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Empieza con un presupuesto...

Empieza con un presupuesto...

La mayoría de la gente, cuando busca mejorar sus finanzas personales, desea hallar una solución fácil y que no requiera sacrificios económicos.

Empieza con un presupuesto

"Roma no fue construida en un día", reza un refrán sajón sugiriendo que todas las cosas de importancia "requieren tiempo para ser completadas". Entonces -y pensando en esa frase-, ¿qué te hace pensar que poner tus cuentas en orden es un asunto que resolverás de la noche a la mañana?

Uno de los mayores problemas que enfrenta la gente cuando trata de mejorar sus finanzas personales es que, tan pronto empiezan a crear un presupuesto y analizar sus problemas económicos, quieren encontrar una solución fácil, inmediata y sin sacrificios.

En el mundo real eso no pasa. Nadie tiene una varita mágica para eliminar tus deudas, organizar tus cuentas o tramitar un amento de sueldo en tu trabajo. Armar ese muñeco presupuestario y determinar cómo se escapa el dinero de tus manos puede ser tan desafiante como querer perder peso en Navidad.

Para empezar los expertos recomiendan que te sientes con lápiz y papel, y luego hagas una lista de tus gastos e ingresos (el dinero que ganas). Acto seguido, separa lo que gastas en categorías para así determinar en qué renglones debes hacer recortes.

Por ejemplo, tus gastos de vivienda (que incluyen el alquiler o hipoteca de tu casa, así como costos de seguro, impuestos y mantenimiento) no deben pasar del 35 por ciento de tu presupuesto.

Del mismo modo, lo que pagas para transportarte (la mensualidad de tu automóvil, pasajes de tren o autobús, gasolina, peajes y estacionamientos, etc.) debe representar no más del 20 por ciento de tu salario.

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Un reglón importante lo ocupan tus gastos fijos y variables, donde colocarás lo que pagas en alimentos, gastos médicos, cuidado de tus hijos, salidas al cine, etc. Esos costos también deben ocupar el 20 por ciento de tu presupuesto.

Al final, lo ideal sería armar un presupuesto que además de lo anterior siempre te permita ahorrar al menos el 10 por ciento de tus ingresos, y en el cual el pago de tus deudas de crédito nunca sobrepase el 15 por ciento de lo que ganas.

Si bien hay una cantidad de pasos importantes que debes dar para reducir gastos, es la forma en cómo vives lo que más importa cuando se trata de poner tus cuentas en orden.

No es que las personas no saben qué ayuda a ahorrar más dinero. Lo que ocurre es que con frecuencia no implementan los cambios necesarios para asumir una vida más austera.

Tu seguro sabes, por ejemplo, que si por la mañana prepararas el café en casa te ahorrarás el tener que comprarlo en la cafetería de la esquina. También sabes que preparar la cena -y llevar almuerzo a tu trabajo- es más económico que comer fuera en un restaurante.

Lo mismo pasa con tu computadora y televisor: Si los apagas cuando no los estás utilizando ahorrarás electricidad. Es probable, sin embargo, que aunque conoces éstos métodos para ahorrar, tú no los has incorporado en tu estilo de vida.

Implementa hábitos frugales

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Implementar cada uno de estos "hábitos frugales" viéndolos por separado quizás no representen mucho, pero cuando son sumados, podrían significar una sustancial cantidad de dinero en tu presupuesto mensual.

De hecho, para la mayoría de las personas, "estos cambiecitos" son probablemente la diferencia entre tomar dinero prestado o de tener la capacidad de ahorrar cada mes.

La clave es tener paciencia y disciplina. Recuerda que aunque el acto de hacer algo diferente para economizar puede que no sea complicado, romper el hábito de gastar más de la cuenta puede tornarse en algo extremadamente difícil.

Los hábitos -malos y buenos- existen por que te acostumbraste a hacerlos una y otra vez. Por lo que nunca es fácil cambiar algo que se ha arraigado a tus costumbres sin un esfuerzo o sacrificio consciente.

Incluso al leer esto, probablemente estás diciéndote que cambiar tu estilo de vida tiene sentido y debe ser fácil. Pero al concluir tu lectura, es probable que falles en eliminar tu forma excesiva de gastar.

Cambiar usualmente hace que la gente se sienta incómoda y a menos que tengan una razón compulsiva para hacerlo, probablemente no lo harán.

Aunque suene un poco negativo, existe un gran aspecto positivo: Si puedes cambiar la forma como desperdicias el dinero y ahorrar al menos una vez durante un mes, entonces eres propenso a continuar haciéndolo.

Ese hábito quedará arraigado en tus actividades diarias y eventualmente lo harás sin que tengas que pensar al respecto. Al momento de recibir tu sueldo, el primer cheque que escribirás será a tu nombre para colocarlo en una cuenta de ahorros.

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El desafío ahora es revisar cómo gastas tu dinero; analiza durante una semana cómo tus hábitos afectan tus finanzas personales. Entonces determina qué excesos debes recortar y cuál es la mejor forma de cambiar para ahorrar.

Si lo logras, tendrás tiempo para debatir temas menos importantes como por ejemplo, ¿en qué tiempo en realidad fue construida Roma?, ¡buena suerte!

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