de la otra mano al tiempo que continúa apretando los botones de marcación del aparato. 

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El cliente se pregunta por qué ha tirado una foto el trabajador de la pizzería. Decide mirar con disimulo bajo el mostrador y no encuentra nada,  aunque tampoco olvida que allí estuvo depositada instantes antes su tarjeta de débito.

Tampoco olvida entonces cómo fue la secuencia completa de la operación: el empleado colocó su teléfono en el mostrador e, inmediatamente después, se escuchó el sonido que indica que el mensaje multimedia había sido enviado correctamente. El cliente ya no tiene duda: el hombre aprovechó ese momento para sacar una foto de su tarjeta y se la envió a alguien a través del celular.

El consumidor, nada más abandonar el establecimiento de comida rápida, llama a su banco para anular la tarjeta, pues sospecha que la pizza que ha acudido a retirar le iba a salir demasiado cara. Poco días después, le confirman en el departamento correspondiente de la entidad que alguien estuvo tratando de realizar transacciones fraudulentas a través Internet con cargo a su cuenta pero que la operación había sido abortada.

Ante estos ejemplos, ten en cuenta que los ladrones tienen en ocasiones un mayor sentido de la anticipación y actúan de forma que las precauciones no basten para que los delincuentes logren sus pérfidos objetivos. Tu misión como consumidor, no obstante, es ponérselos lo más difícil posible.

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